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"¡Bienvenido el eminente hijo de África! ¡Bienvenido de vuelta a casa!". Fue así que, semanas pasadas, una comentarista de la principal estación de TV de Ghana saludó la llegada del presidente de EE UU, Barack Obama. El entusiasmado recibimiento salió al aire en el noticiero del 10 de julio, un día antes del meteórico paso de Obama por Accra, capital del país, acompañado por toda su familia.
El presidente norteamericano se mostró al tono. Apoyado en su imagen, en los altos índices de popularidad dentro y fuera de EE UU y, como ya había hecho en su discurso al mundo islámico un mes atrás (cuando insistió en recordar su segundo nombre, Hussein), el presidente norteamericano, apenas pisó Ghana, les recordó a todos: "Tengo la sangre de África en mí. Mi abuelo fue cocinero para los británicos en Kenia".
Los tonos del reportaje y de las respuestas dicen mucho sobre el significado (o las intenciones) de este primer viaje de Obama, después de ser elegido, por un país del África subsahariana. Es decir, el África negra. Para que podamos entender mejor o, al menos, profundicemos en lo que Obama fue a buscar en el continente que lo trata como un hijo, hay que intentar entender el viaje en un contexto más amplio: como parte del esbozo de la supuesta nueva doctrina que Obama intenta imprimir en las relaciones exteriores de EEUU.
El primer instrumento en el intento de imposición de esta nueva doctrina es, innegablemente, la figura del propio presidente: su origen humilde, la negritud y la simpatía están siendo exploradas hasta el cansancio. El mundo parece no haberse todavía cansado de esto.
El hecho es que un "cambio de caricias", de la manera que fue visto el viaje en el continente africano, sería impensable en la era Bush, incluso porque el ex presidente es la máxima esencia del típico wasp norteamericano (blanco, anglosajón y protestante, según la sigla en inglés). Obama, aparentemente, es lo contrario. Y sabe cómo aprovecharse de esto.
Sin embargo, su imagen es sólo una faceta que viene esbozándose, como la doctrina Obama. Unas tantas otras que pudieron ser vistas en su pasaje por Ghana, en especial en su principal discurso, en el Parlamento del país (que abrió en pleno sábado para recibirlo), dejan el proyecto todavía más nítido.
En un discurso considerado histórico, Obama hizo un teatral llamamiento para que los países del continente acaben con sus conflictos internos y fronterizos, pongan fin a las epidemias (como el del sida) y gobiernen sin practicar corrupción. Y, si fuera posible, dejen el poder en los plazos predeterminados, sin promover golpes de Estado.
En las calles, llenas como si fuese un final victoriosa de la Copa del Mundo, el discurso causó el efecto esperado. No sólo en Accra. El entusiasmo resonó de norte al sur del continente, donde se vieron centenas de millares personas festejando el pronunciamiento. Lo que no debe causar espanto. Al final, lo que no puede faltar a un pueblo sufrido como el africano es esperanza.
Por eso mismo, el papel de Obama es más nefasto. En Ghana, una vez más, él demostró cómo, con la misma mano que halaga sus hermanos y hermanas africanos, el presidente norteamericano continúa firmando los acuerdos, leyes y órdenes que mantienen Afganistán e Irak ocupados, que impulsan la ocupación de Haití y que, por encima de todo, intentan garantizar que los miserables, sobre todo en África, sigan siendo castigados y muertos en curso de la crisis generalizada del sistema.
En este sentido, también es importante recordar que, antes de aterrizar en Accra, Obama estaba ocupándose exactamente de esto. Primero fue a la reunión del grupo formado por los países más poderosos mundo (el G8) que, en una especie de chiste mórbido, se reunió en la devastada región de L'Áquila, en Italia. Después, fue a aconsejarse con el ultraconservador Papa Benedicto 16 que, además de estar al frente de una institución cuya historia se mezcla con la del sufrimiento de África y su pueblo, hoy continúa provocando víctimas a través de sus orientaciones y políticas con relación a cuestiones como el aborto y el sida.
Intenciones aparte, el impacto fue grande. Pero, si el discurso y los planes de Obama sobrevivirán al que está por venir, es otra historia. Incluso porque los reales motivos que mueven Obama y los EE UU son los de siempre: poder y dinero. Hay varios indicios, en la propia África, de que las cosas no pueden salir exactamente como están planeadas. Basta recordar que incluso mayor "fiesta" que está siendo preparada en el continente, el Mundial de Fútbol de 2010, en Sudáfrica, se vio amenazada, recientemente, por una huelga que paralizó 70.000 trabajadores. Sólo la Historia podrá determinar cuál voz se impondrá: si el blablablá de Obama o la voz de las calles.
En todos rincones, la misma letanía: el "multilateralismo"
Visto en un contexto más amplio, el viaje fue el último de una impresionante gira que Obama realizó por el planeta, en menos de seis meses de mandato. Batiendo los récords de sus antecesores, Obama hizo cinco viajes internacionales en este periodo, pasando por 15 países y sentándose tête-a-tête con más de 60 jefes de gobierno o de Estado.
En la mayoría de estos viajes, el objetivo fue más simbólico que práctico: propagandizar el proyecto del "imperialismo de cara nueva". Algo que Obama insiste en llamar "multilateralismo" y cuyas bases, por más serias que sean sus consecuencias, recuerdan una mezcla de vocabulario de conferencia de motivación con teorías de autoayuda.
Creados por un doctor de Harvard, los conceptos tienen su principal portavoz en la secretaria de Estado, Hillary Clinton. Se habla, ahora, por ejemplo, en un smart power, un "poder inteligente", ejercido a través de mecanismos que combinan hard power (el "poder duro", a través de sanciones económicas, saqueos y acciones militares, es decir, los viejos EEUU de siempre), con el soft power (el "poder blando", ejercido a través de negociaciones diplomáticas, discusiones bilaterales y, por encima de todo, la conquista de "compañeros ideológicos").
Para tenerse una idea del significado de esto, cabe citar un pronunciamiento que Hillary hizo a la Comisión de Relaciones Exteriores de su país: "El objetivo de largo plazo es crear una arquitectura global diferente; una arquitectura que presente incentivos bastante claros para la cooperación y para el cumplimiento de las responsabilidades, así como fuertes desincentivos para los individuos que se pongan al margen de los procesos o siembren la discordia y la división".
En buen español, es algo como: "Necesitamos cambiar, pero quien se ajuste al sistema norteamericano y a los ajustes necesarios para que ellos resuelvan su crisis, va a recibir las debidas migajas; para quien cree problema no va a sobrar ni pan y agua".
La propuesta del "modo Obama de dominar" está siendo esparcida gradualmente por tod el mundo. En los primeros meses de mandato, además de Ghana, otros cuatro países habían sido elegidos como púlpitos para que Obama lanzase su buena nueva: dos ex comunistas (República Checa y Rusia) y dos islámicos (Arabia Saudita y Egipto). Por detrás de todos ellos, evidentemente, hay fuertes intereses económicos e inmediatos. Sin embargo, lo que Obama fue a decirles se relaciona a temas más estratégicos.
En marzo, en un gira por Europa, la escala en la República Checa sirvió para un inflamado discurso en defensa de la desnuclearización del mundo. A inicios de junio, en una segunda peregrinación, Obama pasó por Arabia Saudita y Egipto, antes de llegar a Rusia. En los dos primeros, el discurso de Obama se refirió al "diálogo con el mundo islámico". En Rusia, el tema fue la necesidad de restablecer relaciones con sus antiguos rivales.
A pesar de que México ya ha sido visitado, Obama todavía no hizo ningún pronunciamiento particularmente fuerte sobre América Latina, además de sus patéticos elogios a Lula y a gobernantes como Michelle Bachelet, de Chile, apuntados como símbolos del "buen gobierno", otra expresión mágica en el diccionario obamaniano.
Traducida, a veces, como "gobernabilidad" (lo que no es exactamente la misma cosa), la idea del "buen gobierno" fue el centro del discurso en Ghana. Vendido como la defensa de gobiernos democráticos, honestos y responsables, lo que el término expresa, en verdad, es la idea de garantizar (o al menos intentarlo) que los dueños del poder alrededor del globo se adecuen a las exigencias del mercado globalizado y a la crisis y, de preferencia, saquen del camino a cualquier institución (sobre todo las gubernamentales y estatales) que impida el fluir de las cajas.
En este esquema ideal, no cabe, por ejemplo, una dictadura demasiado sanguinaria, una burguesía muy nacionalista, un gobierno exageradamente corrupto, o cualquier sector del país (del Poder Judicial a las Fuerzas Armadas) que se rebele contra los papeles y las reglas de un juego en el cual los vencedores están predefinidos
Ghana y el discurso del "buen gobierno"
No es casual que, en suelo africano, Obama haya elegido el tema del "buen gobierno" para su principal pronunciamiento, mezclando promesas con una exigencia previa: "lo que haremos será aumentar nuestra asistencia a los individuos e instituciones responsables, con base en el esfuerzo y en el apoyo de reglas para un buen gobierno".
Centrado en este concepto de "individuos e instituciones responsables" (hermano gemelo dela "verso" de la "ciudadanía"), el discurso fue hecho a medida para tener a Ghana como escenario. Apuntada por el presidente norteamericano como "un farol de buen gobierno" en África, la ex colonia británica sirvió para que él enfocase su discurso en el "fortalecimiento de la democracia" y en el "combate a la corrupción", reafirmando siempre que el pueblo es el máximo responsable por garantizar que sus gobernantes e instituciones cumplan "el deber de llevarlos a la prosperidad".
La elección de Ghana para una visita tan significativa no sería, inclusive, la más obvia. Además, no fue pequeño el malestar provocado en algunos de los países dejados de lado, en especial en Kenia que, a través del padre de Obama, se siente (como es común en las culturas y tradiciones africanas) como la "tierra ancestral" del presidente.
Sin embargo, hablar en "buen gobierno" en Kenia (visitado durante la campaña electoral, en 2006) sonaría hasta ridículo, ya que la última elección en el país terminó en un sangriento conflicto. Nigeria, otra opción debido su rica producción de petróleo, fue descartada debido a las exageraciones de la corrupción existente en el país y de los muchos fraudes y crímenes que también cruzaron su último proceso electoral.
Situaciones semejantes, o peores, también sacaron de la lista países como Guinea y Mauritania (que recientemente vivieron golpes militares) y otros candidatos, como Ruanda, Zimbabwe, Angola y Etiopía, donde las elecciones, o las farsas electorales también estuvieron en el centro de violentas agitaciones.
De esa forma, Ghana se volvió un destino inevitable, casi por eliminación y por adecuarse más al proyecto de Obama. A pesar de su poca importancia económica, actualmente, Ghana tiene otros dos elementos simbólicos para el discurso de Obama.
Por un lado, por haber sido el primer país al sur de Sahara en haber conquistado la independencia, lo que hace que, en las palabras del presidente, sea "parte del destino del país "mostrar el ritmo para África". Por otro lado, jugando para el equipo de casa, Obama sabe que cerca de 16% de los esclavos destinados a EEUU, entre 1620 y 1807, fueron secuestrados en aquella región, lo que da la dimensión de la cantidad de negros norteamericanos descendientes de ghaneses, como el ilustre Louis Armstrong.
El hecho de que el país haya tenido, en diciembre pasado, elecciones apretadas pero tranquilas, es un factor favorable a la política imperialista. El pleito llevó al poder al entonces opositor y ex catedrático John Atta-Mills, del Congreso Nacional Democrático. Es un eterno aliado del imperialismo y ya fue vicepresidente del país en los años 1990.
Atta-Mills, digamos de paso, ya se había embarcado en la ola de la obamamanía, incluso antes de las elecciones, construyendo su campaña socialdemócrata-populista alrededor de un eslogan que recuerda el esperanzador "Sí, nosotros podemos", que llevó Obama al poder: "¡Yo creo en Ghana!".
El pasado no importa
Fue por estas y otras razones que Ghana fue elegida para el pronunciamiento sobre el "buen gobierno", un discurso que, a pesar de presentarse como el "destilado" de la modernidad, parece una versión más recalentada de las viejas bases del positivismo que, en el siglo 19, servía a la lógica de la expansión imperialista, al plantear el "orden" como paso fundamental para el "progreso".
La idea, ahora, es que la "estabilidad" es presupuesto fundamental para la "prosperidad". Que se entienda bien: estabilidad en los marcos, parámetros y límites impuestos por el capital internacional. Los máximos responsables para que ese esquema funcione son los "ciudadanos conscientes", que sepan elegir sus gobernantes.
Como es típico en el discurso de Obama, la tesis del "buen gobierno" tiene como uno de los sus presupuestos una de las plagas de la ideología neoliberal: la reescritura y la reinterpretación del pasado. Algo que ya se ha vuelto tema, inclusive, de pieza una publicitaria globalizada (con cracks del deporte repitiendo hasta el cansancio que "el pasado no importa"). La idea ganó fuerza y se sustentaba en el hecho de que la propia elección de Obama es un símbolo de que lo que interesa es el "aquí y ahora".
Fue con ese objetivo que Obama, en su brevísima paso por Ghana, insistió en visitar el fuerte de Cape Coast que, durante más de dos siglos fue un importante almacén británico para el tráfico de esclavos. Sólo para tener una idea del impacto causado por la visita del presidente al lugar, el día 11 fueron suspendidos todos los funerales en la ciudad, con el argumento de que "ni los muertos podrían desviar la atención del presidente Obama".
Fue exactamente a partir de este macabro marco histórico que Obama expresó otro importante aspecto de su discurso para África. Minimizando todos los crímenes cometidos en África y diciendo que era fácil atacar las consecuencias del colonialismo, el presidente norteamericano insistió que el problema real del continente, y por extensión, de los propios africanos, es el de la corrupción: "Es fácil apuntar responsables y poner la culpa por esos problemas en otros. Sí, un mapa colonial que tenía poco sentido generó conflictos, y el Occidente ha lidiado frecuentemente con África como un patrón, y no como un compañero".
Como si no bastase, Obama tuvo todavía la petulancia de ejemplificar su tesis, afirmando, por ejemplo, que no son los países colonizadores los culpables "por la destrucción de la economía de Zimbabwe en la última década" o por las "guerras en que niños son reclutadas como soldados".
O, como afirmó a la web Allafrica.com, que era necesario que la historia colonial no sea utilizada más como disculpa del continente para el subdesarrollo: "Creo que los africanos son los responsables por África. (...) Parte de lo que está impidiendo el desarrollo de África es que, por muchos años, utilizamos disculpas para la corrupción y el mal gobierno, que serían de alguna forma consecuencia] del colonialismo, o de la opresión occidental, o del racismo. Y yo no creo en disculpas."
La referencia a la "inocencia" del imperialismo en el caso específico de Zimbabwe sería cómica si no fuese trágica. Vale recordar que el país alcanzó la marca de la mayor inflación del mundo, cerca de 9.000 al año. Eso obligó a el país a emitir, en 2008, billetes de 100.000 millones de dólares zimbabwenses, cuando un kilo de azúcar costaba la bagatela de 200.000. Desde su independencia, en los años 80, Zimbabwe fue gobernado con mano de hierro por Robert Mugabe que, en los 90, siguió al pie de la letra el recetario del FMI, hundiendo el país en la miseria y enriqueciéndose a ojos vista.
Además, Obama, inclusive, insiste en echar todo el pasado reciente del continente para "debajo de la alfombra de la Historia". Basta recordar la vista gruesa que su administración hace para otro "terreno minado" en suelo africano: el de los derechos humanos. Para encajar Ghana en su modelo de "buen gobierno", Obama dejó de lasdo el hecho de que el presidente del país fue uno de los muchos que, hace meses, se alineó con la Unión Africana cuando esta se rehusó a cooperar con una investigación que pretendía juzgar el presidente sudanés, Omar Hassan Al-Bashir, acusado de crímenes contra la humanidad por las sanguinarias masacres ocurridos en Dafur. Poco importa para Obama, también, que todos los presidentes del continente se hayan codeado para participar, en junio pasado, del funeral de otro famoso líder africano, Omar Bongo, dictador durante 42 años, de Gabón, , que se enorgullecía de ser llamado de "françafrique", de tan amigo que era de sus antiguos colonizadores.
Sin embargo, fue exactamente de esta imagen de truculencia y corrupción que Obama intentó distanciarse en su paso por África. Esto no significa que, a diferencia de su discurso carismático, él esté realmente dispuesto a dejar de lado el uso de la fuerza para alcanzar sus objetivos. Si eso será necesario y posible, sólo el futuro lo dirá. Sin embargo, por el momento, la táctica es otra.
"Sí, nosotros podemos": el "ciudadano ideal" para el nuevo Imperio
Tomando como ejemplo lo que está intentando hacer en su propio país, Obama también fue a África a defender "una nueva mentalidad negra", como lo hizo el 15 de julio, en un discurso a una de las más importantes organizaciones del movimiento negro de EEUU: la Asociación Nacional para el Avance de las Personas de Color (NAACP en su sigla en inglés).
Llamando a los negros y negras a romper con sus "limitaciones internalizadas", el presidente norteamericano usó su propio ejemplo para decir que todos pueden llegar a dónde quieran, siempre que tomen "una actitud responsable" ante la vida.
La receta de autoayuda también fue transportada a África, a través de una lógica tosca pero eficiente: así como los negros norteamericanos están superando su pasado y haciéndose representar en el poder del país, los africanos deberían creer más en sí mismos y construir instituciones sólidas, que los libren de líderes truculentos y corruptos.
Tratándose de Obama, el discurso no podría acabar de otra forma. Dirigiéndose a los jóvenes, disparó: "Sí, ustedes pueden. El desarrollo depende de buenos gobiernos (...). Ustedes tienen el poder de garantizar la responsabilidad de sus líderes y de construir instituciones que sirvan al pueblo". Ilusiones y discursos a parte, el hecho es que Obama está lejos de ser tan ingenuo como su discurso aparenta. La elección de Ghana también es un ejemplo de esto.
Un "nuevo golfo" y las viejas tácticas
En un festivo e irónico editorial publicado en el periódico ganés The Independent, un periodista recordó que, a pesar de toda su simpatía y sus promesas, Obama estaba en el país no para broncearse ni para jugarle el papel de Papá Noel anticipado. Todo lo contrario, los intereses que motivaron el viaje son bastante concretos.
Uno de los principales es instalar en el país el cuartel general de la Africom, complejo militar considerado fundamental para las políticas externa y económica de Estados Unidos. Actualmente con sede en Alemania, el Mando Africano, montado a partir del modelo existente en Oriente Medio, está intensificando su presencia en la costa africana, con la excusa de vigilar contra supuestos piratas y terroristas.
Hasta la fecha, para mantener la fachada, los soldados de Obama promueven campañas de atención dentaria, construcción de escuelas y estructura sanitaria en ciudades de la costa. Sin embargo, este escenario tiene fecha marcada para cambiar (2010), cuando empiezan a producir los primeros barriles de petróleo de una reserva recién encontrada en la costa de Ghana.
Además de significar una especie de "tierra firme" para el discurso de Obama (si la comparamos con la situación "pantanosa" y "minada" de otros países africanos), Ghana ofrece otro atractivo mucho más valioso para el proyecto imperialista: está estratégicamente situada al lado de una enorme cuenca de petróleo.
Por el momento, la importancia dada por EE UU al continente negro es proporcional a lo que representa para el comercio exterior norteamericano: un mísero 2%. Ghana, particularmente, es un grano de arena en esta historia, ya que el oro y el cacao son sus principales productos de exportación. Sin embargo, a partir de 2010, esta situación será diferente.
En 2007, fue descubierta un área gigantesca de la costa atlántica, que va de Marruecos a Angola, que puede cambiar drásticamente este cuadro. Hoy, el petróleo africano (extraído sobre todo del Golfo de Guinea y mayoritariamente explotado por la empresa tejana Kosmos Energy) es responsable de 24% de las importaciones hechas por EE UU. Ghana promete, a partir del año que viene, añadir cerca de 1.200 millones de barriles a esta cuenta, un mercado que, en plena crisis, ya está siendo ferozmente codiciado por la Chevron, la Exxon, la China National y la British Petroleum, entre otras megatransnacionales de la industria petrolífera.
Jugando para la tribuna, pero...
Un innegable éxito diplomático, el viaje de Obama a África causó una conmoción que, probablemente, sólo veremos nuevamente en el próximo Mundial de Fútbol.
Para recibir a su "hijopródigo", ghaneses y africanos de todo el continente salieron a las calles, uniformados con polícromas camisetas que se referían al presidente norteamericano de las más variadas formas. En las principales ciudades del continente negro, hombres y mujeres, jóvenes y niños se habían amontonado alrededor de aparatos de TV, en chocitas y casas de todos los tipos. Anticipando el Mundial, paralizaron sus actividades y salieron a las calles, bares y esquinas, con los ojos pegados en la primera TV que tuviesen cerca.
Muchos de ellos hicieron un balance parecido con el del ingeniero ghanés Joseph Aboagye (publicado en el periódico británico The Guardian, el 11 de julio): "El mensaje que él dejó tiene que ver con las formas en cómo tenemos que cambiar nuestros estilos de vida. Yo creo que, cuando nosotros consigamos hacer esto, nosotros vamos a prosperar. Necesitamos cambiar".
Sintonizado con el mensaje del líder, Aboagye concluyó que Obama no sólo era una "inspiración" para los líderes africanos, sino también para toda la población, porque ellos deben estar pensando: "si nuestro hermano de allá fue capaz, nosotros, también, podemos. Tenemos que ayudar a volver a erguir África rápidamente".
Una opinión, sin embargo y felizmente, que está lejos de ser compartida por todos los africanos. En el mismo periódico, la activista feminista Jenni Williams, de Zimbabwe, a pesar de que también saludó la presencia de Obama, fue bastante más realista: "Obama debería darse cuenta de que los africanos no pueden vivir dignamente como seres humanos, ya que sufren con muchos abusos hechos por gobernantes que posan de 'libertadores', pero que se transformaron en dictadores, con un arsenal ilimitado para oprimir y torturar, física y mentalmente; un arsenal que, desgraciadamente, fue adquirido a través de las riqueza del Primer Mundo, acumulada con la extracción de las tierras africanas". Esta es una verdad histórica e incuestionable que se sobrepone a cualquier discurso populista o "carismático" y a cualquier evento festivo, por mayores que sean sus dimensiones.
Para recordar: hace una semana, la paralización de los 70.000 trabajadores inv0lucrados en la construcción de los estadios y infraestructura del Mundial de Fútbol en Sudáfrica. Las expectativas pueden ser grandes, pero la lucha por la supervivencia es algo mucho más concreto que cualquier discurso o promesa.
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