| La derecha vence las elecciones europeas |
| Escrito por JOSEP WEIL |
| Viernes 26 de Junio de 2009 00:00 |
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Los resultados de las elecciones europeas expresan el momento actual de la crisis del capitalismo y de la ofensiva de la burguesía contra los trabajadores Los resultados de estas elecciones europeos expresan, en buena parte, aquello que venimos analizando sobre la situación del movimiento de masas. Actualmente, en el marco de la crisis del capitalismo mundial, lo que predomina todavía es la ofensiva brutal de la burguesía contra los trabajadores y una reacción todavía relativamente anestesiada de la mayoría de la clase trabajadora, en la que se presentan algunos focos de resistencia importantes, pero todavía muy minoritarios y dispersos. Los resultados electorales con la victoria electoral de la derecha transfieren para las urnas, esencialmente, ese rasgo que predomina en el movimiento de masas: la ofensiva de la burguesía y la ausencia, como regla general, de lucha masiva y contundente de la clase trabajadora en respuesta a los ataques que está sufriendo. Con la crisis profunda que vive el capitalismo mundial, en que Europa es uno de los puntos más afectados, podría esperarse una radicalización mayor que se expresara en el voto. Sin embargo, la relación entre crisis, por un lado, y ascenso y consciencia del movimiento de masas, por el otro, no es automática. A pesar de los golpes del desempleo y de los ataques a sus actuales derechos, la primera reacción de las masas no es necesariamente un ascenso revolucionario. Para que la clase entre en lucha, es necesaria la unidad para combatir el miedo que causa el propio desempleo. Para eso, cuentan factores subjetivos como la organización sindical y la política de sus direcciones, factores preexistentes a la crisis. Aunque ha empezado a haber luchas importantes, éstas todavía no se generalizaron ni consiguieron sobrepasar la camisa de fuerza de los grandes aparatos burocráticos y sindicales, cuya actuación se ha caracterizado más por el apoyo directo o indirecto a las políticas de la burguesía para salir de la crisis que por la defensa de los trabajadores. Tuvimos algunas señales muy promisorias desde la explosión de la crisis: las grandes movilizaciones en Grecia que estremecieron el régimen; las dos huelgas generales en Francia con gran unidad de las centrales y sindicatos. En España, la reciente huelga general del País Vasco y la huelga metalúrgica con enfrentamientos con la policía, en Vigo, Galicia. Las ocupaciones de empresas en Irlanda e Inglaterra (Visteon), y en Francia con la detención de gerentes como rehenes para imponer las reivindicaciones. Pero estas movilizaciones, aunque fuertes y radicalizadas, no tienen, en general, un desarrollo independiente de los aparatos y no van contundentemente contra el sistema, lo que será necesario para que no sean los trabajadores los que paguen esta crisis. Incluso en las luchas con métodos radicales, como la ocupación de empresas, la clase aún lucha esencialmente por cuestiones puntuales. Por ejemplo, las ocupaciones de Todo eso se refleja a la hora de la opción electoral. Para la amplia mayoría de los trabajadores aún parece posible una solución en los marcos de medidas como las que los gobiernos imperialistas vienen tomando (conservadores o socialdemócratas). Por eso, a la hora de votar, la mayoría de los votantes han respaldado a gobiernos como Sarkozy o Berlusconi que, en nombre de "salvar los empleos" y "la economía", inyectan fortunas en los bancos y permiten que estos continúen expoliando y hagan pagar por la crisis al conjunto de los trabajadores. En verdad, toda la política de los gobiernos europeos se parece también en otro aspecto: el de anestesiar a la clase diciendo que "ya pasó lo peor de la crisis", apoyada en la coyuntura actual de relativa contención del colapso del sistema financiero, después de que la política de inyección billonaria de recursos de los gobiernos capitalistas estabilizó temporalmente los mercados financieros. Así, la población europea, inclusive la clase trabajadora, vota por políticas de este tipo, de defensa del capitalismo, confiando que van a permitir superar las dificultades y evitar que la situación de crisis se profundice. Al mismo tiempo, los gobiernos de los principales países imperialistas planean aplazar las medidas más duras de ataque a los trabajadores para después de los procesos electorales, como en el caso del gobierno alemán que inyectó una gran suma de dinero en el acuerdo que garantizó la venta de Opel (rama europea de Es importante aclarar que este voto a la derecha expresa una determinada situación, una fotografía de un proceso en curso: la resistencia a que nos referimos, las luchas, como en Grecia o Pontevedra, muestran una posibilidad y una potencialidad a la cual apostamos. Además de eso, cada ataque como los despidos, los cierres de fábricas o el recorte de derechos sociales es una desmentida de la campaña engañosa de la burguesía y de sus gobiernos, sobre la evolución de la crisis. Pero es esencial saber de donde partimos, no confundir la potencialidad con la situación real del movimiento y de la consciencia actual de la clase. La abstención
En estas elecciones, esa tendencia continuó creciendo, reflejando el descrédito creciente de la población en los organismos europeos, empeorada por su actuación en esa crisis y atravesada por la decepción con la actuación de los gobiernos nacionales en la coyuntura actual. Por eso, por regla general, hubo una caída también en la votación proporcional de los partidos que estuvieron al frente de los respectivos gobiernos en el último periodo. Pero no se debe confundir la abstención con una negación del sistema electoral o de la propia Unión Europea. Es una expresión de desinterés y de apatía que es aprovechada por la derecha para fortalecerse relativamente como la que presenta "soluciones posibles" en el marco de las instituciones vigentes a pesar del desgaste. Tampoco hay un fenómeno de negación con sentido de clase. Por los datos divulgados, la abstención se distribuyó socialmente entre todas las clases. Tanto la clase media como la clase obrera mostraron un desinterés grande en el proceso y permitieron que, incluso en un sector votante reducido como éste, no hubiese expresiones de mayor polarización a derecha o a izquierda. Hubo un área de . La derecha venció las elecciones En el marco de esta tendencia general al desinterés, reflejado en la abstención y en el desgaste de los gobiernos de conjunto, hay una diferencia clara entre los resultados de las fuerzas de derecha y de la socialdemocracia. Aunque con pérdidas importantes en su número de votos en algunos países en relación con las últimas europeas (Alemania y Francia), la derecha tradicional salió vencedora en la mayoría de los países que gobierna y tuvo resultados todavía más importantes donde era oposición y venció, como Portugal y España (siendo el candidato del PP en España del sector más a la derecha dentro del partido). Ganó también en Italia de forma contundente, y las fuerzas que más crecieron en el arco de la coalición en el poder fueron las ubicadas más a la derecha, como la xenófoba Liga Norte. Lo mismo sucedió en Bélgica y Holanda. Hubo también sitios donde la derecha era gobierno y perdió, como Grecia y Suecia, pero la tendencia más generalizada fue la de victoria de la derecha, en particular en los principales países imperialistas. Es importante destacar que esa votación, no significó un crecimiento del número de votos de la derecha en todos lados: muchas veces la derecha gana estas elecciones pero pierde votos respecto a las elecciones de 2004. En países claves, como Alemania, tuvo pérdidas importantes, a pesar de su victoria. También vale la pena observar que, incluso donde la derecha ganó votos, su triunfo electoral no es una victoria que genere entusiasmo y fuerza, sino que se da en el marco de ese descrédito a que nos referíamos. Sin embargo, el hecho categórico es que la derecha resiste mejor al desgaste ante la crisis que la socialdemocracia, ganando incluso en muchos de los países donde es gobierno, al contrario de lo que ocurrió, como regla general, con los partidos socialistas/socialdemócratas. La votación que recibió expresa por lo tanto un momento de ofensiva burguesa, en que la "salida capitalista" tipo conservadora es la mayoritaria. En este marco, llama atención también el refuerzo de un espectro aún más a la derecha, directamente xenófobo e incluso fascista, aunque no es un reflejo de una polarización más de conjunto. El crecimiento de fuerzas como el BNP en Gran Bretaña, superó 6%, con buenos resultados inclusive en ciudades obreras como Barnley, el refuerzo de este sector en Holanda (16%), en Austria y Hungría muestran que el llamado xenófobo contra los inmigrantes y las propuestas protofascistas estimuladas por gobiernos como Berlusconi, impactan a sectores de la clase trabajadora, aunque sean minoritarios. Inclusive en Grecia, donde alcanzaron 7%, a pesar de las grandes movilizaciones de los últimos tiempos. Este fenómeno para nada es un proceso generalizado, pero la dimensión que tomó llama la atención porque la burguesía, aunque en este momento no esté inclinada a apelar al fascismo, de hecho da espacio y aliento a esas alternativas, a través de su política contra los inmigrantes y antiislámica, lo que obliga al movimiento obrero a encarar el desafío de contraponerse a ese tipo de política de forma clara y contundente. El resultado que más salta a la vista en estas elecciones es la derrota arrasadora de la socialdemocracia: sus partidos tuvieron resultados históricamente desastrosos en la mayor parte de los países. Incluso en algunos países centrales, como Alemania, Francia e Inglaterra, donde tienen una implantación histórica de enorme peso y tradición. En realidad, la socialdemocracia ha sido el gran instrumento político de la reconstrucción burguesa de Europa en la posguerra y se había identificado con la defensa del welfare state (estado de bienestar social), consolidando así un electorado importantísimo entre los trabajadores europeos. Su discurso de buscar lo "social", mientras en realidad sostiene al imperialismo y los ataques violentos contra el nivel de vida de las masas, le costó un alto precio en popularidad y prestigio. A medida que fue abandonando hasta incluso la defensa de las reformas mínimas, y estando al frente del Estado burgués que ataca aquellos derechos sociales que se asociaban con ella en el pasado reciente, se abrió una crisis fuerte con su base social. Sectores muy amplios de la clase obrera y de la clase media, que se cuestionan: ¿por qué votar en la social-democracia si lo que ellos hacen es totalmente semejante a la práctica de los gobiernos de derecha? Por eso, lo más probable es que un sector mayoritario que se abstuvo, o cambió su voto para otras formaciones, haya provenido de los antiguos votantes de los partidos socialistas o socialdemócratas Este proceso se expresó con una contundencia impresionante en Inglaterra, donde un resultado de sólo 16% se combina con una profunda crisis política que pone en peligro la supervivencia del gobierno laborista de Gordon Brown. También el PS francés y el SPD alemán (que se mantiene en el gobierno en coalición con la derecha), partidos socialdemócratas de gran tradición, tuvieron derrotas históricas en estas elecciones. En Italia, incluso ya fuera del gobierno, el Partido Democrático de Prodi y Veltroni, por un lado, y Refundación Comunista, por el otro, en nombre de lo que resta de la socialdemocracia en Italia, tuvieron resultados pésimos que expresan el desencanto con su reciente gestión en el gobierno, que realizó ataques profundos a los intereses de los trabajadores. Una excepción importante a esta regla ha sido, sin embargo, la victoria del PASOK (Partido Socialista Griego), que consiguió capitalizar la oposición al gobierno de derecha que viene gobernando este país, en los últimos años, utilizando una fuerte represión y enfrentándose a algunas de las mayores movilizaciones de Europa, en los últimos tiempos. Creemos, sin embargo, que esta excepción no contradice la regla general, sino que responde a una situación nacional particular. La crisis de la social democracia abrió un espacio en una importante parcela de los trabajadores. Quien ocupó ese espacio, en la mayoría de los países, no fueron las fuerzas de izquierda con un discurso más radical o revolucionario sino las fuerzas a la izquierda que aparecen como una oposición moderada, dentro del régimen (y en algunos casos más a la derecha todavía). Entre esas fuerzas, el caso más claro fue la votación de 16.28% de Algunas opciones de izquierda que reivindican básicamente un discurso más reformista y semejante al de la antigua socialdemocracia, cuando la socialdemocracia actual abandonó las reformas, tuvieron resultados cercanos los 6%. Fue el caso de Alemania, donde el Die Linke, que se formó esencialmente a partir de una ruptura del SPD (Partido Socialdemócrata Alemán) alrededor de la figura de Lafontaine, junto con un sector del ex PC de Alemania Oriental, consiguió que su votación creciese un poco (de 6% a poco más de 7%). En Francia, el Frente de Izquierda que unía el PCF a un ala socialdemócrata disidente, llegó a 6% e Izquierda Unida en España, alcanzó 3,7% y mantuvo sus 2 diputados, aunque perdió votos. En el caso del NPA de Francia (fundado a partir de la disolución de la antigua LCR), la "nave insignia" de la política del Secretariado Unificado para Europa, tuvo una afluencia importante de activistas en su campaña, y llegó a crear grandes expectativas electorales reflejadas en algunas investigaciones. El resultado en sí, cerca de 4,8%, no acompañó ese proyecto en la dimensión esperada, porque esa franja del electorado aún se inclinó mayoritariamente por una candidatura bien dentro del régimen, como los ecologistas de Cohn Bendit, o por el voto a la izquierda moderada del Frente de Izquierda de los comunistas y socialdemócratas disidentes. Sin embargo, si leemos estos resultados en el contexto de la ofensiva brutal del capitalismo contra la clase trabajadora, ese 4.8% es un resultado muy significativo, en nombre de un sector de la población que adhiere a un discurso más radical de salida para esta crisis. En el caso de Portugal, la votación del Bloque de Izquierda (integrado también por el SU) creció casi 4% con relación a las últimas legislativas, duplicando sus votos desde las últimas europeas, en 2004, y llegó a 10,7% (sobrepasando por poco al PC, que también creció a más de 10%). A pesar de que el Bloque ha venido moderando su discurso y es un partido que se integra cada vez más al régimen democrático-burgués, su votación expresa también una búsqueda de alternativas a las políticas de los gobiernos de ataque a los trabajadores, así como las movilizaciones que, en los últimos años, se están dando en el país. Aunque Portugal no es excepción al cuadro más general de victoria de la derecha conservadora, si tomamos ese aspecto, la votación del Bloque es un resultado superior al de las demás fuerzas de izquierda que se presentaron en Europa. En el caso del SYRIZA (Coalición de En Gran Bretaña, en Italia, en el Estado español, en Polonia, en Suecia y en Bélgica, entre muchos otros países, los resultados de los partidos de la izquierda anticapitalista, o de otros sectores de la extrema izquierda, quedaron alrededor del 1%. También se destaca la baja votación de Lutte Ouvriere en Francia, con sólo 1,2%, cuando, en las presidenciales de 1999, en alianza con Estos resultados más o menos representativos de los sectores que se reclaman como alternativas anticapitalistas o socialistas al neoliberalismo, y a veces al capitalismo, expresan así, de una forma muchas veces distorsionada (visto el programa real de estas organizaciones), la búsqueda de respuestas más radicales a la crisis de un sector de la vanguardia o del movimiento de masas, en el contexto de los brutales ataques actuales a los trabajadores del viejo continente por parte de la burguesía europea.
Sin embargo, quedó también expresada en los resultados la falta de una corriente europea fuerte con una política revolucionaria y un claro perfil de clase. En realidad, el Secretariado Unificado de Esa política llevó, en los últimos años, a apoyar la participación en gobiernos burgueses, de modo muy destacado por parte de Izquierda Crítica, su organización italiana, que, actuando como tendencia de Refundación Comunista, votó en el Parlamento a favor del presupuesto nacional y de los subsidios para la guerra en Afganistán (que RC garantizó como parte de la base parlamentaria del gobierno Prodi) y se negó a presentar una alternativa a la traición de RC. Es urgente una plataforma de izquierda y los trabajadores necesitan una política de clase y de lucha contra todos los gobiernos burgueses y |
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