| Para que el fútbol sea del pueblo |
| Escrito por Ruptura/FER - Portugal |
| Viernes 18 de Junio de 2010 01:42 |
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La copa del mundo comenzó el 10 de junio en Sudáfrica. Es el torneo del deporte más popular del mundo. Pero aquello que podría ser una fiesta para diferentes pueblos es, en su lugar, un inmenso vehículo de alienación, con jóvenes de poco más de 20 años que valen 96 millones de euros, empresarios y magnates que transfieren entre sí millones que, como siempre, vienen de quien trabaja. Sin embargo, no siempre fue así ni tiene que serlo.
El fútbol no es solo el “opio del pueblo”, pudiendo también ser el alivio del oprimido. En las graderías del Old Trafford, estadio del Manchester United, en vez del habitual rojo, millares usan orgullosas chaquetas verdeamarellas, en honor al uniforme original del club, que fue fundado en 1878 por trabajadores ferroviarios y en protesta contra la administración de la familia Glazer, que dirige el club. Y ninguna de las victorias de los últimos años hace callar la protesta de los adeptos que, según sus cánticos en las gradas, quieren de vuelta su equipo.
Gramados rojos
Hay además varios ejemplos de lucha de clases en los gramados. Desde el heroico equipo del Dínamo de Kiev que, con el nombre de FC Star, enfrentó en 1942 al Flakelf, en San Petersburgo, un equipo que representaba a la fuerza aérea alemana, para servir de ejemplo de la superioridad germana. Fueron previamente avisados que deberían perder. Sin embargo, a pesar de todas las amenazas, ganaron por 5 a 3 y, en el último minuto, el delantero del equipo soviético, después de driblar al portero alemán, resuelve volver al medio campo en vez de marcar un gol más, para mayor humillación de los nazis. El árbitro, oficial de las SS, pitó inmediatamente el final del juego. Los jugadores fueron torturados (uno murió durante la tortura) y enviados a los campos de concentración. La historia terminó por entrar en el imaginario de la resistencia al fascismo y aún hoy, en el estadio del Dinamo de Kiev, hay una placa que conmemora a ese equipo.
En el 2006, la guerra civil en Costa de Marfil se detuvo con un entrenamiento de su selección para el Mundial, y cuando Diego Maradona derribó a Inglaterra en 1986, fue como si Argentina, durante 90 minutos, hubiese ganado la guerra de las Malvinas.
En Sudáfrica, la clase trabajadora va a observar a sus ídolos moviendo el balón. Con el mundo entero siguiendo las justas, es una oportunidad única para que se luche contra la pornográfica relación entre el dinero y el fútbol y que, en un mundo que vive en guerra y con millones de explotados, levanten sus banderas de justicia y paz. Para que el balón esté, algún día, del lado del pueblo. |
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Hay varios ejemplos de lucha de clases en las canchas, desde los trabajadores ferroviarios que fundaron el Manchester United hasta el heroico equipo del Dinamo de Kiev.















