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Al analizar la situación en Medio Oriente, en el Correo Internacional de junio de 2006, decíamos: "Desde el 11 de septiembre de 2001, el gobierno de George Bush intentó retomar a sangre y fuego su control absoluto sobre Medio Oriente, acompañado, con mayores o menores contradicciones, por el imperialismo europeo. La primera acción de esta política fue la invasión a Afganistán (2001) y la segunda, la invasión a Irak (2003).
En ambos casos, logró rápidas victorias militares, derrocó a los gobiernos de los talibanes y de Saddam Husein e instaló regímenes coloniales, asentados en las tropas invasoras. Sin embargo, un análisis del conjunto de la situación actual muestra que, lejos de lograr ese objetivo de controlar la región, la posición del imperialismo está en retroceso. A pesar de su dura ofensiva militar genocida y del aumento en los gastos de la guerra, aún no logra controlar el 'primer frente' en Irak, acosado por una resistencia militar con apoyo de masas, cuando ve reabrirse un 'segundo frente' en Afganistán, país que, hasta hace poco tiempo, parecía dominado."
La resistencia se fortalece
Los hechos posteriores han confirmado este análisis: la derrota israelí en El Líbano y el curso de las guerras en Irak y Afganistán debilitan cada vez más la posición del imperialismo en la región. Incluso en Somalia se sienten los ecos de las dificultades que amenazan los intereses de Washington: los comités islámicos tomaron el control de la capital Mogadiscio sin que el imperialismo pudiese intervenir con tropas para evitarlo.
En Irak, luego de tres años de ocupación, la resistencia armada se mantiene, se fortalece y se hace cada vez más osada en sus acciones, a pesar de que, en mayo de este año, el vicepresidente estadounidense Richard Cheney declaró que ella " agonizaba". Veamos algunos datos recientes.
En el mes de octubre, se registraron más de 100 muertes de soldados norteamericanos, la mayor cifra mensual en el último año. Según las cifras oficiales, seguramente subestimadas, ya murieron en el país más de 2.800 soldados ocupantes. Una de las bases militares más importantes, la Falcon, en el sur de Bagdad, está prácticamente destruida, después de varios ataques de la resistencia con morteros.
Un informe del jefe de inteligencia de los marines de EEUU., señala que los soldados estadounidenses fueron incapaces de acabar con el control que tiene la resistencia sobre la vasta provincia occidental de Al-Anbar. En Amarah, en el sur del país, una tentativa de imponer el orden a las milicias del clérigo Muaqta Al Sadr terminó en un tiroteo con más de veinte muertos de las fuerzas armadas iraquíes, sin conseguir el objetivo.
El nuevo gobierno no controla del país
En ese mismo Correo, dijimos que "el nuevo gobierno de Al Maliki es de una profunda debilidad porque expresa una gran división entre las diferentes fracciones burguesas que lo componen."
Pocos meses después, en el limite de la desorientación y de la confusión, el primer ministro iraquí respondió a la prensa, diciendo que él no era "una marioneta de Washington" (sic) y que "no veía motivos para aceptar una retirada inmediata" (de las tropas ocupantes). Bush habló por teléfono con él y le "confirmó" que no era un "títere" pero que iba a "coordinar" con él cómo mejorar la situación. Después, declaró a la prensa que le había dicho a Al Maliki que podría "haber actuado mejor" para controlar la seguridad en Irak y desarmar a las milicias.
Al Sadr: un problema
En esas declaraciones a la prensa, Al Maliki, dejó claro que no estaba a favor de los ataques a la milicia de Al Sadr, llamada Ejército Mehdi, que había sido blanco de los marines estadounidenses y del ejército iraquí en los últimos días, en Bagdag. La organización Al Sadr se integró el gobierno títere de Al Maliki, con varios funcionarios. Entre ellos, cargos de primer nivel en la policía iraquí.
Pero, al mismo tiempo, representa un problema serio para Washington porque, además de no aceptar las órdenes de entregar las armas de su milicia, festejó con una movilización pública la victoria de Hezbollah contra Israel en el Líbano.
Al Sadr está muy ligado a sectores de la jerarquía religiosa iraní y su fuerza de militantes chiítas es ahora más poderosa que en 2004 ya que, a su tradicional influencia en los barrios chiítas de Bagdad, está sumando una creciente influencia en Basora y la región sur del país.
Mientras Bush tiene la política de obligarlo a desarmarse, Al Maliki duda mucho en enfrentarse con uno de los pocos apoyos que tiene. Junto con esto, un enfrentamiento abierto con él, empujándolo a una alianza con la resistencia sunnita, puede hacer imposible la continuidad de la ocupación imperialista. Lo cierto es que si no fuese por la política todavía negociadora del régimen de Irán, y su influencia sobre Al Sadr, esta situación límite ya podría haber explotado.
Es decir que la misión que los ocupantes imperialistas le dieron a Al Maliki, desarmar a las milicias, parece completamente inviable ya que el primer ministro iraquí no posee ni las bases políticas ni la fuerza militar para cumplirla. Por eso, la política de apostar en una reducción gradual de las tropas estadounidenses, a medida que el gobierno títere vaya controlando la situación, no pasa de pura "propaganda engañosa" de Bush.
Críticas de los mandos militares
Este debilitamiento se expresa hoy en un debate dentro de los propios países imperialistas, involucrando fuertes cuestionamientos de mandos militares. En EE.UU., pocos meses atrás, seis generales habían salido públicamente a condenar la política del secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, por amenazar la propia estructura de las FF.AA. Hace poco, suboficiales y soldados del servicio activo fueron al Congreso a pedir un cambio en la orientación del gobierno para Irak. Como las manifestaciones públicas de los militares en actividad están prohibidas, usaron un subterfugio, seguramente acordado con los congresistas: declararon que iban a visitarlos, para "informarles lo que pasa en el frente". Además, los diarios publican graves denuncias de reservistas, como la de Kevin Tilmann, cuyo hermano murió en Irak.
En Gran Bretaña, el Jefe del Estado Mayor inglés, general Richard Dannatt, al asumir el cargo, dijo al jornal Daily Mail que su gobierno "debería sacarnos pronto (de Irak), porque la permanencia de las tropas británicas exacerba los problemas de seguridad". Es que los soldados ingleses están sintiendo en "carne propia" el deterioro de la situación, antes tranquila, de Basora, en el sur de Irak, y el aumento de los ataques de la resistencia.
En otras palabras, estos militares ven el riesgo de que el curso de la guerra provoque un quiebre en las fuerzas armadas de los países imperialistas, un hecho estratégicamente muy grave.
Contradicciones al desnudo
La preocupación no es sólo de los militares sino que se extiende a numerosos funcionarios y políticos. Un alto diplomático de los EE.UU. declaró a la cadena de TV Al-Jazeera que su país actuó "con arrogancia y estupidez en Irak". En los días siguientes, el propio embajador de EE.UU. en Irak, Zalman Khalilzad, declaró solemnemente, al lado del general George Casey, principal jefe de las tropas de ocupación, que, en breve, habría "un cronograma de retirada". Como siempre sucedía en estos casos, el ahora renunciado Donald Rumsfeld salió a desmentirlo.
Incluso, esta preocupación llegó a líderes del Partido Republicano de Bush, como el presidente del Comité de Servicios Armados del Senado, John Warner, que puso en duda la promesa de Bush de que ese país se convertiría en un "modelo de transformación democrática". La dura derrota republicana en las recientes elecciones legislativas no hará más que aumentar esta tendencia.
La carta de la división de Irak
Sin embargo, sería un completo error creer que el imperialismo estadounidense va a aceptar tranquilamente ser derrotado en esta guerra, lo que tendría, como dijo Bush, "consecuencias desastrosas" para sus intereses.
Por eso, tanto Bush como la nueva mayoría demócrata en el Congreso de EE.UU. van a hacer lo imposible para revertir la situación. Actualmente, el gobierno Bush está intentando usar la vieja política del imperio inglés: dividir para reinar.
Es decir, empujar la lucha entre sí de las etnias y comunidades religiosas iraquíes. Cada vez más, la "opción definitiva" del ocupante es la de estimular una guerra civil en Irak. Para eso, volvieron a utilizar la táctica de los "escuadrones de la muerte", aplicada por la CIA en América Central, en la década de 1980. Aunque ahora los escuadrones se escudan en distintas corrientes religiosas para alentar el enfrentamiento entre comunidades. Gran parte de esa supuesta "guerra civil" encubre el accionar de los 'escuadrones de la muerte' de la Brigada Badr, dirigida por el partido chiíta CSRI desde el propio ministerio del Interior. Veamos este relato:
"Circular por las autopistas de Bagdad se está volviendo extremadamente peligroso. La gente desaparece, se la secuestra o asesina en las autopistas. Los escuadrones de la muerte y las mafias criminales las controlan; únicamente la resistencia protege a los individuos y a las comunidades. El gobierno está en el bando de los asesinos [...]. Las calles están llenas de individuos con acento extranjero [...]. Las tropas estadounidenses empiezan el bombardeo y luego continúan los paramilitares iraquíes. Los políticos están usando sus milicias en ambos bandos. Es muy importante darse cuenta de que nunca se menciona a la resistencia dentro de las clasificaciones sectarias [...].Hoy, [17 de octubre] (.) milicias uniformadas están asesinando sunníes, obligando a las familias a abandonar sus casas en dos horas, mientras que las fuerzas estadounidenses se mantienen al margen. Sólo en el hospital de Balad se recibieron 80 cadáveres.
Las ciudades iraquíes al norte de Bagdad llevan meses asediadas, mientras que hombres uniformados en vehículos de las fuerzas de seguridad atacan, asesinan y secuestran a sus ciudadanos. Tenemos que admitir que los expertos de la CIA en escuadrones de la muerte hicieron un buen trabajo." (Sabah Ali, Iraq Solidaridad, publicado en Rebelión 25/10/06).
Bush estimula ese tipo de enfrentamientos con el objetivo de avanzar hacia una división de Irak en tres "regiones autónomas" (kurdos en el norte, sunnitas y chiítas en el centro y chiítas en el sur) controladas por gobiernos sirvientes de Washington. Al mismo tiempo, ha comenzado contactos con organizaciones de la resistencia sunnita, para ver si logran incorporarlas a las negociaciones. Este sería el plan que está proponiendo la comisión a la que Bush la búsqueda una 'salida' a la situación: si no se puede controlar el país en su conjunto, hay que dividirlo e intentar controlarlo las regiones por separado.
Es posible derrotar al imperialismo
Desde la LIT-CI, creemos que este nuevo plan de Bush en Irak puede ser derrotado, como lo fueron antes sus otros proyectos. Más que nunca, es imprescindible la unidad de la resistencia, entre todos los sectores y etnias de Irak. Ya han comenzado algunos pasos en ese sentido, como la creación del MPURI (Mando Político Unificado de la Resistencia Iraquí), del que participan organizaciones militares, laicas y religiosas, mayoritariamente sunnitas pero también algunas chiítas.
Creemos que este proceso debe ampliarse porque si esta unidad se concretase, y se combina con la creciente oposición a la guerra dentro de los EE.UU., los días de la ocupación imperialista estarán contados y se derrotará también la política de división del país.
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