| ¡Contra las amenazas imperialistas a Irán! |
| Escrito por SI - LIT |
| Sábado 20 de Febrero de 2010 18:43 |
|
Se está desarrollando una agresiva campaña internacional, encabezada por EE.UU. e Israel, con el objetivo de presionar a las otras potencias mundiales a que acepten medidas más duras contra el Irán. La campaña busca también convencer y preparar a la opinión pública internacional para este posible ataque militar o, más probablemente, para aplicar sanciones todavía más duras que las ya existentes. El objetivo es "demonizar" a Irán, clasificándolo como una "dictadura" que podría "poner a la humanidad en peligro", en el caso de que tenga acceso a la tecnología nuclear. Uno de las últimas jugadas de esta campaña fue la grotesca y vergonzosa "carta abierta", firmada por diversos ganadores del Premio Nobel y otros científicos, dirigida a las máximas autoridades de las potencias mundiales (EE.UU., Francia, Rusia, Inglaterra y Alemania), instándolas a que "reaccionen frente a las atrocidades del régimen iraní y sus ambiciones nucleares irresponsables y absurdas, con sanciones más duras...". Esta "carta abierta" fue publicada en una página entera en los periódicos The New York Times (07/02/2010) e International Herald Tribune (09/02/2010) y su publicación fue pagada por una organización sionista. Estos ilustres escritores y científicos nunca se sensibilizaron o se movilizaron contra el arsenal nuclear estadounidense o el israelí. Nosotros tenemos uno posición clara de defensa de los derechos democráticos y de los trabajadores de Irán contra los abusos del reaccionario régimen de los ayatolás, nos solidarizamos con las movilizaciones que han enfrentado a la dictadura y llamamos a que la lucha de las masas la derribe. Pero queremos alertar que la actual campaña imperialista busca utilizar ese carácter del régimen y la represión que ejerce en un sentido más reaccionario aún: preparar un ataque contra la autonomía del país y un mayor ataque a las libertades democráticas. Esta campaña contra Irán viene desde muy atrás y su verdadera razón es que el imperialismo no acepta que un país que no esté totalmente sometido a sus designios, y que tenga cierta independencia, desarrolle tecnología en área tan estratégica y sensible. En el caso de Irán, en particular, todavía no ha sido digerida por el imperialismo estadounidense la derrota que sufrió hace 31 años, cuando una revolución derribó al Sha Reza Pahlevi, que encabezaba una dictadura corrupta, títere de los yanquis en la región. Esta revolución nacionalizó el petróleo y el gas, expulsando a las compañías petroleras estadounidenses. La "hipocresía nuclear" imperialista Cuando se trata de temas relacionados con la tecnología nuclear, lo que prevalece es la mentira y la hipocresía por parte de los países que poseen este tipo de armamento, que actúan siempre de modo de crear y alimentar dudas, sospechosas, e inseguridad en la población de todo el mundo. Sectores de la izquierda mundial, bajo la presión de posiciones pacifistas, pretendidamente "progresistas", se hacen eco de este discurso, contribuyendo, en la práctica, con la perpetuación del dominio político, económico y militar de estas "potencias nucleares". En nombre de "evitar el peligro nuclear" acaban apoyando, en la práctica, la política imperialista de mantener el monopolio de las armas nucleares en sus manos y de sus aliados o agentes directos. Además del terreno militar, otro aspecto a considerar es que el imperialismo quiere el monopolio nuclear también en el comercio de la tecnología y los insumos necesarios para la producción pacífica y así poder obtener grandes beneficios de este sector energético. Lo cierto es que el "peligro nuclear" ya existe y es concreto desde hace tiempo, independientemente del programa nuclear iraní, o de cualquier otro país que lo esté desarrollando. El único país que ha utilizado, hasta ahora, este tipo de armas contra una población fue EE.UU, que arrojó dos bombas atómicas en Japón (Hiroshima y Nagasaki) al final de la 2ª Guerra Mundial, en 1946. Fue una ataque criminal y militarmente innecesario, pues Japón ya estaba prácticamente derrotado (Alemania e Italia ya habían se rendido) y no tendría como mantener la guerra. Estos bombardeos fueron un mensaje al mundo de demostración de fuerza y poder de la gran potencia que emergía victoriosa. Hoy, EE.UU. posee un arsenal nuclear capaz de destruir varias veces el planeta y su burguesía imperialista ha demostrado que, si lo considera necesario, está dispuesto a usarlo. Este sí es el real "peligro nuclear" que amenaza a la humanidad y no el de Irán. Más escandaloso todavía es el caso de Israel: no es secreto que este país posee de 200 a 300 armas nucleares, que no se somete a ninguna inspección o control externo y que el desarrollo de su programa nuclear viene siendo apoyado por EE.UU. Además, ya ha utilizado armas prohibidas no nucleares, provocando matanzas de civiles palestinos, como en la franja de Gaza, y vive en guerra permanente con los países vecinos, amenazándolos con bombardeos, como hace ahora con Irán. Lo ideal sería que no hubiese arsenales nucleares, pero mientras exista el imperialismo y su arsenal nuclear, al que no renuncia, y sus fuerzas armadas con armas químicas y alta tecnología, no se puede hablar de "desarme" en general, sin decir primero quién desarmará el principal arsenal, el de EE.UU. Finalmente, incluso con el fin de la "guerra fría" con la ex URSS, que era el viejo justificativo estadounidense para su inmenso arsenal nuclear, este arsenal siguió intacto y se modernizó, con su terrible poder de destrucción amenazando a la humanidad El papel del AIEA y del Tratado de No Proliferación Nuclear La Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA o IAEA en inglés) fue creado, en 1957, como una organización autónoma dentro de la ONU, con el supuesto objetivo de "promover el uso pacífico de la energía nuclear y desalentar su uso para fines militares en armas atómicas". Lógicamente, su actuación poco tiene que ver eso y es un órgano completamente manipulado por las grandes potencias imperialistas, en particular EE.UU. La herramienta con la cual la AIEA actúa selectivamente para que determinados países no avancen en el desarrollo de tecnología nuclear es el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP). Este tratado fue firmado en 1968 y entró en vigor en 1970. Preconizaba la congelación de la producción de armas nucleares: los signatarios que todavía no las poseían renunciaban a desarrollarlas mientras que los países que ya las tenían se comprometían a reducir su arsenal atómico (sin embargo, no se estipulasen plazos ni metas concretas para ese "desarme"). Así, en la práctica, la tecnología para la fabricación de armas atómicas quedaría restricta sólo a las 5 naciones que, en esa época, ya la dominaban (EE.UU., Francia, Gran Bretaña, Rusia y China). En contrapartida, las demás naciones firmantes recibirían apoyo e incentivo para el desarrollo de la energía nuclear con fines pacíficos (por ejemplo producción de electricidad, radioisótopos y radio-fármacos, irradiación de materiales, de alimentos, etc.). Los países signatarios del TNP se comprometen a comunicar y reportar a la AIEA todas sus actividades nucleares y deben permitir que sus inspectores fiscalicen sus instalaciones. Estas obligaciones, sin embargo, no necesitan ser cumplidas por las 5 naciones que ya poseían armas nucleares. El TNP fue firmado por 187 de los 190 países que forman parte de la ONU, pero ha sido ratificado por menos de la mitad de estos países. Quienes no lo firmaron son India, Pakistán e Israel. Como se ve, el Tratado es extremadamente discriminatorio, buscando concentrar y consolidar el poder militar en pocos países imperialistas o algunos pocos aliados. No es coincidencia que las principales "potencias nucleares" sean las mismas naciones que componen el Consejo de Seguridad de la ONU (EE.UU., Rusia, China, Reino Unido y Francia), reflejando la distribución del poder tras el fin de la 2ª Guerra Mundial. No queda ninguna duda, sin embargo, que significó y significa la posesión de la tecnología nuclear como un factor de poder, dominio e imposición de intereses. Además, está la propuesta estadounidense de establecer un "banco internacional de uranio enriquecido", que supuestamente coordinaría su distribución conforme las necesidades comprobadas por los países. Tal propuesta es vista con mucha reserva, siendo de difícil aceptación, pues significaría que los países signatarios abrirían mano de capacitarse tecnológicamente para dominar las etapas del enriquecimiento del uranio, quedando totalmente dependiente de las grandes potencias. Actualmente son pocos los países que dominan todo el ciclo de enriquecimiento del uranio (las 5 potencias nucleares, Alemania, Holanda, Brasil y, parcialmente, Argentina). Pero varios otros vienen realizando esfuerzos en este sentido, como Irán, que acaba de anunciar el dominio completo de la tecnología. Como las grandes potencias no deberán ofrecer nada a cambio, con respecto a su propio desarme, se vislumbra que esta conferencia tiende a fracasar como la conferencia anterior, de 2005, que no consiguió siquiera un consenso mínimo que permitiese un documento de cierre. El otro tópico que cruzará la Conferencia es sobre la crisis generada por el programa nuclear iraní. El programa nuclear iraní Irán inició su programa nuclear a mediados de los años 60, todavía bajo la dictadura del Sha Reza Pahlevi, con el apoyo e incentivo de EE.UU. En 1967, fue construida la primera instalación nuclear iraní, el Centro de Investigación Nuclear de Teherán, con un pequeño reactor de investigación de 5 megawatios de potencia. En 1968, Irán firma el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP), ratificado por su parlamento, en 1970. A mediados de los años 70, valiéndose de un estudio del Stanford Research Institute (SRT), EE.UU. convencieron al Sah a construir varios reactores nucleares para suplir la demanda futura de energía eléctrica, ya que, según los estudios del SRT, en 1990 el Irán necesitaría de una matriz energética de 20.000 megawatios. De esa forma, las empresas estadounidenses podrían vender tecnología nuclear a Irán, o construir estos reactores, y EE.UU. recuperaría parte de sus gastos de compra del petróleo iraní. En 1979, año de la revolución que derrumbó el Sha, Irán construía dos reactores para producción de energía eléctrica, bajo responsabilidad de empresas alemanas: uno con 90% y otro con 50% de sus instalaciones construidas. Por presión de EE.UU., ninguna empresa o país aceptó dar continuidad a la construcción de estos reactores, y sólo recientemente, en febrero de 2009, la primera central nuclear iraní fue concluida por empresas rusas. En 2003, se reveló que Irán poseía instalaciones nucleares en Natanz y Arak, en las cuales sería posible, teóricamente, enriquecer uranio a niveles suficientes para la producción de armas. Irán firmó entonces el protocolo adicional del TNP, como forma de reducir las presiones internacionales, y el entonces presidente Jatamí abrió las instalaciones para inspectores de la AIEA, afirmando que Irán produciriría su propio combustible nuclear para suplir las necesidades de su reactor de investigación. Es decir, desde 2003, por lo menos, no era sorpresa para nadie que Irán, así como varios otros países, estaba intentando desarrollar y/o adquirir tecnología para el enriquecimiento de uranio, lo que es totalmente permitido a los países signatarios del TNP, que pueden tener su programa nuclear y enriquecer uranio al 20%, siempre que declaren que es para "fines pacíficos" y abran sus instalaciones a la inspección de la AIEA. Por lo tanto, Irán no estaba infringiendo ninguna regla del TNP, que sirve a los intereses de las grandes potencias. Pese a ello, EE.UU. argumentó que Irán, por poseer enormes reservas de petróleo y gas, no necesitaba de energía nuclear para la producción de electricidad. Y que, por lo tanto, su interés sería la construcción de armas nucleares. Con este argumento, exigió el fin del programa nuclear iraní, olvidando que hace algunos años había usado argumento inverso para poder vender reactores a Irán, cuando este país era dirigido por un gobierno fantoche. Aquí queda claro que el imperialismo sólo se preocupa con la "proliferación" cuando puede significar que algún país escape de su control absoluto de las armas nucleares. La cuestión central es el monopolio nuclear para el imperialismo Durante los años de guerra fría, cuando la URSS y otros países ya poseían la tecnología y produjeron armas nucleares, EE.UU. debía tener en cuenta la posibilidad de una represalia antes de usar nuevamente su poderoso arsenal nuclear. Era lo que se acostumbraba llamar de "poder de disuasión". Lo que EE.UU. busca garantizar hoy es que no haya más países que puedan tener la posibilidad de alcanzar ese poder, para que no puedan resistir a sus órdenes y su política de colonización y dominio mundial, asegurándose una hegemonía militar incontestable. Desde 2003, el programa nuclear de Irán, incluso cumpliendo todos los artículos del TNP, es motivo de presiones y sanciones por parte de las potencias internacionales, a pesar de todas las revistas hechas por la AIEA. Incluso después de que el anterior presidente de esta Agencia, Mohamed El Baradei, hubiese afirmado no poseía ninguna información o evidencia de que Irán pudiese tener un programa de producción de armas. Sin embargo esta misma agencia cambió de posición al calor de las presiones políticas de las grandes potencias. Como ejemplo de esta actuación política parcial de la AIEA, podemos citar su postura cuando Egipto y Corea del Sur fueron sorprendidos tras realizar experimentos nucleares secretos por largos años: en ningún momento se especuló que estos países podrían construir armas nucleares; no se movilizó a las diplomacias, y no se exigió represalias o sanciones económicas. La Agencia se limitó a una pequeña reprensión a estos países aliados de EE.UU. El otro ejemplo absurdo es el ya citado de Israel, con cientos de bombas atómicas, que nunca fue siquiera notificado o "molestado" por la AIEA. Por todo los dicho, defendemos el derecho de Irán de desarrollar su tecnología nuclear e, inclusive, de fabricar bombas atómicas para defenderse de un ataque imperialista o israelí. En realidad, su posesión sería un fuerte obstáculo a estos posibles ataques. En este sentido, es necesario disputar la consciencia y alertar a los trabajadores contra esas mentiras e hipocresías del imperialismo. Que aquellos que hacen alarde contra el programa nuclear de Irán se posicionen sobre el mayor arsenal nuclear ya existente y que nadie controla, el de EE.UU., el único país que ya las utilizó contra los pueblos. Llamamos también a pronunciarse claramente contra las sanciones de los países y organismos imperialistas contra Irán. El peligro de un desastre nuclear para la Humanidad, reafirmamos, no está en el programa nuclear iraní (o brasileño, argentino, norcoreano, etc.), sino en el arsenal ya existente, a disposición de las naciones imperialistas y sus aliadas que, en todo momento, violan las reglas que intentan imponer a los demás, y demuestran su carácter beligerante, colonizador e imperialista. |
| Más artículos: ... |
|---|
|

La disputa que involucra el programa nuclear iraní se acrecentó en este inicio de 2010, elevando el nivel de acusaciones, presiones diplomáticas y amenazas de sanciones económicas a Irán. Ya se habla nuevamente de la posibilidad de "conflicto militar", con un posible ataque de EE.UU., o incluso Israel, al país. 















