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La Revolucion Rusa y el Arte PDF Imprimir Correo electrónico
RUSIA
Escrito por WILSON H. SILVA   
Viernes 23 de Noviembre de 2007 00:00

Revolucion y contrarrevolucion en las artes sovieticas

 

Como todos los demas aspectos de la sociedad rusa, el escenario artistico fue profundamente sacudido por la revolucion  

 

Las voces de las calles, el clamor de las asambleas y los intensos debates que surgieron en los primeros soviets, en 1905, se reflejaron y ganaron vida en los cuadros, escenarios, pantallas de cine, libros y poemas que explotaron en formas y contenidos revolucionarios, entre el inicio del siglo y mediados de los anos 20. Tambien, lamentablemente, fue la voz autoritaria de Stalin y la mordaza censora del regimen burocratico los que sufocaron este proceso.

 

Construyendo puentes entre Arte y Revolucion

 

A inicio del siglo, Rusia aun se encontraba sumergida en una tradicion aristocratica y conservadora y el arte estaba "preso" de la estetica pomposa, academica y reaccionaria del zarismo.

 

Sin embargo, ya en medio de la I Guerra, tambien eran muchos los jovenes que, transitando entre los demas paises europeos, traian en sus equipajes, manifiestos artisticos y reproducciones de telas. Fue asi, trazando un complejo dialogo con movimientos que nacian en otros paises (como el surrealismo, en Francia; el expresionismo, en Alemania, o el futurismo, en Italia), que los artistas renovaban el arte ruso. En todos las areas.

 

La poesia quebraba reglas y fronteras en las manos de Alexandre Blok, Vladimir Maiakovsky  y Andrei Biely. En el cine, directores como Sergei Eisenstein, Dziga Vertov, Vladimir Kulechov y Vsevolod Pudovkin buscaron transportar para las pantallas la "maxima", creada por Maiakovski, que impulsaba todas las esferas del arte: "Sin forma revolucionaria no hay arte revolucionario".

 

Una tentativa que resulto en una serie de filmes que osaban hacer experimentos con las posibilidades ofrecidas por el lenguaje cinematografico, principalmente por el montaje, en filmes como "La madre" (Pudovkin, 1924), "La huelga" (Eisenstein, 1924), "El acorazado Potemkin" (Eisenstein, 1925), "Soviet, avante!" (Vertov, 1926) y  "Octubre" (Eisenstein, 1927).

 

Mucha de toda esta efervescencia giro en torno de la "revolucion constructivista", que tuvo inicio en 1914. Primo hermano de movimientos como el futurismo, el surrealismo y el cubismo, que tambien surgieron en medio de perturbado mundo que sobrevivio a la I Gran Guerra, el constructivismo y sus relaciones con el proceso revolucionario fueron apuntados tanto por dirigentes (Trotsky) como por artistas, caso del pintor ruso Kazimir Malevitch (1878-1835), que creo el suprematismo en el mismo periodo, y creian que "el cubismo y el futurismo, formas artisticas revolucionarias, fueron los preanuncios de la revolucion politica y economica de 1917".

 

Parte fundamental de la amplitud de esta revolucion provenia de una creencia que movia el escenario artistico: el arte, en si mismo, ya es una herramienta revolucionaria. No una herramienta manejada por el propagandismo rastrero o sumisa a los intereses del Estado.

 

Lo que se buscaba eran expresiones artisticas que pudiesen traducir libremente los cambios en curso, y que tambien pudiesen ayudar a crear una nueva sensibilidad, critica y participativa. Era a esto a lo que el pintor y artista grafico El Lisitzky se referia cuando defendio, en 1922, que lo que se estaba buscando en la republica de los soviets era "un arte constructivo que no decora, pero organiza la vida".

 

El choque con el estalinismo

 

Fue este mismo estimulo lo que impulso ls "Trene de Cultura y de Instruccion" que, entre 1918 y 1921, recorrieron los territorios sovieticos, colocando el arte al servicio de la defensa de la Revolucion. Sus vagones, transformaban las estaciones en museos y escenarios a cielo abierto, al pasar con espectaculos teatrales, sesiones de cine y exposiciones.

 

Sin embargo, a final de los anos 20, Stalin puso fin a todo esto, imponiendo metodos nefastos (desde la censura hasta el asesinato de artistas) para "domesticar" el arte. Sofocados, muchos artistas encontraron finales tragicos. Malevitch, por ejemplo, murio en una especie de "exilio interno", abandonado y en la pobreza, en 1935. Otros tantos se convencieron de que la propia vida ya no tenia mas sentido.

 

Un ejemplo de esto fue el suicidio de Maiakovski, en 1930, poco despues de participar de una asamblea de estudiantes en la que habia sido acusado de ser "incomprensible para las masas" e "indecente".  Pero estos eran apenas los primeros sintomas de los males que estaban por venir.

 

La muerte de Maiakovski fue solo una de las mas conocidas entre las muchas que ocurrieron en un periodo en que la contrarrevolucion avanzaba en todas las areas, y con igual truculencia. En el mundo artistico, a traves de una monstruosidad que quedo conocida como "realismo socialista".

 

A inicios de los anos 30, las nuevas reglas dictaban que los artistas y sus producciones deberian estar al servicio de la "demanda de las masas por un arte honesto, verdadero y revolucionario". Es decir, pregonaba que todas las expresiones artisticas debian estar subordinadas a los intereses del Estado (lease el Partido Comunista burocratizado) y a la propaganda de sus ideales.

 

El resultado no pudo ser distinto. El periodo estalinista (salvo rarisimas excepciones) fue marcado por sucesivas generaciones de libros, filmes, carteles y cuadros ultra-realistas y llenos de cliches propagandisticos, en los cuales la exaltacion e idealizacion del pueblo y del trabajo solo eran menores que el culto a la personalidad construido alrededor de Stalin.

 

Si el contenido era pesimo, la forma no podia ser diferente. Los nuevos padrones aprisionaban a los artistas en un remedo de arte basado en el didactismo y en dogmas, sin espacio para experimentar ni, mucho menos, para el dialogo con las demas vanguardias europeas.

 

Los crimenes del estalinismo en el campo de las artes fueron denunciado por el genial Maiakovski en un de sus ultimos y mas bellos poemas ("A pleno pulmones"), que no es solo una especie de "dedicatoria", llena de ironia amarga y corrosiva, dejada para los burocratas, sino tambien un importante recordatorio para las revoluciones futuras:

 

"Al Comite Central
del futuro ofuscante,
sobre la malta
de los poetas
bellacos y farsantes,
presento
en lugar
del registro partidario
todos
los cien tomos
de mis libros militantes".


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