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La cuestión de la soberanía nacional y la lucha antiimperialista en Rusia
Escrito por D. Artmenko – POI   
Martes 07 de Diciembre de 2010 01:26
En las dos áreas más “calientes” de la lucha de clases los últimos anos, Latinoamérica y Oriente Medio, la lucha contra la dominación imperialista (por soberanía e independencia nacional) fue central. En todas las luchas en esas regiones hubo un fuerte componente antiimperialista.

En LA por la recuperación de las riquezas nacionales que están en manos de compañías multinacionales. Así fue, por ejemplo, con lo del agua y gas en Bolivia o petróleo en Venezuela, etc. O luchas por el no pago de la deuda externa, o contra las privatizaciones, o acuerdos de libre comercio y la entrada de capital multinacional en sus países. En OM contra el saqueo del petróleo o directamente contra ocupaciones militares, como en Irak, Palestina o Afganistán, entre otros.

Por otro lado, en Francia por ejemplo, que viene en un proceso creciente de luchas de la clase trabajadora, estas fueron alrededor de la jornada de trabajo, de los salarios, derechos conquistados, etc. Solo quien habla de la “defensa de la nación” allá es la extrema derecha. La lucha contra la dominación imperialista de su país no tiene lugar en Francia, exactamente porque Francia es un país imperialista.

¿Y en Rusia? Las banderas antiimperialistas y de independencia nacional ¿deben ser levantadas aquí por la clase obrera como en Latinoamérica? ¿O son banderas de la extrema derecha (que de hecho aquí las utiliza)? Es un tema importantísimo, aún más dado el actual crecimiento de las corrientes nacionalistas de derecha en Rusia.

El nacionalismo de los oprimidos y el nacionalismo de los opresores
 
El nacionalismo en Rusia tiene dos aspectos, contradictorios entre sí. En 1er lugar es una reacción natural a la abertura del país al capital internacional, al robo para nada pequeño de sus riquezas desde la restauración capitalista en los 80’. La URSS fue la 2ª economía del mundo, una nación muy industrializada, mientras hoy Rusia es prácticamente un país de 3er mundo, con una economía primitiva centrada en la exportación de materias-primas a las multinacionales de los países imperialistas. La decadencia del país y el enriquecimiento de la nomenklatura del Partido Comunista de la Unión Soviética[1], fueron los resultados directos de ese robo.

Pero este robo no quedara impune para siempre. La fiesta de vivir de las migas de la restauración está en el final, es lo que anuncia la crisis económica mundial. Y cedo o temprano, las masas expoliadas por los oligarcas de la ex-nomenklatura van a reaccionar. Esa nueva burguesía rusa tiene conciencia de ello, y por eso financia este nacionalismo ultrarreaccionario, basado en los peores prejuicios de la época zarista y en la hipertrofiada burocracia de estado, en especial de las fuerzas armadas, además de la clase media en crisis. Intentan desviar el legítimo odio contra el imperialismo y la oligarquía rusa a un odio a los “extranjeros”, en especial a aquellos que vienen a las grandes ciudades de Rusia a trabajar por salarios de hambre, tadjiques, uzbeques, kirguises, vietnamitas, caucasianos, etc., es decir, al sector más explotado de la clase obrera en Rusia.

Nos parece que hay entonces que diferenciar muy claro el “nacionalismo” de los trabajadores, que es una reacción a la entrega del país al capital internacional, y el ultrarreaccionario nacionalismo de la burguesía y burocracia, que tienen por objetivo mascarar la semicolonización del país, desviando la atención de las masas, dividiéndolas por su nacionalidad. La triste ironía es que la burguesía y burocracias rusas, agentes directos de la restauración capitalista y de la semicolonización del país, sean los que hoy se presentan como “nacionalistas” y “defensores de la nación”, como el Gobierno Putin-Medvedev, el PC y la ultraderecha.

El PC juega un rol sumamente reaccionario, haciendo coro al nacional-chovinismo, reforzando así, incluso en el seno de la clase obrera, las más reaccionarias ideologías nacionalistas. Para “luchar contra el imperialismo”, el PC, al revés de unificar a la clase obrera contra las burguesías nacional y extranjera, prefiere, de acuerdo a la tradición estalinista, hacer un frente con la burguesía nacional pretensamente “antiimperialista”. Así apoyan por ejemplo, a la represión permanente en el Cáucaso Norte, criticando incluso al gobierno Putin-Medvedev por no tener el puno “suficientemente fuerte” para aplastar a la resistencia “anti-rusa”. En eso, no se diferencian en nada de los nacionalistas de derecha.

Un grave error de la izquierda
 
Pero reflejando el justo asco contra los nacionalistas y el PC, una parte de la vanguardia de izquierda cae en un grave error. Pasa a negarse a cualquier política que signifique en la práctica defender a Rusia en cualquier conflicto, pues al final, “no somos nacionalistas, somos internacionalistas”, dicen ellos. Creen, reflejando la presión liberal, que defender a Rusia es en cualquier caso una política de derecha, fascista o estalinista. Es decir, para no capitular al nacionalismo burgués... ¡capitulan al imperialismo! Y en el marco de que Rusia sufre hace muchos años una gran ofensiva colonizadora por parte de las grandes potencias, ese error es muy grave, y explica en parte el aislamiento de estos activistas. De hecho, mientras el nacionalismo de derecha crece, como un subproducto distorsionado de la reacción a la entrada de capitales imperialistas en el país, la izquierda se aísla cada día mas, al no levantar un programa antiimperialista en Rusia.

Una parte importante del activismo de izquierda no da ninguna importancia a la lucha contra la penetración del capital imperialista en Rusia, diciendo que “burguesía nacional o extranjera son todas iguales”, como en el caso de la compra de acciones de AVTOVAZ por la francesa Renault. No da tampoco ninguna importancia a la lucha concreta contra la OTAN, como en ocasión de sus ejercicios militares cerca de las fronteras rusas el año pasado, cuando había que levantar bien alto la consigna “¡Fuera la OTAN de las fronteras rusas![2]. Lo mismo en las provocaciones que llevaron a la Guerra de Osetia, donde el imperialismo quería afirmar su dominio sobre el Cáucaso. Y ahora lo mismo se repite con la nueva ola de privatizaciones anunciada por el Gobierno Medevedev-Putin (Транснефть, Роснефть, ФСК, Русгидро, Сбербанк, ВТБ, Россельхозбанк, РЖД, Совкомфлот и АИЖК), con el cierre de empresas nacionales, con la venta de acciones de compañías rusas en las bolsas de todo el mundo, etc., procesos que se desarrollan sin ninguna resistencia. La izquierda, infelizmente, opina que esas tareas distraen a la clase obrera de su lucha central: la revolución socialista.

En verdad, eso no tiene nada que ver con lo que defienden los verdaderos internacionalistas, para quienes la lucha antiimperialista es parte inseparable de la lucha por la revolución socialista en los países oprimidos por las naciones imperialistas. Es decir, la revolución socialista, en todos los países que sufren la presión colonizadora de las grandes potencias, pasará inevitablemente por la lucha antiimperialista.

Solo la clase obrera puede librar Rusia de tornarse una nueva colonia

Se podría decir que luchando contra el imperialismo como el enemigo principal, de hecho terminaríamos por capitular a la burguesía nacional rusa, tornándonos portavoces de su política. Eso es un delirio total. El siglo XX demostró sin márgenes a dudas como las burguesías nacionales no pueden luchar consecuentemente contra el imperialismo. Que la lucha contra el imperialismo y por defender la nación oprimida solo puede ser llevada a cabo por la clase obrera. Eso es hoy clarísimo en Rusia, donde todas las corrientes burguesas, en especial el Gobierno Medvedev-Putin, son procolonización, cambalacheando y luchando solamente por el montante de los pagos por sus servicios al imperialismo mundial. ¡La lucha contra la colonización de Rusia es una tarea de la clase obrera!

Separar hoy la lucha por el socialismo de la lucha contra el imperialismo equivale al equívoco de los mencheviques, que separaban la revolución burguesa de la revolución socialista en inicios del siglo XX. Lo que permitió al bolchevismo tomar el poder fue justamente la comprensión de que las dos se combinaban en una sola revolución, así como la lucha contra el imperialismo es parte indisociable de la revolución socialista en los países coloniales, semicoloniales o en proceso de colonización. Y así repetimos, la revolución socialista, en todos los países que sufren la presión colonizadora de las grandes potencias, pasará inevitablemente por la lucha antiimperialista, y ¡Rusia no será excepción!

La cuestión de la lucha contra el imperialismo es más actual que nunca en Rusia hoy!
 
No es posible a la clase obrera luchar por el socialismo - o incluso por sus derechos más mínimos - si no se parte de la lucha contra la penetración imperialista en Rusia. No hay como garantizar siquiera empleos y salarios si no se combate la semicolonización del país. Así como en los tiempos del zarismo toda la lucha empezaba por “¡Abajo el Zar!”. En aquellos tiempos, alguien que dijera: “No hay que luchar contra el zarismo, y si por el socialismo” parecería en la mejor de las hipótesis un idiota bien intencionado, y en la peor, un agente del Zar. Y qué decir de los que hoy se recusan a luchar contra la ofensiva colonizadora del imperialismo en Rusia, “para no desviar a los obreros de la lucha por el socialismo”?

Rusia es hoy un país dependiente, blanco de la estrategia colonizadora de los países imperialistas. Si no se combate esta estrategia imperialista, el resultado será una gran derrota de la clase obrera - la conversión de Rusia en un país de economía primitiva y atrasado, caminando a pasos largos para se convertir meramente en un exportador de materias-primas a las compañías imperialistas. Un país donde todo lo que sea más elaborado tenga que ser importado o, a lo mejor, construido aquí utilizando mano de obra barata rusa, pero bajo control y en manos de las multinacionales, como en una verdadera colonia.

La decadencia del país es el resultado directo de la restauración capitalista y de la ofensiva colonizadora. La semicolonización de Rusia avanza a través de la apertura de mercados para la libre concurrencia. Y libre concurrencia es exactamente eso – gana el más fuerte, en ese caso, los países imperialistas.

Si la clase obrera y sus organizaciones no tomaren para si la tarea de la lucha contra la semicolonización de Rusia, el resultado es que se dejará una bandera justísima, la lucha contra la penetración imperialista en Rusia, en manos de los nacionalistas. Y tan grave cuanto, se dejará al Gobierno Putin-Medvedev de manos libres para proseguir con sus planes procolonización, sin descascararles en su política, permitiéndoles incluso, ironía de las ironías, posar como “defensores de la patria”. La clase obrera rusa tiene que arrancar estas banderas de las manos de los nacionalistas y levantarlas bien alto, pues solo ella puede llevarlas adelante consecuentemente.

Lo que hay que explicar a todos los obreros rusos es exactamente que, o la burguesía y burocracia rusas (materializadas en el Gobierno Medvedev-Putin), socias menores del imperialismo, van a convertir a Rusia en una semicolonia de las potencias más fuertes, o la clase obrera va enfrentar este proceso y tomar el destino del país en sus manos – ¡Revolución o Colonia, no hay una tercera vía!

Por eso, las consignas de abajo el imperialismo, nacionalizar las compañías imperialistas, renacionalizar las compañías privatizadas o que negocian sus acciones en las bolsas de todo el mundo, abajo las privatizaciones, prohibir las remesas de ganancias de las multinacionales y bancos, abajo la OTAN, etc., consignas tan importantes en la lucha de clases en los países de LA o OM, son también consignas claves para la victoria de la lucha de la clase obrera rusa hoy. O sea, ¡son nuestras consignas!


[1] La burocracia estalinista cobró caro para restaurar el capitalismo, no es un acaso que Rusia sea hoy el 2un o 3er país del mundo donde más haya multimillonarios en el mundo.
 
[2] Eso llama aún más la atención al notar que cuando los EUA enviaron su 4ª Flota al Atlántico sur, hace dos años, nadie allá dudo en llamar “Fuera Yanquis de Latinoamérica”.

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