| Se realizará el Congreso Unificación PST -LS |
| Escrito por PST - PERÚ |
| Viernes 25 de Septiembre de 2009 00:00 |
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Escribe: Simón Lazara Un policía muerto, el bloqueo de una carretera que une al país con la región central del territorio, y el desencadenamiento de una fuerte represión con numerosos heridos y detenidos, son los primeros resultados de la huelga iniciada estos días por más de tres mil trabajadores mineros de Doe Run con el apoyo de la población de La Oroya, en defensa del empleo, amenazado por la paralización de actividades de la empresa afectada por la crisis mundial. El mes de junio el mundo fue conmovido por una masacre perpetrada contra indefensos indígenas amazónicos en Bagua (nororiente del Perú). Las imágenes mostraban cadáveres quemados y decenas de heridos de bala en un entorno de destrucción e insania. En estos trágicos sucesos desencadenados por el ultraje de los territorios de las comunidades campesinas e indígenas para favorecer a las multinacionales del petróleo, fueron muertos también numerosos policías. Esta es la realidad cotidiana del Perú, un país latinoamericano milenariamente saqueado y empobrecido por las metrópolis y multinacionales que siempre han operado en complicidad con los grupos de poder local, hoy aupados en el gobierno del asesino y corrupto de Alan García que por esa razón despierta un abrumador odio de los sectores populares. Al lado de la miseria campante, con niños que mueren de frío en nuestras serranías, con 9 % de desocupación cruda y un 70% de desocupación encubierta y con pueblos que después de dos años del terremoto del sur siguen durmiendo bajo escombros por el desinterés de las clases dominantes, al lado de todo convive la riqueza más desvergonzada en manos de los verdaderos dueños del Perú: las multinacionales de la minería, del petróleo y del gas. La crisis mundial no ha hecho más que agudizar este brutal contraste. Cuando hay bonanza los de arriba se quedan con todo y cuando hay crisis el pretexto es suficiente para castigar más a los más necesitados. Contra todo lo que se vino especulando sobre que el Perú sería poco más que inmune a la crisis, la economía nacional se ha derrumbado de un 10% de crecimiento a un 0%, contrayendo principalmente a la industria textil y de manufactura y arrojando a la calle a decenas de miles de trabajadores, con lo que se amplía y profundiza los contornos de miseria. No obstante, como una obscenidad que llama al escándalo, los capitalistas siguen acumulando fabulosas ganancias y aprovechan la "crisis" para desvalorizar más el trabajo y acelerar el saqueo de nuestros recursos naturales, depredando más nuestro ya deteriorado medio ambiente. El modelo de capitalismo semicolonial ha creado y tiende a profundizar las brechas que separan al Estado de la mayoría nacional, a las ciudades (en particular Lima) del interior, a las clases dominantes con características xenófobas y la mayoría indígena y popular. La respuesta sangrienta de Bagua mostró en pequeño el desprecio de las clases dominantes por la vida de los desposeídos y más débiles. Lo mismo ocurre hoy en el VRAE, una amplia franja de la región central de nuestra selva (que es el 70% del territorio nacional), habitada por más de medio millón de campesinos que ante la pobreza y el abandono del Estado deben dedicarse al cultivo de coca, y donde operan los carteles de la droga y las huestes recompuestas de Sendero Luminoso. Incapaz de atender las necesidades de la población y de ofrecerles una alternativa de sobrevivencia, y con el pretexto de combatir al narcotráfico y al mismo SL, el Estado ha desatado en la zona una cruenta represión donde la principal víctima es la población civil, y aun desde su seno se levantan voces para que la zona sea declarado de guerra. Hace décadas que el Perú vive una grave crisis en cuyo centro está la dominación que ejerce el imperialismo, principalmente norteamericano. Cada cierto tiempo esta crisis desemboca en situaciones que pone en riesgo nuestra existencia como nación. La crisis de los 80 fue saldada por el fujimorismo con métodos genocidas y con un canje de impunidad para orquestar la corrupción más grande de nuestra historia con la entrega del país a la voracidad de las multinacionales. Esta vez desde arriba se nos empuja por el mismo camino, aunque desde abajo se extiende una fiera resistencia. Los oprimidos y explotados de este país, enfrentados al Estado de los ricos, ante el presente gris y el futuro de barbarie que nos espera, estamos ante la necesidad de forjar una salida. Esta salida se resume en la lucha por destruir este Estado y construir sobre sus restos otro de base obrera, indígena y popular, que recupere nuestra soberanía nacional, el control de nuestros recursos y resuelva las necesidades de trabajo y salud de la población, en un marco de respeto e integración con la diversidad cultural que nos caracteriza. Todas las salidas reformistas ya fracasaron en el pasado, y hoy aunque reaparezcan con nuevos rostros y discursos "nacionalistas" y despierten eventuales ilusiones, sólo serán eso, ilusiones que conducirán a nuevos desengaños. Es utópico reformar el capitalismo, lo realista es acabar con él y construir un futuro socialista. Esta tarea demanda que los luchadores que emergen en cada lucha construyan una dirección verdaderamente revolucionaria y con democracia interna, capaz de renovar las dirigencias burocráticas que corren los organismos obreros y de masas, y de formular un claro programa que recogiendo las legitimas aspiraciones de los obreros, oprimidos y explotados, represente una verdadera salida para el país. El PST y la Liga Socialista, organizaciones que nos reivindicamos de la Liga Internacional de los Trabajadores (LIT), celebraremos los días 24 y 25 de octubre un Congreso de Unificación. Las unificaciones no son comunes en la izquierda. Tampoco son fáciles cuando se trata que tengan una sólida base principista y de método. Este esfuerzo responde a la necesidad de dar un paso en la perspectiva de construir esa dirección revolucionaria tan necesaria y crucial para dirigir las luchas que vendrán. El PST es una organización con 35 años de existencia, de militancia firme en la clase obrera y heredera de una rica trayectoria que ha escrito gloriosas páginas en la historia nacional. LS es una joven organización cuyo núcleo fundacional se ubica en el tronco principal del PST de principios de los 80. Damos este paso sin pretensiones pero con un clara conciencia de su significado y compromiso. Nuestras fuerzas son modestas y más allá de una simple suma representa un ejemplo de unidad de los revolucionarios que puede ser emulado por otros procesos. Nuestros desafíos al igual que nuestras posibilidades son enormes en el marco de la realidad que vive nuestro país. Los trabajadores y trabajadores tienen en esta organización unificada un nuevo referente para sus luchas y movilizaciones. |
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