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Deuda externa: El saqueo de Argentina por el FMI, los bancos y las multinacionales
Escrito por FOS - Argentina   
Viernes 05 de Marzo de 2010 01:35

 

En los ‘70, en Argentina y varios países Latinoamericanos, se dieron golpes de estado. Se impusieron dictaduras militares que asesinaron, torturaron, e hicieron desaparecer decenas de miles de compañeros, al servicio del imperialismo.

 

Pasada la dictadura, más sutiles y menos tangibles que Videla detrás de los pases de factura al interior del gobierno, de los cruces entre los partidos opositores, lo que pudimos ver en estos días es un verdadero streaptease de los partidos de esta democracia para ricos, profundamente serviles a los intereses del capital financiero imperialista. Ni la UCR, ni el peronismo disidente, ni la Coalición Cívica, ni obviamente el PRO, están por parar la sangría nacional hacia los usureros internacionales. 27 años de régimen constitucional, de gobiernos alfonsinista, menemista, aliancista, duhaldista y kirchnerista demuestran que todos avalaron los negociados de la dictadura que estatizó la deuda privada, realizaron otros por cuenta propia, y de conjunto continuaron con esta estafa a favor de la expoliación imperialista del país y de los grupos capitalistas. 

Historia del endeudamiento

Tras la subida de precios del petróleo en 1973, que provocó una importante recesión en Europa Occidental y Estados Unidos, se produjo una situación paradójica: había un exceso de dinero en los bancos, pues debido a la recesión no encontraban suficientes posibilidades de inversión para los extraordinarios beneficios producidos por el petróleo (los petrodólares). Este tipo de situación pudo llevar a la quiebra a los bancos, que necesitaban prestar mucho más dinero del que recibían para poder pagar los intereses del dinero depositado y hacer beneficios. Por este motivo, se lanzaron a una agresiva política de rapiña en los países del Sur, dando origen a la crisis de la deuda externa. Durante la dictadura militar (1976- 1982) el endeudamiento de Argentina era una de las principales prioridades del imperialismo. Inmediatamente después del golpe militar, el FMI otorgó un crédito multimillonario a Argentina y declaró a los bancos occidentales que este país era un lugar privilegiado para reciclar el exceso de petrodólares.

La dictadura provocó deliberadamente la bancarrota del sector público, preparando el terreno para su privatización. YPF fue forzada a endeudarse en el exterior, pese a no necesitarlo en absoluto. En el momento del golpe militar, la deuda externa de YPF era de US$ 372 millones. Siete años más tarde, al terminar la dictadura, esta deuda se elevaba a 6.000 millones. De manera general, los créditos multimillonarios contratados por el Estado o las empresas públicas con los banqueros del Norte eran inmediatamente recolocados como depósitos en estos mismos bancos o en otros bancos competidores. El Banco Central argentino colocaba dichos fondos en los bancos estadounidenses, apoyado por la “generosa intermediación de la Reserva Federal estadounidense”. En todos los casos, el interés recibido por las sumas depositadas era inferior al interés pagado por la deuda [1]. El Banco Central fue dirigido durante la dictadura por Domingo Cavallo, luego ministro de economía de Carlos Menem (partido peronista) y de De la Rúa (partido radical).

 Al final de la dictadura, el Estado asumió las deudas (reales o ficticias) de los capitalistas argentinos y extranjeros. El Banco Central argentino declaró que no tenía registro de la deuda externa pública, pese a lo cual el gobierno de Alfonsín asumió el conjunto de la deuda, tanto privada como del Estado. El estado argentino asumió también las deudas contraídas por filiales argentinas de empresas y bancos multinacionales con sus casas matrices o con bancos internacionales. Sólo se mantuvieron las deudas que la dictadura impuso sobre las empresas públicas, por lo que Menem esgrimió el argumento de su endeudamiento para privatizarlas, previa transferencia de las deudas al Estado.

Menem, que sucedió a Alfonsín, se lanzó a una política de privatizaciones, liquidando a precios de saldo una gran parte del patrimonio colectivo por su «endeudamiento», argumento ridículo dado que el Estado había asumido esas deudas antes de privatizar las empresas públicas. Millones de dólares fueron transferidos a manos privadas (generalmente norteamericanas y españolas) a través de la colectivización de pérdidas para privatizar beneficios y de manipulaciones que sólo pueden ser descritas como rapiña de bienes públicos. Menem crea un nuevo estatuto colonial a través del Consenso de Washington y da un nuevo salto. “Esos títulos (o bonos) no se estaban pagando, habían caído muchísimo en su valor. Los de 100 se cotizaban a 18. En ese momento el Estado podía haber comprado estos títulos a un bajo costo. La deuda por ese entonces era de unos 60.000 millones; con menos de 12.000 se cancelaba. Menem, en cambio, cambia los títulos viejos por nuevos, y a los que tenían uno a 18 le da uno nuevo por 100, junto con nuevas garantías. Esto continúa incrementando la deuda, con nuevos intereses que son como una bola de nieve. Plan Brady, le llamaron; en homenaje al funcionario norteamericano” [2]. Cuando asume De la Rúa, la “deuda” sigue creciendo. “Durante 1976-2002, solamente por intereses pagados y fuga de capitales facilitados por el endeudamiento externo y el capital financiero imperialista con la complicidad de los lacayos locales, saquearon al país en alrededor de 270.000 mil millones de dólares” (Alejandro Olmos Gaona, “La deuda externa”).

Durante el gobierno de Kirchner al contrario de lo que auguraron los voceros “progresistas” del gobierno, el reemplazo de Roberto Lavagna por Felisa Miceli al frente del Ministerio de Economía no implicó ningún cambio relevante en relación con los ejes del esquema económico existente desde la devaluación. El pago de US$ 9.810 millones al FMI, presentado como un acto de “soberanía nacional” por los voceros del gobierno, no fue más que la continuidad de los pagos previos de US$ 15 mil millones hechos por el anterior ministro a los “organismos de crédito internacional” entre el 2002 y 2005. Estos pagos han sido en gran parte cubiertos con la emisión de nueva deuda pública interna y nuevos bonos (como los comprados por Venezuela), reemplazando acreedores internacionales como el FMI y el Banco Mundial con otros que surgen del mercado local, como los fondos surgidos de los salarios capitalizados en las AFJP. Lejos de habernos “desendeudado”, la deuda externa constituye un porcentaje del PBI mayor al existente previo a la devaluación. “Para Cristina, no existe deuda externa ‘ilegítima’ (…) “Recordó que pese a que muchos políticos dicen ‘como slogan electoral’ que esta deuda es ‘ilegítima’ porque se generó gran parte en la dictadura desde el momento que el primer gobierno democrático la asumió ‘es legítima’”. (Cronista Comercial, 14 de febrero de 2010).”

Coherente con esta declaración el gobierno de Cristina Fernández se propuso seguir el camino de Kirchner como el gobierno que más deuda externa pagó en la historia del país; y ahora se propone pagar a los «fondos buitres» y al Club de París, este último contraído por la dictadura. Este sólo dato debería dar idea de qué es lo que se paga, sobre todo si se dice defender los derechos humanos. Pero además es un fraude, uno de los tantos que conforman esta gran estafa.

Uno de los créditos reclamados por Holanda que integran la deuda al Club de París es un delito liso y llano. Es el caso del gasoducto Central Oeste proyectado por la firma holandesa Nacap B.V, accionista del consorcio Cogasco SA, entidad creada por la dictadura para la construcción de dicha obra. Los fondos jamás llegaron al país pero quedaron asentados como deuda de Gas del Estado en forma de créditos solicitados a bancos de Europa y Japón.

Estas son las razones por la cual nuestra corriente viene planteando que esta deuda es ilegitima e ilegal, que hay que dejar de pagarla y nacionalizar la banca bajo control de los trabajadores, para que se destinen los recursos nacionales a un plan de obras públicas, viviendas, escuelas y hospitales que emplee todas las manos disponibles y garantice un salario acorde a la canasta familiar, a la que hoy no accede el 80% de los trabajadores.

Notas

[1] - Norberto Galasso, en el 2002, publicó un libro sobre la historia de la deuda externa argentina titulado «De la Banca Baring al FMI».

[2] - Id.


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