| Al Jazeera destapa la olla podrida de las “negociaciones de paz” ... |
| Escrito por Gabriel Massa - Argentina |
| Martes 01 de Marzo de 2011 21:32 |
...y el plan de los "dos estados"La revolución que sacude a los países árabes, ahora con epicentro en Egipto y Túnez, sacó de las primeras planas de los diarios una serie de acontecimientos que se habían producido en las semanas previas en torno a las “negociaciones de paz” para la llamada “solución de los dos estados”, entre la autoridad palestina liderada por Mahmud Abbas y el gobierno de Israel, encabezado por Benjamín Netanyahu.
Entre esos acontecimientos se incluye la decisión de Abbas de lanzar una ofensiva en la ONU, exigiendo que el Consejo de Seguridad y la Asamblea General reconozcan el Estado Palestino. Política que se vio acompañada por la decisión de numerosos estados sudamericanos –como Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay, Bolivia, Chile y Venezuela- y el Mercosur de darle ese reconocimiento y acompañar la iniciativa en la ONU, claramente alentado por Obama.
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, se ha mostrado reticente a firmar el acuerdo de constitución del “Estado Palestino”. Justifica su negativa al acuerdo diciendo que Abbas en realidad no está dispuesto a negociar y hacer concesiones seriamente.
Con su ofensiva ante la ONU, Abbas quería aparecer ante el mundo enfrentando la “intransigencia israelí” y como el verdadero defensor de los intereses y derechos del pueblo palestino. Esto debía servirle también para mostrar “logros” de su gobierno a los palestinos, en momentos que hay fuerte descontento y serios cuestionamientos a su gobierno y crecimiento en la propia Cisjordania de fuerzas islámicas que rechazan todo acuerdo con los sionistas.
Pero esos cuestionamientos crecieron exponencialmente cuando salieron a la luz a fines de enero papeles secretos sobre las negociaciones entre la Autoridad Palestina e Israel, que desnudan como nunca el rol de agente imperialista de la Autoridad Palestina y su jefe Mahmud Abbas.
Pieza clave de la estrategia imperialista
Recordemos que las “negociaciones de paz” y la “salida de los dos estados” están inscriptas en la política desarrollada por el imperialismo yanqui a partir de mediados de los años setenta en la presidencia de Jimmy Carter y que desde la LIT-CI hemos denominado “reacción democrática”. Luego de la derrota en la guerra de Vietnam y viéndose incapacitado para desarrollar intervenciones militares a gran escala, el imperialismo busca contener los procesos de resistencia de las masas a la explotación y opresión y, especialmente, los estallidos revolucionarios fundamentalmente cooptando, comprando y corrompiendo a los líderes de esos procesos para que acepten ser los defensores de sus intereses.
Un primer triunfo espectacular de esa política fueron los acuerdos de Camp David (1979), donde el presidente Anwar el-Sadat de Egipto –país que hasta entonces encabezaba la resistencia de las burguesías árabes a Israel en la región- aceptó reconocer el estado sionista. Sadat llamó a todos los estados árabes a reconocer a Israel. Y a los palestinos los llamó a deponer la bandera de la destrucción del estado sionista y que, en cambio, reconocieran a Israel y negociaran la paz.
Luego del asesinato de el-Sadat en 1981 por oficiales musulmanes del ejército egipcio, lo sucedió Hosni Mubarak, que mantuvo la misma política. A cambio de semejante traición, el gobierno egipcio ha recibido constante ayuda militar y económica de Estados Unidos (se calcula en 40.000 millones de dólares).
Como parte del acuerdo, Israel devolvió a Egipto los territorios ocupados en la guerra de los Seis Días en el desierto del Sinaí. Obtuvo a cambio el compromiso de que Egipto ayudaría a “controlar” a los palestinos en Gaza. El siniestro papel del régimen egipcio se ve, entre otras cosas, en la colaboración con Israel en el bloqueo genocida a Gaza.
A partir de estos acuerdos ningún estado árabe ha vuelto a enfrentar militarmente a Israel. Pero Israel no paró nunca de atacar a los países que no aceptaron hacer acuerdos: atacó y destruyó en Irak el reactor de Osirak en 1981, invadió el Líbano en 1982 y lo mantuvo ocupado hasta 2000, volvió a invadirlo en 2006. La diferencia es que la resistencia vino de la mano no de los estados, sino de organizaciones que asumían el rol de Resistencia y derrotó a Israel a pesar de la complicidad y la traición de sus gobiernos.
Por su parte la conducción de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), encabezada por Yasser Arafat, fuertemente dependiente del gobierno egipcio y de otros países árabes para su financiación, gira en la década de 1980 hacia el acuerdo con Israel, que quedará sancionado en los acuerdos de Oslo de 1993. Ese acuerdo formaliza el proyecto de los “dos estados”, aunque este ya estaba prefigurado en el robo de su territorio y la expulsión de los palestinos por el sionismo, legalizado por el imperialismo y el estalinismo de común acuerdo en 1948 a través de la resolución de la ONU de “partición” de Palestina.
Hoy sólo quedan enfrentando esta política organizaciones islámicas, algunas ligadas al gobierno de los ayatolas iraníes, como Hezbollah en el Líbano y Cisjordania, y Hamas que hoy gobierna la franja de Gaza y tiene vínculos históricos con los Hermanos Musulmanes de Egipto.
Se destapa la olla podrida: ¡Abbas acepta que las fronteras palestinas sean controladas por la OTAN!
A fines de enero, la agencia de noticias y cadena televisiva Al Jazeera junto con el diario inglés The Guardian –ligado al partido Laborista británico- divulgaron, al mejor estilo Wikileaks, alrededor de 1300 documentos secretos –hoy conocidos como los Papeles Palestinos- que contienen la descripción y comentarios de los representantes palestinos en las negociaciones desarrolladas entre 1999 y 2010 en torno al plan de los “dos estados”. En ellos se advierte que Abbas está dispuesto, no solo a reconocer a Israel, negando el derecho de los refugiados a volver a sus tierras, sino a hacer concesiones inmensas en los propios territorios que corresponderían a los palestinos. Incluyendo que Cisjordania y Gaza sigan separadas por territorio israelí, que se mantengan enclaves sionistas separando ciudades palestinas, control casi ilimitado de Israel sobre Jerusalén, etc.
Y todo esto fue negociado en secreto, sin que lo supiera el pueblo palestino.
En los “Papeles Palestinos” queda al desnudo el rol del gobierno egipcio, representado en las negociaciones por el vice-presidente nombrado recientemente por Mubarak, Omar Suleiman. Este rol consistió en presionar a los palestinos para que aceptaran todas las exigencias yanquis e israelíes.
Pero si algo demuestra el verdadero significado del acuerdo de “los dos estados” es la llamada cuestión de “seguridad”. El diario The New York Times publicó el 7 de febrero pasado un extenso artículo de Bernard Avishai, autor israelí, basado en los papeles dados a conocer por Al Jazeera y sus propias entrevistas con el ex primer ministro de Israel Ehud Olmert, Mahmud Abbas y otros representantes de ambas partes: “Los principios de seguridad de Olmert eran los siguientes: Palestina tendría una fuerza policial fuerte ‘todo lo necesario para imponer las leyes’. No tendría ejército ni fuerza aérea. La frontera palestina con Jordania, a través de la cual podrían contrabandearse misiles y armamento pesado, sería patrullada por fuerzas internacionales, probablemente de la OTAN. Habría una garantía de procedimiento de que ningún ejército extranjero podría ingresar a Palestina y su gobierno no podría hacer acuerdos militares con países que no reconozcan a Israel. Israel por su parte tendría derecho a defenderse más allá de las fronteras del estado palestino, digamos, contra fuerzas terrestres que se concentren en la margen occidental del río Jordán. Israel se reservaba el derecho de perseguir terroristas al otro lado de las nuevas fronteras. Israel tendría acceso al espacio aéreo sobre Palestina, y las Fuerzas de Defensa israelíes tendrían derecho a un uso desproporcionado del espectro de telecomunicaciones (los derechos comerciales serían equiparados bajo las leyes internacionales). ..Abbas le ofreció a Olmert que elija qué fuerzas internacionales patrullarían las fronteras del río Jordán e incluso dijo que había consultado con los estadounidenses, que aceptaron participar en una fuerza de la OTAN mientras estuviera bajo el mando de Estados Unidos. Jordania y Egipto, cuyas fronteras quedan implicadas, impusieron sus propias condiciones: ningún jordano ni egipcio participaría en la fuerza y estaría del lado palestino. ‘El capítulo sobre seguridad quedó cerrado’ me dijo Abbas. ‘No sostenemos que fue un acuerdo, pero el archivo se cerró’.”
Por si no quedó claro, el acuerdo de los “dos estados” significa legalizar la presencia de una fuerza militar imperialista de ocupación en el corazón del medio oriente, en el centro neurálgico de la Intifada ¡Cómo no va a presionar Obama para que se firme ese acuerdo!
¿Si es falso que Abbas no está dispuesto a hacer “concesiones serias” por qué Israel no acepta el acuerdo?
Como todo régimen contrarrevolucionario de corte fascista –nosotros lo calificamos de nazi, porque al igual que el de Hitler se basa en el ataque a un pueblo, el árabe, por motivos racistas- el de Israel necesita mantenerse siempre en pie de guerra. Lo que incluye no solo que sus fuerzas armadas estén en “alerta roja” permanente, sino además alentar a las bandas cuyos miembros están dispuestas a ocupar cada vez más asentamientos, como avanzadas contra los palestinos, y aliarse con los partidos políticos que los agrupan.
Esos partidos forman parte de la coalición gobernante en Israel y amenazan con hacer caer el gobierno si se acepta no solo desmontar sino frenar la extensión de los asentamientos sionistas en Cisjordania o reconocer a Gaza como parte de un estado Palestino “independiente”.
Todo esto demuestra que es imposible la “coexistencia pacífica” de un estado palestino junto a Israel. En todo caso, si EE.UU. decidiera imponer el acuerdo a toda costa, el supuesto “Estado Palestino” quedaría con un sometimiento militar aún peor que el actual. Con la maniobra de los “dos estados” solo se busca aumentar el control militar imperialista sobre la rebelión palestina por la vía de la negociación.
Frente a ello, la única salida de fondo sigue siendo la destrucción del monstruo nazi-sionista que es Israel y la construcción de un estado palestino laico, democrático y no racista en todo el territorio de Palestina. |
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