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La revuelta de los hambrientos
Escrito por Ana Paula Amaral - Ruptura/FER   
Jueves 14 de Octubre de 2010 03:02
La revuelta obligó al gobierno de Guebuz  congelar los aumentos de precios decretados días antes. Es una victoria de la población contra la violencia social y política de una dictadura a sueldo del FMI.
 
En los primeros días de Septiembre, miles de mozambicanos se manifestaron en los suburbios de Maputo y en las ciudades de Matola y Chimoio contra el brutal aumento de precios de bienes de primera necesidad decretados por el gobierno: un 25% en el precio del pan, un 13% en la electricidad; aumentó también el arroz y el agua. La policía, que tiró a matar, causó 13 muertes (cifra oficial), decenas de heridos y 400 detenidos.

Para intentar impedir nuevas acciones de protesta, el gobierno dictatorial de la Frelimo dio orden a las dos operadoras móviles para que bloqueen los servicios de mensajes de texto (sms), medio por el cual los manifestantes organizaron la revuelta.

Cínicamente, el gobierno calificó a los revoltosos de “delincuentes” y “criminales a sueldo del extranjero”. Pero criminal y delincuente es el gobierno mozambicano, que obedece al FMI y al capital extranjero para aplicar políticas que sirven a los intereses de estos. Basta decir que el presidente Guebuza y muchos otros ministros y políticos son accionistas de algunas de las principales empresas extranjeras del país.

Índices de pobreza
 
 A la par de los privilegios de la clase política y de los empresarios, en Mozambique vive uno de los pueblos más pobres de África (y del mundo). El salario mínimo es equivalente a 53 euros y un 46,8% de la población, de acuerdo a la ON, es extremadamente pobre. El agua potable es accesible sólo a un 42% de la población. Los aumentos salariales están congelados y el código del trabajo de los primeros años del gobierno de la Frelimo, que era muy progresivo, fue desmantelado.

A partir de la década del 90 el gobierno de la Frelimo abandonó cualquier resquicio de la vía “socializante” (aunque burocráticamente controlada) de los primeros años de la independencia y se encarriló por la política ultra-liberal de privatizaciones y desregularización, y por la subordinación a las condiciones impuestas por el FMI. Fue este, de hecho, el que, “para controlar el endeudamiento (…) impuso los aumentos” (palabras del director del Instituto Portugués de Relaciones Internacionales y Seguridad, Paulo Gorjão, en entrevista publicada en el DN del 3/Set.).

Agricultura del lucro
 
En esta misma entrevista, Paulo Gorjão explica que, en África en general y Mozambique en particular, “hay tendencia de desinversión en la agricultura tradicional e inversión de grupos internacionales en cereales usados en el dominio energético. La Galp tiene proyectos allá, así como los chinos y los sudafricanos. Suelos de primera calidad están por ser usados de esa forma.” O sea, el capital (inclusive el capital portugués) destruye no sólo la agricultura tradicional, sino la posibilidad de que los buenos suelos sean utilizados para mejorar las condiciones de vida de las poblaciones.

Sí, el pueblo mozambicano tiene razón de luchar contra un gobierno que, para satisfacer las necesidades de los grandes negocios y mantener los privilegios de la clase política, no se cohíbe de dejar a la mayoría del pueblo morir de hambre, ¡e inclusive de matar!

El “agrobusiness” y la especulación en los precios
 
El aumento de los precios no ocurre sólo en Mozambique. El 07 de Septiembre, la India estaba en huelga general contra el alto precio del arroz, base de la alimentación de la gran mayoría del pueblo. Se trata de un fenómeno que se ha venido a agravar en los últimos años. En el 2008 el aumento de los precios de los productos alimenticios causó conflictos sociales en 33 países. Entre Marzo del 2007 y Marzo del 2008, el trigo aumentó un 130%, el arroz un 74% y el maíz un 53% (datos de la FAO).

Sin embargo, se sabe que desde 1950 el volumen de la producción mundial de los alimentos crece a un ritmo superior al de la población mundial. Si la producción crece, ¿porque aumentan los precios? ¿Porque no es posible alimentar a la población mundial dignamente y a precios accesibles?

EL capitalismo controla los precios...
 
Vivimos en una sociedad capitalista. Y, tal como Marx lo describe en el Capital, el capitalismo se caracteriza por una tendencia a la concentración y a la acumulación de riqueza en un polo – la burguesía – y a la miseria creciente en el otro polo – la mayoría de la humanidad. La agricultura y la distribución de los alimentos no escapan a esta ley.

Si la industria está en manos de los grandes monopolios, la agricultura es cada vez más dominada por el agrobusiness, que se basa “en el uso intensivo de tierras, capitales y maquinaria para conseguir una producción masiva” (ver La crisis de los Alimentos, de A. Iturbe, en la revista “Marxismo vivo” nº 18). Esta producción a larga escala puede inclusive ser almacenada por cierto tiempo sin estropearse y hacerse así objeto de especulación.

Los precios de las principales materias-primas, incluyendo las agrícolas, son fijados internacionalmente en las bolsas de valores a través de los llamados commodities y de acuerdo con el juego especulativo. No son los pequeños campesinos que deciden los precios de lo que producen teniendo en cuenta los costos, la relación entre oferta y demanda, etc. Cuando los campesinos colocan su producción en el mercado – trigo o maíz, por ejemplo – tienen que sujetarse al precio fijado en la bolsa internacional de Chicago (que estipula los precios de los cereales), lo cual muy difícilmente cubrirá los costos reales de su producción a pequeña escala.

... y la producción
 
Sin condiciones para competir con la producción intensiva del agronegócio y ningunos o pocos subsidios estatales – resultado también de la política implementada internacionalmente de “libre competencia” y de cortes en los gastos públicos – los campesinos pobres acaban por vender sus tierras a los grandes propietarios y empresas del agronegócio, y van a engrosar las filas de los pobres y desempleados de las ciudades. Lo que trae como consecuencia un aumento exponencial de los que necesitan alimentos, pues hasta ahí los campesinos se alimentaban, y a sus familias, de una parte de lo que cultivaban.

El modelo actual implica que la producción se concentre en cultivos con mayor demanda y precios más atractivos en las bolsas internacionales, que se almacenen más fácilmente, etc. La producción agrícola no está así determinada por las necesidades reales de la humanidad, sino tan sólo por la búsqueda del mayor lucro. En el 2008 los cultivos “de moda” eran la soja, la caña del azúcar y el maíz; hoy son los vegetales y cereales destinados a los biocombustibles.

Traducción: Pavel Romero

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