| Portugal: Una década de decadencia económica |
| Escrito por Daniel Martins |
| Domingo 28 de Febrero de 2010 20:23 |
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En el medio de una enorme imprevisibilidad, la burguesía obligó a sus estados a inyectar billones de euros en los mercados e instituciones financieras y consiguió parar, a partir de mediados de 2009, sus pérdidas, mientras se mantuvo la continua, aunque menos rápida, quema de capital. En Europa, los economistas capitalistas comenzaron a anunciar la recuperación a partir de finales de 2009, apoyando su evaluación en los números, de los últimos dos trimestres, del PIB de varios países, en la subida gradual de los mercados bursátiles y en las pequeñas señales de evolución positiva en los mercados automovilísticos e inmobiliario, confundiendo propaganda y deseo con la realidad. Aquella inyección brutal de capital no fue seguida por una quema del capital ficticio, al contrario, sirvió para evitarla, sustentando la especulación, y, además, alguien iba a tener que “pagar las facturas”. La primera surgió, a inicios de 2010, con el anuncio de los gigantescos déficits presupuestario y deudas públicas, que ponen al desnudo enormes agujeros, en países como Grecia, Italia, Portugal, España, Irlanda y Reino Unido. El primer lugar de peligro fue de Grecia, colocando en alerta general a la Unión Europea (UE), especialmente a la burguesía financiera alemana y francesa, que son quienes más sustentaron la deuda griega. Se anuncia el camino similar que seguirán Portugal y España, y comienzan a ganar fuerza los argumentos para la posibilidad de un desmembramiento de la “zona euro”. No existe, dentro de las mayores economías europeas ningún país que cumpla los criterios del pacto de estabilidad europeo. Una economía sin oxígeno En 2010, termina una década de crisis y estancamiento de la economía portuguesa. Veamos un poco esta realidad, usando los índices tradicionales de los capitalistas: en la década de 1980, el crecimiento medio del Producto Interno Bruto (PIB) portugués fue de 3,8%, con picos de 7,6% y 7,9%, en 1987 y 1990, respectivamente, y un año de recesión en 1984, con una evolución del PIB de -1%. En la década de 1990, encontramos ya un descenso del crecimiento medio a 3%, con picos de 4,2% y 4,9%, en 1997 y 1998, y también un año de recesión en 1993, con una evolución negativa de -0,7%. En la década que ahora esta terminando, constatamos un crecimiento medio de 0,5%, con pequeños picos de 2% y 1,9%, en 2001 y 2007, y esta vez con dos años de recesión, en 2003 y 2009, con caídas respectivas de -0,8% y -2,7% a -3% (según las diferentes proyecciones del Banco de Portugal y el FMI), señalando además que el saldo de 2008 fue de 0%.
Cualquier lego, a simple vista, conseguirá entender la línea continua de declive del crecimiento de la economía portuguesa en los últimos treinta años y, más aún, la caída que el crecimiento tuvo en esta última década. Sin embargo, porque los economistas del sistema no aceptan datos simples, es preciso desmenuzar más números. Veamos, entonces, los de 2009 de la Formación Bruta de Capital Fijo (FBCF), nombre complejo que mide cuánto los capitalistas aumentaron sus bienes de capital; es decir, aquellos bienes que sirven para producir otros bienes. En 2008, ya hubo una reducción de 3,5% en este índice y, en 2009, a FBCF se retrajo 13,8%. Es decir, los burgueses cada vez invierten menos en bienes de capital, lo que indica su falta de confianza en la dinámica de la economía del país.
Otro dato, y una nueva constatación de que la “tragedia griega” no queda tan lejos: entre 2005 y 2010, la deuda pública aumentó 56.100 millones de euros y pasó de 90.700 millones a 146.800 millones. En 2004, significaba 60% del PIB; en 2009 representa 79,4% y, en 2010, va a aproximarse a 90%. Si a estos valores de la deuda directa de estado nacional, le sumamos la deuda de las empresas públicas deficitarias, de los municipios y las regiones autónomas (que el Estado tendrá que pagar), entonces tendremos un valor global consolidado de más de 100% del PIB. Esta deuda genera una nueva burbuja financiera y agrega más inseguridad y contradicciones que exigirán medidas dacronianas contra los trabajadores. En la última década, la burguesía portuguesa asienta su acumulación de capital, esencialmente a costas de las rentas directas del Estado, de la apropiación, a través de la privatización, de grandes empresas, del turismo, de la industria forestal y del juego normal de usura y especulación del sector financiero. Algunos ejemplos de esta acumulación son la adjudicación de centenas de quilómetros de carreteras y puentes y la respectiva cobranza de peajes, la gestión hospitalaria privada de la salud pública, la venta de la petrolera portuguesa Galp a Américo Amorim que, en un año, se volvió el hombre más rico do país, la apropiación de las infraestructuras públicas de comunicación, información y nuevas tecnologías, y la apuesta en el sector inmobiliario. Tal vez, el único sector donde hay un intento de cambio del modelo de acumulación, basado en la renta, petróleo y la especulación, fue en el sector de las llamadas “energías renovables” que creció 33%, en 2008, pero que aún es mínimo en el cómputo general del volumen de negocios nacional. A finales de 2008 e inicios de 2009, a Caixa Geral de Depósitos, banco público portugués, prestó cerca de 2.000 millones de euros a conocidos capitalistas. No para producir, sino para que estos señores pudiesen especular en la Bolsa, y ahora se ve en dificultades para recuperar esos valores. Quien paga la crisis son los trabajadores Sobre los proletarios se descargan toda la furia y los costos de la crisis. Como es su naturaleza, la burguesía y su estado no avanzan en la renacionalización de las empresas privatizadas, que generaron decenas de miles de millones de euros de ganancia en esta década, dejando la riqueza no al servicio de todos sino alienada a los caprichos de un puñado de individuos. Para los trabajadores: desempleo y miseria. La política de quema de capitales tuvo una expresión enorme: quien visitaba Portugal siempre quedaba sorprendido por las noticias diarias, en los medios, del cierre de empresas. El resultado es asustador: a finales de 2009, había 563.000 desempleados (10,1% de los trabajadores). Pero estos son los números oficiales del Instituto Nacional de Estadística, que no contabiliza aquellos que, por haber pasado un período largo de desempleo, ya no están inscriptos, aquellos que trabajaron aunque sea una hora en la semana ni los que están sujetos a formación profesional obligatoria paga. Muchos economistas y sociólogos reconocen que el número debe rondar los 700.000 (algo nunca visto en Portugal). La expresión clara de la crisis endémica nacional, en estos últimos 10 años, es la escalada gradual y constante del desempleo que, salvo una descenso de 0,4%, en 2008, creció todos los años: desde el 4% de 2001 hasta, según las previsiones oficiales, cerca del 11%, en 2010. Al desempleo se suman otros ataques, especialmente, el aumento de la precariedad. Hay una regresión clara a los inicios del siglo pasado con una pérdida total de garantías y estabilidad en el trabajo. Aquellos que, en la izquierda, reclaman por “nuevas formas de organización política” frente a estos datos quieren clasificar a estos trabajadores como “precariado” para justificar su política oportunista de fervor parlamentario para no se sujetarse a la dificilísima y morosa lucha sindical. Entonces que comiencen a olvidar la palabra “trabajadores”, los “estables”, porque la tendencia es que no existan más, tal y cual ocurría más de cien años atrás. En Portugal, un cuarto de los empleados tienen “contratos a plazo” y cerca de 90% de estos contratos no llega nunca a ser “permanente”. Existen registrados cerca de un millón de “autónomos”. Es decir, supuestamente profesionales liberales y empresarios individuales. Pero que, en su mayoría, esconden la realidad muy dura de la contratación por prestación de servicios, en muchos casos, en horarios regulares y trabajos necesarios que reciben su salario a través de los famosos “recibos verdes”, falsos. Sumados a los contratados ya referidos, se elevan a un tercio de total los trabajadores en situación laboral precaria. En la juventud es aún peor: la precariedad afecta más de 70% de los jóvenes trabajadores entre 16 y 30 años, y el desempleo sube por encima de 17%, entre los licenciados, la tasa llega actualmente a casi 40%. Como si no bastase, las empresas de trabajo temporario (ETT), que crecen un 20% cada año, agregan más de 400.000 trabajadores. A esta receta, os gobiernos de turno, PS, PSD y CDS/PP, agregaron también, en los últimos diez años, cortes inmensos en los gastos en servicios públicos. Destruyeron miles de escuelas, los aranceles en las universidades llegaron a 1.000 euros, se cerraron decenas de centros de salud, hospitales y maternidades. Como contrapartida, están anunciados diez grandes hospitales privados en las regiones donde más se sintieron estas políticas. Se acabó con varios sistemas sectoriales de salud y de seguridad social que tenían derechos superiores al sistema regular de la Caja General de Jubilaciones y Seguridad Social, se introdujo un sistema de evaluación en la Administración Pública que impide progresos en la carrera, se retiró la vinculación definitiva de todos los funcionarios públicos con el Estado, exceptuando lugares de la alta jerarquía de Ejército y la Policía, facilitando el futuro despido, se llenaron de tasa y aranceles las carreteras, los hospitales, los centros de salud, las escuelas y universidades. Se suprimió innúmeros derechos y garantías con la reforma del Código de Trabajo, aumentando la jornada laboral, eliminando días de vacaciones, flexibilizando el despido, etc. Congelaron las promociones en las carreras de la función pública durante 4 años y aumentaron el tiempo necesario de contribuciones para conseguir la jubilación a los 65 años y reducirán drásticamente el valor pagado a partir de 2015. Aumentaron las subas de impuestos, indirectos, como el Imposto al Valor Agregado (IVA), que pasó de 15% a 20% en 4 años. Todo sumado: hubo un brutal robo de plusvalía a los trabajadores por la vía del Estado y en nombre del “déficit debajo de 3%”. La burguesía portuguesa hizo su trabajo un poco más rápido que las restantes de la UE y, tal vez por eso, no esté aún en el nivel de alarma de sus pares griegos. Pero la realidad es más fuerte y ya anuncian un congelamiento de salarios para 2010. La unidad y combatividad, sin pactos con la burguesía y el gobierno, es la salida Los trabajadores salieron varias veces a la calle contra todo este ataque y desbaratamiento de la producción y riqueza nacionales. A inicios de 2008, derribaron al ministro da Salud con fuertes protestas populares contra el cierre de centros de salud, maternidades y hospitales. Pero quienes estuvieron a la vanguardia de la lucha contra las reformas del Gobierno del Partido Socialista (PS) fueron los profesores de la enseñanza primaria, básica y secundaria. El combativo movimiento de los profesores se movilizó en grandes manifestaciones en Lisboa, marzo y noviembre de 2008, ambas con más de 100.000 profesores. Otra manifestación, convocada por movimientos alternativos a los sindicatos, una semana después de esta última, reunión 12.000. Se realizaron dos huelgas con más de 90% de adhesión, diciembre de 2008 y enero de 2009, y una manifestación más, en plena campaña para las elecciones europeas, con 50.000, A finales de mayo de 2009. La burocracia sindical, dirigida por el Partido Comunista (PCP), intentó, desde el inicio, que todo el descontento y la furia se resolviesen en las tres elecciones consecutivas que se dieron en 2009 (europeas, legislativas y municipales). En su tradicional línea, hicieron todo para impedir que se sumasen en unidad las luchas de toda la administración pública y de los enfermeros, en una batalla constante contra los movimientos independientes de los sindicatos que surgieron y presionaron a la burocracia a ir hasta donde no quería. La dirección mayoritaria del Bloque de Izquierda (BE) asumió la línea burocrática de los sindicatos, poniendo un pie en los movimientos independientes sólo para no salir tan chamuscado como el PCP, y también apostando todo en la capitalización política en los actos electorales, a través de los votos. Estos movimientos independientes, fruto da su inexperiencia, acabaron cooptados para la consigna “No voto PS”, en una clara salida y capitulación oportunista de quien balanceaba siempre que era necesario enfrentar a la burocracia. Así, al final de la elección legislativa de 2009, el gobierno PS pierde la mayoría absoluta en el Parlamento y todo el movimiento adormece a la sombra de esta supuesta victoria, y los sindicatos aprovechan para sellar un acuerdo con el nuevo equipo ministerial, un acuerdo que no resuelve, ni de cerca, la mayoría de las cuestiones centrales que llevaron a los profesores a la lucha. Las aguas turbulentas de los últimos cuatro años fueron calmadas por las elecciones, pero la situación se altera tan rápidamente y la burguesía no consigue dar treguas, fruto de la situación económica ya descripta: se anuncia un nuevo congelamiento de salarios para 2010. Ya al inicio de este año, se da un recrudecimiento de la lucha, con una huelga de tres días de los enfermeros junto con la mayor manifestación en la historia de este sector. Los funcionarios de la administración pública también salieron a la calle, a inicios de febrero, y han convocado una huelga para el 4 de marzo, a la que se sumarán los profesores, contra el congelamiento y el fin de las cuotas de evaluación de desempeño. La inestabilidad continua siendo la “piedra de toque” política y sindical, el gobierno, en este momento, es frágil y, junto con la oposición de derecha, está acosado por continuos casos de corrupción. El PCP y el BE están paralizados a la expectativa. Los primeros abriendo cautelosamente las puertas del descontento en los sindicatos, para que la situación no se les vaya de las manos; los segundos amarrados y maniatados por el apoyo que concedieron al putativo candidato gubernamental, Manuel Alegre, para as elecciones presidenciales de enero de 2011. La renacionalización de la banca y las empresas de sectores energéticos, sin indemnización y bajo control de los trabajadores, es la consigna y la salida inmediata para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores. Todas las organizaciones que los defienden deben adoptarla.
La situación de debilidad del gobierno, que busca en todo momento pactos con la oposición, junto con un descontento de los trabajadores con las direcciones sindicales, abren la puerta a movimientos salidos por fuera del control de la burocracia y la explosión de grandes enfrentamientos sociales. La unidad y combatividad de los trabajadores contra todo el plan de choque que nos aplicarán desde la UE es una pieza fundamental en este combate.
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La crisis económica internacional que se inició a finales de 2007, desencadenada por el reventón de la burbuja de los créditos subprime, agudizó de forma exponencial la crisis endémica de la economía portuguesa durante la primera década del tercer milenio. La llegada del nuevo milenio no cumplió, para los trabajadores portugueses la promesa de un “nuevo mundo”; más bien ha sido una carga cada vez más pesada de soportar. El colapso de las bolsas mundiales y de enormes sociedades financieras, a partir de setiembre de 2008, colocó al mundo y a Portugal en la mayor crisis desde 1929. 















