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¿Por qué otro partido de izquierda?
Escrito por Gil Garcia - Ruptura   
Martes 20 de Diciembre de 2011 23:15
Muchos jóvenes y trabajadores se preguntan: ¿para qué otro partido de izquierda? ¿No hay ya suficientes partidos? ¿El PS, el PC, el BE y hasta el MRPP o el PAN no son suficientes? ¿No será un partido más que viene a dividir a la ya dividida izquierda? ¿Quién gana con esta situación no es la derecha?

Nuestra crónica trata de esclarecer porque tenemos la opinión de que, efectivamente, los partidos que existen no son satisfactorios y que hace falta un verdadero movimiento alternativo y socialista.

Si los actuales partidos fuesen suficientes y eficaces no habrían surgido movimientos alternativos de masas en Portugal y por todo el mundo, manifestaciones (y campamentos) convocados y concretizados por ciudadanos que se consideraban “à rasca” (sin perspectiva) y sin representación política. Asistimos, incluso, a una asamblea popular, al final del día 15 de octubre, con ocasión de una manifestación internacional (con más de 20.000 participantes en Lisboa) convocada, precisamente, en ausencia y con el rechazo de casi todos los partidos de izquierda e, incluso, sindicatos. Fue desde esta asamblea popular que se llamó a una huelga general para frenar a Passos Coelho y a la troika, porque, hasta ahí, la CGTP, dirigida por el PCP, ni a esa conclusión había llegado.

Que todos estos factores expresan una desconfianza (y, tal vez, un repudio significativo) por la actual izquierda, no caben dudas. Pero, si pasamos revista a la política de cada uno de esos partidos, notaremos por qué razón un número cada vez mayor de personas se divorciaron de ellos. No por casualidad el BE (Bloque de Izquierda) perdió, el 5 de junio, cerca de 300.000 votos; no por casualidad el PC conserva o redujo su peso, no recuperando las cifras que obtuvo en la década del 70 (con ocasión del impacto de la revolución portuguesa de abril de 1974); no por casualidad nadie ve a un militante del PAN (si es que existen) en alguna manifestación; y, por último, no por casualidad el propio MRPP, incluso con el retroceso electoral de masas del BE, no sale, prácticamente, del mismo registro electoral hace decenas de años y no se ve siquiera que tengan más militantes jóvenes que, por lo tanto, escasean en sus filas. Pero, veamos uno por uno, qué le pasa a la izquierda.

Sobre el PS no nos detendremos más de un párrafo. Se trata de un partido que, (incluso) en la “oposición”, quiere limitar el recorte del impuesto a un subsidio (la otra parte puede ser recortada) de la troika y de Passos Coelho, para después, en un eventual retorno al poder, gobernar tal y cual las coaliciones PSD/CDS-PP.

Sobre el PCP, para no retroceder más en el tiempo, para no referirnos que se trata de un partido que durante más de 40 años apoyó regímenes dictatoriales y de partido único en el este de Europa (y actualmente mantiene su apoyo a regímenes como los de Cuba y China), diremos solamente que, en la actual coyuntura, se limita a convocar (a través de la misma CGTP) a una huelga general por año, en tanto que Grecia realiza seis o siete para combatir la austeridad. Incluso, en la última, del 24 de noviembre, fue a remolque de un llamado de la asamblea popular ya referida, con más de 10.000 personas, que aprobó una orientación que, hasta ahí, ni el PCP (ni el BE, digamos de paso) habían convocado: la necesidad de una nueva huelga general, con la suspensión del pago de la deuda a los bancos franceses y alemanes, bajo pena de que el país sucumba, sin producción y empleo alguno.

Por otro lado, toda la gente sabe que el PCP ha sido un serio adversario a las manifestaciones “à rasca”, de los acampados de Rossio, de las plataformas del 15 de octubre y de todas las manifestaciones que no son controladas por él. Todos esos hechos indican que se trata de un partido que se mantiene, en su esencia, bastante autoritario y antidemocrático y con una oposición a los gobiernos del PS y de la derecha más de retórica que de la intención de frenarlos efectivamente.

Sobre elBE, que conocemos muy bien, se trata de un partido que prometió mucho, pero hizo muy poco. Rápidamente, los cientos de miles de votos y la ilusión parlamentaria transformaron a viejos dirigentes revolucionarios en simples parlamentarios, con discursos y políticas institucionalizadas y conniventes con el régimen y el sistema que nos gobierna. Si no, veamos. El BE, sobre el problema de la deuda pública, tiene la misma posición del PCP: hay que pagarla. De ahí, ambos defendieron la renegociación. Ninguno de ellos tiene el coraje de defender una inmediata suspensión del pago de esta deuda inmoral e injusta.

Pero, tal vez, lo que más evidencia la impotencia de esas dos izquierdas, BE y PC, sea la política que tienen uno con el otro. O sea, ambos partidos nunca se entendieron para una unidad que pudiese disputar un gobierno alternativo a los del PS y de la derecha, a pesar de tener, en muchos terrenos, las mismas propuestas. Unir fuerzas para combatir a la derecha y al PS nunca lo harán. Pero, el BE encontró razones, que el pensamiento desconoce, para apoyar al candidato de Sócrates y, con esa política, hundirse a sí mismo y a la izquierda en general en las últimas elecciones.

El BE, digamos la verdad, tiene lo peor de cada uno de los dos partidos a los cuales, al inicio de su camino, se presentó como alternativa: del PS recoge la misma estrategia y política de alianzas, con Alegre, con Antonio Costa y hasta la moderación programática; del PCP, recoge el autoritarismo interno ante las corrientes a su izquierda, la marginalización antidemocrática de su expresión pública, en fin, un modelo de centralismo burocrático, típico de los partidos estalinistas.

En nuestro caso, no osaron expulsarnos pero, en la práctica, nos empujaron hacia afuera del BE. Basta ver que, a partir del 5 de junio y ante la hecatombe electoral, se negaron a convocar a una convención extraordinaria para rever autocríticamente las políticas e, inversamente, promovieron un funcionamiento interno antidemocrático y sectario, a través de plenarios con la “Lista A” (ligada a la dirección), de modo de alejar, literalmente, a todos los sectores críticos.

Del MRPP, también, no ocuparemos (en esta crónica) más de un párrafo. Se trata de un partido de la vieja izquierda portuguesa que aún debe conservar en sus locales las fotos de Stalin y Mao. Se trata de un partido que está estancado hace décadas, no tiene jóvenes y que oscila (como siempre, quien no recuerda su apoyo a Ramalho Eanes, el general golpista) entre posiciones próximas al PS (también apoyó a Alegre en las últimas presidenciales) a posiciones ultraizquierdistas. Es un partido que se limita a emitir comunicados pero que, en los movimientos reales, poco ha construido (ni siquiera ha participado) para dinamizar a los nuevos movimientos contestatarios.

De toda esta realidad se puede concluir que hace falta una nueva izquierda, combativa y no comprometida con el actual régimen y que ponga a la orden del día la necesidad de una nueva revolución social, de un nuevo 25 de abril. Una izquierda verdaderamente anticapitalista, una izquierda que desafíe a toda la izquierda a unirse para enfrentar a la troika y al gobierno de la derecha. Para esa tarea nos comprometemos.

Traducción: Laura Sánchez

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