| Kirguizistán “recargado” |
| Escrito por I. Gatin - POI Rusia |
| Miércoles 28 de Abril de 2010 22:44 |
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Un país pobre en una región estratégica
Kirguizistán es el país más pobre de Asia central. Comparte frontera con Kazakhstán, Tadjikistan, Uzbekistán y China, y no tiene salida al mar. Es una ex-república soviética. En la época soviética era conocida por su alto nivel cultural, poseyendo grandes universidades. Era también un país industrializado, centrado en la industria pesada de maquinas-herramientas, electrodomésticos y coches. Sin embargo, la industrialización fue hecha al modo estalinista, con todas las fábricas, ingenieros, técnicos e incluso obreros venidos desde Rusia. La imposición estalinista llegó al punto de que la capital de Kirguizistán, que ahora se llama otra vez Bishkek, se llamaba antes Frunze, en homenaje a un dirigente del Ejército Rojo. ¡Pero en el idioma kirguiz no hay el sonido “f”, lo que hacía con que el pueblo kirguiz no pudiera pronunciar el nombre de su propia capital correctamente, diciendo entonces “Porunze”! Así, la industria siempre fue como un “cuerpo extraño” en el país, y por eso a la nueva burguesía kirguiz y al imperialismo les resultó muy fácil desmantelar toda la infraestructura industrial del país. Ese es uno de los motivos que hizo que de las ex-repúblicas soviéticas de la región, Kirguizistán fue la que más rápidamente avanzó en los planes neocoloniales y restauracionistas. En 1990, el país ya era un “ejemplo” de aplicación de las políticas liberales, el que seguía más de cerca las orientaciones de las organizaciones financieras internacionales.
Con la restauración capitalista, el nivel de producción en el país cayó a la mitad, fundamentalmente debido al cierre de las empresas industriales. Hoy depende de la exportación de materias primas y de mano de obra. Es hoy un país pobre, que exporta algodón, lana, carne, tabaco, oro, mercurio y uranio (en un total de 1,8 mil millones de dólares), mientras que importa máquinas y equipos, alimentos, crudo y gas (en un total de 3,8 mil millones de dólares) – con un gran saldo comercial negativo del orden de 40% del PIB. La gran riqueza del país, las estaciones hidroeléctricas, en su mayoría están en manos de compañías energéticas de Rusia, asociadas al capital occidental. En la minería, otra riqueza nacional, también participan activamente corporaciones extranjeras (en especial canadienses).
Desde 2004 a Kirguizistán llegaron 18 mil millones de dólares de capital externo, lo que significa un ingreso per cápita superior al de Rusia, que ya es uno de los mas altos del mundo. El PIB per cápita del país es de 2200 dólares (6 veces menos que en el vecino Kazakhstán). Debido al paro, emigraron para trabajar en otros países (fundamentalmente a Rusia) un millón de kirguizes (20% de la población del país y un tercio de la fuerza de trabajo nacional). Las remesas de dinero a sus familiares suman 1,2 mil millones de dólares (un cuarto del PIB y valor equivalente a la mitad de todo el presupuesto del país). En efecto, la disminución de las remesas de los obreros emigrados debido a la crisis económica fue lo que agravó la situación económica del país. La deuda externa es de 2,5 mil millones de dólares, es decir, la mitad del PIB. Más del 60% de la población vive en el campo. La república está dividida geográficamente entre el sur y el norte, dirigidos por distintos clanes.
Cuadro de las inversiones externas en la economía de Kirguizistán entre 2004 y 2008, por la importancia del país en % (de acuerdo con datos del Comité de Estadística Nacional de Kirguizistán).
Canadá 28,41
Rusia 15,72
Kazakhstan 14,77
Organismos internacionales 10,42
Gran Bretaña 9,53
EUA 2,52
Chipre 2,15
Islas Vírgenes 2,12
Alemania 1,93
Uzbekistán 1,77
Turquía 1,57
Ucrania 1,03
Corea del Sur 0,77
Sin embargo, este pobre país se encuentra en una región estratégica, cerca de Afganistán, y por eso siempre atrajo la atención del imperialismo. Al mismo tiempo, se encuentra en la zona de influencia histórica de Rusia. Haciendo uso de esa importante posición geopolítica del país, los gobiernos de Kirguizistán siempre jugaron con las contradicciones entre distintos intereses (en especial con relación a la guerra en Afganistán), pasando del área de influencia de Rusia a la influencia americana. Símbolo de esta situación, actualmente en el país hay dos bases militares extranjeras, la base militar americana de Manas (transporte aéreo y centro de abastecimiento para las operaciones en Afganistán) y una base rusa (como parte de la Organización del Acuerdo de Defensa Colectivo, ODKB en la sigla en ruso, bloque militar que reúne a Rusia, ex-repúblicas soviéticas de Asia central y Bielorusia). A través de Kirguizistán, así como de Rusia, se da el transporte de cargas para las tropas de la OTAN en Afganistán.
“Recargado”
La revolución de 2005, conocida como Revolución de los Tulipanes, que derrumbó al gobierno de Askar Akayev, y ahora la de 2010, que derrumbó a Bakiyev, son extremadamente parecidas entre sí por sus dimensiones, por el grado de espontaneidad de la cólera popular, por la disposición de la gente a la lucha, por las figuras políticas fundamentales y por las medidas tomadas por los nuevos gobiernos. La actual cabeza del nuevo gobierno provisorio, Roza Otunbayeva, hizo parte tanto del gobierno Akayev como del recién derrumbado Bakiyev. La élite política se había dividido, dando origen a la oposición contra Akayev (con Bakiyev y Otunbayeva en la cabeza de ésta), que ocupó el poder cuando las masas se levantaron y expulsaron a Akayev. El nuevo equipo dirigente nunca pudo consolidarse firmemente: entre los bloques dirigentes siempre se dio una lucha por el control de los distintos departamentos, con permanentes roces entre los clanes. Con la llegada de Bakiyev al poder, las empresas más rentables pasaron a manos de su clan, directamente a su hijo, Maxim Bakiyev. A él ya le había sido entregada la dirección de la “Agencia Central para el Desarrollo, Inversión e Innovación”, que controla acciones de todas las empresas estatales del país. Sectores estratégicos fueron transferidos a manos de compañías extranjeras y de offshores.
La crisis económica agravó las contradicciones y llevó a una fuerte división en la élite política dirigente que disputan los pobres recursos del país, en el marco de un fuerte ataque gubernamental contra los trabajadores. Perdiendo el apoyo bajo sus pies, el gobierno Bakiyev decidió endurecer el régimen y atacar las libertades democráticas, arrestando a sus adversarios políticos del bloque concurrente (Otunbayeva y cia). Pero eso solo aumentó la insatisfacción de la población, agravando la situación.
Una tentativa de “reacción democrática” y el surgimiento de los “kurultays” - elementos de doble poder
Hace 5 años, cuando se derrumbó a Akayev, surgieron por todo el país en una serie de localidades, los “kurultay” – palabra kirguiz que significa asambleas populares - elementos nacientes de doble poder, en general en nivel local – el único poder que había cuando Akayev huyó. Estos jugaron un rol importante en la organización del las masas para deponer a Akayev, sin embargo, con la relativa estabilización en el poder de Bakiyev-Otunbayeva, estos casi desaparecieron. Con el incremento de la crisis económica y política, ellos empezaron ahora a reaparecer.
Al no tener la posibilidad de actuar solo en base a los métodos represivos, Bakiyev organizó un “Kurultay Supremo”, lo que sin embargo, fue un acontecimiento burocrático, donde los hombres de negocios pro-Bakiyev y representantes de la élite hacían agitación a favor de Bakiyev. Esta profanación no fue aceptada por el pueblo y fue denunciada por la oposición, que organizó kurultays alternativos. Apelando a los kurultays, los políticos burgueses jugaron con fuego, arriesgándose a liberar la insatisfacción popular, lo que de hecho ocurrió. La necesidad de apelar al pueblo refleja la gran crisis política que atraviesa el país. El 7 de abril debió realizarse el kurultay de la oposición. Para impedirlo, el gobierno Bakiyev en la víspera empezó a arrestar a los oposicionistas. Y este fue el detonante de la explosión de la indignación popular. El mitin que se realizó contra los arrestos en la ciudad de Talas, en el noroeste del país, se convirtió en una ofensiva popular, ocupando los edificios de la administración y de la policía. La represión no pudo parar a la gente y al día siguiente el levantamiento ya había incendiado a todo el país y en pocas horas derrumbó a Bakiyev. Ahora Otunbayeva y cia se quedaron con el poder, y Bakiyev huyó al sur del país (donde están las bases de su clan) y desde allí sigue barajando las condiciones de su renuncia.
El ejército y la policía: en crisis, paralizados, pero no destruidos
El ejército y la policía de Kirguizistán están en una situación de crisis total. Hace 5 años Akayev ya no pudo apoyarse en el ejército: soldados mal alimentados, venidos del pueblo, que veían la debilidad del gobierno, la división en las élites y la visible masividad de las manifestaciones del otro lado, no tenían ningún deseo de disparar contra la gente. Por eso el gobierno en 2005 no se decidió a utilizar la fuerza de las armas, con miedo de que la situación se tornase aún peor. Hoy, a diferencia de 2005, el gobierno decidió disparar contra el pueblo, matando a decenas (por algunas fuentes a más de 100 personas) e hiriendo hasta 1500. Sin embargo, por la crisis de las fuerzas armadas y la masividad del levantamiento, este instrumento no se reveló efectivo.
El rol fundamental en los disparos contra la gente lo jugaron divisiones de élite (franco-tiradores) y policías, bajo la observación pasiva del ejército desde sus filas. La debilidad de las fuerzas armadas estuvo muy clara en las imágenes desde Kirguizistán, donde se pudo ver fuertes palizas contra los policías por parte del pueblo, cuando los manifestantes triunfalmente tomaron los coches blindados, vehículos policiales y armas. Según los medios, dos policías han muerto y 600 han sido heridos. La violencia revolucionaria contra los verdugos y asesinos del pueblo llama aún más la atención por venir de un pueblo conocido en toda la región por su bondad y docilidad, al contrario de sus vecinos uzbekes, que tienen la fama de ser un pueblo “guerrero”. Ya en la noche del 7 de abril, las fuerzas armadas se habían pasado al lado de la oposición. Al mismo tiempo, a pesar de que estas estructuras están hace mucho en crisis (que se agravó después de los recientes acontecimientos), ellas no están destruidas y pasaron a manos del nuevo gobierno.
La lucha por las bendiciones del imperialismo y los primeros pasos del nuevo gobierno
La posición del imperialismo americano – el más importante en la región – en el proceso actual fue de expectativa. No tuvo prisa en reconocer legitimidad ni al nuevo gobierno, ni al viejo. El imperialismo “expresó sus preocupaciones” y exigió lo principal: la mantención de su base militar.
Tanto el nuevo gobierno como Bakiyev quisieron en primer lugar reforzar su juramento de fe al imperialismo. Bakiyev llamó a una intervención de la ONU para “garantizar el orden”. Así, él intentó salvar su piel y su poder al costo de la ocupación de su propio país por el imperialismo y proponiendo sus servicios como marioneta colonial. Ya el nuevo poder, luego declaró que se mantendrán todos los acuerdos internacionales ya firmados, y que la base americana de Manas se quedará en el país. Es decir, el nuevo gobierno garantizó al imperialismo la mantención de su control sobre el país y la garantía de la continuación de la guerra en Afganistán. La propia Otunbayeva viene de la nomenclatura partidaria del viejo PC, fue representante del Ministerio del Exterior de la URSS para la UNESCO y en el Kirguizistán ya independizado también siempre fue responsable por el contacto con el imperialismo, encabezando el Ministerio del Exterior de Kirguizistán y siendo Embajadora del país en los EUA. No sin razón, Hillary Clinton dijo que “las personas que llegaron al poder ahora en Kirguizistán son gente con quienes nosotros trabajamos ya hace mucho tiempo”.
Rusia, sintiendo el peligro de la desestabilización de la región (el presidente ruso, Dimitri Medvedev, declaró que había el riesgo de que Kirguizistán se tornase un nuevo Afganistán), casi inmediatamente reconoció al nuevo gobierno, incluso porque con Bakiyev al Kremlin le resultó muy difícil trabajar, ya que Bakiyev hizo promesas no cumplidas al Kremlin, barajando preferencias, pero no dio nada a cambio de lo que recibió, volcándose totalmente a su gran jefe - el imperialismo americano.
Con todas sus divergencias, todos los participantes a excepción del pueblo, es decir, el nuevo gobierno de Otunbayeva, Bakiyev, EUA, Rusia y hasta el ex-presidente Akayev, que vive en Moscú, tienen un gran acuerdo: en primer lugar hay que reestablecer el orden, es decir, detener la revolución, hacer con que la gente vuelva a sus casas, defender la propiedad capitalista, poner bajo amenazas al pueblo sublevado y restaurar el abalado estado burgués semicolonial de Kirguizistán. Durante el levantamiento la gente empobrecida tomó de las tiendas toda la comida, ropas y productos de primera necesidad. Y eso no es ningún crimen. Pero así como hace 5 años, el nuevo gobierno se apresuró a luchar contra estos “saqueadores”, dando permiso para disparar a matar contra ellos, defendiendo con sangre la propiedad de la burguesía. Incluso el saqueo de electrodomésticos de las tiendas, que no es el mejor uso de energía que se puede hacer durante una revolución y atrae menos comprensión, no es nada en comparación con los crímenes de los capitalistas y de su gobierno, que mantienen al pueblo en la miseria. Al mismo tiempo, los que tomaron estas mercancías no pueden ser condenados a muerte, menos aún sin juicio. Y lo principal, bajo la cobertura de “luchar contra los saqueadores”, el gobierno puede ahora matar en las calles a quienes quiera. De hecho, la “lucha contra los saqueadores” es un toque de queda contra el pueblo sublevado.
La vida va a mejorar?
El derrumbe de Bakiyev repite los acontecimientos de hace 5 años. En aquel momento había mucha expectativa de que el nuevo gobierno traería cambios positivos. Sin embargo, no hubo mejoras. La situación solo empeoró. En base a eso, muchos periodistas burgueses otra vez levantaron la tesis sobre la “inutilidad de las revoluciones”. Pero, por qué nada cambió con el derrumbe de Akayev?
La respuesta a esta pregunta se la da el propio imperialismo, al exigir ahora en primer lugar la inviolabilidad de los acuerdos internacionales firmados, acuerdos que hieren la soberanía del país. También exige “orden” y garantías a la propiedad privada y la restauración del estado burgués semicolonial y de sus FFAA. Las mismas exigencias que hubo después del derrumbe de Akayev. En lugar de un clan burgués, llegó al poder otro, solamente para seguir administrando una economía semicolonial. Es decir, el saqueo al pueblo y la colonización del país se profundizaron. Es por eso que todo empeoró.
Mientras no se rompa totalmente la subordinación al imperialismo; mientras se mantengan los vergonzosos acuerdos sobre la mantención de tropas extranjeras en el país; mientras no sean nacionalizadas las grandes compañías y mientras la propiedad y tierras se mantengan en manos de un puñado de ricos, devastadores del país, la situación va solo a empeorar.
Las revoluciones de 2005 y de 2010 fueron victorias del pueblo. Mostraron que el pueblo con su fuerza, es capaz de derrumbar gobiernos e imponer su voluntad. El nuevo gobierno acaba de anunciar la anulación de los aumentos de las tarifas implementadas por Bakiyev y se comprometió a rever las privatizaciones de los sectores estratégicos. Eso es una victoria de los sublevados. Para comprender el rol de estas revoluciones, es suficiente comparar la situación de Kirguizistán con la de su vecino Uzbekistán, donde un intento de levantamiento hace no mucho fue sofocado, y por eso la población vive hoy bajo un régimen policíaco. El gobierno Bakiyev era más débil que el de Akayev. Probablemente, el gobierno Otunbayeva venga a ser aún más débil que el gobierno Bakiyev, ya que no tiene recursos económicos para poder consolidarse. Lo que significa que al pueblo le resultará más fácil actuar, y al gobierno le resultará más difícil conducir sus reformas antipopulares.
Sin embargo, hay que comprender que el nuevo gobierno Otunbayeva continuará su labor a favor de los capitalistas, continuará los esfuerzos para poner el peso de la crisis sobre los hombros del pueblo y seguirá con los mismos ataques iniciados por Bakiyev contra los trabajadores. Porque el nuevo gobierno tampoco es un gobierno de los trabajadores y del pueblo, es otra vez un gobierno de la burguesía y por eso nunca podrá liberar al país del yugo imperialista, de la pobreza, del diabólico control de los clanes ricos y corruptos (es decir, de sí mismo). Eso lo puede hacer solo un gobierno de los trabajadores y del pueblo. Para eso los trabajadores tienen que tomar el poder, lo que no ocurrió en Kirguizistán, ni hace 5 años ni ahora. A pesar del desarrollo de los kurultay y de importantes elementos de autoorganización de los trabajadores, el poder se mantiene todavía en manos de la burguesía. Y ese es el problema central. Mientras los trabajadores no tomen el poder con sus organizaciones, llámense estas soviets, asambleas o kurultays, entonces en la mejor de las hipótesis solo se repetirán procesos como los de 2005 y el actual, pero sin afirmar una alternativa.
Desarrollar el movimiento de los kurultays y construir una alternativa obrera
La revolución en Kirguizistán es un alerta más sobre la necesidad de una alternativa obrera. Todos los políticos oficiales de Kirguizistán, así como sus partidos, son burgueses y sirven a los intereses de sus grupos. Pero es necesaria una alternativa obrera y un partido obrero, que luchen auténticamente por la soberanía del país, por la liberación de la humillante subordinación a algunas grandes potencias, lo que es posible solo con la realización de un radical cambio socialista en favor de la gente común. La ausencia de tal alternativa en Kirguizistán pone al descubierto el vacío dejado por la ausencia de una dirección revolucionaria, vacío que es llenado por la burguesía, que solo así consigue mantenerse en el poder después de cada asalto revolucionario de las masas.
Hoy no debe haber ninguna ilusión y ninguna confianza en el “nuevo” gobierno, que aún no se consolidó en el poder y aún así ya empezó a disparar contra el pueblo y pelear por las “bendiciones” del imperialismo y del gobierno ruso. ¡Ningún diálogo con Bakiyev! ¡Juicio público para Bakiyev! ¡Juicio público y cárcel para aquellos que dispararon contra el pueblo y los que dieron las órdenes! ¡Prohibir el uso de armas de fuego por la policía y disolver a los escuadrones de élite! ¡Nacionalizar toda la riqueza robada por los grupos ligados a Bakiyev! ¡Devolver a la propiedad estatal las compañías privatizadas y entregadas a las multinacionales en el período Bakiyev! No reconocer las deudas contraídas durante su gestión y romper los acuerdos sobre las bases militares extranjeras que amenazan constantemente la soberanía del país. ¡Ningún nuevo acuerdo con las potencias externas! Anular inmediatamente los aumentos antipueblo de las tarifas públicas del gobierno Bakiyev! ¡Expropiar las tierras de todos los grupos latifundistas y poner por plazo indefinido las tierras nacionalizadas en manos de todos los que quieran en ellas trabajar!
La dimensión del proceso revolucionario es tal que el nuevo gobierno hasta ahora no ha podido establecer su control sobre la situación, en el país se siguen dando procesos espontáneos de tomas de tierras, continúan las expropiaciones en las grandes tiendas. Un ejemplo claro de las dificultades del nuevo gobierno es que una semana después que el ministro del interior (policía) de Bakiyev sufrió una fuerte paliza en las calles por el pueblo, sucedió lo mismo con su sucesor, el ministro del interior del nuevo gobierno! El gobierno, en nombre de la “paz”, intenta recuperar de las manos del pueblo las armas tomadas de la policía y tropas de élite que tiraban contra él. No se puede caer en esa armadilla del gobierno. El nuevo gobierno teme que no podrá subyugar al pueblo con facilidad mientras este mantenga armas en sus manos.
Del mismo modo, no se puede caer en el error de defender al nuevo gobierno de Otunbayeva, que se alega revolucionario y progresivo. Es verdad que Bakiyev intenta salvar su piel huyendo al sur del país, donde intenta formar una base de apoyo, confundiendo a la población con demagogia y dividiendo a los trabajadores según el tradicional principio asiático de clanes. Sin embargo, bastaría por parte del nuevo gobierno un decreto sobre la expropiación de las tierras y su división entre aquellos que en ellas quieran trabajar (así como atender a otras reivindicaciones populares) para golpear mortalmente a Bakiyev y quitar todo el suelo bajo sus pies. Es eso lo que se debe exigir al nuevo gobierno. Y el gobierno Otunbayeva no lo hace precisamente porque no tiene nada de progresivo, es simplemente otro grupo de la élite local, que siempre defendió los intereses del imperialismo, de los ricos y latifundistas, y que llegó ahora al poder conducido por una fuerte vaga de insatisfacción popular (así como hace 5 años llegó al poder el mismo Bakiyev, junto a la misma Otunbayeva). No se puede ayudar al nuevo gobierno a “reestablecer el orden” y no se puede tampoco someter a éste la lucha popular. Es necesario una lucha independiente de los trabajadores de Kirguizistán por la tierra y demás reivindicaciones.
Según los medios de comunicación, hubo incidentes donde la insatisfacción popular se dirigió no contra el gobierno, y si contra las minorías nacionales que viven en el país (uzbekes, turcomenos, etc). En el caso de que estos incidentes se arrastren, entonces ese sería el más fuerte golpe posible contra la lucha de los habitantes de Kirguizistán por sus derechos, ya que introduciría entre los trabajadores dimensiones nacionales, en un momento cuando se necesita como nunca de su unión por encima de las nacionalidades y precisamente en un momento en el que los trabajadores de distintas nacionalidades tienen la fuerza necesaria para defender sus intereses conjuntamente. Las fuentes de la pobreza en Kirguizistán no son ni los uzbekes, ni los tadjikes, ni los turcomenos, y sí la rica élite local, aliada del imperialismo, cuyo derrumbe es la tarea de toda la gente común de Kirguizistán, independientemente de su nacionalidad.
La tarea actual más urgente del pueblo de Kirguizistán es desarrollar por todo lado el movimiento de los kurultay y construir una alternativa política obrera. Los últimos años mostraron que dejando las cosas en manos del gobierno y sin un partido obrero, el pueblo se quedará con nada en las manos. Esa es una importante lección de la revolución kirguiz.
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A comienzos de abril, en Kirguizistán, se repitió como hace 5 anos, un audaz proceso revolucionario, que acorraló al gobierno, esta vez el de Kurmambek Bakiyev. La causa del levantamiento fue el grave empeoramiento en el nivel de vida de la población del país, debido a los efectos de la crisis económica mundial. La elevación de las tarifas públicas (de 4 veces en la energía eléctrica y casi 10 veces en la calefacción y agua caliente, entre otras), símbolo del empobrecimiento del pueblo durante el gobierno Bakiyev, se tornó el detonante de la insatisfacción popular.















