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El cerco del capitalismo y qué esperar del FMI
Escrito por A.P. Amaral y J.A. Dias   
Miércoles 25 de Mayo de 2011 00:51
Se puede decir que todo comenzó con la entrada del FMI en Portugal en los años postrevolución y con su exigencia a los gobiernos de turno para que metan “el socialismo en el cajón”.

Esto es, que acaben con las nacionalizaciones y la reforma agraria, extingan las conquistas sociales de la revolución, destruyan las convenciones colectivas, precaricen a la clase obrera. Era necesario que la burguesía recuperase su lugar dominante y que el capital resurgiese con plena fuerza. 

En 1977, después de la primera intervención del FMI, el “socialista” Mario Soares, como buen servidor de la burguesía que siempre fue, inició enérgicamente el entierro de la experiencia revolucionaria en Portugal. En 1983 hubo una nueva intervención del FMI y con más planes de austeridad. Tres años después vino la Unión Europea (UE) para hacer el resto: distribuyendo cuotas de producción por Europa, conforme a los intereses de los imperialismos dominantes (el alemán y el francés) organizando, de hecho, la destrucción de los excedentes de producción para que el capital recuperase su tasa promedio de ganancia.

La acción destructiva de la UE
 
Fue así que Bruselas ordenó a Portugal (y a los otros países llamados periféricos) que destruyesen su industria -minería, siderurgia, industria química, de reparación naval- y, lo esencial, de la agricultura y de la pesca, debiendo limitarse a la explotación del turismo, a la construcción civil y de autopistas, y a la distribución de bienes de consumo. Se privatizaron las industrias nacionalizadas (la parte del león de la gran producción industrial quedó para Alemania, Francia y otros países aliados) y se mandó quemar barcos, cortar viñedos, enterrar naranjas, dejando que la mayor parte de la producción de la agricultura y de la pesca fuese entregada a países de los cuales dependemos hoy, como por ejemplo, España. Y hubo fondos europeos para esta obra de destrucción, ¡ofreciéndose dinero a los agricultores y pescadores portugueses para que quemaran su producción y sus instrumentos de trabajo!

Hoy, Portugal, es un país que depende del exterior para la mayor parte de las mercaderías industriales, agrícolas y hasta pesqueras. Entre 1999 y el 2009, sólo el déficit comercial alimentario aumentó 24%. Esta creciente falta de producción agrava el déficit de la balanza comercial, ya que las exportaciones portuguesas son inferiores a las importaciones, y esa es una de las razones del super endeudamiento, tanto público como privado.

La acción de los gobiernos de la burguesía
 
A la par de la destrucción del aparato productivo de los años 80 y 90, asistimos, a partir de los gobiernos de Cavaco Silva, a un modelo de acumulación de capital caracterizado por las obras públicas y de construcción, con negocios para las empresas de cemento y ganancias para la banca. Las grandes constructoras del régimen, financiadoras de los partidos del capital (PSD, CDS, PS) tenían oportunidades de negocio por perder de vista, con un dueño de obra, el Estado, siempre disponible para revisar los altos precios de los contratos y pagar por encima del mercado en los constantes excesos de los costos de las obras públicas; y los bancos prestaban sin riesgo con la más sólida de las garantías, el Estado.

Con alguna acumulación de capital surgió la necesidad de lo rentabilizar: fue esa la principal razón de las facilidades de crédito de esos años, y no los “malos hábitos” de los consumidores. En pocos años, el 70% de las familias portuguesas se transformaron en propietarias de sus casas y, por ende, deudoras de los bancos. Estos prestaron dinero a bajo costo también para carros, vacaciones, etc.: más crédito a pagar por las familias endeudadas (¡y los bancos a ganar!). Pero, cuando se dieron las crisis, los intereses se dispararon: los intereses en años de facilidades duplican o triplican en años de aflicción.

El capital financiero salvaguarda siempre sus ganancias, y quienes ven reducidas su capacidad de consumo y agravadas sus condiciones de vida son los trabajadores y pensionistas.

Super endeudamiento del Estado portugués
 
Durante años, el Estado portugués se fue endeudando también para construir obras faraónicas como el Centro Cultural de Belém, la Expo 98 y los 10 estadios de fútbol de Euro 2004; adquirir submarinos inútiles; financiar la construcción de autopistas que son de las más caras de Europa; alimentar el festín de las Sociedades Público-Privadas. Durante años, el Estado financió centenas de fundaciones privadas e institutos públicos de utilidad dudosa donde se acogió con beneplácito a los “boys” de varios partidos de la burguesía. Se sentaron a la misma mesa banqueros, constructores y ministros para saquear la riqueza del país y conducirlo al actual agujero financiero: no en nombre de ningún interés público, sino sobre intereses privados bien claros.

Fue así que, sólo entre el 2000 y el 2010, el peso de la deuda pública en el PBI creció 31,7%, un salto que representa una subida en el orden de los 89 mil millones de euros, colocando a Portugal en el ¡4º lugar de los países que más se endeudaron en este período!

La crisis del subprime
 
A pesar de esta situación de casi falencia técnica del Estado, el gobierno de Sócrates no dudó en asumir, en relación a la crisis del subprime del 2008, la salvación del sistema financiero portugués, a través de la inyección masiva de dineros públicos en bancos privados: 4.000 millones de euros al BPN, 450 millones en garantías estatales para el BPP. En los meses siguientes, el capital prosiguió su obra de destrucción para recuperar la rentabilidad perdida, multiplicando los cierres de empresas y los despidos, sin que el gobierno tomase cualquier medida de socorro a los trabajadores. Cerraron decenas de fábricas, y hasta empresas de alta tecnología como la Quimonda.

Hoy el desempleo en Portugal está en más del 11%, y el desempleo es también una forma del capital de destruir la principal fuerza productiva del sistema: la clase trabajadora, y en primer lugar al obrero industrial.

Rescate del FMI, rescate del capital
 
Aún no pasaron 3 años de la crisis mundial del subprime y ya la nueva crisis surge… ahora se llama “crisis de las deudas soberanas” y las primeras víctimas fueron los pueblos griego e irlandés. ¡Ahora, siguen lo portugueses!

Explicando con claridad, esta crisis tiene las mismas características de las anteriores: masas enormes de capitales - que se fueran aplicadas a la satisfacción de las necesidades de la humanidad darían para alimentar decentemente a toda la población mundial (datos de una organización insospechable como la FAO) - fueron prestadas a los estados, rentabilizándose con ganancias altísimas. Cuando los estados se vuelven insolventes –sobre todo los que tienen poca producción, porque es de la producción que viene la plusvalía, es el trabajo humano el único que crea riqueza- el capital necesita tomar medidas rápidamente para recuperarse. Esa recuperación pasará nuevamente por un proceso de destrucción de las fuerzas productivas y por el aumento de la explotación de los trabajadores. El plan de “rescate” del FMI y de la Comisión Europea consiste en un paquete de recapitalización de la banca; más destrucción de la fuerza de trabajo (mayor facilidad para despedir en el sector privado, despidos en la función pública); aumento del grado de explotación de los trabajadores (reducción de los salarios reales); asignación de más sectores para el capital para rentabilizar (más privatizaciones); saqueo de los recursos del Estado en beneficio de los capitalistas (reducción de las prestaciones sociales, aumento de los impuestos para los trabajadores y pensionistas, beneficios fiscales para el patrón).

A no ser que los trabajadores resistan y luchen contra este agravamiento brutal de sus condiciones de vida, este plan del FMI/UE será aplicado, por este y por el próximo gobierno, para único beneficio del capital, o sea, para mantener un sistema que ya no tiene nada para ofrecer a la humanidad a no ser destrucción y miseria.

Como dice Trotsky, en su Programa de Transición: “Las crisis (…) sobrecarga a las masas con sufrimientos y privaciones cada vez mayores (…). Los gobiernos caminan de bancarrota en bancarrota (…). Sin la revolución socialista (…) toda la civilización humana está amenazada a ser arrastrada a la catástrofe.” 

Fuente: Ruptura nº 116, Mayo 2011

Traducción: Laura Sánchez

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