Recibir nuestro boletín electrónico

Construir la Logia Lautaro del siglo XXI
Escrito por Gabriel Massa   
Martes 03 de Agosto de 2010 00:49
Artículo publicado en la revista de la LIT, Correo Internacional n° 1 (Tercera Época), Mayo 2010.

Nuestra visión de la lucha por la Segunda Independencia de América Latina está fundada en la concepción de Trotsky: “Los países atrasados forman parte de un mundo dominado por el imperialismo. Su desarrollo, por consiguiente, tiene carácter combinado: las formas económicas más primitivas se combinan con el último grito de la técnica y la civilización capitalistas.

Algo semejante sucede con las luchas políticas del proletariado en los países atrasados: la lucha por las más elementales reivindicaciones de independencia nacional y democracia burguesa se combina con el combate socialista contra el imperialismo mundial”.

La combinación de las tareas democráticas con las obreras y socialistas implica retomar batallas que quedaron inconclusas de la Primera Independencia. En particular los patriotas más avanzados de hace dos siglos sostenían que el desarrollo independiente de la región dependía de la construcción de una gran unión americana.

Un historiador argentino cita al respecto el texto de un Plan Revolucionario encomendado al patriota Mariano Moreno por la Junta de gobierno surgida en Buenos Aires tras la Revolución de Mayo de 1810: “El Plano proponía un Estado Nacional poderoso que abarcara desde el Sur de los EE.UU., hasta la Tierra del Fuego -territorio que Francisco de Miranda llamara Colombiae-, (…) proponía expropiar las 150 principales fortunas mineras -entre ellas las de ricos encomenderos y mineros como Cornelio de Saavedra- de Potosí y de todo el Virreynato para ‘industrializar la nación’. Proponía sublevar a los esclavos de Brasil, anexando su territorio casi en su totalidad. [Según el texto de Mariano Moreno] ‘las medidas a adoptar consistían en expropiar quinientos o seiscientos millones de pesos en poder de cinco o seis mil individuos, expropiación que beneficiaría a ochenta o cien mil habitantes. Esa enorme suma de dinero en manos de una minoría, (…) no puede dar el fruto ni fomento de un estado, que darían puestos en diferentes giros en el medio de un centro facilitando fábricas, ingenios, aumento de la agricultura, etc.(…) En esta virtud, luego de hacerse entender más claramente mi proyecto, se verá que una cantidad de doscientos o trescientos millones de pesos, puestos en el centro del estado para la fomentación de las artes, agricultura, navegación, etc., producirá en pocos años un continente laborioso, instruido y virtuoso…” (Alberto Lapolla, Revista Lilith, 27 05 2005, El Plan Revolucionario de Operaciones y la Revolución Nacional, Popular, y Americana de la Patria Grande).   
 
Una dirección continental para la revolución
 
La pelea por la independencia se inició cuando el avance de la revolución burguesa contra las monarquías absolutistas de Europa, generó en los primeros años del siglo XIX una inmensa crisis del dominio español.
 
Esa crisis generó crecientes padecimientos en las colonias americanas y fomentó el odio hacia la corona española de las distintas burguesías coloniales, los indígenas, los esclavos, sectores populares e intelectuales.
La invasión napoleónica a España y Portugal en 1808 fue el punto culminante de la crisis del imperio. No era solo Francia que golpeaba a España. Inglaterra también desarrolló planes de conquista militar y económica de América del Sur.
 
En 1804 el gobierno del primer ministro británico Pitt encomendó al comodoro Home Riggs Popham la ocupación militar de las ciudades de Montevideo y Buenos Aires, como inicio de un plan que llevaría a cruzar los Andes para conquistar lo que es el actual territorio de Chile y desde allí lanzar una expedición para dominar el Perú. El plan se frustró ante el fracaso de las invasiones inglesas al Río de la Plata en 1806 y 1807.
 
Al mismo tiempo el gobierno británico venía alentando a patriotas latinoamericanos en su intento de organizar la rebelión contra el dominio español. La expectativa británica era que los eventuales gobiernos surgidos de los levantamientos en América caerían bajo su influencia política y su órbita comercial.
 
Siguiendo el ejemplo de las logias fundadas en Europa para acaudillar la lucha contra las monarquías absolutas, Francisco de Miranda, un patriota venezolano que había participado en la revolución francesa, funda en Londres en 1797 la Gran Reunión Americana, también conocida como Logia de los Caballeros Racionales. Este agrupamiento tiene influencia sobre sectores independentistas de todo el continente americano. E inspira levantamientos exitosos contra la Corona en 1809 en La Paz y en 1810 en Caracas y Buenos Aires.
 
Al caer el último bastión español ante el avance de las tropas bonapartistas en la península Ibérica, en 1811 varios patriotas latinoamericanos que habían estado bajo la influencia de Miranda, fundan en Cádiz la Logia Lautaro (el nombre es en honor a un caudillo araucano del siglo XVI que llamó a la rebelión contra el dominio español) para implementar un plan político y militar muy similar al que había elaborado el gobierno británico bajo Pitt, pero para ponerlo al servicio de la independencia y la construcción de la gran nación continental americana, en términos similares a los de Mariano Moreno.
 
El carácter de dirección continental para la revolución se refleja en la composición de la Logia Lautaro. Según el historiador Pablo Martín Cerone la “en su inicio fue dirigida por José de Gurruchaga, y entre su miembros se contaban los venezolanos Santiago Mariño, Andrés Bello, Luis López Méndez y Simón Bolivar, el italiano Franco Isnardi, el mexicano José María Caro, los chilenos Bernardo O'Higgins, José Miguel Carrera y el padre José Cortes de Madariaga, el sacerdote paraguayo Juan Pablo Fretes y los argentinos José de San Martín y Tomás Guido”.( San Martín, logias e independencia americana, junio de 2006, tomado del site www.quintadimension.com).
 
La Logia y sus varias descendientes en Buenos Aires, Mendoza, Chile, Venezuela, etc., adoptaron una estructura altamente disciplinada. Citando el estatuto de la logia chilena redactado por Bernardo O’Higgins, Cerone dice: “Sabemos que sus reglas disponían que los hermanos elegidos para una función militar, administrativa o de gobierno debían hacerse asesorar por el Consejo Supremo en las resoluciones de gravedad, y no designar jefes militares, gobernadores de provincia, diplomáticos, jueces, dignidades eclesiásticas, ni firmar ascensos en el ejército y marina sin previa anuencia de los llamados Venerables del Último Grado. Estos miembros venían a ser, ni más ni menos, el verdadero gobierno secreto del país. Era la ley primera ‘ayudarse mutuamente, sostener la logia aún a riesgo de la vida, dar cuenta a los venerables de todo lo importante, y [lo que aquí nos importa] acatar sumisamente las órdenes impartidas’. En caso de contrariar a la logia, la persecución y el desprecio lo perseguirían de por vida.
 
“La logia matriz estaba formada por trece caballeros, además del presidente, el vicepresidente, un secretario para América del Norte, un secretario para América del Sur, un orador y un maestro de ceremonias. La organización no admitía extranjeros, pero, en este contexto, todos los hispanoamericanos son considerados connacionales.
 
“No se permitía el ingreso de parientes cercanos para evitar el riesgo de nepotismo. Cuando algún miembro fuera designado en un cargo provincial, estaba habilitado a fundar una filial subalterna de hasta cinco miembros”.
 
Fue en esta organización continental político-militar conspirativa que se basaron Bolívar y San Martín para llevar adelante las guerras de la independencia continental, que en veinte años liberaron al continente de las tropas y el dominio español.
 
Las burguesías americanas aliadas a Inglaterra derrotan el proyecto de unidad e independencia continental.
 
El plan de unificación e independencia continental de la Logia Lautaro enfrenta factores fundamentales de freno que reflejan las limitaciones de las burguesías americanas. Los sectores más fuertes de la época eran las burguesías comerciales importadoras que quieren imponer fronteras para asegurarse el dominio de sus propios “mercados nacionales”. Al mismo tiempo, por sus fuertes vínculos con Inglaterra, quieren colocar a los nacientes países de la región bajo el “protectorado” británico.
 
La propia Logia Lautaro se vería desgarrada entre quienes, como Bolívar Y San Martín, mantenían el plan de construir la gran unión americana, y los miembros más ligados a los intereses de la burguesía comercial pro-británica, como Carlos María de Alvear que, desde Buenos Aires, boicoteó abiertamente la guerra de la independencia. San Martín y Bolívar lograrían expulsar a las tropas españolas. Pero la dirección de los gobiernos en las distintas regiones liberadas recayó en representantes de los sectores más fuertes de la burguesía.
 
Esto terminará por producir el mapa actual fragmentado de América Latina, que tiene su expresión más extrema en Centroamérica, donde una sola nacionalidad es transformada en cinco países. Esta división en países pequeños y débiles gobernados por elites comerciales estrechamente ligadas a Inglaterra, permitirá a Gran Bretaña concretar su plan de dominar a la región económica y políticamente.
 
Todo intento de desarrollo autónomo es aplastado. El caso más notorio es el de Paraguay que, bajo el gobierno de José Gaspar de Francia ya se había convertido para la década de 1830 en el país más adelantado de la región con ferrocarriles, industrias, manufacturas, producciones y acerías propias y estatales y con la tierra en manos del Estado y repartida a los campesinos. Bajo Francia y los López padre e hijo, Paraguay se negó a participar de los enfrentamientos entre los distintos caudillos regionales de la Argentina. Más aún, se negó a someter su comercio y sus finanzas a Gran Bretaña. Por todo lo cual en 1865 los gobiernos de Brasil y la Argentina, con los intereses británicos detrás, lanzaron una guerra genocida que en cinco años destruyó casi por completo la infraestructura productiva de Paraguay y acabó con el 99% de los varones paraguayos de más de diez años.
 
Construir una dirección obrera y revolucionaria para la Segunda Independencia
 
Hasta el día de hoy las burguesías del continente siguen sometiendo a los países latinoamericanos al dominio imperialista. Los hechos demuestran que incluso detrás de los discursos independentistas de Chávez, Evo Morales y demás miembros del ALBA, se oculta la incapacidad de los gobiernos apoyados en las burguesías “nacionales” de conquistar la independencia. Queda a la clase obrera, acaudillando a los sectores populares, la tarea de la Segunda Independencia, en unión con su propio interés de terminar con toda forma de explotación y opresión capitalista.
 
Para ello la clase obrera debe retomar muchas de las banderas fundamentales de la primera Independencia, en particular la de la unidad continental.
 
El modelo de dirección continental político-militar conspirativa y centralizada de la Logia Lautaro mantiene una extraordinaria actualidad. Ya que expulsar al imperialismo, con su IV Flota y sus bases militares y terminar con los gobiernos burgueses y sus fuerzas armadas que sostienen el saqueo y la explotación de los trabajadores por las multinacionales y sus socios capitalistas locales, requerirá de un proceso revolucionario continental, con batallas tanto más duras que las de la Primera Independencia.
 
Esa nueva Logia Lautaro obrera y revolucionaria necesitará dotarse de un programa acorde al siglo XXI, en el que se combinan las tareas democráticas con las socialistas, incluyendo:
 
  • Desconocimiento y no pago de la deuda externa; Ruptura con el FMI y el Banco Mundial
  • Nacionalización sin indemnización y bajo control obrero de las grandes empresas monopólicas nacionales y extranjeras, de la industria, los bancos, compañías de seguro y financieras, así como del comercio mayorista y el comercio exterior;
  • Reforma agraria, avance hacia la propiedad estatal de la tierra y monopolio estatal de todo el proceso de producción y comercialización de los alimentos;
  • Monopolio estatal en todas las fases de la producción y comercialización de todos los recursos naturales, en particular la minería, el petróleo y el gas;
  • Disolución de las FF.AA. y las demás fuerzas represivas burguesas y su reemplazo por fuerzas de defensa basadas en las organizaciones obreras y populares.
  • Ruptura de todos los pactos políticos, diplomáticos, económicos y militares que atan a nuestros países al imperialismo.
  • Rechazo y lucha consecuente por la expulsión de las bases militares y la IV flota imperialista. En particular el repudio a la ocupación militar de Haití.
  • Enfrentar la política de “reacción democrática” del imperialismo de frenar los procesos revolucionarios por la vía de salidas electorales y pactos con las direcciones de la lucha, como en el caso de Honduras.
  • Imponer gobiernos obreros y populares que apliquen planes obreros al servicio de las necesidades de los trabajadores y los pueblos.
 
Ese programa es la base para cumplir con el sueño de la gran unión americana, que deberá concretarse en una Federación de Repúblicas Socialistas de América Latina y el Caribe.

rssfeed
Email Drucken Favoriten Twitter Facebook Myspace Stumbleupon Digg MR. Wong Technorati aol blogger google reddit YahooWebSzenario
 


Más artículos: ...