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Una nueva revolución por una 2ª Independencia
Escrito por Alicia Sagra - FOS   
Martes 06 de Julio de 2010 03:30
9 de Julio de 1816: El fruto de una larga batalla
 
La Independencia latinoamericana fue producto de una política elaborada y aplicada por quienes en 1811 fundaron en Cádiz la Logia Lautaro.

Entre ellos San Martín, Bolívar, O’Higgins... La llegada de estos hombres fue decisiva para que se declare la independencia en Quito y Nueva Granada en 1810, en Paraguay y Venezuela en 1811. Pero en la Provincias Unidas del río de la Plata, ese objetivo se demoró 6 años. Fue necesaria una larga batalla para hacer retroceder a las fuerzas que se oponían.
 
En octubre de 1812, San Martín, a pocos meses de haber llegado a Buenos Aires, se ve obligado a derribar al Primer Triunvirato dirigido por Rivadavia, convertido en obstáculo para la revolución. Pero la resistencia continuó y la independencia se siguió retrasando.
 
Cuando por fin se convoca el Congreso de Tucumán, San Martín forma un bloque con los diputados cuyanos (Pueyrredón, Laprida, Godoy Cruz…) para exigir que esa tarea se concrete. Lo que era fundamental cuando se sabía que la Santa Alianza1, estaba dispuesta a apoyar a Fernando VII para recuperar sus colonias.
 
Por fin se logra el objetivo y el 9 de Julio de 1816 se declara la Independencia. Ahora podía dedicarse San Martín a diagramar la campaña que liberaría a medio continente. Pero nada se hubiera conseguido sin la dirección revolucionaria de la cual San Martín fue parte.
 
Si aspiramos a imponer una segunda independencia, tenemos que construir la Logia Lautaro de nuestros días: la dirección obrera revolucionaria nacional e internacional que organice y encabece la lucha por derrotar al imperialismo, en el camino de la liberación nacional y social de Latinoamérica. El FOS está al servicio de esa tarea.
 
Notas
1Rusia, Austria y Prusia
 
 
 
La pérdida de la independência
 
Bettina
 
1850-1880 El desarrollo capitalista
 
Hacia 1850 la revolución industrial transformaba en potencias a Inglaterra, Francia, EEUU y Alemania y multiplicaba el comercio mundial.
 
Argentina marchaba a la consolidación capitalista. El ingreso por exportaciones aumentó cerca de diez veces en treinta años. Francia era destino del producto central, la lana y desplazó a Inglaterra como gran compradora. Ésta se convirtió en la principal vendedora.
 
Los inmigrantes dieron base al cambio capitalista de nuestro país. La agricultura surgió como una nueva rama económica. Hubo un fabuloso aumento del stock ganadero y mejoró la calidad con las cruzas en ovinos y bovinos. Capitales argentinos construyeron el pionero Ferrocarril del Oeste y miles de kilómetros de vías férreas. También se produjo un incipiente desarrollo minero y de pequeñas fábricas.
 
Con la agricultura nació un nuevo sector, los terratenientes, que vivían del alquiler y no de la explotación de la tierra. En la otra punta del espectro social surgió una clase media rural, los chacareros. En 1862 Mitre los consolidó como pobres con la ley de colonización por arrendamiento. Se gestaron los “golondrinas”, recolectores transitorios de la zafra, la papa o el trigo. En la estancia, los ganaderos, típicos capitalistas, convivían con proletarios o peones de campo.
 
La oligarquía de Buenos Aires se opuso a la extensión de la siembra, pues su interés era el mestizaje de ganado. Sarmiento, defensor de la reforma agraria, intentó una ley que transformaría en chacras las tierras próximas al ferrocarril, pero los estancieros bonaerenses lo derrotaron.
 
El capital extranjero se concentró en los empréstitos, sin el predominio casi absoluto que tendría a partir del 80. Los otorgados al estado constituían el 50% de las inversiones británicas.
 
Los préstamos dinamizaron la pujante economía. Pero construir una nación moderna hubiera implicado acabar con la burguesía terrateniente. El monopolio de la tierra por un grupo ya se había legitimado con Rosas. En 1879 Avellaneda realizó la “Gran Conquista del Desierto”, genocidio ejecutado por su Ministro de Guerra Julio Argentino Roca, con el objeto de consolidar el latifundio. La campaña sirvió, principalmente, para el robo escandaloso de tierras públicas. En efecto, en las décadas siguientes el estado se “desprendió” de 41.787. 023 hectáreas a favor de 1843 particulares.
 
1880-1933 Nos convertimos en semicolonia
 
Nuestro país inauguró la era de sumisión al naciente imperialismo, esencialmente al británico: aparecieron los grupos financieros intermediarios de capitales extranjeros como Tornquist, Bemberg y Robert Long & Co, que controlaban ramas enteras de producción y las comunicaciones.
 
El punto de inflexión de la entrega se produjo en década del 80: Argentina concentró cerca de 50% de las inversiones externas inglesas y el saldo del comercio exterior con el Reino Unido fue negativo. La mayor parte de los préstamos eran también de procedencia inglesa. Durante la presidencia de Roca (1880 – 1886) el total de inversiones de Gran Bretaña se duplicó. A través de la corrupción, los ingleses se adueñaron de los ferrocarriles y obtuvieron tremendos privilegios en la construcción de los nuevos, como el caso del Central Argentino en que el gobierno les donó 3 millones de hectáreas contiguas al recorrido, lo que convirtió a Inglaterra en el mayor terrateniente de la república.
 
La carne y los cereales desplazaron a la lana y a Francia como principal comprador. Inglaterra ocupó ese lugar. ¿Qué frenó la voracidad del Reino Unido? La competencia de los alemanes y franceses hasta 1914 y la de los yanquis, luego.¿Por qué la neutralidad argentina durante la Primera Guerra Mundial? El entonces primer ministro inglés Lloyd George lo explica: “la guerra se ganó sobre toneladas de carne y trigo argentino”.
 
Esta es la época del “granero del mundo”. A las elevadas exportaciones de trigo, maíz y lino monopolizadas por firmas como Bunge y Born o Dreyfus se sumaron las de ganado en pie y, más tarde, carne congelada. Los frigoríficos fueron industria exportadora modelo, por ejemplo los Anglo-Ciabasa, parte de un trust que combinaba inversiones, barcos y miles de carnicerías en Gran Bretaña.
 
También se instalaron grandes fábricas para el mercado interno: textiles, como Alpargatas; ingenios en el norte; el complejo Bemberg de la cerveza. Se multiplicaron talleres y pequeñas fábricas como Siam y Westinghouse. La mitad de los capitales industriales eran extranjeros. La penetración imperialista fue tal que alarmó a la burguesía nacional. Así se produjo una revuelta que obligó a la renuncia de Juárez Celman en 1890 y a nuevas relaciones entre las clases: la gran burguesía introdujo el voto popular como elemento de presión que la resguardara. El proceso culminó en 1912 con la Ley Sáenz Peña del sufragio universal.
 
Mientras, se estructuraban la clase media rural y urbana y nacía la clase obrera. Los inmigrantes la dotaron de una conciencia independiente, que produjo la Semana Trágica y multitud de huelgas dirigidas por anarquistas y socialistas, a la par de las primeras organizaciones obreras.
 
La crisis mundial fue el marco del golpe militar que derrocó a Yrigoyen en 1930. Pero Uriburu no pudo mantenerse mucho tiempo en el poder. Su proyecto fascista no cuajaba con los intereses de la burguesía ni del capital inglés, quiénes hallaron su representante en el General Agustín Justo. Con su presidencia se legitimó “década infame”, gobierno directo de los estancieros y del imperialismo británico. Como dice Nahuel Moreno “el país pasó a transformarse en una semicolonia, inglesa y estaba obligado a dejar entrar las mercaderías inglesas, en su amplia mayoría —entre ellas el whisky— sin pagar derechos; a considerar a Inglaterra nación privilegiada que controlaba nuestro producto de exportación más importante, la carne; a aceptar que las empresas que hacían estas exportaciones pertenecieran a un trust íntimamente ligado al mercado de Smithfield; a comprar los ferrocarriles en las condiciones que los ingleses consideraran convenientes (el pacto fue el origen de las posteriores “nacionalizaciones”); a constituir la Corporación de Transportes de Buenos Aires; a comprar la Compañía de Gas, etcétera. Es lo que nos lleva a afirmar que el conjunto de pactos que englobaremos bajo la denominación Roca–Runciman1 y los concomitantes nos convirtió en una semicolonia inglesa." 2
 
Notas:
1Pacto con Inglaterra firmado en 1933
2 Nahuel Moreno, Método de la Interpretación de
la Historia Argentina
 
 
Fuente: Lucha Socialista nº 204 – FOS

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