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Libia y Siria: un duro debate divide a la izquierda
Escrito por Eduardo Almeida Neto   
Viernes 22 de Abril de 2011 22:11
Como sucede con frecuencia, la revolución árabe en curso está dividiendo aguas en la izquierda, en todo el mundo. Esta experiencia se va a incorporar al aprendizaje que una revolución siempre proporciona.

Por otro lado, los activistas tienen la posibilidad de probar la respuesta que cada una de las organizaciones de izquierda da a esas revoluciones e de sacar sus propias conclusiones. El duro debate actual apunta a nuevas divisiones y reorganizaciones en todo el mundo.

Se trata de un proceso revolucionario de conjunto, que tiene en su origen el sufrimiento de los trabajadores explotados salvajemente. La crisis económica mundial aumenta el desempleo y produce aumentos en los precios de los productos de primera necesidad, generando explosiones en los países más frágiles del capital. El otro factor decisivo es el levantamiento de esas masas enfurecidas contra dictaduras brutales que dominan esos países hace décadas.

No hay dudas de que se trata de una revolución en el sentido más completo de la palabra. Un momento particular de la historia en el que las masas resuelven tomar en sus manos los destinos de sus países. Personas que se dedicaban a tratar de sobrevivir, muchas veces sin ninguna participación política previa, transformándose en grandes agitadores y organizadores, en líderes populares. Algunas veces, en milicianos con armas en las manos, dispuestos a arriesgar sus vidas para cambiar el mundo.

¿Existe o no una revolución árabe?

La revolución árabe explotó y puso a la defensiva, en un primer momento, a los gobiernos imperialistas. Sus dictadores aliados estaban en jaque, y no había ningún plan alternativo. Fue así con el dictador Ben Alí en Túnez y más aún con Mubarak en Egipto, derrocados en enero y febrero últimos. Obama tuvo que adecuarse, apostando a los militares, que asumieron el gobierno en Egipto después de la caída de Mubarak.

Fue el salvajismo de la represión de las tropas de Gaddafi el que causó la guerra civil en Libia. En Bengasi, decenas de miles de personas enfrentaron a las tropas, incluso sin armas. Morían centenares y otros miles iban a la lucha. Hasta que las tropas se dividieron, desertaron oficiales, la población tuvo acceso al arsenal local y se armó. Comenzaba la guerra civil.

Cuando la revolución árabe tocó los territorios libio y sirio les tocó a los gobiernos “de izquierda” de Venezuela, Cuba y Nicaragua quedar a la defensiva. La corriente castro-chavista -la más legítima expresión del reformismo stalinista hoy en día- pasó a tratar de separar la reacción de las masas en esos países del resto de la revolución árabe.

La heroica acción de las masas en la revolución árabe es reconocida como tal por esos stalinistas hasta las fronteras libias y sirias. Pero, en esos países se transformaba, misteriosamente, en una conspiración imperialista o monárquica para “recobrar el petróleo”. Es extremadamente educativo que los activistas de todo el mundo estudien los textos de esos stalinistas. Ninguno de ellos consigue escapar de esos ejercicios de acrobacia.

Aquí se revive una característica típica del stalinismo: la utilización amplia y consciente de mentiras y calumnias. En un pase de magia esconden la revolución y muestran una conspiración de la CIA.

Algunos de ellos llegan a negar la existencia del genocidio de Gaddafi, diciendo que es todo "invención de los medios". El propio Gaddafi, sin embargo, para lograr nuevamente el apoyo de los gobiernos imperialistas, comparó a sus tropas con la acción de Israel contra los palestinos: “Incluso los israelíes en Gaza tuvieron que recurrir a los blindados para combatir a tales extremistas. Con nosotros pasa lo mismo” (France 24, 7 de marzo del 2011).

La imagen de un Gaddafi como luchador antiimperialista es otra farsa consciente del stalinismo. Usan el pasado nacionalista del dictador libio para justificar el presente. En la década del 90, Gaddafi entregó el petróleo de nuevo a las multinacionales. La Exxon Mobil (EEUU), British Petroleum, ENI (Italia), Total (Francia) y Royal Dutch Shell controlan la producción y exportación de petróleo. Incluso un defensor de Gaddafi como James Petras se ve obligado a decir: “Las mayores compañías de petróleo están más presentes en Libia que en la mayoría de las regiones productoras de petróleo de todo el mundo”.

Por desgracia para los castro-chavistas, el heroísmo de los egipcios en la Plaza Tahrir es el mismo que en las calles de Bengasi en Libia o de Deraa en Siria. Los motivos que mueven a los jóvenes desempleados y sin perspectivas en esos países son los mismos.

El imperialismo retoma la ofensiva

La intervención militar del imperialismo trajo más confusión a la discusión. La invasión imperialista es una gran amenaza para la revolución árabe. Además de su poderío militar, incluso disfrazado de "apoyo" contra Gaddafi, lo que genera esperanzas, en particular en las ciudades amenazadas por las fuerzas del dictador.

Los gobiernos de EEUU, Francia e Inglaterra, que están al frente de la invasión, quieren establecer un control directo sobre la región. Gaddafi ya no ofrece ninguna garantía. Incluso, aunque ganase la guerra, no conseguiría reestabilizar al país, por tener una base social muy reducida. La inmensa mayoría del pueblo libio apoya la rebelión militar y eso llevaría, probablemente, a una guerrilla de masas.

Los stalinistas pasaron a justificar el apoyo a Gaddafi como la única forma de combatir la agresión imperialista.

En realidad, sucedió lo opuesto: el dictador libio posibilitó que el imperialismo dejase la situación defensiva en que estaba en la revolución árabe para asumir una contraofensiva política y militar. De aliados de las dictaduras en jaque pasó a ser el "defensor de los derechos humanos" amenazados por Gaddafi.

Las contradicciones en el campo de la revolución en Libia entre el movimiento revolucionario y sus direcciones son semejantes a las del resto del mundo árabe. En Egipto, muchos de los dirigentes más reconocidos, como El Baradei, son figuras claramente proimperialistas. La Junta Militar actual está compuesta por oficiales formados y pagados por el gobierno de EEUU.  No por eso se vio a Castro y a Chávez repudiar las movilizaciones de cientos de miles de personas que derribaron a Mubarak.

No se puede confundir una revolución con sus dirigentes ¿cierto? Sí, pero para el castro-chavismo eso sólo es cierto para Egipto, pero no para Libia. Allí las posiciones proimperialistas, agrupadas en el Consejo Nacional Libio, son suficientes para que esta corriente descalifique a la propia revolución.

Para nosotros es fundamental estar en el campo de la revolución contra Gaddafi y luchar con- tra su dirección proimperialista.

Frente a esa invasión sería necesaria una amplia unidad de acción contra el imperialismo. Lo que impide esa unidad es el propio Gaddafi, que generó el levantamiento contra él y continúa la guerra civil contra el pueblo libio. Por eso, siguen existiendo dos guerras.

Un sector de la izquierda apoya la intervención imperialista

Como si no bastasen todas las lecciones de la historia, el pasado reciente de las intervenciones militares imperialistas "humanitarias" debería servir para recordar que estamos ante el brazo armado de la contrarrevolución.

La invasión de Afganistán también fue justificada como una necesidad "humanitaria", debido a los desastres del Talibán. La de Irak, para acabar con las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein. Tanto una como otra se llevaron a cabo para controlar política y militarmente la región y utilizan los mismos métodos bárbaros que antes denunciaban. La invasión de Kosovo, también "humanitaria", terminó con la imposición de la mayor base militar de EEUU en Europa, Camp Bondsteel.

Lamentablemente, no es eso lo que una parte de la "izquierda" piensa.

Ignacio Ramonet, editor del periódico Le Monde Diplomatique y uno de los animadores del Foro Social Mundial, declaró: “En este momento, la ONU constituye la única fuente de legalidad internacional. Por eso, y contradictoriamente, las guerras en Kosovo y en Irak, la intervención actual en Libia es legal, según el derecho internacional; legítima, según los principios de solidaridad humanitaria; y deseable para la fraternidad que une pueblos en la lucha por la libertad" (LMD, abril 2011, pág. 32).

Gilberto Achcar, un intelectual de prestigio ligado al SU (Secretariado Unificado), salió en defensa de la acción del imperialismo en un reciente artículo: “En esas condiciones y en la falta de cualquier otra solución plausible, era moral y políticamente un error, por parte de la izquierda, oponerse a la zona de exclusión aérea”. (Un debate legítimo y necesario desde una perspectiva antiimperialista).

Debería ser obvio, pero en estos tiempos de retroceso ideológico, no lo es. Si la guerra es la extensión de la política por otros medios, o el imperialismo se transformó en un sistema humanitario, o el apoyo a esa invasión es una aberración. La acción militar del imperialismo es una extensión de su política de control económico y político de la región. Ese sector de la "izquierda" está legitimando la tentativa del imperialismo de salir de la posición defensiva en la revolución árabe y reconstruir su dominio. Están simplemente apoyando la otra cara de la contrarrevolución.

Cualquier idea de "unidad de acción" con las fuerzas de la OTAN contra Gaddafi se va a colocar, violentamente, contra la continuidad de la revolución. Una posible victoria del imperialismo llevará a la creación de una zona bajo control de la ONU en la región, con una base militar del imperialismo, a semejanza de Kosovo. O a la división de Libia, con la imposición militar de un enclave militar imperialista en el medio.

Si por un lado la corriente castro-chavista apoya a Gaddafi y Assad, toda esa otra parte de la "izquierda" defiende la intervención imperialista. Interesante como esos dos sectores, que estuvieron unidos en los Foros Sociales Mundiales, se dividen ahora en el apoyo a dos bloques burgueses (Gaddafi y Assad de un lado y el imperialismo del otro).

Ninguno de ellos se orienta por un criterio básico, de clase. Es necesario estar junto al proceso de la revolución, junto a las masas árabes (lo que incluye al pueblo libio y sirio, rebelados contra las dictaduras en esos países), luchando contra sus direcciones burguesas y proimperialistas. Es necesario luchar contra la intervención militar del imperialismo, que también quiere derrotar a la revolución. Por eso hablamos de una revolución y dos guerras en Libia: una guerra civil contra Gaddafi y otra contra la invasión del imperialismo.

El pueblo sirio se levanta... y causa otra crisis

Siria es un pequeño país, que tiene su economía basada en la agricultura y en la producción de petróleo. Incluso no siendo un gran exportador, este es uno de los factores centrales de la economía, que genera el 50% de los ingresos de exportación del país. Siria es gobernada hace 41 años por una dictadura de la familia Assad. Allí se repite la historia de un movimiento nacionalista burgués que cumplió un papel relativamente progresista al inicio y, después, giró a la derecha y se entregó al imperialismo.

El Partido Baath, nacionalista burgués, tomó el poder en 1963. Hafez Assad -padre del actual presidente- pasó a dirigir el país con mano de hierro en 1970. Al comienzo estatizó buena parte de las empresas lucrativas, incluyendo las petroleras.

Pero siempre fue una dictadura sanguinaria. En 1982 reprimió duramente la movilización de Amah, que dejó entre 25 y 30 mil muertos. Una masacre.

En la década del 90 acompañó el giro a la derecha de Gaddafi y Sadat. Entregó nuevamente el petróleo a las multinacionales. Hoy, multinacionales petroleras como la Shell, Total (Francia), CNPC, Gulfsands Petroleum (EEUU), Tatneft y ONGC Videsh controlan la principal producción del país. La norteamericana Conoco Philips explota el gas.

En el año 2000 Hafez Assad murió. Para demonstrar el carácter dictatorial de su gobierno, el escogido para la sucesión fue nada menos que su hijo Bashar Assad. Ninguna sorpresa, si recordamos que Mubarak y Gaddafi preparaban a sus hijos para sucederlos. Se trata de dictaduras que imponen un estilo casi monárquico de funcionamiento.

No es por casualidad que existe una sincronía de las luchas en Siria y en el resto del mundo árabe. La imposición del neoliberalismo en el país por la dictadura de los Assad, amplió la miseria de las masas, ahora agravada por la crisis económica y el aumento de los precios de los alimentos. El odio acumulado en las masas en 40 años de dictadura es el mismo que exis tía contra Mubarak.

Las movilizaciones comenzaron en febrero en apoyo a las luchas de Egipto. En marzo, en la ciudad de Deraa, una movilización pacífica fue duramente reprimida por la dictadura y causó dos muertes. La reacción de las masas fue fuerte: nuevas movilizaciones tomaron la ciudad e incendiaron el Palacio de Justicia.

La dictadura reaccionó con más violencia, masacrando movilizaciones pacíficas. Ya existen más de 300 muertos en el país.

En este momento la sublevación en Siria está ampliándose. Recientemente ocupó el centro de la tercera ciudad del país enfrentando la represión. Puede ser que también se extienda al terreno militar, repitiendo la experiencia de Libia y de una nueva guerra civil.

Aquí las máscaras caen nuevamente.  ¿Cuál es la posición de Chávez sobre Siria? Aquí no hay intervención militar de la OTAN. Existe la lucha de un pueblo rebelado contra una dictadura que entregó el país al imperialismo, exactamente como al principio del proceso libio.

Chávez declaró: “Ya comenzó el ataque contra Siria, ya comenzaron los movimientos de supuestas protestas pacíficas (...) y ya están acusando al presidente de matar a su pueblo”.

No satisfecho, incluso calificó al genocida Assad de “líder árabe socialista, humanista, hermano, con una gran sensibilidad humana”.

O sea, para Chávez, el genocida Assad es un "humanista". Va a quedar grabado en la historia que la corriente castro-chavista ayudó a legitimar la masacre de poblaciones rebeladas contra dictaduras. En el mundo árabe esas posiciones chocan con la enorme simpatía despertada por la revolución. No es por casualidad que no existen movilizaciones de apoyo a Gaddafi o a Assad en los países árabes. En el resto del mundo, a pesar de la confusión causada por la intervención imperialista, las posiciones de Chávez y Castro tampoco consiguen imponerse en la vanguardia.

No es casual que varios intelectuales castro-chavistas, como Santiago Alba Rico, están asumiendo públicamente esa polémica.Puede ser que sea una clara señal de decadencia de esas corrientes.

Traducción Laura Sánchez
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