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Las nuevas relaciones con Santos y la entrega de dirigentes de oposición colombianos PDF Imprimir Correo electrónico
VENEZUELA
Escrito por Manuel Olmos   
Martes 02 de Agosto de 2011 02:02
Desde finales del año pasado Chávez y Santos anunciaron una nueva etapa de relaciones entre los gobiernos de Colombia y Venezuela.
 
Sólo unos meses antes, Chávez denunciaba a Santos por ser la continuidad del régimen uribista, responsable por la desaparición de miles de personas. También lo acusó de tener vínculos comprobados con el paramilitarismo y el narcotráfico. Finalmente se refería a Santos como el “perrito guardián del imperialismo en la región” y planteó la posibilidad de que su elección culminara en una guerra en la región debido a que iba a continuar con el proceso de convertir a Colombia en una gran base militar estadounidense.
 
Todo lo anterior es cierto. Juan Manuel Santos fue el ministro de seguridad del gobierno de Uribe Vélez y fue responsable, por ejemplo, de la operación en territorio ecuatoriano que culminó con la muerte de Raúl Reyes. Es cierto que es el perrito guardián del imperialismo en la región, son comprobados sus vínculos con el paramilitarismo y el narcotráfico, y más allá del cambio táctico de discurso, el proceso de militarización sigue más fuerte que nunca.
 
Sin embargo, Chávez a partir del anuncio de esta “nueva etapa” parece haber cambiado completamente de parecer. En entrevistas posteriores con Chávez ya no se escuchaban alusiones al perrito guardián del imperio, sino frases como “hermanos somos y siempre fuimos”, llegó a decir que Santos era un aliado estratégico de la revolución venezolana, e incluso dijo que era un “hijo de Bolívar”.
 
¿Santos había cambiado radicalmente de rumbo y había sido convencido de trabajar por la liberación de Latinoamérica? Lamentablemente no. El cambio de actitud de Chávez, quien pasó a llamar hijo de Bolívar al heredero de la oligarquía de Santander, no se explica por un giro a la izquierda en el gobierno de Santos.
 
Ayer se denunciaba el acelerado proceso de militarización en curso en Colombia. Hoy: Las bases militares siguen creciendo en Colombia a ritmo acelerado, sólo que ahora las consideramos “asunto que concierne a la soberanía de Colombia”.
 
Ayer tenía vínculos comprobados y estables con el paramilitarismo y el narcotráfico. Hoy: A pesar de no haber cambio alguno en este aspecto, esos vínculos parecen haberse desvanecido en el aire y ya no importan, pues, según el gobierno venezolano, la moral de Santos es de confiar.
 
Ayer se denunciaba que el gobierno aplicaba los planes económicos del imperio. Hoy: El gobierno de Santos sigue matando al pueblo de hambre, pero no lo debemos criticar pues nuestro amigo hace esfuerzos por arreglar los errores del pasado (que nadie más ve pues los índices de desigualdad siguen empeorando en ese país).
 
Ayer las FARC eran un movimiento que según el propio presidente concordaba en lo principal con los principios bolivarianos, y su lucha era justa pues el gobierno de Uribe era un gobierno que mataba de hambre a su pueblo. Hoy las FARC parecen haberse convertido de la noche a la mañana en narcoterroristas que deben ser exterminados y arrestados. ¡Vaya cambio!
 
La entrega de dirigentes de oposición al gobierno de Santos
 
Como el mismo Chávez denunciaba ferozmente antes de su “amistad” con Santos, el régimen colombiano es responsable de la persecución, encarcelamiento y asesinato selectivo de miles de personas por su oposición al régimen, o por simplemente luchar por sus derechos más elementales.
 
Recordemos que Colombia tiene el “record mundial” del mayor número de asesinatos de sindicalistas (60% del total a nivel mundial), y de presos políticos (7500 y en aumento).
 
El terrorismo de Estado llega a tal nivel que en el gobierno de Uribe, por ejemplo, se hizo una moda la política de los “Falsos positivos” que consistía (sin exageración alguna) en asesinar personas inocentes y maquillarlos como si hubieran muerto en enfrentamientos entre la guerrilla y el gobierno para “sumar puntos contra la guerrilla”.
 
Solo en el 2011 han muerto por tortura, y por denegación medica, oficialmente reconocidas, 5 personas en las cárceles colombianas (las “extraoficiales” rondan los cientos).
 
Durante este mismo año el gobierno de Chávez ha entregado unas 7 personas presuntamente relacionadas con las FARC al gobierno ultra-reaccionario de Santos. Los casos más sonados son los de Joaquín Pérez Becerra y de Julián Conrado, los cuales han generado una ola de indignación, pero sobretodo de confusión en las filas de la izquierda a nivel mundial.
 
La detención y entrega de Joaquín Pérez Becerra
 
El pasado 23 de abril fue detenido en territorio venezolano el periodista Joaquín Pérez Becerra, fundador y actual director de la Agencia de Noticias Nueva Colombia (ANNCOL).
 
Pérez Becerra tuvo que salir del país, pues su vida estaba en grave peligro a causa de la persecución política que sufría la oposición colombiana, que termino con 5.000 asesinatos de militantes de la Unión Patriótica. Posteriormente solicito asilo político en Suecia, y en el año 2000 le fue otorgada la ciudadanía sueca.
 
Desde 1996 Pérez ha denunciado, desde ANNCOL, las sistemáticas violaciones a los derechos humanos que el Estado colombiano comete a diario. Este es su verdadero crimen: decir la verdad sobre lo que sucede en ese país. Es irónico, trágico y lamentable que Pérez es reconocido internacionalmente, e incluso ha sido criticado, a causa de la defensa incondicional que ha hecho del gobierno de Chávez.
 
La detención de Pérez Becerra, además de ser ilegitima, es abiertamente ilegal, y viola la Constitución venezolana, múltiples leyes del país, y un sinnúmero de tratados internacionales suscritos y ratificados por Venezuela, los cuales pasan a tener el mismo rango que la Constitución.
 
A Pérez le fueron negados varios derechos básicos que le garantiza la Ley a las personas presas, por ejemplo el derecho de acceso a un abogado, o el derecho de que los representantes diplomáticos de su país (Suecia) intercedieran por él.
 
Lo más grave es que el gobierno de Chávez devolvió a un refugiado (Alguien que tuvo que salir de su país debido a la persecución, y el peligro que corría su vida debido a su militancia política) a un gobierno reconocido por violar sistemáticamente los derechos, incluso asesinar, a quienes se le oponen.
 
Su entrega fue hecha de prisa, buscando el menor impacto en la prensa. La orden, el mismo Chávez lo admitió, fue hecha telefónicamente por Santos. El gobierno venezolano, valido y legitimo así los juicios del Estado colombiano que acusa a Pérez de ser un terrorista, basados en la infinita información de la computadora de Raúl Reyes, de la INTERPOL y de la CIA.
 
La detención de Julián Conrado “El cantante de las FARC”
 
El pasado 1ro de junio fue detenido Julián Conrado (Su nombre verdadero es Guillermo Torres Cueter), en el estado de Barinas. Su detención fue hecha en una operación conjunta entre el DAS colombiano, y la policía venezolana, a partir de una petición de la seguridad del Estado colombiano. Su arresto fue hace ya 45 días (14 de julio, al cierre de la edición). Hasta el día de hoy no se conoce su paradero de forma precisa, a pesar de la petición hecha mediante miles de cartas para que se aclare la situación.
 
A este ciudadano colombiano tampoco se le han garantizado sus derechos básicos como el acceso a un abogado. De nuevo el Estado venezolano simplemente ha asumido su culpabilidad tomando como único criterio el del estado colombiano.
 
Cientos de organizaciones que se definen como bolivarianas, solidarias con el proceso venezolano, o que simplemente se declaran defensoras de los derechos humanos le han solicitado al gobierno de Chávez que no entregue a Conrado al gobierno colombiano, y que al contrario se le conceda asilo político. El gobierno ni siquiera se ha molestado en contestar. Aquí no vale la pantalla de humo de que “el Presidente no sabe”.
 
Las 2 caras de la moneda
 
La política de Chávez no es una para el exterior, y otra para su país, sino que tiene una clara coherencia. Chávez está a favor o en contra de los movimientos insurgentes no según si estos fortalecen o debilitan el proceso venezolano, sino según si fortalecen o debilitan coyunturalmente el lugar que ocupa la boliburguesia en el Estado. Es decir primero la boliburguesia y sus intereses, y en segundo lugar, si acaso, los pueblos del mundo y su liberación.
 
La política que tiene hacia las FARC, hacia las revoluciones en el medio oriente, y hacia los movimientos sindicales y populares venezolanos es en cierta forma una sola. En Venezuela, desde el Estado y el gobierno, también y más que nunca se está persiguiendo a dirigentes campesinos, sindicales y populares, en un proceso de criminalización de la protesta que ha llegado al extremo de la utilización de las armas contra quienes hoy se organizan y protestan en el país. Son miles los trabajadores que han sido acusados de contrarrevolucionarios, “guarimberos”, y de tener “mentalidad capitalista” por simplemente movilizarse, organizarse y defender sus derechos.
 
¿Qué debemos hacer los revolucionarios ante estas entregas?
 
Debemos exigir la ruptura del pacto de Chávez y Santos: El pacto entre Chávez y Santos no se restringe a la colaboración en materia comercial, sino que es un pacto de colaboración diplomática, militar y (sobre todo) en materia de seguridad.
 
Debemos exigir que el gobierno de Chávez rompa este pacto, que se publique todo lo que se ha negociado en secreto, y que la colaboración en materia de seguridad y militar con el imperialismo, a través del gobierno de Santos cese ya.
 
Una cosa es hacer un tratado comercial con un gobierno reaccionario, cosa que no es necesariamente mala. Otra cosa es utilizar como fichas de cambio a dirigentes de oposición, sumar al gobierno a la “Lucha contra el narcotráfico” del imperialismo con la que se justifica la militarización de la región, e incluso llegar a llamar a las masas a considerar al gobierno de Santos como un aliado.
 
Debemos exigir que el gobierno de Chávez deje de criminalizar a los luchadores sociales, adentro y fuera del país, y cese las entregas:
 
El gobierno de Chávez ha llamado abiertamente de terroristas y narcotraficantes a los dirigentes colombianos de oposición, basado únicamente en las “pruebas” aportadas por la famosa computadora de Raúl Reyes, la CIA y la Interpol, policía subordinada al imperialismo. Esto ayuda a ocultar la verdadera razón, política, de las detenciones de estos dirigentes. Debemos exigirle al gobierno que deje de criminalizar a los dirigentes de oposición colombianos, y aun más que cese de entregarlos a ese régimen asesino. Al interior de Venezuela también debemos exigir que se levanten las acusaciones que se han hecho contra dirigentes populares y sindicales por movilizar o dirigir huelgas, y en defensa de estos luchadores que el gobierno tilda de terroristas y “guarimberos”.
 
Aprendamos de lo que ocurre: Los revolucionarios debemos organizarnos de forma independiente del PSUV, en una organización socialista, obrera y revolucionaria:
 
Solo las masas pueden defender las conquistas que hemos forjado con nuestro sudor y nuestra sangre durante este proceso revolucionario, y construir una sociedad en función del interés del conjunto de los sectores populares.
 
En este marco es central que nos organicemos de forma independiente del gobierno, en una organización que ponga en primer lugar la Revolución, en segundo lugar la Revolución y en tercer lugar la Revolución.
 
Es decir, una organización:
 
Clasista, es decir, que entienda que solamente una organización de quienes pertenecemos a esta clase podemos llevar las tareas de la construcción del Socialismo hasta el final, y que lo estratégico en el marco de la transformación de la sociedad es justamente la organización y movilización permanente de la clase obrera, en conjunto con los sectores populares;
 
Revolucionaria, es decir, que entienda que la solución a nuestros problemas solo se puede dar en el marco de una transformación socialista de la sociedad, adonde la clase trabajadora y los sectores populares tengamos un rol protagónico en todos los aspectos de la planificación y la toma de decisiones;
 
Internacionalista, es decir, que entienda que primero está la solidaridad con los pueblos oprimidos del mundo, por encima de cualquier acuerdo táctico con un gobierno determinado, pues el Socialismo solo puede construirse a nivel internacional.
 
La UST, la sección de la LIT en Venezuela, no se autoproclama como “el mesías”, ni como los únicos poseedores de la verdad. Confiamos en que miles comparten la preocupación de construir una organización de este tipo. La UST está abierta para todos los luchadores y luchadoras que tengan acuerdo con estos principios. Además queremos manifestar nuestra completa disposición a dialogar con todas aquellas organizaciones y personas que están dispuestas a llevar esa tarea a cabo.

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