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La batalla por la independencia de clase
Escrito por Edú - FOS   
Lunes 30 de Agosto de 2010 00:02
El 25 de julio de 1935, el VII Congreso de la Internacional Comunista, reunido en Moscú, aprobó lo que en realidad sería el corte definitivo con los últimos restos de sus tradiciones: La política leninista de independencia de clase, de lucha contra la dictadura capitalista encubierta bajo las formas de la democracia burguesa, fue enviada al basurero y reemplazada por el programa menchevique del “frente populismo”, “la defensa nacional” y la colaboración de clases con la burguesía. Así la burocracia estalinista imprimió un nuevo giro en su estrategia que tuvo una aplicación inmediata en España y en Francia. En ambos países se formaron “frentes populares” con partidos burgueses minoritarios y de nula influencia entre trabajadores y campesinos. Ambos países vivían un tumultuoso ascenso revolucionario y los Frentes Populares ganaron las elecciones en 1936. Con la política de frenar la revolución obrera y defender el programa de los sectores burgueses republicanos, en España se perdió la guerra civil contra Franco. Y en Francia, se fue desmovilizando a la clase obrera que protagonizó una huelga general masiva y con ocupaciones de fábricas en mayo-junio de 1936.
 
La lucha contra la política del Frente Popular
 
Trotsky combatió sin descanso la política del Frente Popular. Denunció que significaba el abandono de la lucha por la revolución socialista, porque subordinaba los intereses de los obreros y campesinos a la defensa de la propiedad privada capitalista. Poniendo el acento en desenmascarar su verdadero rol y plantear una política revolucionaria hacia la toma del poder.
 
Así Trotsky caracterizo el Frente Popular formado entre el Partido Socialista, el Partido Comunista y el Partido Radical en Francia en 1936…” El “Frente Popular” es una coalición del proletariado con la burguesía imperialista, representada por el Partido Radical y otras podredumbres de la misma especie y menor envergadura. La coalición se extiende al terreno parlamentario (…) en su forma actual, no es otra cosa que la organización de la colaboración de clases entre los explotadores políticos del proletariado (reformistas y estalinistas) y los explotadores de la pequeño burguesía (radicales)” [1].
 
Los gobiernos de Frente Popular nacen en general cuando las masas trabajadoras se encuentran en ascenso, cuando amenazan el “orden burgués” con sus acciones revolucionarias, o se encaminan en ese sentido; es en esta situación que sectores burgueses se juegan a hacer alianzas con partidos obreros oportunistas, con el objetivo de frenar o desviar el ascenso revolucionario; así lo explica Trotsky: “…las masas están impacientes y prontas para explotar, se torna necesario un freno más sólido, con la participación de los comunistas. Los actos comunes, las marchas con gran espectáculo, la unión de la bandera de la Comuna con la bandera de Versalles, los gritos, la demagogia, todo esto no tiene más que un objetivo: contener y desmoralizar al movimiento de masas” [2]. Es decir una “válvula de seguridad contra el movimiento de masas”.
 
La formación de alianzas duraderas de clases diferentes ligadas por todo un período por una política y un programa comunes, no tenía nada que ver con las alianzas tácticas, con objetivos precisos y manteniendo la libertad de crítica que los bolcheviques habían propugnado. “La regla del bolchevismo en lo que hace a los bloques era la siguiente: ¡Marchar separados, golpear juntos! La regla de los jefes actuales de la Internacional Comunista es: Marchar juntos para ser golpeados por separado” [3].
 
Por lo tanto para Trotsky, no había dudas de que la participación de partidos obreros en gobiernos burgueses era traicionar los principios revolucionarios, por lo cual “…de 1918 a 1923, cuando la diplomacia soviética se vio frecuentemente obligada a andar con rodeos y aceptar acuerdos, jamás se le ocurrió a ninguna sección de la Internacional Comunista que podía hacer un bloque con su burguesía!” [4].
 
Por no tener una dirección alternativa que les señalara con audacia el camino de apoderarse del poder, por seguir a los dirigentes traidores del Frente Popular, los trabajadores franceses se fueron desmovilizando y adormeciendo. Esa pasividad facilitó en 1940 que los ejércitos de Hitler ocuparan Francia. Le siguieron cinco años de tremendos sufrimientos y resistencia. Previniendo lo que ocurrió, el gran dirigente bolchevique batalló incansablemente contra el frente de colaboración de clases, planteando la política que los revolucionarios deberían haber adoptado para derrotar al Frente Popular: “La condición de la victoria del proletariado es la liquidación de la dirección actual. La consigna de “unidad”, en estas condiciones, se convierte no solo en una estupidez, sino en un crimen. Ninguna unidad con los agentes del imperialismo francés y de la Sociedad de las Naciones” [5].
 
No todos los “trotskistas” siguen las enseñanzas de Trotsky
 
La Cuarta Internacional dirigida por Trotsky se fundó dando pelea no sólo contra el imperialismo y la burocracia estalinista, sino también contra la política que imponía a los partidos comunistas de todo el mundo: el Frente Popular.
 
Lamentablemente, hace años, en partidos y corrientes que se reivindican trotskistas, comenzó un curso oportunista y revisionista que los ha llevado a apoyar e incluso participar de gobiernos burgueses de colaboración de clases.
 
En nuestro continente; ante la “oleada” de gobiernos de Frente Popular o “populistas de izquierda”, vemos la participación de Democracia Socialista (antigua sección de la corriente internacional Secretariado Unificado –S.U.) en el gobierno de Lula en Brasil, así como el apoyo de diversas corrientes internacionales que se reivindican trotskistas al gobierno burgués de Chávez (la TMI dirigida por Alan Woods, el MES de Brasil, el MST de nuestro país, Marea Socialista de Venezuela, el S.U. y la corriente internacional dirigida por el SWP de Inglaterra.
 
Sin embargo hubo y hay una gran resistencia a este curso oportunista y revisionista en el movimiento trotskista. Nuestra corriente, impulsada desde fines de los años cuarenta por Nahuel Moreno, es parte de ella. Pero no somos solo nosotros los que denunciamos este proceso de degeneración de corrientes trotskistas; incluso organizaciones que fueron parte del S.U., comparten las mismas críticas y caracterizaciones. Por lo tanto en este homenaje al gran revolucionario ruso, todas las organizaciones que reivindicamos los principios del marxismo revolucionario tenemos que asumir nuestra responsabilidad. Desde la LIT-CI y el FOS, seguimos oponiéndonos a todo gobierno burgués y como Trotsky decimos “Nuestro programa se resume en tres palabras: dictadura del proletariado”.
 
Notas
 
1León Trotsky, ¿A dónde va Francia?, Ediciones Pluma, Bs. As. 1974
2idem
3idem
4idem
5idem
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Fuente: Lucha Socialista, n° 207 – Agosto 2010

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