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A la espera de una tercera Intifada PDF Imprimir Correo electrónico
MEDIO ORIENTE
Escrito por Khalid Amayreh - periodista palestino   
Martes 23 de Marzo de 2010 16:47

La próxima Intifada podría ver al pueblo Palestino en lucha no sólo contra Israel, sino también contra la Autoridad Palestina, escribe Khaled Amayreh desde Ramallah.

Observadores en la Palestina ocupada, son cada vez más de la opinión de que una nueva Intifada o levantamiento está a la vista, mientras las autoridades israelíes continúan provocando a los palestinos, incluidos los esfuerzos para ganar el derecho a realizar oraciones judaicas en la Mezquita de Al-Aqsa, el tercer santuario sagrado del Islam.

La organización de la Conferencia Islámica (OIC) informó que las acciones de provocación de Israel en Haram Al-Sharif (el Santuario Noble) podrían llevar a una guerra santa entre judíos y musulmanes. La organización instó a la comunidad internacional a detener la agresión israelí antes que fuera demasiado tarde.

El aviso vino después de que las fuerzas de seguridad israelíes atacaron fieles musulmanes durante las oraciones del viernes, el día 5 de marzo. Policías paramilitares israelíes lanzaron gas lacrimógeno y granadas de choque, hiriendo a cerca de 50 palestinos, muchos de ellos ancianos. Algunos de ellos fueron trasladados a los dos principales hospitales de Jerusalén Oriental, pero muchos fueron tratados en el sitio, pues los soldados israelíes impidieron la entrada del apoyo médico.

La policía israelí dijo que ella “intervino” en reacción a las piedras lanzadas al Muro Al-Burak (Al-Burak Wall) cerca de allí, conocido por los judíos como “Plaza de Muro Occidental”. Los palestinos han protestado contra una serie de provocaciones israelíes, incluidos los esfuerzos de grupos religiosos judíos para hincarse en la Mezquita de Al-Aqsa. Al inicio de marzo, soldados israelíes escoltaron un número de judíos fanáticos a la explanada Haram Al-Sharif, donde realizaron rituales religiosos. Los fieles musulmanes en la zona arrojaron piedras contra ellos, provocando el ataque inmediato de los soldados hacia los musulmanes.

El estado de ánimo general fue intensificado por la reciente decisión del Primer Ministro israelí Binyamin Netanyahu de añadir dos locales islámicos — la Mezquita Ibrahimi en Hebrón, que los judíos llaman de Caverna de los Patriarcas, y la Mezquita Bilal bin Rabah en Bethlehem, conocida por los judíos como el Túmulo de Raquel — a una lista recién creada de locales considerados Patrimonios Judaicos.

Otra fuente de tensión fue la decisión del alcalde israelí de Jerusalén, Nir Barkat, de destruir un barrio árabe entero en la parte este de la ciudad para construir instalaciones turísticas. Considerado un “acto de violación” y de “limpieza étnica”, los palestinos argumentan que la demolición de docenas de hogares en el barrio Silwan no es más que un intento por judaizar Jerusalén Oriental árabe.

Algunas personalidades judías concientes, reconocen las intenciones maliciosas de las autoridades israelíes y del alcalde Barkat. Abraham Burg, ex presidente del Kneset (el Parlamento israelí) acusó a Barkat de permitir la opresión y la injusticia desenfrenada en una ciudad donde la “justicia una vez existió”.

En un artículo publicado por el Haaretz el 7 de marzo, Burg señaló que “la capital judaico-israelí y árabe” se está volviendo “la capital de los fanáticos alucinados y peligrosos. Esta no es la ciudad de todos sus residentes. Es una ciudad triste que pertenece a sus colonos, sus ultraortodoxos, sus residentes violentos y sus mesías... el espíritu israelí de justicia está siendo brutalmente conducido por políticos, colonos y jueces. El alma nacional está siendo destruida con indiferencia burocrática y rutinaria”.
De hecho, las organizaciones judías respaldadas por el gobierno, en su mayoría fundadas por judíos ricos de Estados Unidos, están hincándose en el barrio árabe de Sheikh Jarrah, donde las familias palestinas están siendo desalojadas a la fuerza de sus hogares en coordinación con el aparato policial. Colonos alegan que algunas casas pertenecían a judíos antes de 1948 mientras otras habían sido compradas en negocios secretos. Cuando los palestinos afligidos van a las cortes israelíes para reclamar, los jueces israelíes cotidianamente quedan del lado de los colonos invasores.

Los abogados de los colonos frecuentemente alegan que las casas en ciudades como Hebrón y Jerusalén pertenecían a los judíos durante la época del dominio británico. Los mismos abogados olvidan el hecho de que decenas de miles de hogares donde ahora se encuentra Israel pertenecían a las familias palestinas cuyos miembros fueron masacrados, como en Deir Yasín, o sufrieron limpieza étnica y fueron forzados a exiliarse, como sucedió en los barrios de Jerusalén de Lifta, Ain Karm, Talbiyeh y Al-Malla, para mencionar algunos.

Cuando este escritor le preguntó a un abogado israelí que participa en los esfuerzos para usurpar propiedades árabes en Jerusalén Oriental, porqué era un derecho de los judíos reclamar su presunta propiedad en el lado este mientras no era el de los palestinos en relación con las propiedades en lo que es hoy Israel, el abogado dijo, “por que nosotros somos fuertes y ustedes débiles”.

Delante de la opresión, miles de palestinos e israelíes pro-paz se reunieron en Jerusalén el sábado por la noche, el 6 de marzo, para protestar contra la creciente expulsión de familias árabes por colonos judíos apoyados por la policía. Es poco probable, sin embargo, que las manifestaciones fuercen al gobierno israelí a repensar su plano de judaizar Jerusalén Oriental árabe.

En realidad, lejos de mostrar la más ligera consideración por las preocupaciones palestinas, el Ministro de la Defensa, Ehud Barak, aprobó esta semana la construcción de 112 nuevos asentamientos judíos en el lado este. Las decisiones ridiculizaron a su vez otra decisión tomada a principios de año por congelar la expansión de los asentamientos por 8 meses. Esto también revela que las promesas y obligaciones contraídas por el gobierno de Netanyahu tienen poca credibilidad.

Con una Autoridad Palestina (AP) visiblemente impotente haciendo casi nada – y posiblemente capaz de nada – frente a la arrogancia del poder de Israel, la frustración entre los palestinos está creciendo. No es improbable que las semillas de una auténtica Intifada estén siendo sembradas si las tendencias actuales permanecen. Sin embargo, una nueva Intifada iría a confrontar la AP apoyada por el Occidente con un dilema real que pondría en cuestión no sólo su legitimidad – tal como es – sino también su propia supervivencia.

En la segunda semana de marzo, Israel envió un aviso austero a la AP: “Detengan a los que disparan piedras, o nosotros los iremos a detener”. El problema, sin embargo, es que una toma de posición por las fuerzas de seguridad de la AP contra las reacciones de los palestinos a las provocaciones y agresiones de Israel sería muy impopular, pues mostrarían las fuerzas de seguridad de la AP reprimiendo su propio pueblo en nombre de Israel. Por otro lado, si la AP quedara del lado de las masas contra Israel arriesgaría su propia supervivencia, ya que obligaría al ejército israelí a hacerse cargo de las ciudades palestinas como sucedió en el 2001 y 2002.

Fuente: Ahram weekly - 11 de marzo de 2010

Traducción: Jessica Barquero

Leer especial:

- ¡Todo nuestro apoyo a la lucha del pueblo palestino! Por el fin del estado de Israel!

- “Como pueblo oprimido, nuestra certeza es ser libres”

 


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