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La fundación de la IV: la gran batalla de Trotsky
Escrito por ALICIA SAGRA   
Viernes 21 de Agosto de 2009 00:00

Hace 69 años, el 20 de agosto de 1940, Stalin logró un gran objetivo: su verdugo Ramón Mercader acabó con la vida de León Trotsky. No había sido suficiente con quitarle todas sus tareas de estado, expulsarlo del partido bolchevique, desterrarlo, perseguir y asesinar a sus familiares, amigos y partidarios. Trotsky vivo representaba un gran peligro para Stalin y la camarilla burocrática.

 

Era necesario exterminarlo para cortar el hilo histórico de la Revolución de Octubre. Trotsky fue el presidente del soviet de Petrogrado en la revolución de 1905; el creador y dirigente del Comité Revolucionario que dirigió militarmente la toma del poder en octubre de 1917; la única persona en el mundo, al decir de Lenin, "capaz de construir desde la nada el Ejército Rojo" y llevarlo al triunfo en la guerra civil.

 

Pero, según él mismo, su tarea más importante no fue ninguna de esas, sino la construcción de la IV Internacional, como continuidad histórica de la Tercera dirigida por Lenin. Esa es la que él considera la gran batalla de su vida.

 

La batalla por la IV Internacional

 

En julio de 1933, hace público su cambio de estrategia: después de 10 años, deja de lado la lucha por recuperar a la III Internacional : "El 5 de abril, después de la resolución del Comité Ejecutivo de la Komintern (apoyando lo actuado por el partido alemán) tendríamos que haber proclamado: ¡La Internacional Comunista está muerta! (.) Somos los embriones de la formación de una organización revolucionaria" (L. Trotsky, "Por nuevos partidos y una nueva Internacional").

 

Y ahí comienza la gran batalla, en gran parte contra sus propios seguidores, por la construcción de la IV. Los argumentos en contra son varios. A los que dicen que aún no ha llegado el momento, Trotsky responde: "Los escépticos preguntan: pero, ¿ha llegado el momento de crear una nueva internacional? Es imposible, dicen, crear una Internacional 'artificialmente', 'sólo grandes acontecimientos pueden hacerla surgir', etc. (...) La Cuarta Internacional ya surgió de grandes acontecimientos: las mayores derrotas del proletariado en la historia. (.) La causa de esas derrotas está en la degeneración y la traición de la antigua dirección. La lucha de clases no admite interrupción. Para la revolución, la Tercera Internacional, después de la Segunda, ha muerto. ¡Viva la IV Internacional"1

 

A los que dicen que no se está preparado programáticamente, les contesta: "Aquí es donde tenemos menos necesidad de partir de cero. Nos basamos en Marx y Engels. Los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista nos legaron una herencia programática invalorable" (Escritos. agosto 1933).

 

E insistía que la fundación de la Cuarta tenía que ver con una necesidad imprescindible de los trabajadores: "El proletariado necesita una Internacional en todas las épocas y bajo todas condiciones (...) aún en las épocas de peor retroceso tenemos que preparamos para el futuro ascenso orientando correctamente a nuestros cuadros. Los lamentos fatalistas sobre el retroceso objetivo a menudo reflejan un retroceso subjetivo" (Ídem, 1936).

 

"Para nosotros, la Internacional es un instrumento del cual el proletariado tiene necesidad del mismo modo que tiene necesidad de un partido nacional. Es preciso crear ese instrumento, mejorarlo, afinarlo. Es eso lo que nosotros hacemos. No esperamos que alguien lo haga por nosotros. Convidamos a todos los revolucionarios a colocar manos a la obra desde ahora, inmediatamente, sin perder un minuto" (ídem, julio 1939).

 

Y así, en medio del avance del terror estalinista y fascista, Trotsky desarrolló una batalla política, programática e ideológica contra los sectores centristas que rompían con la socialdemocracia, a los que quería ganar, y contra sus propios seguidores. La batalla duró cinco largos años, hasta que finalmente, el 3 de septiembre de 1938, se fundó la IV Internacional.

 

La actualidad de esa batalla

 

Hoy, la clase obrera mundial debe enfrentar las consecuencias de la crisis capitalista. La pelea contra los despidos y el desempleo, contra el deterioro del salario, por la vivienda, contra la destrucción de la salud y la educación pública, están planteadas en todos los países del mundo, pero no hay quien coordine y organice esa pelea mundial. Lo mismo pasa en los llamados "países del tercer mundo" con la lucha contra el saqueo imperialista y en defensa de la soberanía nacional.

 

La clase obrera y los pueblos del mundo se han manifestado masivamente contra la guerra a Irak, contra los ataques genocidas de Israel, contra la ofensiva de la Media Luna boliviana, contra el golpe en Honduras. Pero no hay quien organice y potencie esta solidaridad internacional.

 

Todo esto nos hace coincidir con Trotsky cuando dice: "Para nosotros, la Internacional es un instrumento del cual el proletariado tiene necesidad del mismo modo que tiene necesidad de un partido nacional. Es preciso crear ese instrumento.". Por ese motivo, la reconstrucción de la IV Internacional es la tarea central de la LIT-CI y sus partidos.

 

También coincidimos con Trotsky en el método con el cual encaró esa construcción. A pesar de lo que su figura representaba, siempre estuvo en contra de la autoproclamación. Hizo todo lo posible por ganar para ese proyecto a los sectores que rompían por la izquierda con las organizaciones reformistas. Por eso rechazamos los métodos de pequeños grupos internacionales, como el encabezado por PO (Partido Obrero) de Argentina, que se autoproclaman como "la IV Internacional".

 

Del mismo modo, enfrentamos la política del MST (Movimiento Socialista de los Trabajadores) de llamar a agrupamientos nacionales e internacionales entre reformistas y revolucionarios, ya que como afirma Trotsky "Es evidente que no se puede pensar en construir una nueva internacional en base a organizaciones que parten de principios profundamente distintos y a veces opuestos. La Oposición de Izquierda llevó a la Conferencia su propio programa, con el objetivo de ayudar a la separación principista de los reformistas y los centristas y nuclear a las organizaciones revolucionarias homogéneas"2.

 

También coincidimos en el tipo de partido mundial definido en el Programa de Transición: "Sin democracia interna no hay educación revolucionaria. Sin disciplina no hay acción revolucionaria. La estructura interna de la IV Internacional se basa en los principios del centralismo democrático: plena libertad de discusión, unidad completa en la acción". Esta definición hoy está siendo ampliamente cuestionada, incluso por sectores que vienen de nuestra corriente y que siguen reivindicando a la Cuarta.

 

A ellos les decimos que la vida ha confirmado ese principio organizativo defendido por Trotsky, ya que, como decía Nahuel Moreno: "sin excepción alguna, todas las experiencias de federalismo o de trotskismo nacional han terminado en el basurero de la historia"3

 

Notas

1 Programa de Transición

2 León Trotsky, Escritos, Tomo V, Vol. l

3 Tesis fundacionales de la LIT-CI (1982)


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