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G-20: Horizontes sombríos
Escrito por João Pedro Freitas   
Martes 13 de Julio de 2010 15:27
La reunión de la G-20, en la última semana de junio, fue el retrato inequívoco de los nuevos dilemas enfrentados por los gobiernos de los países centrales frente al recrudecimiento de la crisis económica mundial.  

Dos políticas opuestas habían sido puestas sobre la mesa. De un lado, los EE UU habían defendido la manutención de los programas de estímulo económico; de otro, los países europeos (liderados por Alemania), se posicionaron a favor de los severos planos de “corte de gastos”. En síntesis, el resultado de la reunión fue un híbrido infeliz: la recomendación de las dos políticas, las cuales son contradictorias entre sí. En la práctica, cada país hará lo que le convenga.

Esa importante diferencia entre las principales potencias imperialistas es la expresión de la distinta localización de estos países en el escenario de la economía mundial. Mientras los EE UU, beneficiados por su posición hegemónica, temen la vuelta de la recesión con el fin de los paquetes estatales; el bloque europeo, debilitado en relación a la economía americana, busca la “competitividad” por medio de la reducción de los “costos” sociales y laborales.

La política americana, contraria a los “ajustes fiscales” severos, es fruto de la defensa de los intereses de su burguesía en el tablero de la competencia interimperialista. Estados Unidos obtuvo una recuperación parcial en los dos últimos trimestres presentando un modesto crecimiento (5,6% y 2,7%, respectivamente). Sin embargo, la base de esa recuperación es frágil, no siendo difícil el derrumbamiento. El desempleo sigue cerca de un 9%, los efectos de los estímulos estatales empiezan a cesar, la tasa de inversión continúa baja, en fin, la situación es delicada.

Con su posición dominante en la economía mundial, teniendo el dólar como moneda universal y los principales bancos y empresas, los EE UU quieren evitar a toda costa el enfriamiento del crecimiento actual. Por ello, se oponen a los “cortes de gastos” europeos, los cuales aceleran la posibilidad de nueva recesión mundial al retirar los estímulos estatales.

Las potencias europeas, a su vez, buscan también salvaguardar sus intereses particulares. Consecuentemente, ansían a través de los “paquetes de ajustes” un doble objetivo: al descargar en millones de familias trabajadoras la cuenta de la crisis (con brutales cortes en los gastos sociales, sueldos y jubilaciones) buscan ganar competitividad en la carrera imperialista por el lucro, y al contener el crecimiento de las deudas públicas quieren sanear las cuentas nacionales, pues no tienen una moneda como el dólar para hacer frente a los déficits fiscales crecientes.

La amenaza del “doble” buceo


La encrucijada entre los países imperialistas es también reflejo de la tendencia del agravamiento de la crisis económica mundial. Hace poco tiempo, el “fin” de la crisis económica mundial fue anunciado efusivamente por gobiernos y economistas en todo el mundo. El crecimiento “exuberante” de países como China y Brasil, la salida de la recesión en EE UU y la relativa normalización en los mercados financieros, consistían en pruebas irrefutables del nuevo momento económico. Las ayudas “billonarias” a los bancos y los planos de estímulo estatales parecían hacer frente a la mayor crisis desde el 29. Sin embargo, los datos de la realidad apuntan hacia otra dinámica.

La posibilidad de un “doble” buceo de la crisis gana fuerza cada día. Veamos los factores económicos fundamentales. El desempleo altísimo persiste en las principales economías, en EE UU y en la Unión Europea está próximo al 10%. La baja perenne en la tasa de inversión productiva privada en escala global sigue a niveles comparados al de una depresión; la superproducción en ramos esenciales de la industria (como en el sector automovilístico) no se contiene; la tendencia a la deflación (como ha sido observado en Japón y EE UU) va se consolidando; mientras la formación de nuevas burbujas especulativas (mercado inmobiliario en China, por ejemplo) y la inestabilidad del mercado financiero (como se da ahora alrededor a la crisis griega) adquieren fuerza.

Pero si esos elementos no bastan para evaluar la situación, nos podemos concentrar en el corazón de la economía capitalista y verificar su “salud”. Los niveles de inversión productiva privada en un periodo determinado nos muestran como anda el “ritmo cardíaco”. En otras palabras, la cantidad de capital que es destinada a la industria (construcciones de fábricas, compras de nuevas máquinas, etc.) mide la vitalidad del sistema. Siendo así, dos componentes básicos motivan al capitalista a invertir: una tasa media de ganancias atractiva (el principal elemento) y la existencia de una demanda suficiente. Ahí precisamente se localiza el nudo principal de esta crisis.

La tasa media de ganancia sigue a la baja acentuada (actualmente está en 5%, en 2006 era cerca de 8%); en cambio, la demanda por mercancías está en caída, los dos mayores mercados consumidores del mundo (EE UU y Unión Europea) se encuentran profundamente deprimidos. Lo que ese cuadro esclarece: el motor de la economía - la inversión productiva - va de mal en peor, la perspectiva es sombría.

El otro lado de la moneda también es instructivo: el desempleo alcanza el mayor nivel global desde la Gran Depresión en el 29. Solamente en EE UU seis millones de trabajadores perdieron el empleo en los últimos tres años. En España la tasa de desempleo es cerca de un 20%. Los recientes dados del mercado laboral apuntan que esos niveles de desempleo siguen siendo enormes, a despecho de la recuperación parcial de la economía mundial en los últimos meses. Con el desempleo por las nubes, en especial en las principales economías imperialistas, el factor “demanda” seguirá en caída, lo que retraerá todavía más las inversiones y la capacidad de consumo.

En el terreno financiero el escenario no es distinto. A medida que el aporte (la ganancia) en relación al capital investido en la producción es bajo, los flujos de capital siguen para la esfera especulativa. Buscando “ganancias” fáciles, los capitalistas alimentan sin cesar las burbujas financieras. Actualmente, la especulación del mercado con las deudas de Grecia y de España, la valorización artificial de los precios de los productos y el inflado mercado inmobiliario en China, son pruebas de que los “sueños” del capital ficticio persisten con vigor. Nuevas quiebras financieras están en el horizonte: la crisis del mercado especulativo no fue solucionada, sólo aplazada.

Todos esos ingredientes dan a la situación económica actual, un diagnóstico claramente negativo. Los gobiernos imperialistas están concientes de las tempestades que están por venir. Lo que los desunen es la manera que buscan para salir del hoyo. Sin embargo, a su propio modo, ambos bloques imperialistas dirigen sus armas a la clase trabajadora: sus derechos, empleos y sueldos son los blancos. Los trabajadores, a su vez, reaccionan: las huelgas generales en Grecia, Italia y España apuntan para la resistencia. La última palabra no ha sido dada.

* Sociólogo y asesor del sindicato Metabase-Inconfidentes
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Traducción: Jessica Barquero


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