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Salió el libro "Mujeres Trabajadoras y Marxismo"
Escrito por REDACCIÓN   
Martes 01 de Diciembre de 2009 00:00

La editora Marxismo Vivo acaba de lanzar el libro Mujeres trabajadores y marxismo, escrito por Carmen Carrasco y Mercedes Petit, que recoge las principales elaboraciones de la corriente morenista sobre la opresión femenina y una concepción de clase de la lucha por la emancipación de la mujer.

 

A continuación, presentamos el prefacio del libro, escrito por Cecilia Toledo, miembro del Consejo Editorial de la revista Marxismo Vivo y autora del libro Mujeres: el género nos une, la clase nos divide, publicado en portugués por Editora Sundermann, San Pablo, Brasil, y que próximamente será también lanzado en español.

Prefacio

 

Comienzo este prefacio con una pregunta: ¿por qué lanzar este libro, cuyo contenido expresa las concepciones de nuestra corriente morenista sobre la lucha por la emancipación de las mujeres, es tan fundamental en este momento? Este libro fue escrito por Carmen Carrasco y Mercedes Petit después de largas conversaciones con Nahuel Moreno, el más importante dirigente trotskista de Argentina, y fundador del MAS y de la LIT. Me hubiera gustado mucho participar en esas conversaciones, que fueron transcriptas en este libro con mucha claridad y precisión. En esa época estábamos buscando comprender mejor el carácter de clase de la lucha en defensa de los sectores oprimidos, en especial la lucha contra la opresión de las mujeres, que ya entonces eran prácticamente la mitad de la población económicamente activa de toda América Latina.

El centro de nuestras preocu­paciones -la construcción del partido revolucionario, nacional e internacional, y el esfuerzo por movilizar a la clase trabajadora- no encontraría solución si no teníamos una política clara para convencer a las mujeres trabajadoras sobre la necesidad de entrar en la lucha de clases. Y eso no era nada fácil. Precisábamos, antes, entender el carácter de la opresión, convencernos a nosotros mismos de que las mujeres no son iguales a los hombres, que ellas sufren una explotación como trabajadoras que es distinta, porque se potencializa con la discriminación en tanto mujeres, "sexo débil" o "segundo sexo", como decía Simone de Beauvoir. Necesitábamos, también, concientizarnos de que dentro de nuestras filas no bastaba con ser trotskista y revolucionario. Era preciso, además, no ser machista.

 

Moreno, como principal dirigente de nuestra corriente, fue quien mejor consiguió sintetizar todo ese complejo conjunto de preocupaciones y tareas, y hacer un análisis marxista del problema. Gracias al trabajo de Carmen y Mercedes, ahora tenemos en las manos este libro fundamental. Lamentablemente, quedó mucho tiempo guardado en los cajones. Moreno murió en 1987 y sólo hoy, 22 años después, el libro pudo ser publicado. En estos años, ninguno de nosotros dejó de militar por la cuestión de las mujeres, aunque fue más difícil porque no teníamos la teoría revolucionaria tan claramente expuesta como está en estas páginas. Las concepciones del trotskismo sobre la lucha de las mujeres no eran ampliamente conocidas y, por eso, creemos que muchas mujeres luchadoras acabaron siendo engañadas por las feministas reformistas, sin tener una política alternativa que les sirviese de contrapunto. Pero ahora lo que importa es que el libro es publicado y cae en terreno fértil, porque hoy más que nunca las mujeres tienen un papel central en la producción industrial, en la producción agrícola, en los sectores secundarios y terciarios de la economía latinoamericana y mundial. En contrapartida, centenas de ellas están al servicio del capital, ocupando puestos de mando en los estados burgueses: presidentas, diputadas, directoras de organismos de las Naciones Unidas. Muchas son negras, venidas de familias pobres. La burguesía sabe utilizar la opresión para mantener sojuzgados a los propios oprimidos. Al mismo tiempo, de este lado de la frontera de clase, centenas de otras mujeres, vistiendo pantalones o faldas, overoles, trajes de agricultoras, delantales de empleadas domésticas o de enfermeras, ocupan su lugar en la producción y muestran cómo son esenciales para cualquier movilización importante que haga la clase trabajadora. Aun cuando continúen atentas al horno o al fogón para que no se queme la comida, las mujeres ya no pueden ser olvidadas en la oscuridad del cuarto del fondo. Contradictoriamente, el mismo capitalismo que en sus orígenes las relegó en el sótano, luego tuvo que arrastrarlas a las fábricas, para poder explotarlas tanto como a los hombres. También, de forma contradictoria, las mujeres hicieron grandes avances, gracias a su disposición por mantener los puestos duramente conquistados, aun cuando continúan ganando menos que los hombres, arrastran el peso de los preconceptos, siguen siendo víctimas del abuso sexual, putching-ball de la sociedad, y continúan cumpliendo el triste papel de esclavas del hogar.

 

Desde que el contenido de este libro fue elaborado, en 1979, hasta hoy, la situación de las mujeres cambió bastante. Aún así, la sensación que se tiene es que el libro fue escrito ayer. Y eso se debe, en gran parte, a la propia política que aquí se combate, a la política que entonces era defendida por Mary Alice Waters y por el SWP.1 Una política que hasta hoy es defendida por muchos grupos feministas y por partidos políticos en el mundo entero. Entonces, no sólo es actual el tema, sino también esos errores.

 

Lo que Moreno, Carmen y Mercedes combaten en este libro es una política equivocada para las mujeres; y la ventaja es que el tiempo que pasó desde entonces hasta hoy permite justamente confirmar esos errores. Nada como la prueba de la historia. Basta preguntar cómo está la situación de las mujeres hoy -y aquí nos estamos refiriendo a las mujeres trabajadoras y pobres- para entender lo que queremos decir. La política defendida por Waters y el SWP en aquella época y que, con otras palabras, es la misma que defiende hoy la Marcha Mundial de Mujeres2 y otros grupos feministas, es tan contraria a las necesidades y a los intereses políticos y organizativos de la mujer trabajadora, tan contraria a las necesidades de la lucha revolucionaria por el socialismo, y tan contraria a la lucha contra la opresión de las mujeres, que fue adoptada incluso por la propia ONU, por el Banco Mundial y por todos los gobiernos burgueses que se dicen preocupados por la situación de las mujeres.

 

Es, entonces, una política perfectamente ajustada a las necesidades de la democracia burguesa. La burguesía, que en su época de ascenso como clase, cuando procuraba consolidar su sistema económico, su régimen político y sus valores ideológicos, no consiguió resolver el problema de la opresión y de la desigualdad de las mujeres, ahora encuentra una política hecha a su medida para "resolver" el problema sin que para eso tenga que cambiar en nada su sistema de explotación. Un "maquillaje" hecho la política feminista: se cambia alguna cosa para que no cambie nada. En este caso, se cambia el discurso, el "campo simbólico" y otros términos de ese estilo, tan en boga en estos tiempos posmodernos, y la mujer trabajadora y pobre continúa cada vez más explotada y oprimida. Las estadísticas son crecientemente sombrías: cada cuatro minutos una mujer es golpeada en su propia casa, 70% de los pobres del mundo son mujeres, y todo es así.

 

En suma, la política del SWP, confirmando los pronósticos de Moreno, fue aplicada y no dio resultado. Por lo menos, para las mujeres. La política frentepopulista, de "hermandad de las mujeres", mostró toda su falacia, desnudó su traición de clase, su carácter de trampa para trabar la lucha de las mujeres trabajadoras y mantenerlas atadas a las políticas de la burguesía. Frente al fracaso de esa política, al agravamiento brutal de la opresión, las mujeres trabajadoras y pobres se "arremangaron" y volvieron a la lucha. Y el feminismo reformista se vio frente a la necesidad de encontrar una nueva fórmula para detenerlas. En los años ochenta comienza a usar el término "género" para referirse a la opresión de las mujeres, como si fuese una gran invención, una fórmula mágica contra todos los males. Es una lástima que Moreno ya no viviera; me hubiera gustado saber su opinión sobre eso. De la noche a la mañana se cambió el discurso para que el contenido siga igual. Y el contenido es que el "género" es una elaboración programática completa acerca de la condición femenina en el capitalismo, una elaboración bien sofisticada y académica, destinada a encasillar a las mujeres que no tienen estudio ni aun elemental, para convencerlas de que su precaria situación en la sociedad es, si bien triste, pasajera; es desigual, sí, pero nada que no pueda ser resuelto con una buena política de género dirigida al Estado, al Ministerio de las Mujeres, y puesta en manos de las primeras damas, nuestras embajadoras, junto con la ONU, la Unesco, el FMI; en fin, algunos de esos organismos del imperialismo que gracias a un milagro cambiaron su carácter y su papel, y ahora defienden a las mujeres.

 

Con otras palabras, es la misma interpretación que hacían Mary Alice Waters y el SWP, y que Moreno, Carmen y Mercedes combaten en este libro. En los años setenta no se usaba el término "género", pero eso no impidió que las feministas, sobre todo las norteamericanas, hicieran toda una elaboración igualmente sofisticada, igualmente detallada en miles de documentos, libros, revistas, folletos, programas y escritos de todo tipo, para convencer a las mujeres de la clase trabajadora que debían unirse a las mujeres burguesas y construir un gran movimiento policlasista contra la opresión. El argumento, perfectamente justo, de que la opresión alcanza a las mujeres burguesas y trabajadoras, ricas y pobres, intelectuales y analfabetas, obreras y campesinas, nos lleva a hacer luchas conjuntas por nuestros derechos suprimidos. El mayor ejemplo histórico fue la lucha sufragista, cuando en los inicios del siglo xx mujeres ricas y pobres salieron a las calles por el derecho al voto. Pero esas luchas son pasajeras. La verdadera transformación en la situación de las mujeres depende de una transformación radical de la sociedad, y para eso las mujeres trabajadoras deben librar su lucha en el seno de su clase, independientes de las mujeres burguesas y sin depositar en ellas las más mínima confianza.

 

La situación de la mujer tiene que ser vista en un proceso histórico. Y la historia nos muestra que la opresión, a pesar de ser cultural, está asentada en un sistema económico de explotación, de desigualdad, que necesita subyugar y discriminar para seguir existiendo. Como dicen las autoras de este libro, junto con Moreno, la política básica del capitalismo, impuesta por sus necesidades económicas, es extraer el máximo lucro posible, explotando a los trabajadores, sean éstos hombres o mujeres, niños e, incluso, pueblos enteros. Ese afán de lucro es el sello que marca a hierro y fuego todas sus acciones e instituciones, y si es preciso, el capitalismo no duda en revolucionar a la familia, en sacar a la mujer de la oscuridad del cuarto del fondo o volver a encerrarla allí, siempre que sus lucros sean garantizados. Ésa es la única ley que realmente se cumple en la sociedad capitalista. Por eso las políticas de género mueren en su nacimiento, la bandera de la "hermandad de las mujeres" va para las calendas griegas y "el poder de las mujeres", expresión tan cara a las feministas de hoy, no significa otra cosa que dar poder a determinadas mujeres escogidas a dedo, para que continúen oprimiendo a los pobres infelices que no tuvieron la misma suerte.

 

La pregunta del inicio de este prefacio, por qué lanzar este libro en este momento, tiene una respuesta simple: porque aún tenemos mucho que entender sobre el problema de la opresión de las mujeres, sobre su carácter de clase, sobre la mejor forma de organizarlas sin dividir a la clase trabajadora. Y los errores que Waters y el SWP cometieron en los años setenta nos deben servir como aprendizaje para no volver a cometerlos y para convencer a muchas mujeres de nuestra clase de que no existen fórmulas mágicas o caminos fáciles para vencer la opresión.

 

                                                                                                                                                                    Cecília Toledo

 

1 SWP (Socialist Workers Party - Partido Socialista de los Trabajadores de Estados Unidos) integrante del Secretariado Unificado (SU) de la Cuarta Internacional.

2 Movimiento mundial de mujeres, que comenzó en Canadá, en los años noventa, y que continúa actuando hasta hoy, en diversos países del mundo, aplicando políticas de género dirigidas al estado burgués.


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