Recibir nuestro boletín electrónico

Atentados en Moscu: un crimen contra los trabajadores... PDF Imprimir Correo electrónico
RUSIA
Escrito por I. Gatin   
Miércoles 21 de Abril de 2010 19:57
y una consecuencia de la política de los gobiernos Yeltsin, Putin, Medvedev

El 29 de marzo el país otra vez a las vueltas con explosiones en el metro. Otra vez el choque de una crueldad sin sentido, desorientación, otra vez los representantes del gobierno agitan sus puños. 

Los atentados en el metro son sin duda un crimen contra la gente común, que iba aun soñolienta por la mañana al trabajo o estudio en vagones loteados. Pero a pesar de toda la tragedia, nosotros pensamos que sería equivocado limitarnos solo a expresiones de pena y compasión. Hay que contestar a la pregunta que se hizo mucha gente en el día del atentado: “¡¿por qué?!”.

Una consecuencia de la política de Rusia en el Cáucaso

¿Quién realizo el atentado? ¿Quién estaba listo a tornarse una bomba humana? Obvio está que el fanatismo de los suicidas no viene de la nada. Sus fuentes son conocidas. Durante el periodo en que Rusia llevó adelante la guerra en Chechenia, fueron muertos entre 100 y 160 mil habitantes de Chechenia (de acuerdo con la evaluación de distintas organizaciones). Esos eran chechenos, rusos, gente de todo tipo, muertos por las manos de la aviación rusa al barrer Grozni de la faz de la Tierra;  muertos con bárbaros disparos de artillería; “limpiados” por fuerzas especiales o por los agentes de Kadirov (actual presidente de Chechenia, antiguo dirigente de la resistencia, hoy hombre de confianza del Kremlin. NT). En casi toda familia chechena hay gente que fue muerta por el ejército ruso. En las repúblicas del Cáucaso, en especial en Chechenia e Ingusetia, hoy hay regímenes militares completamente corrompidos y se vive bajo condiciones de miseria y paro. Los verdaderos señores de las repúblicas del Cáucaso, la FSB, la policía y el ejército rusos, mantienen bajo terror a la población y de tiempos en tiempos organizan expediciones punitivas. Así, en la realización de los atentados toma parte gente que perdió a sus hijos, hijas, maridos, hermanos, padres o toda la familia.
 
En la Rusia Zarista el general Ermolov, para subyugar el Cáucaso, quemó y eliminó a aldeas y pueblos enteros, sembrando entre sus pueblos un odio justificado contra Rusia. La Revolución de Octubre proclamó el derecho de los pueblos del antiguo Imperio a su autodeterminación, les dio libertad, y por eso fue apoyada por los pueblos no-rusos. Sin embargo, con el retroceso de la revolución y la ascensión del estalinismo, con su cruel política en relación con las nacionalidades, los pueblos ya no tendrían derecho a nada más que a una autonomía cultural, y tal situación continuó a herir los sentimientos nacionales de los pueblos. Con la restauración del capitalismo, la situación se empeoró. Gorbachov fue el primero a enviar tanques a las repúblicas de la URSS para callar el levante de las masas. Después Yeltsin, Putin y Medvedev se tornaron los merecidos continuadores de la tradición de Ermolov. La política de los gobiernos rusos en el Cáucaso, volcada a subyugar a los pueblos de la región, es la causa principal de las explosiones en el metro de Moscú. Cualquier que sea el juico que se tenga sobre el atentado en el metro, no se puede contornar el hecho de que ese fue una respuesta a la guerra que Rusia lleva en el Cáucaso. Sería una ingenuidad pensar que el gobierno Putin-Medvedev continuaría a bombardear el Cáucaso, y que los trabajadores rusos podrían seguir viviendo tranquilos como se no se pasase nada. Mientras los trabajadores rusos permitan al gobierno ruso seguir molestando a los pueblos del Cáucaso y subyugarlos bajo la fuerza del palo, entonces este palo inevitablemente se volverá al final para golpear a los trabajadores rusos. La única salida para terminar con esta pesadilla de los pueblos caucásicos y rusos es dar un basta a la política del gobierno ruso en el Cáucaso: retirar las tropas y dejar los pueblos del Cáucaso decidieren por sí mismos como quieren vivir, como parte de Rusia o fuera de ella. Eso debe decidir no el ejército, no la FSB, no el Ministerio del Interior, opresores de los pueblos, y sí los pueblos mismos.
 
Apoyamos la lucha de los pueblos del Cáucaso, pero no a su dirección ni a sus métodos
 
Cualquier pueblo debe tener el derecho a determinar su destino por sí mismo. A ningún ruso le gustaría que el destino de su pueblo fuera decidido en EUA, Alemania o donde sea. A ningún ruso le gustaría que la cuestión de la independencia de Rusia fuera determinada por otro estado cualquier. Y el pueblo ruso tendría pleno derecho de luchar por su autodeterminación, como ha luchado de hecho (junto a otros pueblos) contra la intervención imperialista durante la Guerra Civil y contra la invasión por la Alemania Nazista. Y cualquier alemán de bien en la Alemania Nazista debería estar contra la agresión alemana en el este. El mismo derecho deberían tener los pueblos del Cáucaso. Así como el derecho de resistir a las tentativas de imposición política desde el Kremlin, de resistir a la agresión del ejército ruso, de la FSB (antigua KGB), Ministerio del Interior y de agentes pagados por Rusia del tipo de Kadirov. El gobierno intenta mostrar que en el Cáucaso los que resisten son solo locos y fanáticos. Sin embargo, una de las mujeres que se explotó en el metro era una profesora de informática con educación superior y tenía una familia estable. La resistencia chechena se amplió por todo el Cáucaso Norte. Los representantes del poder en las repúblicas están obligados a correr por los pueblitos a hacer agitación para que “no ayuden a los terroristas” o “no protejan a los terroristas”. Todo eso muestra que la lucha de los pueblos caucásicos por su autodeterminación cubre amplias camadas de la población y gana simpatía, dando un carácter de guerra popular a la lucha. Y esta lucha contra la política del gobierno ruso en el Cáucaso la deben apoyar todos los trabajadores rusos.
 
Apoyamos la lucha de los pueblos del Cáucaso, pero condenamos categóricamente los métodos direccionados contra la gente común. A los trabajadores del Cáucaso en lucha les es necesaria la solidaridad de los trabajadores rusos. Sin esta solidaridad, los pueblos del Cáucaso nunca alcanzarán la libertad. Pero los atentados terroristas en el metro solo siembran la hostilidad y el odio, poniendo un cuna entre los trabajadores rusos y caucásicos. Y eso es un crimen.
 
Una cosa son los ataques en las repúblicas contra la policía, FSB, poderes locales, clero musulmán colaboracionista - los instrumentos principales a través de los cuales el régimen Putin-Medvedev oprime y aterroriza a los pueblos del Cáucaso. Y otra cosa son los atentados criminales contra la gente común. Entre ellos hay un abismo. El mismo abismo que hay entre la burguesía con su poder y sus criados de un lado, y la gente común del otro.
 
Pero ¿porque los golpes son direccionados contra la gente común? Esta pregunta se la hacen muchos. El problema está en que la resistencia de los pueblos del Cáucaso no es dirigida por gente común. Es dirigida por barones locales, burgueses locales (como Kadirov), que no buscan la libertad del pueblo, y sí buscan solo cambalachear con el gobierno y burgueses rusos su parte en la explotación de los pueblos de las repúblicas del Cáucaso. Para ellos, asesinar a gente común en el metro, es una parte de las negociaciones con los propietarios rusos y con el gobierno sobre la partición de la influencia en las repúblicas. Y los propios mártires, para ellos, no son más que carne de canon. Así como para el gobierno Putin-Medvedev, la carne de canon son los soldados rusos en el Cáucaso y las personas muertas en el metro – son el “costo” de su política para el Cáucaso. En relación con los dirigentes de la resistencia de los pueblos de Cáucaso, sembradores del odio a los rusos, los propios caucasianos comunes no deben tener ninguna confianza. Hoy ellos llaman a los trabajadores rusos de enemigos del pueblo checheno, mañana, por algún dinero, van servir a la burguesía rusa, como lo hizo Kadirov.
 
¿Y el gobierno?
 
¿Como contestó el gobierno a los atentados? Con las palabras mágicas de siempre. De Putin escuchamos otra vez el “idioma de las letrinas”: De su vieja consigna “matar en las letrinas”, se añade ahora “arrancar de las cloacas”. No es un primero-ministro y si el “Fontanero de Todas las Rusias”. Medvedev agita los puños, promete “eliminar a todos completamente” y continuar su política de guerra contra el terrorismo – Un presidente “muuuy” jodido, casi tanto cuanto Putin. En otras palabras, Putin y Medvedev dejan claro que durante su administración, nada cambiará. Las tropas rusas, policía y FSB continuarán a maltratar a los pueblos del Cáucaso, y a nosotros nos cabe esperar más “sorpresas”, en el metro o donde sea.
 
¿Y porque ellos hablan así? Porque los atentados, en la verdad, no les atingen. Porque quien muere es la gente común. Han muerto no aquellos que organizaron y continúan la guerra en el Cáucaso; no aquellos cuyos cuerpos están protegidos por las paredes del Kremlin, servicios de seguridad, coches blindados; no aquellos que viven en barrios especiales con seguridad 24h; no aquellos para quienes, por su seguridad, se cierran las carreteras para que puedan pasar sin atascos, bloqueando así a regiones enteras de la ciudad; no aquellos que son responsables por el sufrimiento de los pueblos del Cáucaso y por las victimas entre la gente rusa común.
 
Así como en 1999 explotaron no las mansiones de elite de la Rublyovka (la calle de los millonarios en Moscú. N del T), y sí los edificios de mala calidad de regiones desprestigiadas. En 2002, como rehenes tomaron no a los miembros del gobierno, y sí a simples dramaturgos. En 2004 hicieron rehenes no a los dirigentes del estado, burócratas de los servicios de seguridad, oligarcas, la elite rusa que vive en los balnearios de lujo de Francia, y si a escolares, sus padres y maestros. Y esta vez también, murió gente común, y no oligarcas, ministros y burócratas corruptos enriquecidos gracias a la explotación de los trabajadores rusos y de las repúblicas, saqueadores de los fondos estatales “para la reconstrucción de Chechenia”, que llenan los bolsillos gracias a la mano de obra barata de los obreros del Cáucaso, en las propias repúblicas o en las grandes ciudades de Rusia, adonde la juventud está obligada a irse para huir de la pobreza y la guerra.
 
Sobre apretar las tuercas…
 
Y, como no podría dejar de ser, el gobierno rápidamente empezó a “apretar las tuercas” – de hecho ya hacía tiempo que no tenía tan buena escusa para eso. La experiencia, para decir la verdad, muestra invariablemente que eso no evita los atentados, pero funciona muy bien contra los que critican al gobierno y están en la oposición, sería un pecado para ellos no utilizar esta escusa. Así, Putin y Medvedev, en unísono, exigen tomar medidas duras. Ya está en preparación la introducción de la obligación de registrar a los pasajeros en los autobuses intermunicipales, lo que significa que los poderes tendrán la posibilidad de seguir fácilmente los movimientos de cada simple ciudadano, líder sindical o activista político. Medvedev propuso “mejorar la actuación relativa al crimen de terrorismo y crímenes cercanos” (siendo que en la legislación rusa, como “terrorismo” se incluye “extremismo”, donde se puede incluir prácticamente todo).
 
El representante del Comité de Seguridad de la Duma de Estado V. Zavarzin (del partido de Putin, Rusia Unida) exige atacar a los obreros inmigrantes, endureciendo las leyes contra ellos. Y. Yarovaya (también de Rusia Unida) dijo que las explosiones fueron resultado de “un intento de desestabilizar la situación política, introduciendo a fuerza en la sociedad humores negativos”. El señor Yakemenko, el conocido creador de la organización juvenil pro-Kremlin “Indo Juntos” y “Nashi” (“los nuestros”), entre otras, siendo hoy el dirigente de sus “alas ortodoxas” y tutor de los campamientos de jóvenes putinistas en Seliguer, directamente acusó por los atentados a la oposición, diciendo que estos debían ser debitados en la cuenta de esta. Como correctamente ha notado un periodista de “Gaceta Independiente”, “la tuerca se aprieta, pero nada se torna por eso más seguro: las llaves de tuerca de OMON atingen solo a los mas débiles.
 
La vida de los que están arriba se torna cada vez más segura, así que no puedes aproximarse más de un kilómetro de ellos, quedándose en atascos cuando los perfectamente seguros dirigentes de FSO (policía) pasan por las calles de la ciudad. A una persona común cada paso se torna peligroso: difícil diferenciar un bandido de un policía...”.
 
… y no solo
 
Sin duda los atentados serán utilizados por el gobierno para intentar soldar el pueblo a su rededor y desviar la atención de este de las dificultades financieras y de su política desastrosa, que no es la hora de pensar en el paro, tarifas públicas y bajos salarios, pues la “patria está en peligro”. Así, la pandilla pro-Kremlin ya en el día de los atentados levantó la consigna “¡el pueblo, Mevedev y Putin! Juntos venceremos!”.
 
Y los poderes se aprovechan de la situación. Así, el ministro del exterior Lavrov ya sugirió que “es sabido por todos que en la frontera entre Afganistán y Paquistán existe una así llamada “tierra de nadie”, donde se planea muchos atentados no solo en Afganistán y países cercanos... Ahora estas rotas llevan también al Cáucaso”.
 
Eso no es nada más que un intento de utilizar el atentado para justificar la vergonzosa participación rusa en la ocupación de Afganistán por OTAN – y puede servir también para justificar la posible profundización de la implicación de Rusia en esta guerra.
 
Dejavu
 
En muchos trabajadores rusos se dio una sensación de dejavu, sentimiento de retorno a un pasado nada distante: otra vez caída en el nivel de vida, otra vez atentados terroristas, otra vez un desorden en el país – tal es el balance de la administración Putin-Medvedev. Al mismo tiempo, todo eso refleja la crisis creciente del gobierno. En inicios de la década, cuando había dinero del crecimiento económico y de los altos precios del crudo, era fácil dejar algunas migas al pueblo desde la mesa de la burguesía, amortiguar la resistencia chechena con balas, además de dinero a su dirección vendida. Como se dice, “Con dinero es fácil ser dios”. Pero ahora la situación es otra. El dinero se acabó, “el dios” se debilitó, y se aproxima la hora de la verdad. Y Putin y Medvedev comprenden eso.
 
Hoy ellos intentan utilizar los atentados para se fortalecieren. A ellos les gustaría que el pueblo, que empieza a expresar su insatisfacción con la situación del país, volviera a apoyarles, como un hijo pródigo, pidiendo perdón por su anterior ingratitud y suplicando por su defensa. Los trabajadores no pueden caer en este truco de este gobierno que solo trajo pobreza y atentados. Al infierno con ese gobierno que ya ha probado que no sirve para nada!

rssfeed
Email Drucken Favoriten Twitter Facebook Myspace Digg Technorati blogger googleWebSzenario
 


Más artículos: ...