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Masacre en Casino Royale expone el gobierno de Calderón
Escrito por Grupo Socialista Obrero   
Lunes 17 de Octubre de 2011 23:56
La masacre en Casino Royale estuvo a punto de abrir el drenaje para mostrar el contubernio entre los gobiernos federal y local, grupos empresariales, mafias y bandas de delincuencia organizada. En efecto, muchos dueños de casinos son «honorables» empresarios dedicados al blanqueo de dinero y otras actividades. Situación que sabemos todos, principalmente los oficiales.

Se dedican a jabonar dinero proveniente del narcotráfico, del tráfico de personas, secuestro, etc. Por lo que mantienen relaciones con todo tipo de delincuentes, bancos, casas de bolsa y financieras. Las casas de juego son parte de una enmarañada red de «empresas» que lavan entre 20 y 30 mil millones de dólares por año. Una cantidad superior a la obtenida por el petróleo o por las remesas que envían trabajadores mexicanos residentes en Estados Unidos.

En este fructífero negocio tienen metidas las manos todo tipo de personajes: «empresarios» mexicanos y extranjeros incluidos banqueros y casas corredoras de bolsa, políticos gringos y mexicanos, bandas de todo pelaje y miembros de las fuerzas armadas. Sin embargo, el atentado que asesinó a 52 personas causó tal aturdimiento que las autoridades llevaron a cabo detenciones fast track de algunos de los autores materiales destinados a pagar su canallada, pero nos tememos que los verdaderos culpables seguirán libres y haciendo grandes negocios.

La realidad es que los cárteles seguirán operando y la «guerra» de Calderón solamente logrará detener a la morralla, mientras los grandes capos seguirán operando. Es posible que lleguemos a los 60 o 70 mil muertos y 15 o 20 mil desaparecidos a manos de las bandas y de las fuerzas armadas, como parte de los daños colaterales y el horizonte no cambiará sustancialmente.

Entonces ¿Por qué la guerra?

La llamada guerra contra el narcotráfico fue una decisión de Calderón para limpiar su adulterada figura fraudulentamente. El otro objetivo era acotar (o podar) a algunos de los cárteles para conservar la hegemonía del Estado en amplios territorios que se le estaban yendo de las manos por la acción de las bandas. Un tercer objetivo era adiestrar a las tropas en el combate callejero, para futuras acciones contra el movimiento de masas y utilizar la tolvanera que provoca para atentar contra la vida de muchos luchadores sociales y eventualmente echar la culpa de tales ejecuciones al crimen organizado.

Para muchos analistas la famosa guerra fue ideada en Washington y ordenada al gobierno de Calderón como parte de la estrategia del imperialismo para organizar la contrarrevolución en el patio trasero.

Lo cierto es que al inicio las tropas iban de una orilla a otra, de pueblo en pueblo, cometiendo atropellos contra la población civil y sin encontrar la cuadratura al círculo y menos a los grandes capos, más o menos como ahora, pero con más confusión. Muchos teníamos y tenemos la certeza de que la famosa guerra no podría acabar con las bandas del crimen organizado pues mientras haya mucho dinero habrá siempre gente dispuesta a jugársela.

De cualquier forma la lucha contra el narcotráfico se convirtió en un fenómeno mediático para dar lustre a Calderón y al régimen. Es por ello que adquieren gran relevancia las acciones que se emprenden para cercar y aprehender a los capos. Incluso hasta se inventan de jefes a simples puchadores que venden sus grapas para irla pasando. Sin embargo, la guerra tiene un costo y está afectando las bases del Estado.

Si verdaderamente se quiere combatir al narcotráfico hay que investigar a cientos de empresas para detectar sus conexiones y averiguar el origen de sus inmensos recursos. Confiscar grandes fortunas de origen inexplicable y llevar a cabo una limpieza de gran amplitud en medios oficiales.

Pese a ello el gobierno no ha tocado las finanzas de los cárteles debido a que pueden aparecer nombres de gente muy encumbrada de la clase dominante y de la clase política.

Aprovechando los hechos del Casino Royale, Calderón se desgarra las vestimentas, grita más fuerte y exige que todos se le unan. ¿Unidad viniendo de un gobierno que asumió por medio del fraude y que lo único que ha hecho bien es empobrecer más a la población? De frente a este panorama no nos queda otra que ir organizando nuestra propia protección pues estamos en medio del fuego entre los distintos cárteles, los oficiales, los extraoficiales y los oficiosos. Quizá la salida sea impulsar la formación de comités de vigilancia obrero popular al margen del gobierno.  

Fuente: La Resistencia nº 19, Septiembre 2011

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