| Ha nacido la Unión Sindical de Base |
| Escrito por Fabiana Stefanoni - PdAC |
| Miércoles 02 de Junio de 2010 23:40 |
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Ha nacido oficialmente con el congreso del 21, 22, 23 de mayo, la Unión Sindical de Base.
Se trata de un primer importante paso hacia la unificación del sindicalismo de base en Italia, un proceso por fin en curso. Aunque hoy sólo RdB, SdL y sectores de la CUB han decidido adherirse a la USB, es sin embargo un cambio de ruta con respecto a la fragmentación del sindicalismo de base. Continúan las discusiones con el Snater (Telecomunicaciones), el Slai Cobas y la Orsa (Transportes). Todavía lejana, en cambio, es la perspectiva de unificación con la Confederación Cobas y con el sector privado de la CUB.
La necesidad del sindicato de clase y las potencialidades de USB
Desde el comienzo, hemos expresado un juicio positivo sobre este proceso de agrupamiento: el sectarismo y la autoproclamación de las siglas del sindicalismo de base han constituido hasta hoy un obstáculo para la construcción del sindicato que les falta a los trabajadores. Las direcciones de las centrales sindicales conciliadoras - las de CISL, UIL y UGL, y también la CGIL que imita una pseudo-oposición, incluso sentándose en la mesa de negociación cada vez que se presenta la ocasión - son cada vez más las muletas del capitalismo en putrefacción, y se revelan como un obstáculo al crecimiento y al arraigo de las luchas.
Frente a la dureza del ataque patronal - concretado por la última maniobra financiera que prevé el corte de 25 mil millones de euros contra la clase trabajadora (despidos en masa del personal precario de las administraciones públicas, congelamiento de las pensiones de ancianidad y el fin de la posibilidad de jubilación tras completar una edad mínima y los años de contribución exigidos, cortes a la educación, a la universidad y a la salud) - la CISL, la UIL y la UGL han apoyado una legitimación a la masacre en curso.
De otro lado, la dirección de la CGIL, incluso excluida de la mesa de concertación, se ha limitado a huelguecillas puntuales, absolutamente inadecuadas para rechazar la dureza del ataque. No sólo eso: a pesar de la fallida firma del nuevo modelo de convenio con la Confindustria[1] - modelo cuyas líneas generales, es bueno recordarlo, la misma dirección de la CGIL ha contribuido a elaborar a la sombra del anterior gobierno Prodi[2] - de hecho el acuerdo ha sido recogido en la mayoría de los convenios suscritos por la CGIL: desde los químicos a la construcción, de la salud a la alimentación.
Sobre todo, las direcciones de los sindicatos conciliadores, incluida la dirección de la FIOM[3], a menudo, frente a la expulsión del mundo del trabajo de millones de trabajadores, en vez de dirigir el conflicto a luchas superiores, suscribe acuerdos rebajados que prevén fondos de desempleo extraordinario, movilidad, despidos.
No es extraño que Marcegaglia[4] haya realizado alabanzas al comportamiento "responsable" de la burocracia de la CGIL, incluida la de la Fiom. Si el conflicto social en Italia está bien lejos de los escenarios griegos y franceses, con los trabajadores que asaltan el parlamento de un lado y los obreros que ocupan las fábricas del otro, es justo gracias al comportamiento "responsable", para los dueños, de la burocracia de la CGIL: su papel es alargar la agonía de este sistema económico y social, en este momento aplazando por algunos meses la expulsión de las empresas de millones de trabajadores y echando agua sobre el fuego del conflicto social, con la alegría del gobierno y la patronal. Como se confirma en estos días: frente a las medidas de Tremonti-Berlusconi, Epifani[5]se limita a anunciar una huelga general de sólo 4 horas para fines de junio. Y no por azar Marcegaglia, invitada al reciente congreso de la CGIL, desea una reapertura de la negociación también ampliada a la CGIL en nombre de una "unidad nacional" para enfrentar la crisis.
En este cuadro, es urgente construir un sindicato que realmente defienda los intereses de los trabajadores, que sea expresión de la contraposición de clase de las masas trabajadoras contra el capital, que promueva el camino de luchas a ultranza, huelgas prolongadas, ocupaciones de fábricas, organización de la autodefensa de las luchas obreras, etc. El nacimiento de USB puede constituir un instrumento precioso para proceder en esta dirección.
Límites a superar
La autoproclamación - más aún en un momento en que la clase obrera siente la falta de una dirección revolucionaria capaz de encauzar las luchas en una perspectiva de derribo del capitalismo – estaría, por lo tanto, también en este caso, fuera de lugar. Es inútil esconder que todavía son muchos los obstáculos a superar para construir aquella central que todavía no hay.
Ante todo, hace falta tener presente - a diferencia de lo que, por ejemplo, está ocurriendo en Brasil, justo en estos días, con la unificación de la Conlutas y la Intersindical, que reunirá 400 entidades en representación de más de 2 millones de trabajadores, indudablemente el mayor proceso de unificación sindical a nivel internacional, de donde ha llegado al congreso de USB un importante saludo - la Unión Sindical de Base no tiene todavía un arraigo suficiente para superar la hegemonía de los sindicatos concertativos. En particular, la USB nace con una discreta presencia en el empleo público, pero con un escaso arraigo en las fábricas.
Se trata de una calle empinada, a la que muchas energías tendrán que ser dedicadas, a partir de la necesidad de discusión con los sectores clasistas presentes en los demás sindicatos, al interior de la FIOM en primer lugar, en la perspectiva de una ruptura con los aparatos burocráticos.
Además, hace falta evidenciar una serie de límites programáticos y de democracia interior, que no son secundarios con respecto del objetivo que se propone. Ante todo, la USB nace sin una real plataforma político-sindical: cosa que ha sido justificada por la exigencia de poner juntas almas "diferentes", posponiendo por lo tanto aquella discusión que debería ser normal en un congreso, especialmente si es fundacional, sobre opciones y documentos también diferentes.
El único documento lanzado por el congreso fundacional de la USB es el Estatuto, que presenta sin embargo significativas faltas que hemos creído necesario, en la fase congresual, de evidenciar. No sólo en efecto no aparece nunca alguna referencia al capitalismo y a la lucha de clases: cosa no de poca importancia para un sindicato que se presenta "de combate". Pero hasta en los principios fundamentales definidos por el Estatuto se escribe que el nuevo sindicato tendrá que basar su acción "en el conflicto como medio de regulación democrática de los intereses diferentes presentes en la sociedad". Se trata, como es evidente, de un concepto ambiguo, que no cierra la puerta a la hipótesis de conciliación de los intereses de clase opuestos, justo cuando es necesario en cambio ampliar la lucha contra la patronal y su gobierno.
Deseamos que estos límites puedan ser superados, también gracias al estímulo de las luchas a escala nacional e internacional: sólo la incorporación en la nueva central de sectores combativos de las nuevas generaciones de trabajadores que están asomando a la lucha podrá estimular una renovación del debate y la organización internas.
Por cuánto nos concierne, seguiremos empeñándonos con fuerza en la construcción de este sindicato, en la perspectiva de la construcción de una gran central de clase, objetivo que emplaza hoy a la unificación de todas las tendencias sindicales clasistas de todos los lugares. Y nos parece que presenta útiles indicaciones en este sentido la contribución presentada al congreso de la USB de unos ochenta activistas, que se puede consultar sobre la página web www.sindacatodiclasse.org, titulado "Una contribución para la batalla por el sindicato de clase", que invitamos a leer, discutir y suscribir.
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Un paso adelante hacia el sindicalismo de clase 















