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Documento Nacional de Mujeres – Congreso PSTU 2008
Escrito por PSTU - Brasil   
Viernes 13 de Agosto de 2010 03:23
Presentación

Este documento fue presentado al congreso y fue la base para la discusión sobre el punto de mujeres.

Consideramos que existe un acuerdo entre todos nosotros sobre la lucha contra todas las opresiones, con una orientación de clase. En este sentido tenemos una concepción de feminismo opuesta a las de las visiones burguesas y o reformistas de conciliación de clases. También consideramos que existe un acuerdo entre todos nosotros sobre la necesidad de rechazar la visión estalinista sobre este tema. Por lo tanto este texto sobre mujeres busca mostrar esa totalidad.

Consideramos que como parte del proyecto de proletarización del Partido ha llegado la hora de dar su debida jerarquía a la cuestión de la opresión de las mujeres en nuestra política, en nuestra intervención, dentro del partido y en la debida atención de la dirección. Como dice nuestro programa de transición “¡Lugar a las mujeres trabajadoras! (...) Todas las organizaciones oportunistas, por su propia naturaleza concentran su atención principalmente en los sectores superiores de la clase obrera, consecuentemente, ignoran de la misma forma a la juventud y a las mujeres trabajadoras. Pero en la época del declive capitalista afecta cada vez más duramente a la mujer, tanto a la asalariada como a la ama de casa. Las secciones de la IV Internacional deben buscar apoyo en los sectores mas oprimidos de la clase obrera y, consecuentemente entre las mujeres trabajadoras. Encontraran allí inagotables fuentes de devoción, abnegación y espíritu de sacrificio.[1]

Es posible que el documento aún no esté lo suficientemente acabado, y que tenga algunos elementos por limar. Pero esperamos que el mismo sirva como base para una discusión real y fructífera, y que a pesar de su atraso sirvió como base para las resoluciones votadas en el Congreso. También pasa a ser el punto de partida para el V Encuentro de Mujeres del PSTU que se realizará a finales del 2008.
 
Introducción

Constatamos un avance importante del machismo en la sociedad como parte de una expresión más de la decadencia de este sistema capitalista e imperialista, y mucho más grave aún porque vemos un avance del machismo al interior del partido. Esto sirvió como una alerta roja demostrando que no somos inmunes al retroceso político, programático, ideológico y moral de estos años reaccionarios y, peor aún que frente a este retroceso, bajamos mucho la guardia en lo que respecta a la opresión de las mujeres.

Los episodios de machismo han sido tantos y tan generalizados, que si los mismos no son rigurosamente combatidos, y al mismo tiempo revertimos la situación puede llegar a comprometer nuestros principios, programa, ideología y nuestra moral revolucionaria. 

Tal vez, en toda nuestra historia, nunca hallamos retrocedido tanto internamente, en lo que se refiere a las opresiones en general en lo que se refiere a las opresiones en general, y a la opresión de la mujer en particular. Existe un vacío que se evidencia en la ausencia al combate necesario, y de esta manera hemos dejado penetrar en este terreno no sólo la moral burguesa y el relativismo absoluto de la post-modernidad, sino que también un programa, una ideología y una moral machista.

Y por haber constatado la gravedad de esta situación y la responsabilidad, especialmente de la dirección, en este, es que incluimos la discusión sobre la opresión de las mujeres en el temario de nuestro Congreso.

En este contexto también, buscamos tomar otras medidas y actitudes como fue el apoyo incondicional a la realización del seminario de la LIT sobre mujeres, el revalorizar la política del medio punto[2] para consolidar y promover nuevos cuadros mujeres a la dirección del partido en todos los niveles. También buscamos poner un fin a la tolerancia y a la impunidad ante los casos de aptitudes machistas, y el apoyo a la Secretaría de mujeres. Tratando de que este tema sea una responsabilidad no sólo de la Secretaria nacional y regional de mujeres, sino también de la dirección.

Por otra parte, la existencia de la Conlutas y de todo el proceso de reorganización nos colocó el desafío de responder externamente a otro nivel y con una política de clase a la cuestión de las opresiones; de género, de sexo, de raza. Saliendo de esta manera de una actuación meramente propagandística. Está colocada la necesidad de probar la reorganización en estos sectores, con un programa y política de clase, capaz efectivamente de organizar la todos os sectores oprimidos de la clase trabajadora, especialmente de la clase obrera, para que la lucha contra la opresión tenga esta vez voz en la lucha de clase contra el capitalismo. Dicho de otra forma, es necesario construir organizaciones clasistas que, sean parte y estén por dentro de la lucha de la clase obrera, y que tengan como orientación la lucha contra la opresión asociada a la lucha contra la explotación, que al mismo tiempo incidan en todas las organizaciones de la clase.

Afirmamos que 50% de la clase está formada por mujeres y que nuestro proyecto de proletarización quiere organizar, y traer para el Partido, también las mujeres obreras. Y que para eso como decía Lenin, Clara Zetkin, Alexandra Kollontai y tantos otros revolucionarios, es necesario que tengamos una política especial para las mujeres.

En segundo lugar, para que la clase obrera pueda conducir a los oprimidos, es necesario incorporar de verdad, y no como un saludo a la bandera, solo en los días de fiesta y en un futuro incierto, la lucha la lucha contra las opresiones en nuestra vida cotidiana, como expresión de una estrategia y programa históricos. La clase obrera y los revolucionarios no pueden dejar en las manos del feminismo burgués o reformista las banderas contra la opresión de las mujeres.

Lenin daba excepcional importancia a la lucha contra la opresión de las mujeres y apoyaba decididamente a Clara Zetkin en su lucha contra el machismo, inclusive al interior del Partido. Él al referirse a la concepción “reinante” dentro del partido comunista alemán, decía que, este al no ver la necesidad y la importancia de un trabajo especial en las mujeres, revelaba de esta manera por detrás de esa concepción, el machismo:

“A veces, el reconocimiento de la necesidad y del valor de un potente movimiento femenino comunista, que tenga por la frente un objetivo claro, es un reconocimiento platónico de palabra y no una preocupación y un deber constante del partido. (...) conciben (...) como algo secundario (...) una tarea que afecta exclusivamente a las mujeres comunistas (...) se les atribuye a las comunistas el hecho de que esta tarea no avanzar con la debida rapidez y energía. Esto es muy injusto, totalmente injusto. Y sobre como las secciones de la Internacional encaraban en la practica el trabajo de las mujeres, decía: “En última instancia el análisis, no es otra cosa que una subestimación de la mujer y de su trabajo. Así esto es lamentable, se puede decir que: “conozca mejor a un comunista, ahí encontrará a un filisteo” [3]

Al contrario de las feministas burguesas, las reformistas, las autonomistas, las pos modernas o las radicales, nosotros no tenemos duda alguna de que el eje que coordina nuestro programa es el de la dictadura del proletariado, y el de la revolución socialista, porque nosotros no tenemos duda de que no hay posibilidad de acabar con la opresión de las mujeres bajo el capitalismo. Tenemos un total acuerdo con la III Internacional cuando dice que “(...)La realización de la dictadura del proletariado(...) Es el objetivo que debe definir los métodos de acción y la línea de conducta del proletariado de los dos sexos (...) El interese de la clase obrera exige(...) con una fuerza particular la incorporación de las mujeres a las filas organizadas delproletariado que combate por el comunismo;(...) esto resulta en una tarea inmediata de los partidos comunistas: extender la influencia del Partido y del comunismo a los más vastos sectores de la población femenina de su país, a través de un órgano especial del Partido y de métodos particulares, permitiendo abordar más fácilmente a las mujeres para liberarlas de las concepciones burguesas y de la acción de los partidos coalicionistas, para hacer de ellas verdaderas combatientes de la liberación total de la mujer (...) Imponiendo a los Partidos Comunistas la tarea inmediata de reforzar el trabajo del Partido en el proletariado femenino, el 3º Congreso de la Internacional Comunista muestra, al mismo tiempo, a las obreras del mundo entero, que su liberación de la injusticia secular, de la esclavitud y de la desigualdad, solamente se podrá realizar con la victoria del comunismo.(...) Llegaremos al comunismo por la unión en la lucha, de todos los explotados y no por la unión de las fuerzas femeninas de las clases opuestas” (negritas nuestras)[4]

No será posible acabar con la opresión secular de las mujeres bajo el capitalismo y por lo tanto no será posible sin la revolución socialista, y en ella el sujeto social de la revolución es el proletariado, especialmente la clase obrera. No compartimos las visiones de ciertos sectores feministas que, aún colocándose en palabras, en el campo de la revolución socialista, afirman que el proletariado dejo de ser el sujeto social de la revolución y pasaría a ser sustituido por otros sujetos nuevos.

Esta es una de las polémicas más importantes en el movimiento feminista: sobre quién sería el sujeto social de la emancipación de las mujeres. Aunque pese a que en estas discusiones casi siempre se omite un hecho gigantesco que es: la tendencia a la feminización de la fuerza de trabajo, que hace de las mujeres sean hoy prácticamente la mitad de la fuerza de trabajo y uno de los sectores más explotados y oprimidos de la clase obrera.

Las mujeres de conjunto forman un grupo policlasista. Ya la clase obrera es una categoría intergenérica. Para las marxistas la liberación de las mujeres no puede darse sin la revolución socialista y el sujeto social de tal revolución es el proletariado (lo que incluye a las mujeres y a los hombres de la clase trabajadora). Pero en esta lucha específica, las mujeres obreras serán quienes encabezarán el combate por su propia emancipación y por conseguir que los hombres de su propia clase incorporen la lucha contra la opresión en sus filas, tanto en el programa como en la política revolucionaria, y este integrado como uno de los aspectos de la lucha de clases más amplia contra el capitalismo.

Las feministas de diversos matices afirman y no sin razón, que en la izquierda existe una idea de que cualquier objeción sobre la opresión de las mujeres dividiría la unidad necesaria en las filas obreras en el enfrentamiento a la burguesía. Lamentablemente, este fue el legado que nos dejaron el estalinismo y la social democracia. Quienes en nombre de la unidad de la clase, colocaban la lucha contra la opresión de la mujer por debajo de la alfombra, para ser considerada solamente en las fiestas, calendas griegas o lo que es mucho peor, defendían la opresión “en favor” de la “no división de la clase”, alegando, que en los países capitalistas, esta debe ser una tarea para una etapa futura, y en los estados obreros burocratizados se defendía la opresión y la familia como baluartes en la “construcción del socialismo en un solo país” .

Nosotros tomando a Marx, afirmamos que no puede liberarse quien oprime a otros. No hay posibilidad de que la clase que es el sujeto social de la revolución por el roll que ocupa en la producción, pueda erigirse como dirección revolucionaria del conjunto del pueblo oprimido, sin considerar que existe la opresión en sus filas, que millones de mujeres trabajadoras y pobres sufren la humillación, y la opresión y malos tratos de los miembros masculinos de su propia clase.

Por eso es que el programa leninista/trotskista dice todo lo opuesto al estalinismo y a las visiones de ciertos obreristas. Nosotros los revolucionarios decimos que, si la unidad de la clase obrera es imprescindible, entonces se hace imperioso luchar contra la opresión y los prejuicios contra: los negros, los inmigrantes, los jóvenes, contra las barreras entre efectivos y contratados y, también en este mismo sentido luchar sin cuartel contra la opresión de las mujeres. Ellas deben dejar de ser “las obreras del obrero”.

Entonces, volviendo a la tercera internacional y a Lenin: “la dictadura del proletariado debe ordenar la línea de conducta y la acción de los dos sexos”. En lo que concierne a la liberación de las mujeres, las mujeres no deben unirse a las mujeres burguesas de forma permanente bajo ninguna hipótesis, lo máximo que pueden llegar a hacer es una unidad de acción en torno a las luchas democráticas (golpeando juntas, pero marchando separadas, como decía Clara Zetkin, en referencia a la lucha por el derecho al voto femenino). Las mujeres deben unirse al proletariado y luchar al lado de sus compañeros de clase por el socialismo, levantando en esta lucha sus banderas específicas. Ahora, a los hombres de la clase trabajadora también les cabe la responsabilidad por la unidad de la clase, por lo tanto, les cabe defender las banderas feministas junto con las mujeres trabajadoras, porque el machismo divide a la clase.

Entonces el Partido, por el interés de la revolución socialista y la unidad de la clase obrera, precisa incorporar a su política cotidiana el combate y la lucha contra el machismo, incluso al interior de la propia clase.

I Parte - La lucha contra la opresión es parte indisoluble del programa revolucionario, obrero y socialista.

1) La Opresión y la explotación

1. Como decía Rosa Luxemburgo el capitalismo es un sistema de discriminación en la explotación. Y como siempre nosotros agregamos que, es un sistema que se aprovecha en forma sistemática de todo tipo de discriminación para explotar más y mejor. El imperialismo y la burguesía en última instancia, mantienen su sistema de explotación por las armas, pero su instrumento preferido en el día a día es el de la ideología. Se les hace necesario que los explotados y los oprimidos no tengan conciencia de su explotación y opresión, y que por el contrario consideren su condición como algo natural. Uno de los principales elementos de la ideología dominante es el prejuicio, porque este resulta muy eficaz para dividir a la clase, desviar su rebeldía de quien la merece y es el blanco original, que es la clase dominante, y por el contrario de esta manera consigue hacerla recaer sobre los sectores de su propia clase. Los capitalistas cuentan y las usan a su favor a las diversas religiones, a las diferentes culturas, al racismo, a la homofobia y al machismo para dividirnos y desorganizarnos.

2. Prácticamente todas las opresiones se originan antes del capitalismo. Pero de todas ellas, la de la mujer es la más antigua y arraigada. Marx y Engels ya en el manifiesto comunista, demostraron que la opresión de la mujer surge junto con la explotación y con las clases sociales. Indicaron que la historia de la sumisión de la mujer comienza cuando ella es apartada de a producción social, descubriendo por lo tanto el nexo entre opresión y explotación, desnaturalizando así la opresión, contraponiéndose a las visiones religiosas o biológicas que consideraban a la inferioridad de la mujer como siendo parte de su naturaleza. . “(...) el primer antagonismo de clases que apareció en la historia coincide con el antagonismo entre el hombre y la mujer, en la monogamia; y la primera opresión de clases, con la del sexo femenino por la del sexo masculino. (...)”.[5]

3. Por lo tanto el marxismo, da una contribución inestimable a la comprensión de la opresión de la mujer, y esto es fundamental en la lucha por su liberación. Es importante recalcar también que al distinguir que el surgimiento de la opresión de la mujer coincide históricamente con el surgimiento de la explotación, deja claro que sin el fin de la explotación, no se resuelve la opresión. Por eso ni Engels, y mucho menos Lenin, tendrán una visión economicista y mecanicista de esta cuestión, como lo hacen eso sí ciertos sectores que relegan la lucha por la liberación de la mujer hacia un futuro incierto, para después de que deje de existir la explotación, o inclusive llegan a afirmar que es secundario luchar por la emancipación, reduciendo así la lucha de las mujeres por la lucha contra la explotación, o aún afirmando que automáticamente con la revolución socialista y la toma del poder, acabaría la opresión. Engels no pensaba de esta manera, él opinaba que: “(...) según la concepción materialista de la historia, el factor que en última instancia determina la historia es el de la producción y reproducción de la vida real. Ni Marx ni yo afirmamos, ni siquiera por una sola vez algo más que esto. Si alguien modifica esto, afirmando que el hecho económico es el único hecho determinante, convierte aquella tesis en una frase vacía, abstracta y absurda. La situación económica es la base, pero los diferentes factores de la superestructura que se levantan sobre ella –las formas políticas de la lucha de clase y sus resultados, las constituciones, que una vez vencida la batalla la clase triunfante yergue, etc., las formas jurídicas, e inclusive los reflejos de todas estas luchas reales en el cerebro, de los que en ella participan, las teorías políticas, jurídicas filosóficas, las ideas religiosas y el desarrollo posterior que las lleva a convertirse en un sistema de dogmas- también ejercen su influencia, sobre el curso de las luchas históricas y en muchos casos, determinan su forma, como un factor predominante”. [6]

4. La contribución de Lenin dejó más clara la estrategia de la lucha por la emancipación de la mujer como componente de la revolución proletaria. Lenin, inclusive ayudo personalmente em la elaboración de muchas leyes que favorecieron a la mujer, esto luego de la revolución de octubre en la URSS. “Las tesis deben remarcar con mucho que la verdadera emancipación de la mujer solo es posible a través del comunismo. Es preciso esclarecer profundamente el nexo indisoluble entre la situación de la mujer como persona y miembro de la sociedad y la propiedad privada de los medios de producción. Así delimitaremos con toda precisión los campos, entre nosotros y el movimiento burgués por la “emancipación de la mujer”. Esto sustentará también las bases para examinar el problema femenino como parte del problema social, obrero, y, consecuentemente, permitirá vincularlo firmemente a la lucha proletaria de clase y con la revolución. El movimiento comunista femenino debe ser un movimiento de masas, no solo un movimiento de obreros, pero de todos los explotados y oprimidos, de todas las víctimas del capitalismo. En esto consiste la importancia del movimiento femenino para la lucha de clases del proletariado y para su misión histórica creadora: la organización de la sociedad comunista. Podemos estar orgullosos y con razón por el hecho de que la flor nata de las mujeres revolucionarias militan en nuestro partido, en la internacional comunista. Pero esto aún no tiene una real importancia decisiva. Debemos atraer a millones de trabajadoras de la ciudad y del campo para que participen de nuestra lucha y, en particular, de la obra de reestructuración comunista de la sociedad. Sin las mujeres no puede haber un verdadero movimiento de masas.” [7]

5. Esta tradición leninista, profundamente feminista, fue rota por el estalinismo y nunca fue realmente defendida por la social democracia. De modo que, también en relación a la cuestión de la mujer, correspondió al trotskismo mantener la defensa del feminismo socialista y revolucionario. Elfeminismo marxista revolucionario preciso y precisa, por un lado llevar a cabo una lucha contra: el reformismo clásico, el estalinismo y el obrerismo economicista, y por otro contra el limitado y elitista feminismo burgués y contra los feminismos sexistas de uno u otro matiz.

Nosotros no afirmamos que la emancipación de la mujer estará garantizada automáticamente con la revolución socialista, o con la toma del poder, sino todo lo contrario. Pero afirmamos que lo contrario también es verdadero, o sea lo que garantizamos es que sin la revolución socialista no podrá existir el fin de la opresión de la mujer. Por eso el contraponer la necesidad de un cambio cultural completo como lo hacen las feministas radicales (los hombres y mujeres deben cambiar ellos mismos completamente antes que más nada) antes que la revolución socialista, o que la necesidad de hacer la revolución, es una utopía reaccionaria. Afirmamos que es imposible la emancipación de los oprimidos bajo el capitalismo. Pero de esta comprensión no concluimos que existan etapas obligatorias en la lucha por la emancipación de la mujer.Mientras luchamos por tomar el poder, es nuestro deber irrenunciable impulsar, colocarnos a la vanguardia y participar en las luchas de las mujeres por sus derechos democráticos más elementales, por mejores condiciones de vida, y por cualquier reforma dentro inclusive del sistema capitalista, uniéndolos a nuestra lucha contra el capitalismo y por la toma del poder.

6. Lenin una vez más formula con claridad la importancia de incorporar no solo en nuestro programa, y sí también en nuestra política, las reivindicaciones de las mujeres en el día a día.“Por eso es totalmente justo que presentemos reivindicaciones a favor de las mujeres. Esto no es un programa mínimo, un programa de reformas en el espíritu socialdemócrata, en el espíritu de la II internacional. Esto no es el reconocimiento de que creemos en la eternidad o al menos en una existencia prolongada de la burguesía y su estado. No es, tampoco una tentativa de apaciguar a las masas femeninas con reformas y desviarlas de la lucha revolucionaria. Esto tampoco tiene nada en común con los fraudes reformistas. Nuestras reivindicaciones se desprenden prácticamente de la tremenda miseria y de las vergonzosas humillaciones que la mujer sufre, débil y desamparada, en el régimen burgués.Con esto mostramos que conocemos estas necesidades, que comprendemos igualmente la opresión de la mujer. Que comprendemos la situación privilegiada del hombre y la repudiamos – y queremos eliminar todo lo que oprime y atormenta a la obrera, a la mujer del hombre simple, e inclusive en muchos casos, a la mujer de la clase acomodada. Los derechos y las medidas sociales que exigimos de la sociedad burguesa para la mujer son una prueba de que comprendemos la situación e intereses de la mujer y de que en la dictadura del proletariado las tendremos en cuenta.” (negritas nuestras)[8]

7. Nosotros nos mantuvimos fieles a la tradición revolucionaria y socialista en contra de los feminismos sexistas, que de un modo u de otro colocaron en los marcos de la democracia burguesa y de la utopía reaccionaria la posibilidad de poner fin a la opresión bajo el capitalismo. También no es un mérito menor, que contra todo y todos hayamos levantado todos estos años la independencia de clase, el corte de clase en la lucha feminista. Somos marxistas y afirmamos que no es posible conquistar la liberación de las mujeres, ni poner fin a ninguna de las demás opresiones bajo el capitalismo. Luchamos por la revolución socialista y, por eso, comprendemos y defendemos que la emancipación de las mujeres no será una tarea solamente de las mujeres, menos aún del producto de una alianza permanente, entre mujeres burguesas y proletarias. Para nosotros esta cuestión no es solo un principio, por el contrario opinamos que es la única eficaz para llevar hasta el buen fin el combate por acabar con toda la opresión. Nuestro posicionamiento es patrimonio de la LIT y del PSTU y de las secretarias de opresiones que tenemos (mujeres/negros/glbt).

8. Pero si, hemos tenido un mérito innegable, el de poseer un corte de clase categórico en nuestro programa de mujeres, y si esto está inserido en el programa general del Partido, cuando nos referimos a la lucha por la emancipación de las mujeres,  necesitamos reconocer, que no hemos conseguido ni una actuación cotidiana, ni especial sobre las mujeres en el movimiento como deberíamos, y también que, no se ha expresado como correspondería en nuestra política y actuación cotidiana en la defensa contra las opresiones. Por el contrario,  hemos reproducido ideologías machistas en nuestra intervención en los sindicatos, no solo en los chismes y situaciones que rebajan y desmoralizan compañeras mujeres, sino en la reproducción de discursos y actitudes machistas en las asambleas de masa y hasta en boletines sindicales. Ni hablar cuando nos referimos a las comisiones directivas de los sindicatos y entidades que dirigimos, existe una sub representación de las mujeres, por debajo de la que poseen otras corrientes del movimiento y en menor cantidad del número de mujeres capaces y dirigentes en la base. No existe claridad en una parte expresiva del Partido y de sus cuadros, en que la defensa de la emancipación de las mujeres, el feminismo, es parte indisoluble de nuestro programa, de nuestro proyecto de sociedad y que por eso necesita ser parte de nuestra política. Todos tienen acuerdo de que las mujeres deben luchar en contra de la explotación, no aliarse con las mujeres burguesas de forma permanente y defender el socialismo, pero no todos concuerdan que sea necesario un combate cotidiano contra la opresión, el machismo, y no dan la debida importancia a la cuestión de la opresión de las mujeres, tampoco ven ninguna importancia en la defensa de su liberación. No ven que el machismo divide la clase. Por el contrario, la  lucha contra el machismo es algo secundario y a veces, peor que esto, acaba resultando un factor de división.  Esto algunas veces se expresa hasta internamente en el partido, en la defensa de la opresión de las mujeres, como algo útil para la revolución, en la medida en que sería útil que las mujeres cuidasen del trabajo doméstico para que los hombres cuadros pudiesen llegar a militar mejor.

9. Por otro lado, por responsabilidad de la dirección, en el sentido de no impulsar un trabajo de mujeres en la base y al no ayudar a formular una política sobre el tema, nuestra política “cotidiana” sobre las mujeres, nuestra práctica en el día a día, nuestras consignas, acaban no respondiendo a la realidad cotidiana, en la cuestión de la  opresión, muchas veces la diluimos completamente en la explotación. Nos limitamos a polemizar con las visiones de género, cosa fundamental, pero insuficiente para una actuación en la base, y lo que es peor, en la base obrera.  Nuestro programa esencialmente correcto, no se traduce en consignas que, incluso, vuelvan eficaces nuestra visión de clase. Las compañeras de la Secretaria de mujeres vienen siendo heroicas, manteniendo de pie nuestro programa, tomando este debate fundamental sobre género y exigiendo de la dirección del Partido, que tengamos trabajo en las regionales, en la base de los sindicatos, etc. Hasta el momento la dirección del Partido, no actuó de forma leninista, en el sentido de hacer aquello que Clara Zetkin, Lenin, Alexandra Kollontai decían que era lo necesario, el valorizar un trabajo especial sobre las mujeres. La inexistencia de un trabajo de base nos lleva a que solo hagamos propaganda, y el propagandismo nos aleja de un trabajo de base sobre las mujeres. Otra vez Lenin: “Pero, las amplias masas femeninas, trabajadoras y populares, no sentirán el deseo irresistible de luchar a nuestro lado, y por el poder del estado, si siempre proclamamos y exigimos sólo esta reivindicación, aunque sea con las trompetas de Jericó. No! No! También en la conciencia de las masas femeninas debemos vincular políticamente nuestro apelo a los sufrimientos, a las necesidades y a los deseos de las trabajadoras.” [9]

10. Entonces, la visión de que las banderas contra la opresión y la lucha contra las mismas, sea secundaria, no es una visión leninista/trotskysta. Una vez más, Lenin  es quien localiza con claridad que la lucha contra las opresiones es parte de nuestro programa  y de nuestra lucha cotidiana y estas no están relegadas a una cuestión ultra secundaria.  “(...) Parabellum (...) declara ilusoria la lucha por el inexistente derecho a la autodeterminación y contrapone la lucha revolucionaria de las masas a la del proletariado contra el capitalismo (...) Sucede que Parabellum, en nombre de la revolución socialista, rechaza con desdén un programa consecuentemente revolucionario, en el dominio democrático. Esto es errado. El proletariado solo puede vencer a través de la democracia, o sea, realizando integralmente la democracia y ligándola a cada paso de su lucha a las reivindicaciones democráticas, presentadas de la manera más decidida. Es absurdo oponer la revolución socialista y la lucha revolucionaria contra el capitalismo a una de las cuestiones de la democracia, en este caso la cuestión nacional. Debemos combinar la lucha revolucionaria contra el capitalismo a un programa y a una táctica revolucionarias  con  relación a todas las reivindicaciones democráticas: república, milicia, elecciones de los funcionarios por el pueblo, igualdad de derechos de las mujeres, auto determinación de las naciones, etc. (...)[10]

2) Una breve historia de la lucha contra la opresión de la mujer y sus ideologías
 
1. Si la opresión es muy anterior al capitalismo, entonces podemos decir que la cuestión del socialismo, como del feminismo nacen con el capitalismo, junto con el nacimiento del proletariado y con la destrucción de la economía precapitalista basada en la familia

2. Al final del siglo XIX e inicio del XX, en Europa, el movimiento feminista marxista y revolucionario fue ganando hegemonía e  imponiéndose contra el feminismo liberal burgués, abriéndose camino incluso contra una parte expresiva de dirigentes de la social democracia. Clara Zetkin, fue una figura de primera magnitud y a partir de la ruptura de la social democracia, con el adviento de la I ª Guerra, tendrá en Lenin su principal punto de apoyo en la lucha contra los dirigentes del Partido alemán y en la III ª Internacional.
 
3. El feminismo liberal burgués nunca se cuestionó sobre el origen de la opresión de las mujeres. Se limita a defender la igualdad formal, jurídica y política, de las mujeres desde los tiempos en que la burguesía cumplió un rol revolucionario hasta los días de hoy. Las mujeres del feminismo liberal defendieron una carta de derechos de la mujer, luego las sufragistas lucharon por el voto femenino. El movimiento feminista marxista no se organizó en común con las feministas burguesas, aún cuando ha golpeado junto por cuestiones democráticas, siempre tuvo una unidad de acción muy episódica. Eso tanto por la comprensión de la integración de la emancipación de las mujeres con el socialismo y, por lo tanto con la dictadura del proletariado, pero también porque las diferencias con las mujeres burguesas no eran y no son solamente estratégicas o futuras, y sí, pero presentes. Pues, la opresión sobre las mujeres trabajadoras no es igual a la de la mujer burguesa, en la medida en que sobre la mujer trabajadora la opresión resulta en superexplotación y en doble jornada de trabajo. La mujer burguesa no es explotada, menos aún súper explotada a partir de la opresión. Al inicio del siglo, además de todo, aunque la bandera democrática del derecho al voto, implicó también en diferencias, porque una parte de las burguesas defendía el voto femenino, pero mantenía el voto censatario y no universal, dejaba a la clase obrera por fuera. Sin mencionar que las feministas burguesas, a través de su mayor organización, se contrapusieron a la defensa de los derechos de las trabajadoras, como por ejemplo el “permiso por maternidad” y otros, conquistados en gran medida (no solamente) por la  lucha de las mujeres trabajadoras, dirigidas por las marxistas.

4. Por otra parte, si la obra marxista fue fundamental en la comprensión de la opresión de la mujer y en  su desnaturalización y, por lo tanto, también en la defensa de su emancipación, esto no significa que la defensa de la emancipación de la mujer en la izquierda haya sido algo natural, todo lo contrario, fue una gran lucha, que comenzó, con la I Internacional y los Proudhonianos (socialistas utópicos) y luego con Lassalle (pre marxista) del Partido Obrero Alemán, ellos estaban contra la organización de las mujeres como trabajadoras, porque estaban también en contra de que ellas se integrasen a la producción. Bernstein, dirigente del Partido Social Demócrata Alemán y de la II Internacional (que después se convirtió en el primer gran revisionista y reformista) era favorable a la igualdad legal de las mujeres, pero estaba totalmente en contra de la organización militante de las mujeres trabajadoras, encabezada por Clara Zetkin. Bebel, el principal dirigente de la social democracia alemana, que escribió un libro, llamado “La mujer y el socialismo” defendía la emancipación de las mujeres, pero utilizó todos los epítetos machistas conocidos contra Rosa de Luxemburgo cuando se dio la ruptura de la social democracia. Hasta 1892 las mujeres no tenían derecho a ser responsables por la propaganda del partido, sólo los hombres podían serlo. Fue considerada una gran victoria el poder cambiar el término hombre, por persona. Solo en 1905 se consiguió que los estatutos del SPD estableciesen que: “La propaganda sistemática en el proletariado femenino debe ser realizada por delegadas mujeres, electas si es posible, en todas las localidades de acuerdo con las instancias del partido”. [11]

5. Si Lenin fue un gran aliado de Clara Zetkin  (que, junto con Rosa de Luxemburgo,  rompió con la social democracia en 1914, adhirió a las filas de la izquierda de Zimmervald y posteriormente a la III ª Internacional) y de Alexandra Kollontai[12] el mismo luego de la revolución de octubre fue un pilar fundamental en el apoyo a la lucha por la emancipación de las mujeres, y un colaborador en la formulación de la Constitución más feminista de toda la historia de la humanidad.

Pero por otro lado la contra-revolución estalinista hizo retroceder hacia niveles anteriores a la democracia burguesa, todo lo que la revolución y los revolucionarios habían conquistado (como veremos abajo). Los bolcheviques tenían absoluta claridad de que la igualdad ante la ley, no era aun, la igualdad ante la vida. La contra-revolución estalinista destruyó de una sola vez todas las conquistas democráticas de las mujeres, hizo del atraso una virtud y lo glorificó.

6. La misma III Internacional que contó con los esfuerzos de Lenin, para montar una Comisión femenina y realizar Conferencias de Mujeres, garantizó mucho más espacio que la II Internacional. Clara Zetkin encontró una enorme incomprensión al trabajo especial sobre las mujeres, que era visto como algo secundario y con desconfianza. El apoyo de Lenin ayudaba, pero con su muerte, Clara y las mujeres sufrieron varias derrotas en la Ejecutiva de la Internacional. Con el apoyo de Lenin, Clara quería realizar un Congreso Internacional de Mujeres más amplio, en el cual pudiesen participar mujeres social demócratas, las de sin partido y hasta las de organizaciones más atrasadas. Pero este no se concretizó debido a la oposición del Partido alemán. En 1926 luego de la muerte de Lenin, la mayoría del Ejecutivo de la Internacional, votó en contra de la constitución de organizaciones de mujeres proletarias propuesta por Clara. Contra esta orientación, y en ese mismo año, en la cuarta Conferencia Internacional de las Mujeres Comunistas, Clara hace una exhortación a las delegadas para que discutan la necesidad de la organización de las mujeres comunistas “sin preconceptos y sin miedo de desviaciones oportunistas o feministas”. Cabe resaltar que esa conferencia femenina internacional fue la última convocada por la Tercera Internacional.

7. En los años 70, en la esfera del mayo del 68 francés, de la guerra y posterior derrota de los EE.UU en Vietnam, se produjo un gran ascenso en este país, al cual se lo conoce como la segunda ola feminista. Además del resurgimiento del feminismo liberal burgués, surge el feminismo radical y también las autonomistas.


8. El feminismo radical alcanza diferentes postulados teóricos y también políticos. La mayoría de las teóricas del feminismo radical surgieron de la izquierda marxista, polemizando con  la “izquierda ortodoxa”, incluyendo al estalinismo. Las feministas radicales, al contrario de las liberales, enfatizaban la existencia del patriarcado (la dominación masculina) en todas las sociedades existentes. Desde este punto de vista, parecían compartir con las socialistas que bajo el capitalismo es imposible la liberación humana, pero se mostraban completamente escépticas sobre la posibilidad de que la revolución y el socialismo garantizaran la emancipación de las mujeres y de todos los oprimidos. El feminismo radical defiende que no hay cambio social sin una revolución cultural que lo anteceda. Enfatiza la necesidad de la construcción de organizaciones de mujeres, cuyo objetivo central sea la auto-concientización, en un movimiento de contra-cultura que niegue las prácticas naturalizadas en la vida cotidiana y “naturalice” otras. Existen distintos sectores en el feminismo radical, desde aquellos que se ven como parte y aliados de otros sectores sociales y socialistas, hasta los que absolutizan la recuperación de una cultura femenina con valores propios, que recree otra cultura, opuesta a la dominante. Más aún en los años 80, el feminismo radical, propone redefinir las relaciones sociales a partir del punto de vista feminista. Ellas consideran necesario redefinir la realidad a partir de la mirada feminista.

9. En este mismo contexto, “contraponiéndose” al estalinismo, los PCs de Europa vivieron un proceso de social-democratización, que se conoció como eurocomunismo. El Secretariado Unificado (SU), que había pasado los años 60 capitulando a la guerrilla y a la ultraizquierda, empieza a capitular al eurocomunismo, considerándolo un fenómeno transitorio, pero de carácter indefinido, alentando la ilusión de que los PCs europeos podrían tornarse revolucionarios y retornar al leninismo. Mandel entonces escribe el documento “La democracia Socialista y la dictadura del proletariado”, polemizando con los eurocomunistas, quienes igualaban a la dictadura del proletariado con el régimen dictatorial, pasa a argumentar que la verdadera dictadura del proletariado, es la práctica de las libertades ilimitadas. Enfatiza la llegada al poder de los trabajadores por la vía del transcrecimientode la democracia”, valorizando la radicalización de la democracia burguesa, minimizando, o casi, abandonando la necesidad de la violencia revolucionaria para la toma y el mantenimiento del poder de los trabajadores. Contra este documento Moreno escribió “La Dictadura Revolucionaria del Proletariado”, la que será defendida por la Fracción Bolchevique (antecesora de la LIT). En el movimiento feminista, el SU va a adoptar como suyo el documento de Mary Alice Watters, del SWP de los EE.UU quien defiende que las banderas feministas son transaccionales (revolucionarias) en sí ( y no democráticas) y que todas las mujeres, burguesas y obreras, podrían unirse en una “hermandad de mujeres”, en un movimiento poli-clasista, pues este en sí tendría una dinámica anti-capitalista. Este movimiento poli-clasista que sería “anticapitalista” en la visión del SU, actuaría al lado de los demás movimientos, incluso, el de los trabajadores en dirección al socialismo. En esa visión el movimiento obrero dejaba de tener centralidad, pasaba a ser más un movimiento al lado de los movimientos de oprimidos que unían “burguesas y proletarias”. El SU, entonces, capitulará y se tornará más una ala y apéndice del feminismo radical. La Fracción Bolchevique denunciará este documento como frente-populista y sexista, afirmando nuestra visión de clase en la lucha por la emancipación de las mujeres.

10. Al lado de esa visión radical y no muy distinta de ella, nacerá o autonomismo. Las autonomistas van a decir que la revolución no es necesaria porque es posible vivir el comunismo o el socialismo aquí y ahora, basta ubicarlo en la práctica.  En una visión parecida a La de Toni Negri sobre el imperialismo, muchas de ellas enfatizan que todo pasa por la transformación personal, que podremos a la margen del sistema crear nuestra existencia, liberta de los preconceptos patriarcales y también de la exploración del trabajo.

11. Las feministas pos-modernas no dejan de tener lazos y nexos teóricos con esas ideas, pero van todavía más allá. Nacen en la academia y en el reflujo, van a decir que es preciso ir más allá de las feministas radicales. Para ellas es importante contestar los conceptos “soberanos”, rechazar cualquier noción de totalidad. Mientras las feministas radicales dirán que la historia fue escrita bajo un bies y una mirada masculina que será necesario echar sobre ella una apreciación distinta, las pos modernas enfatizarán que es necesario des construir la visión “moderna”, con sus sujetos y nociones de totalidad , de preferencia no afirmar ninguna alternativa totalizante. Es necesario relativizar todo hasta que elimine cualquier noción de totalidad. Hay que crear micro-poderes al margen del sistema, buscando el “empoderamiento” a la mujer en estos espacios localizados. Conforman una teoría de la impotencia y del inmovilismo.

12. Lo que acaba por unir las visiones radical, autonomista y pós moderna es de un lado el poli-clasismo y por otro la defensa de un “horizonte” o falta de horizonte, que, de hecho, no va más allá de la democracia burguesa, sea usando cualquier adjetivo: democracia radical, pluralista, más democrática. De hecho rechazan la revolución socialista, la dictadura del proletariado y el sujeto social de la revolución. Son teorías que dicen que “un otro mundo es posible”, sin revolución, sin la destrucción do capitalismo y sin la toma del poder por el proletariado.

13. La mayoría de las feministas actualmente, incluso las más radicales, no cuestionan, la democracia burguesa, porque suponen que toda crítica a la democracia conduce a la vía del totalitarismo y usan lo que fue el estalinismo para poner en la misma bolsa todo el marxismo. Mientras tanto, la mayoría de tales organizaciones son cooptadas por ONGs, con presupuestos gubernamentales o de las instituciones imperialistas, de grandes oligopolios, para una acción anti-clasista, de fragmentación del movimiento y de colaboración con la burguesía y diversos gobiernos de colaboración de clases, como el de Lula en Brasil.

3) Un capítulo importante: La tradición marxista revolucionaria frente a todas las opresiones es opuesta al estalinismo: Clara Zetkin, Alexandra Kollontai, Rosa Luxemburgo, Lenin, y Trotsky.
 
1. El machismo en la sociedad, en una situación reaccionaria avanzó enormemente, pero también consiguió infiltrarse más allá de lo que podemos pensar hasta en nuestro partido, a tal punto de que muchas veces llegamos hasta perder la noción de la importancia como parte de nuestro programa política y actitudes, de la defensa de la emancipación de las mujeres, como también es un hecho el que las nuevas generaciones no saben lo que fue el estalinismo y muchas veces reproducen una ideología, que no solo es machista, sino que no deja de ser neo-estalinista. Llegando a afirmar que la opresión puede ser usada en pro de la revolución y de la construcción del socialismo. Mientras ese tipo de idea es todo lo contrario, es frontalmente contraria al programa y a la ideología de los revolucionarios.

2. Tal vez la demostración más contundente en lo que se refiere a la posición de los revolucionarios frente a las opresiones en general, haya sido la revolución de octubre, ya sea en relación a las nacionalidades oprimidas, o al racismo, o al feminismo, o ya sea ante frente a los homosexuales. En un país atrasado como la URSS, que tenía una mayoría de su población en el campo, con la consecuente carga de trazos de servilismo e de feudalismo, todo esto hace casi 100 años atrás, al inicio del siglo XX, los bolcheviques tuvieron una posición revolucionaria y corajosa, que no solo no capitularon al atraso y al censo común, sino que también representó una posición mucho más avanzada de la posición que poseen hoy muchos militantes de la izquierda en pleno siglo XXI.

3. La constitución soviética proclamo la completa igualdad jurídica de las mujeres y de los hombres, superando en este terreno a la legislación de todo y cualquier país capitalista de mundo, aun los más avanzados. Las mujeres conquistaron el derecho al aborto, al divorcio, al voto pleno, a empuñar las armas al lado de los hombres en la defensa del estado obrero, a un salario igual para un trabajo igual, y un sinnúmero de etc. Sobre la homosexualidad, que en la legislación europea era calificado como una ofensa a la moral pública, el Estado tenía la siguiente posición: “declara la absoluta no injerencia del Estado y de la Sociedad en los asuntos sexuales, siempre que no llegue a damnificar a ninguna persona y no perjudique intereses de nadie (...) la legislación soviética las considera exactamente igual que cualquier otra forma de la llamada relación “natural”. Cualquier forma de relacionamiento sexual es un asunto privado”[13].  :

4. Lenin y Trotsky tenían plena conciencia, que la igualdad jurídica y política no bastaba y que esto no significaba por si solo que fuera la igualdad ante la vida. Sabían muy bien que existía un largo camino por recorrer, y encaraban la toma del poder como un acto inicial de la revolución y del socialismo y no su final. Por eso las leyes fueron concebidas como leyes de transición, en un estado también de transición. Para ellos el otorgar estos derechos democráticos era fundamental, pero consideraban que la emancipación de las mujeres era una tarea central de la revolución, y que estas solamente se llegarían a poder emancipar, solo a través de la incorporación en la producción social y que la eliminación del trabajo doméstico era fundamental para incorporar a las mujeres a la vida pública (y no solo por la revalorización del trabajo doméstico que el capitalismo menospreciaba y al mismo tiempo utilizaba)

5. Por eso la preocupación que tenían era también con los restaurantes, guarderías, escuelas y con los servicios públicos en general, para que estos tuvieran una buena cualidad, para ganar de esta forma a las mujeres para que salieran de la esfera de la familia patriarcal y se liberarán lo máximo posible del trabajo doméstico. Tenían también una gran preocupación con la cultura, porque era monumental el atraso. Inclusive muchas mujeres miraban hacia atrás, miraban la posible vuelta al hogar.

6. La contrarrevolución estalinista se dará también en todas estas dimensiones. Con relación a las nacionalidades la URSS se transformará en una “cárcel de los pueblos”. Con relación a las mujeres, se retirarán uno a uno los derechos conquistados en la revolución. Stalin instituyó medallas para las mujeres que más hijos tuvieran, persiguió y trato como delincuentes a las mujeres que, viviendo en la miseria fueran condenadas a valerse de la prostitución, paso a ser estimulada la familia, etc. En 1936, Stalin declaraba que: “El aborto que destruye la vida es algo inadmisible en nuestro país. La mujer soviética tiene los mismos derechos que el hombre, pero esto no la exime del grande y noble deber que le atribuyo la naturaleza: el ser madre, el dar a luz”. Luego, suprimió la sección femenina del PCUS. Para la burocracia en 1934, el no respetar a la familia se convirtió en una conducta burguesa o izquierdista. En 1944 se creó el orden “gloria maternal” para la mujer que tuviese entre siete y nueve hijos y “Madre Heroica” para la que tuviese más de 10. El divorcio se volvió un trámite costoso y difícil. En relación a los homosexuales la constitución paso a decir lo siguiente “Homosexualidad es una perversión sexual consistente en una atracción antinatural entre personas del mismo sexo”.

Esto, junto con los procesos de Moscú, y los odiosos privilegios de la burocracia. Todo se hacía en nombre del socialismo. Para Stalin el socialismo estaba casi consumado y este debía ser construido en un solo país.
 
1. Lenín y Trotsky nunca defendieron nada parecido. Para ellos la toma del poder era solo el comienzo de la revolución, que debía ser mundial, e internamente precisaba tener continuación un cambio cotidiano de la vida y también cultural, de las costumbres, así lo enfatizaba Trotsky en su teoría de la revolución permanente.

2. El estalinismo, de la misma forma en que pavimento la restauración capitalista en los ex estados obreros, también mancho el nombre del socialismo como colaboró en abrir el camino para las ideologías burguesas, reformistas, para el autonomismo, para los nacionalismos reaccionarios y hasta para que la ideología posmoderna del “fin de todas las narrativas”, que no es otra cosa muy diferente de que el “fin de la historia”.

3. Pero Trotsky mucho antes que las feministas radicales, fue quien denuncio que la burocracia estalinista era antifeminista, en su libro La Revolución Traicionada. La teoría y el programa trotskista, que son la continuidad del bolchevismo y del leninismo, incorporan con gran peso la lucha contra las opresiones. También en este terreno se aplica la teoría de la revolución permanente, el programa de transición y su metodología, o sea que la lucha contra toda opresión debe estar inserida en la política revolucionaria. La lucha contra las opresiones se ordena por la Dictadura del Proletariado, pero precisa ser incorporada en lo cotidiano, antes, durante y después de la toma del poder. Nosotros somos revolucionarios. El Trotskismo no es la continuidad del estalinismo, como quieren hacernos creer las ideologías burguesas. Socialismo con machismo, homo fobia, racismo y opresión nacional, todo esto no es el socialismo... esto es estalinismo!

4) El machismo y el feminismo bajo el neoliberalismo: aumenta la opresión y la explotación, retrocede completamente el clasismo y avanzan las teorías de género y las ideologías de la pos modernidad.
 
1.  El capitalismo saco a la mujer del ámbito privado y la incorporó en gran escala al mercado de trabajo. Y luego viene realizando una gran propaganda de que la mujer ya está emancipada o que puede caminar aceleradamente hacia su emancipación. Nada más lejos de la verdad. Pues el capitalismo, al mismo tiempo que empuja a la mujer hacia la producción y en esta ella ya constituye hoy la mayoría de la fuerza de trabajo del mundo, lo hace de forma precarizada, sin ningún derecho, recibiendo como pago salarios inferiores, siendo utilizada como parte del ejército industrial de reserva, presionando para la baja del conjunto de los salarios y para el saqueo general de los derechos de toda la clase trabajadora. Junto a esto no da las condiciones para que la enorme mayoría de las mujeres puedan liberarse del trabajo doméstico, imponiendo así de hecho la doble jornada laboral. Se vuelve de esta manera más explotada y más oprimida. Las mujeres constituyen hoy el 70% de los pobres existentes del planeta.

2. Como ya lo decía Trotsky, “el capitalismo se ha demostrado incapaz de llevar a cualquiera de sus tendencias hasta el fin” [14]. El capitalismo al colocar a la mujer en la larga escala de la producción social va a crear las condiciones para que las mujeres tengan la posibilidad de una igualdad entre los sexos jamás alcanzada, pero también va a impedir que la enorme mayoría  de las mujeres explotadas puedan elevarse llegando a su liberación, condenándolas así a más opresión, a más violencia, y a más superexplotación. Del mismo modo que con la creación del proletariado, el capitalismo crea las bases para su propia destrucción, al incorporar masivamente a las mujeres al mercado de trabajo, para mantener y profundizar la opresión, para súper explotarla, también va a crear las bases para la posibilidad de su mayor participación en las luchas contra la explotación y por su emancipación. Por lo tanto abre también la posibilidad de que ella se suma a las filas de la revolución y del Partido Revolucionario.

3. El capitalismo, está muy lejos de llegar a emancipar a la mujer, usa la opresión para aumentar la explotación. La mujer, además de tener la carga de la doble jornada, con salarios inferiores y con la explotación, opresión del patrón y de toda ideología machista que la inferioriza, también es oprimida en casa, por la familia patriarcal, cargando en general con el trabajo y la violencia doméstica.

4. La mujer es parte mayoritaria de la fuerza de trabajo y también es su sector más precarizado, oprimido y explotado, sufre las jornadas más extenuantes, encontrándose en un mundo en que, luego de la caída del muro en el este europeo, en un proceso de avance de la contra ofensiva imperialista y reaccionaria, avanzaron también las ideologías burguesas, y en el movimiento se retrocedió con el clasismo y avanzaron las ideologías pos modernas de género, que llevan al escepticismo, a la impotencia, a la conciliación de clases, a la negación del proletariado como sujeto social de la revolución y al surgimiento de los llamados “nuevos sujetos”, a la negación de la propia revolución. Al mismo tiempo, el capitalismo y el reformismo, sabiendo el potencial revolucionario de la clase y de su sector femenino, tiene para esto una política de que las mujeres se queden confinadas a los “micro-espacios”, disputando “políticas públicas” sociales y compensatorias.

5. Los gobiernos de Frente Popular, que llegaron al poder como expresión de una nova correlación de fuerzas, con el objetivo de derrotar y desmovilizar a la clase e impedir la revolución, va a tener una política para las mujeres y demás sectores oprimidos, buscando su cooptación. Intentando aparentar una forma más populista de gobernar, creando ilusiones en los fórums tripartitos y en la incorporación de organizaciones de oprimidos en propuestas de políticas públicas, que puedan mejorar su condición social y de opresión. Entonces larga un discurso en el que pasa una idea de estar preocupado con las exigencias más candentes de los oprimidos, mientras al mismo tiempo crece la opresión y la explotación. Se considera el ejemplo de la violencia contra las mujeres, que crece alarmantemente de forma asustadora en todo el mundo, evidenciando un mundo en que el machismo crece junto con la explotación. En Brasil no se da de forma diferente. El gobierno para evitar que caiga su máscara y que las mujeres se movilicen masivamente, crea una ley reprimiendo a los agresores, al mismo tiempo que con la otra mano sustrae el dinero al reducir el porcentaje del presupuesto que se destina para combatir la violencia. Pero la campaña que por los medios de comunicación lleva adelante el gobierno es de que este está preocupado y que es un aliado. El gobierno y la burguesía están tenido una política para todos los sectores oprimidos.

6. Prácticamente casi todas las organizaciones de mujeres, adhirieran o capitulan al gobierno. Las “más de izquierda”, como la DS que dirige la MMM en Brasil, que a su vez es jefe de la MMM de las Américas, actúan con el discurso de que es un gobierno en disputa, “anticapitalistas” aliadas del MST en su discurso. Pero bajo el paraguas de la “Marcha” se cobijan un sin número de ONGs, que actúan por medio de acciones específicas e institucionales.

7. A pesar de esto la experiencia con el gobierno y con estas organizaciones avanza, en la medida en que la realidad de la opresión y la súper explotación no solo que no mejora, sino que también se agrava. Y a pesar de que no se posee mucho tiempo, la reorganización y las luchas vienen despertando cada día a más mujeres, aunque todavía se dan de forma atomizadas, mientras tanto las propias entidades e inclusive la misma izquierda carecen de una política más efectiva para incorporarlas. Pero lo determinante es que de hecho ellas han surgido como vanguardia de muchos procesos que se han dado e que vienen llenando todos los fórums en los que son llamadas para discutir su condición.

8. En este momento de reorganización que estamos viviendo, nosotros los revolucionarios como parte de la política de proletarización, tenemos la obligación de tener una política especial para las mujeres, una política de clase, que combata la opresión y la súper explotación, y de hecho las traiga para ser parte masiva de las filas de la revolución. Por eso como decía Lenin: “Si las mujeres no están con nosotros, los contra-revolucionarios pueden hacer que se coloquen en contra de nosotros. Por eso debemos tener siempre esto en nuestra mente...”[15]  y “La experiencia de todos los movimientos de liberación confirma que el éxito de la revolución, depende del grado en que en ella, participen las mujeres”.[16]
 
9. Por lo tanto nuestro Partido revolucionario, precisa colocarse en la vanguardia del combate al machismo y abrir decididamente un espacio y un lugar para las mujeres trabajadoras.


IIº Parte: Tantear la reorganización: lanzando un movimiento de mujeres con neto corte clasista.
 
1. Como comprobamos con la Conlutas, la reorganización del movimiento obrero existe y es enorme en relación a nosotros, aunque limitada y mediada por la inexistencia de un ascenso continuo y generalizado.
 
2. Esto no solo ocurre en el movimiento sindical. En la juventud se presenta de tal forma que abarca toda su existencia, de un modo grandioso. Y el suceso que tuvo el reciente Encuentro de Negros de la Conlutas también expresa esto.

3. Y entre las mujeres también se presenta este fenómeno, podemos observarlo en la base de los gremios y en el propio movimiento de mujeres, aunque no podemos llegar a precisar bien su dimensión. Lo cierto es que cualquier actividad sobre opresiones congrega muchísimas personas. De más está decir que organizaciones reformistas, como la Marcha Mundial de Mujeres llegan a realizar Congresos que cuentan con la presencia de unas 500 delegadas.

4. También es cierto que las ONGs, la burguesía y el gobierno actúan en todos estos sectores con una política clientelista, asistencialista y de cooptación. Y que en los sectores más pauperizados, semiproletarizados, cuentan con una mayor incidencia, pero también es verdad que nosotros no tenemos hasta este momento una política que empalme con la reorganización existente, que la coloque a prueba y que la organice por dentro, al de la clase trabajadora.

5. Se actuásemos así en el movimiento sindical, esperando primero que surgiese el ascenso generalizado, la Conlutas de hecho no existiría... y hasta ahora estaríamos en la CUT. Actuamos hasta este momento en el sentido de hacer solo propaganda sobre los sindicatos, exigiendo que ellos tomen la lucha contra el machismo, como también que sean ellos los que creen los departamentos o secretarias de mujeres. Este trabajo de propaganda sobre los sindicatos e inclusive de formación de sus departamentos no solo puede y debe continuar, como también debe ser potencializado. Y más que esto, si de un lado no se realiza, es muy difícil que pueda ser realizado de forma aislada solamente en la estructura, y peor aún con la estructura corporativista que tenemos en Brasil.

6. Para conseguir lograr que las mujeres ganen más peso en los sindicatos y como líderes en las luchas de la clase, como un todo, para conseguir que los sindicatos tomen las reivindicaciones de las mujeres y las incluyan en sus exigencias de reivindicaciones y en sus campañas y también para que los sindicatos puedan a través de departamentos femeninos, ayudar a realizar un trabajo especial y específico sobre las mujeres, es preciso garantizar que los sectores oprimidos se organicen y presionen para que así sea. Por eso sin que los sectores oprimidos de la clase trabajadora en su conjunto, se organicen como tal, para llevar adelante esta lucha contra la opresión al lado de la clase, inclusive, para hacerla que asuma sus banderas, difícilmente esto se dará. Entonces un movimiento de mujeres de la Conlutas fortalecerá cualitativamente la presión por un trabajo especial sobre las mujeres en los sindicatos.

7. Junto con esto la organización de un movimiento de mujeres clasista de la Conlutas, deberá ser una palanca importante en el proyecto de proletarización, en dos direcciones. Por un lado puede llegar a ser una herramienta para organizar a las mujeres obreras y aproximarlas al movimiento (a los sindicatos, a la Conlutas, al Partido) y por el otro para combatir al machismo en general, y también dentro de la propia clase. Además de esto en un primer momento, como está dándose en el movimiento de negros, se trata de realizar reuniones presentando la propuesta del movimiento. Podemos y debemos utilizarlo para convocar a las mujeres obreras, de los diferentes lugares en que estamos, priorizándolo para el proyecto. Específicamente en relación al Encuentro de Mujeres de la Conlutas debemos buscar ya hacer esto.

8. Trotsky y Lenin daban muchísima importancia a la organización clasista de los sectores oprimidos. Lenin hacía referencia a la necesidad de tácticas especiales de organización para las mujeres en el Partido y en el movimiento. Para el Partido, decía que “De nuestra concepción ideológica se extraen medidas de organización. (...) no debemos cerrar los ojos ante los hechos. El partido debe contar con organismos – grupos de trabajo, comisiones, comités, secciones o como decida llamárselos – cuya tarea especial deberá ser despertar a las amplias masas femeninas, vincularlas al partido y mantenerlas dentro de su influencia. Para esto naturalmente, se hace necesario desarrollar plenamente un trabajo sistemático entre las masas femeninas. (...) necesitamos nuestros propios organismos para trabajar con ellas, necesitamos métodos especiales de organización. No se trata de una defensa burguesa de los “derechos de la mujer”, y sí de los intereses prácticos de la revolución.”[17]

9. Por eso y no por otro motivo es que Trotsky oriento a los negros de los EE.UU. a que se organizaran como tales y exigiesen de sus sindicatos obreros que apoyasen su lucha contra la opresión y que dieran todo el apoyo a sus huelgas, como así también que exigiesen que ellos incorporasen sus reivindicaciones en sus exigencias generales.

10. Una vez más es Lenin quien intenta animar a Clara Zetkin en su lucha dentro de la IIIª para incorporar políticas y métodos de organización especiales y específicos para las mujeres: “ No se deje desorientar. Porque en ninguna parte, ni aún en la propia Rusia Soviética, no militan en el partido tantas mujeres como   hombres? Porque el número de obreras organizadas en sindicatos es tan reducido? Estos hechos obligan a la reflexión. La negación de la necesidad de organismos especiales para nuestro trabajo entre las extensas masas femeninas es una de las manifestaciones de una posición muy principista y radical de nuestros “queridos amigos” del partido obrero comunista. Según estos debe haber una sola forma de organización: la Unión Obrera. Ya sé que muchas cabezas de mentalidad revolucionaria y confusa recorren a los principios cuando no ven la realidad, esto es, cuando la inteligencia se niega a apreciar los hechos concretos en los cuales se debe prestar atención. Como hacen estos conservadores de la “pureza de principios” frente a las necesidades impuestas por el desarrollo histórico en nuestra política revolucionaria? Todas estas formas de razonar caen por tierra frente a la necesidad inexorable: sin la existencia de millones de mujeres organizadas no podemos realizar la dictadura del proletariado, sin ellas no podemos llevar a cabo la edificación del comunismo. Debemos encontrar el camino que nos conduzca hasta ellas, debemos estudiar mucho, probar muchos métodos para encontrarlo. (subrayado nuestro).”[18]
 
11. Hasta para incidir sobre los sindicatos, es necesario la organización de un movimiento clasista de mujeres de la Conlutas y no solamente corporativo, que organice mujeres trabajadoras de todos los gremios, comenzando por las obreras, si no también que abarque los demás sectores de la clase, a la juventud, e inclusive a las “amas de casa”, muchas veces estas compañeras de los obreros, así resulta más eficaz no solo para atraer a las mujeres que precisan organizarse para combatir la opresión en el día a día, contra el asedio sexual y moral, contra la violencia; si no también para luchar por guarderías, por salario igual, por la legalización del aborto; como también para abrir espacio para las mujeres en las instancias de los sindicatos, para la aproximación y la entrada de las mujeres como líderes de la lucha general.

12. Y más aún para estimular que la lucha contra la opresión gane fuerza para que pueda inserirse con firmeza en los sindicatos, en las fábricas, en los Centros de Estudiantes, en todas las organizaciones de los trabajadores. Para que los boletines sindicales, al revés de reproducir el machismo, lo combata, para que las exigencias de reivindicaciones incorporen las reivindicaciones que se refieren a las mujeres; para que los sindicatos se conviertan en un lugar en que las mujeres no se sientan minimizadas. Y que puedan ser capaces de ayudar a movilizar a las mujeres contra la opresión y la explotación, al lado de los hombres y al mismo tiempo combata esa ideología burguesa y reaccionaria que es el machismo.
 
13. Un movimiento clasista de mujeres perteneciente a la Conlutas, también será mucho más eficaz para combatir las organizaciones reformistas/gubernistas o autonomistas o burguesas o pos modernas o estalinistas en el movimiento. Esta es la forma que nos permitirá disputar con las reformistas, separando a las mujeres trabajadoras de la burguesía y del gobierno. El gran suceso, alternativo del 8 de marzo en San Pablo en este año, convocado por el Grupo de Trabajo de mujeres de la Conlutas en un frente único con algunos otros sectores clasistas, demuestra que un movimiento de mujeres de la Conlutas tiene un espacio, como así también la capacidad para ser referencia y alternativa a las organizaciones reformistas y poli clasistas. 

14. También es cierto que nos falta una caracterización más precisa de lo que está pasando por dentro en el movimiento de mujeres en Brasil y en América Latina (y esta es una tarea de elaboración que tenemos por la frente). Pero hasta para precisar la dimensión de la reorganización, es necesario tener una política que nos permita medirla con mejor precisión y a fondo, y esto significa tener que salir de una actuación hoy meramente propagandística. Fue esto lo que comenzamos a hacer con los negros, luego del Encuentro de la Conlutas y que también debemos hacer con las mujeres. Existe un espacio objetivo, también en el GLBT, basta ver la reunión que se dio en la Conlutas, atrayendo a trabajadores.

15. El movimiento GLBT, por ejemplo, que se encuentra atestado de ONGs, y que es patrocinado no solo por los gobiernos, como así también por megas empresas, cada día más dirige las marchas una ideología pos moderna, en la cual cunde el hedonismo y la despolitización asolándolas de forma completa. Mientras estas reúnen a 1 millón de personas contra la homofobia, transformándose cada año que pasa en una composición social cada vez más mayoritariamente plebeya, donde hay un cierto disconformismo creciente de un amplísimo sector con toda esa cosificación y mercantilización del cuerpo y del movimiento, siendo que nadie organiza o capitaliza este descontentamiento.. Por ejemplo el año pasado se dieron ahí dos hechos rarísimos: a) en San Pablo, fueron las “Católicas por el derecho de decidir” y colocaron un carro mucho más politizado en la marcha general, al acabar cuestionando la Mercantilización; en Puerto Alegre, una organización gay, llamada Desobedezca, dirigida por un militante del P-SOL (CST), llamo a otra marcha, politizada, y reunió 7 mil personas, inclusive, Vera Guasso, figura pública nuestra fue homenajeada como defensora de los gays. Luego este movimiento ingreso en la Conlutas. Entonces vemos que algo pasa... y no es algo pequeño. De la misma forma que la Convergencia Socialista en la anterior reorganización de los años 80, a partir de una política y organización clasista, dividió a ese movimiento, llevando mitad de él para una alianza con los obreros del ABC en la época, nosotros hoy debemos empujar hacia una alianza con los trabajadores.

16. En abril de este año, se dará el Encuentro de Mujeres de la Conlutas, que como todo indica tendrá tanto o más éxito de que el de negros.. Por eso para nosotros este es un momento privilegiado, no solo para que discutamos el programa, como también para que podemos dar los pasos necesarios para la organización de un movimiento, que permita evaluar la reorganización. Claro que esta política exigirá una inversión mayor de cuadros. Exigencia, que ya está colocada hoy para nosotros aún sin movimiento. El movimiento también obligará que nuestra actuación sindical y estudiantil encare más y más el apoyo a las actividades contra las opresiones. Pero se tenemos una estrategia revolucionaria y si estamos a la cabeza de una organización como la Conlutas, sabemos que el sujeto social de la revolución, precisa acaudillar a los otros sectores oprimidos llevándolos consigo y no dejándolos a meced de la burguesía. En el caso de las mujeres, esto es hasta más verídico, por el simple hecho de que son las mujeres prácticamente la mitad de la fuerza de trabajo hoy en día existente. 


[1] Programa de Transición - Trotsky
[2] La política del 'medio punto' se plantea cuando un compañero hombre y una compañera mujer tienen un balance igual en las tareas que asumen en el partido. En esa situación se considera que la compañera mujer tiene medio punto más sobre el balance del camarada hombre, pues para tener el mismo balance de actividades que un compañero hombre, la compañera mujer tuvo de hacer un esfuerzo extra para superar los obstáculos impuestos por la opresión de la sociedad. Ese medio punto permitirá entonces que sea dada prioridad a la promoción de la compañera mujer en base a su balance.
[3] (Lênin, recordações, por Clara Zetkin)
[4] Teses para a propaganda entre as Mulheres; 3º Congresso da III Internacional.
[5] El Origen de la Familia, de la Propiedad Privada y del Estado - Engels
[6]  Engels em 1890, numa carta a Bloch.
[7] Lênin, recordações, por Clara Zetkin
[8] Lênin, recordações, por Clara Zetkin
[9] Lenin, recordaciones, por Clara Zetkin
[10] Lênin em “O Proletariado revolucionário e o direito das nações à autodeterminação”  Obras escolhidas – vol. 2 – pg. 273
[11] Alemania 1890: La cuestión femenina y la social democracia – Clara Zetkin
[12] Alexandra Kollontai dirigió el ministerio del bien estar social de la URSS revolucionaria y ha enriquecido la comprensión teórica sobre la cuestión específica de la mujer. Luchó para dar a la mujer completa independencia legal, igualdad en el matrimonio, derecho al aborto y el principio del pago igual para trabajo igual en la sociedad rusa. Kollontai también reforzó la idea de que las relaciones de discriminación de la mujer poseían una dimensión ideológica bastante enraizada, que exigían una acción específica que fuera además de las transformaciones en el modo de producción económico.  Antes, hizo la crítica al problema del amor y de la mujer en la sociedad burguesa. En su libro La Nueva Mujer y la Moral sexual destacó las características de la mujer moderna que nacía: “La autodisciplina, en lugar de un sentimentalismo exagerado; la apreciación de la libertad y de la independencia en vez de la sumisión y de la falta de personalidad; la afirmación de su individualidad y no los esfuerzos estúpidos para se adaptar al hombre amado; la afirmación del derecho de gozar los placeres terrenos y no la mascarilla hipócrita de la ‘pureza’; y, finalmente, la subordinación de las aventuras del amor a un lugar secundario en la vida. Delante de nosotros tenemos no una hembra, ni una sombra del hombre, pero una mujer-individualidad”.
[13] Doutor Grigorü Batkis, director del Instituto de Moscú de Higiene Social, citado en el libro de Hyro Okita, Homosexualidad: de la opresión a la liberación
[14] Trotsky – O marxismo e nossa época
[15] Lenín, recuerdos, por Clara Zetkin
[16] Lenín, V.I., 19 de noviembre de 1918. Publicado en el Pravda del 10 de marzo de 1925.
[17] Lenín, recuerdos, por Clara Zetkin
[18] Lenin, recuerdos, por Clara Zetkin

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