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¿Reconocer a Palestina?
Escrito por Ali Abunimah   
Viernes 22 de Abril de 2011 01:54
Si los precedentes históricos en el Líbano y Siria tienen algún peso, la declaración de soberanía de la Autoridad Palestina tendrá poco efecto, a pesar de lo que el primer ministro palestino Salam Fayyad pueda decir.

¿Qué haría si su campaña de décadas para conseguir un Estado palestino independiente en los lugares de la Palestina histórica, conocidos como Cisjordania y la Franja de Gaza, resultara un fracaso total?

La respuesta, para la Autoridad Nacional Palestina (ANP) patrocinada por Occidente, situada en Ramala[1]ocupada por Israel, es fingir que el Estado palestino existe de cualquier manera e intentar convencer a tantos países como fuera posible para que adhieran a esta charada.

Ésta parece ser la esencia de la estrategia de la ANP para conseguir el ingreso del “Estado de Palestina” en la Asamblea General de la ONU en septiembre.

La ANP ya está haciendo un fuerte lobby para que los países apoyen esta acción, y en los últimos meses una serie de países, particularmente de América Latina, le dieron un pleno reconocimiento diplomático a la autoridad de Ramala. El New York Times citó a diplomáticos que dicen que, si se llevase la votación a la Asamblea General de la ONU, la medida probablemente pasaría.

Un “Estado” imaginario

El esfuerzo de la ANP para el reconocimiento de un Estado palestino es la contrapartida diplomática para sus tan propagados objetivos de “construcción institucional” y “desarrollo económico”, con los que crear la infraestructura necesaria para un futuro Estado.

Sin embargo, el programa de construcción institucional no es nada más que un espejismo, impulsado por trucos de relaciones públicas y por la prensa amiga.

En realidad, las principales “instituciones” construidas por la ANP fueron los aparatos militares de la policía y de la milicia, usados para reprimir a la oposición política de la ANP y a cualquier resistencia a la ocupación israelí. Al mismo tiempo, las economías de Cisjordania y de la propia ANP permanecen completamente dependientes de la ayuda externa.

El reconocimiento por parte de la ONU de semejante Estado palestino no tendría mayor significado que esa “construcción institucional” imaginaria, y podría dejar a los palestinos aun más lejos de la verdadera liberación y autodeterminación.

Las autoridades de la ANP han justificado su estrategia de conseguir el reconocimiento por parte de la ONU planteando que se trata de una forma de hacer presión internacional sobre Israel.

El ministro de “relaciones exteriores” Riyad al-Malki dijo a los periodistas en Ramala en el mes de enero que “ese reconocimiento crearía presión política y jurídica para que Israel retire sus tropas de las tierras de otro Estado reconocido con las fronteras de 1967”.

De la misma forma, Nabil Shaath, un alto dirigente de Al-Fatah[2], explicó al New York Times que si un Estado palestino fuese reconocido por las Naciones Unidas: “Israel estaría frente a la violación diaria de los derechos de un Estado miembro, teniendo así consecuencias legales y diplomáticas, perjudiciales para Israel”.

¿Pero acaso puede cualquiera que haya visto como la “comunidad internacional” funciona cuando se trata de Israel creer en tales expectativas delirantes?

El Líbano es un Estado miembro de las Naciones Unidas desde 1945 y, no obstante, eso no impidió a Israel ocupar el sur del Líbano desde el año 1978 hasta el 2000. La ocupación del Líbano por Israel no terminó debido a ninguna presión internacional, sino únicamente porque la resistencia libanesa expulsó a Israel y a sus milicias fantoches.

Israel violó la soberanía del Líbano millares de veces después del brutal bombardeo realizado en 2006, según la propia ONU. Sin embargo, sus constantes invasiones del espacio aéreo libanés y los secuestros de ciudadanos libaneses, entre otras violaciones, nunca tuvieron “consecuencias legales y diplomáticas” que obligasen a Israel a tener que dar cuenta de sus actos.

De la misma forma, Israel ocupa los Altos de Golán, que pertenecen a Siria (también miembro de la ONU desde 1945), desde 1967. Desde entonces no hay prácticamente ninguna resistencia armada en los Altos de Golán, como tampoco hubo presión internacional alguna para que Israel se retire ni para que los refugiados de Siria regresen a sus casas.

Incluso después de haberse anexado Israel el territorio ilegalmente en 1981 –medida condenada por el Consejo de Seguridad de la ONU- el silencio de la comunidad internacional ha permitido que la colonización de los Altos de Golán por parte de Israel haya continuado ininterrumpidamente.

¿Por qué iba a ser diferente con un “Estado de Palestina”?

Victorias en el “papel”

El esfuerzo para buscar el reconocimiento diplomático de un Estado palestino imaginario en un pedazo de la Palestina histórica es la estrategia desesperada de una dirección que se ha quedado sin opciones, que ha perdido su legitimidad, y que se ha convertido en un serio obstáculo en el camino de los palestinos por la recuperación sus derechos.

Apoyarse con fuerza en los fórums diplomáticos y en la buena voluntad de la “comunidad internacional” no es precisamente un intento nuevo, y ya en el pasado no obtuvo resultado alguno. Basta recordar que en el año 2004 la ANP realizó enormes esfuerzos para conseguir una decisión consultiva de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en la Haya, acerca de que el muro del apartheid israelí en Cisjordania es ilegal y debe ser demolido.

Sin embargo, a pesar de haber obtenido la sentencia, la ANP no ha tenido ni la más mínima estrategia de movilización de los palestinos y sus aliados para presionar al mundo y que realmente se implemente dicha decisión.

De hecho, existen evidencias significativas de que, mientras el cuerpo diplomático de la ANP y los negociadores estaban ocupados en la Haya, sus dirigentes intentaban sofocar las iniciativas que las organizaciones palestinas en Cisjordania y en Jerusalén Oriental hacían para así presionar y llamar la atención de cara a la decisión de la CIJ, seguramente debido a la presión de Israel y los EEUU.

¿Sería posible que el gobierno de una “Palestina independiente”, aún bajo la ocupación israelí y dependiente de la ayuda de los EEUU y de la UE, pudiese resistir ante semejante presión en el futuro? La actitud de la ANP hasta el momento no ofrece ninguna base para el optimismo.

A pesar de estos esfuerzos, la opinión de la CIJ tuvo una importante consecuencia. No fue la ANP ni la extinta Organización para la Liberación de Palestina (OLP) quien comenzó las movilizaciones.

Por el contrario, en medio de la inercia de los gobiernos del mundo para que se cumpliera la decisión de la CIJ, la sociedad civil palestina emitió en el año 2005, de forma independiente, una convocatoria para la campaña de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS).

Esta campaña pretende aislar a Israel y presionarlo para que respete los derechos de los palestinos así como al derecho internacional, mediante boicots populares similares a los que ayudaron a terminar con el apartheid en Sudáfrica.

En lugar de hacer un fetiche de la “soberanía”, la campaña BDS prioriza los derechos y las realidades: pide el fin de la ocupación y de la colonización israelí de todos los territorios árabes conquistados en 1967; la plena igualdad para los ciudadanos palestinos de Israel; y el respeto y la aplicación de los derechos de los refugiados palestinos. Dichas reivindicaciones son plenamente consistentes con la Declaración Universal de los Derechos Humanos y del derecho internacional.

La ANP nunca apoyó esta campaña y, de hecho, ha intentado desviar la atención de ella y debilitarla, llamando simplemente a un “medio” boicot a los productos de los asentamientos israelíes, al mismo tiempo que promueve activamente el comercio con Israel, violando así la campaña BDS:

El retorno de los Bantustanes

A menudo se compara correctamente el “estado” palestino previsto por la ANP y sus patrocinadores con los “Bantustanes” del apartheid sudafricano.

Los Bantustanes eran “estados” nominalmente independientes creados por el régimen del apartheid para concederles la “ciudadanía” a los negros, como forma de neutralizar las demandas a favor de una verdadera igualdad.

Ningún gobierno cayó en la trampa y se negaron a reconocer los Bantustanes, ya que sabían que el reconocimiento diplomático de esas entidades iría, en realidad, a frenar la lucha para acabar con el apartheid sudafricano.

No por casualidad, el único país en hacer acuerdos con los Bantustanes –permitiéndoles abrir misiones diplomáticas y recibiendo con frecuencia a sus líderes- fue Israel. Israel vio los Bantustanes como un modelo para controlar a los palestinos en el futuro.

El reconocimiento de un “estado” palestino bajo la ocupación israelí iría con certeza a solidificar y perpetuar los privilegios y las posiciones de las autoridades no electas de la ANP, sin hacer nada para alterar las condiciones ni para restaurar los derechos de millones de palestinos, no sólo en los territorios ocupados en la guerra de junio de 1967, sino en el propio Israel y en la diáspora.

Lejos de aumentar la presión internacional sobre Israel, este “estado” podría incluso permitir que los Estados –que han fallado completamente en su deber de convertir a Israel en responsable ante el derecho internacional- se laven las manos en la cuestión de Palestina, bajo un pretexto del tipo “reconocemos a Palestina, ¿qué más quieren que hagamos?”

Los palestinos y sus aliados no deben distraerse con este teatro internacional del absurdo, sino que deben centrarse en la construcción de campañas BDS más amplias y profundas para acabar de una vez por todas con el apartheid israelí en todos los lugares donde existe.

Ali Abunimah es el autor de Un País, una propuesta osada para acabar con el impasse entre israelíes y palestinos y es colaborador del Informe Goldstone: El Legado de la Investigación del conflicto de Gaza.

Fuente: Al Jazeera


[1] Ramala es una ciudad palestina con cerca de 118.000 habitantes, situada en el centro de Cisjordania, a 15 km al norte de Jerusalén. En Ramala se encuentran las sedes de varios ministerios, las representaciones diplomáticas y la sede de la Autoridad Nacional Palestina.
[2] Al-Fatah es una organización política y militar, fundada en 1964 por Yasser Arafat, y fue la mayor corriente de la OLP. Hoy es la principal base de la ANP y defiende un acuerdo entre palestinos e israelíes para la creación de un “Estado” palestino en las regiones ocupadas (Cisjordania y Gaza) y el reconocimiento de Israel.

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