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Larcade: La fuerza obrera y popular obligó al gobierno a negociar
Escrito por FOS - Argentina   
Domingo 28 de Febrero de 2010 00:56

El Intendente se sentó a negociar 

Atrás quedó el 30 de diciembre, cuando el secretario de gobierno de San Miguel, lleno de soberbia, proponía un brindis por la “hazaña” de haber logrado lo que otros gobiernos no habían podido: “echar a Barragán del hospital”.

Quedó atrás la aparente fuerza inapelable del intendente De la Torre que se negaba a dialogar con los médicos y municipales, alegando que “el tema está cerrado” y que “no hay ningún conflicto en el hospital”. 

El martes 9 de febrero en La Plata, en el Ministerio de Salud provincial, los semblantes fueron otros, las palabras fueron otras. El señor De la Torre estaba desencajado. Decía nervioso: “¡Es necesario terminar con esto!... Barragán está haciendo una campaña con los pacientes y toda la comunidad calumniándome, diciendo que quiero privatizar la salud, y eso es mentira, quiero que conste: yo defiendo la salud pública”. 

Palabras más, palabras menos... El hecho es que, intimado a fines de enero por el Ministerio provincial, el intendente frenó su furiosa embestida y fue obligado a iniciar negociaciones para destrabar este largo conflicto. 

Muchos hechos, muchas acciones obligaron a este “cambio de actitud” de las autoridades municipales y atrajeron la atención de las provinciales que largos meses simulaban ignorarlo.La lucha que el intendente y sus secretarios “decretaban” como derrotada no sólo se mantuvo sino que creció y se extendió, conquistando la más amplia solidaridad nacional e internacional. 

La lucha no se tomó vacaciones 

El receso de las fiestas y las ausencias por vacaciones de la mayoría de los trabajadores no impidieron que continúen las asambleas con buena y hasta masiva participación como la del 6 de enero, cuando las bases indignadas, al grito de “¡Qué se vayan!”, obligaron a irse a los policías enviados por la Intendencia para “notificar” a Barragán que no podía entrar al hospital. 

Días después, se realizó la reunión del Bauen donde se dieron cita decenas de dirigentes de importantes luchas, agrupaciones políticas, medios de prensa alternativos y una numerosa delegación del hospital que resolvieron una serie de acciones, como el emocionado “aguante” a los suspendidos, el día 11 a las 7 de la mañana, con más de un centenar de trabajadores que llegaron antes de su turno y no ficharon hasta constatar que los dejaran entrar, acompañados por decenas de delegados y activistas solidarios de hospitales, escuelas y fábricas, algunos de otros municipios, quienes madrugaron para viajar horas y estar firmes ahí. Y también el masivo acto del 13 de enero frente al hospital, con innumerables delegaciones sindicales solidarias… hasta del hospital Penna de Bahía Blanca, en coincidencia con la jornada nacional de protesta de FESPROSA y CICOP por la libertad sindical

Todas estas fueron importantes acciones victoriosas que impusieron por primera vez que el conflicto de este hospital del lejano “tercer cordón” apareciera en las páginas de la prensa nacional mostrando que la lucha del Larcade no se tomó vacaciones. Enero culminó con la combativa movilización del 28 a la Municipalidad de San Miguel que contó con una numerosa presencia de trabajadores del hospital y municipales y más numerosa aún presencia de pacientes que entregaban miles de firmas recogidas barrio por barrio. 

La convocatoria de CICOP al paro del 11 de febrero 

La CICOP viene apoyando esta lucha desde el inicio. Con fondos de sus seccionales se garantizó el pago de los días caídos a los médicos suspendidos y la edición de dos mil afiches y de otros materiales de difusión. 

Sus principales dirigentes, junto a delegaciones de otros hospitales participaron y hablaron en los actos y movilizaciones que se realizaron en San Miguel, La Plata, Capital y otras ciudades. La presión de la inminencia de un paro provincial de CICOP para el 28 de enero obligó al gobernador y a sus ministros a “interesarse” por este conflicto e intimar al Intendente a que no siga adelante con sus atropellos. 

Pero sólo la convocatoria al paro provincial para el pasado 11 de febrero, con la perspectiva de un marzo de paritarias estatales, sumada a la presión creciente de los pacientes del Larcade, los obligó a sentarse a negociar y hacer propuestas que no fueran inaceptables, como las primeras de “trasladar a los médicos a hospitales provinciales”. Sin embargo, la decisión tomada por los dirigentes de CICOP de suspender el 9 por la noche, el paro convocado para el 11, ante “lo que puede considerarse como la apertura de una negociación sobre bases sólidas para resolver el conflicto”, nos parece totalmente equivocada. La asamblea del Larcade reunida el 10 de febrero, que vio el inicio de las negociaciones como un avance, también se pronunció en desacuerdo con la decisión de CICOP de suspender el paro convocado por considerar que, de haberlo mantenido, se podría haber cerrado la negociación el propio miércoles 10 en mejores términos. Aún así la asamblea votó mantener la lucha en forma unificada con CICOP y el Sindicato Municipal, a la espera de recibir las bases de acuerdo por escrito y llamar a nuevas asambleas. Entre los trabajadores del Larcade creció la confianza en las propias fuerzas. 

Pero a la vez alertan “¡No bajar la guardia!”. No se engañan creyendo que el conflicto ya está resuelto. Saben a quién enfrentan y que el enemigo no está derrotado. 

El derrotado fue el derrotismo 

Desde el comienzo del conflicto los trabajadores soportaron amenazas, chantajes y presiones de todo tipo de parte de la dirección del hospital y del gobierno municipal. Enfrentaron a la patota que se había instalado en el hospital una noche de octubre. Tuvieron que exigir el retiro de la policía en la asamblea del hospital… Se enfrentaron también suspensiones, demandas penales, pedidos de captura y allanamientos, además de sumarios que dictaminaron cesantías. 

Fue duro sobrellevar el temor de quienes están trabajando contratados en condiciones precarias, “mensualizados” y se sienten indefensos ante un gobierno arbitrario que usa métodos mafiosos. Pero lo más difícil y doloroso fue enfrentar el escepticismo de quienes, no sólo agacharon la cabeza y se sometieron al autoritarismo sin fundamentos ni razones, sino que pregonaron el derrotismo desde el seno de la propia conducción sindical de los profesionales para justificar su traición, actuando como agentes directos del gobierno en el hospital. 

Hoy queda claro que sus “argumentos” eran burdas trampas para debilitar la lucha. Hoy el derrotismo fue derrotado. La lucha sigue hasta lograr los objetivos.


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