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La construcción, por parte del gobierno egipcio, de un muro subterráneo para destruir los túneles que llevan alimentos, medicamentos, materiales de construcción y armas para la Franja de Gaza, viene causando una ola de indignación en el mundo árabe.
Gaza sufre un bloqueo de sus fronteras, desde 2006, por parte Israel y Egipto. El sábado 23 de enero, la furia de policías y soldados contra una protesta en el frente de la embajada egipcia en Beirut, Líbano, ganó destaque en la TV y en los periódicos de este país, que alberga cerca de 400 mil refugiados palestinos, según las estadísticas más actuales.
La protesta, ocurrido en las inmediaciones de la plaza Resistencia y Liberación, en Beirut, marcó la tercera actividad de la Campaña para Parar el Muro de la Vergüenza, organizada por un frente de partidos de la izquierda y activistas independientes y ubicada. El viernes 22, fue exhibido un documental grabado en Gaza durante los ataques israelíes de enero de 2009. La película acompañó el trabajo arriesgado del equipo de las ambulancias de Creciente Rojo. Los espectadores observaron perplejos cuando un paramédico y un conductor fueron baleados y acabaron falleciendo.
La situación de Gaza, ya bastante crítica después de los ataques israelíes que produjeron 1.500 víctimas mortales y 5.000 heridos y afectaron infraestructuras tan diversas como hospitales y el depósito de alimentos de la UNRWA (agencia de la ONU para los refugiados, que respondió débilmente a la provocación israelí), puede ahora sufrir un ataque más frontal, con la construcción del muro egipcio.
Tecnología norteamericana de intimidación
El día anterior a la exhibición del documental, el frente organizador de la campaña promovió una conferencia de prensa para denunciar a la empresa de construcción, Arab Contractors, controlada por el gobierno egipcio y con sucursales y operaciones en diversos países árabes, incluyendo Líbano y Gaza. Se trata, según los activistas, de una empresa cuyas inversiones en la infraestructura destruida de Líbano no son bienvenidos si fueran hechos al costo de las vidas palestinas.
La empresa asume la participación, alegando que se trata de una iniciativa exclusivamente egipcia. Sin embargo, un informe de la BBC reveló la autoría norteamericana del proyecto. La tecnología de una pared subterránea montada como un rompecabezas, y constituida del acero más resistente ya desarrollado, es del cuerpo de ingenieros del ejército de EEUU. Una vez montada, la estructura (que bajará a una profundidad de entre 18 y 25 metros bajo de la superficie y se extenderá por diez kilómetros) será resistente a explosiones y perforaciones.
El gobierno egipcio venía intentando destruir los túneles con inundaciones y gas que, según el periódico israelí Ha'aretz, causaron muertes entre los operadores de los túneles. Pero, ahora, con apoyo de técnicas norteamericanas, Egipto planea construir una red horizontal de tuberías a 30 metros de profundidad, que inundarán el subsuelo con agua del mar. El efecto esperado de esa acción es alcanzar la estabilidad de las capas de suelo, llevando a la imposibilidad efectiva de cualquier construcción subterránea. Sin embargo, el mayor recelo de los palestinos es la contaminación del agua dulce del yacimiento de agua subterránea, que hoy es la única fuente de abastecimiento de agua en Gaza.
Mubarak quiere forzar la rendición del Hamas
Hosni Mubarak, dictador que gobierna Egipto hace 28 años, quiere llevar a Hamas a una rendición por desesperación. Su gobierno sigue las orientaciones que los EE UU pasan. Entre ellas, la presión para llevar el Hamas a un acuerdo con el Fatah.
Muchos analistas creen que el Hamas salió victorioso del enfrentamiento con Israel, a comienzos de 2009. Israel pretendía destruir las estructuras del Hamas en la Franja de Gaza y llevar la población a volverse contra ese partido, pero ninguna de las metas se concretó. Sin embargo, eso no impidió que Hamas, justo después del retroceso de la ofensiva israelí, reanudará negociaciones con el Fatah de Mahmud Abbás y declarase su interés en la solución de "los dos Estados", para así obtener una buena imagen ante la ONU y las entidades presuntamente humanitarias del imperialismo europeo.
Pero la dura realidad es que el Fatah, desde que firmó los Acuerdos de Oslo para desarmar a los palestinos y preparar un Estado sumiso y dependiente, en menos de 18% del territorio plestino histórico, no puede aceptar de Hamas menos que una rendición completa. El partido de Abbás, despreciando el gran sacrificio hecho por los palestinos de Gaza, exige de Hamas que se desarme y acepte el control exclusivo del Fatah sobre la policía palestina, que fue entrenada por la CIA para reprimir a la Resistencia.
Con condiciones como esas, las negociaciones de reconciliación entre Fatah y Hamas, patrocinadas por Mubarak y realizdas en la ciudad de El Cairo, Egipto, acabaron siendo en un fracaso internacional. El muro de Mubarak, por lo tanto, viene para forzar a Hamas a esa rendición, que el gobierno egipcio exige para abrir las fronteras.
Derribar a Mubarak, derribar a Abbás
La totalidad de la izquierda mundial está prontamente dispuesta a reconocer la necesidad de derribar a Mubarak, que actúa dictatorialmente, a contrapelo de la mayoría de la población de su país, solidaria a la lucha palestina. Sin embargo, el objetivo de Mubarak, el dictador odiado por todos, es forzar una "unidad palestina" bajo el control del Fatah.
Por lo tanto, para comprender la estrategia inhumana por detrás del "muro egipcio", es necesario extraer todas las conclusiones. Mubarak no actúa solo (o sólo con los EE UU e Israel): actúa con Abbás. El Fatah es hoy el mayor agente del sionismo dentro de la causa palestina. Los palestinos de todos los sitios, sean de Cisjordania, de la Franja de Gaza, de los campos del Líbano o de todos los países en que están refugiados, así como los oprimidos solidarios, como los de Egipto, tienen una tarea esencial: abrir el camino para la Resistencia. La lucha contra el Estado de Israel y cualquier régimen árabe colaboracionista es la única que puede llevar a la derrota de ese Estado y a la proclamación de Palestina histórica, laica, democrática y no-racista.
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