| La Segunda Independencia y la Revolución Permanente |
| Escrito por Alicia Sagra - FOS | |||
| Martes 13 de Julio de 2010 22:03 | |||
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Sólo la clase obrera puede encabezar esta batalla
Esta batalla implica la lucha por el no pago de la deuda, la renacionalización de todas las privatizadas para ponerlas bajo control obrero, la renacionalización del petróleo y de todos nuestros recursos naturales. Pero, es necesario aclarar que, a diferencia de la primera independencia, ésta no será encabezada por ningún sector burgués. Por el contrario, la lucha por la segunda independencia se dará también en contra de todas las burguesías nacionales que son socias de algún imperialismo.
Los únicos que no tienen compromisos con el imperialismo son los trabajadores. Por eso no se podrá lograr la independencia nacional si no triunfa la revolución socialista que imponga el poder obrero y desarrolle la revolución internacional.
Pero en esto no sólo tenemos diferencias con los que confían en Evo y Chávez. También las tenemos con organizaciones trotskistas, como el PO o el PTS que no dan importancia a la lucha por la independencia nacional. Ellos secundarizan la unidad de acción que se dio contra el ALCA o las que se deben dar por la nacionalización de los hidrocarburos o por el no pago de la deuda. Opinan que esas tareas distraen a la clase obrera de su lucha central: la de la revolución socialista. No ven que la revolución socialista en todos los países latinoamericanos pasa inevitablemente por la lucha antiimperialista. Y es la teoría de la revolución permanente, elaborada por León Trotsky, la que responde correctamente a estas cuestiones.
¿Qué dice la Teoría de la Revolución Permanente?
Durante los siglos XVII, XVIII y XIX la burguesía desarrolló grandes revoluciones contra la nobleza por tres objetivos centrales: 1) la unidad nacional, 2) quitar la tierra a la nobleza para convertirlas en una mercancía e 3) instaurar una república democrático-burguesa para acabar con el régimen feudal.
Este proceso tuvo dos puntos culminantes en la revolución inglesa (1648- 1660) y en la revolución francesa de 1789, donde la burguesía fue a fondo en la lucha por sus objetivos. Parte de estas grandes revoluciones burguesas (aunque tuvieron particularidades importantes) fueron las grandes guerras de la independencia de EE.UU y de Latinoamérica.
Pero no pasó lo mismo en las revoluciones burguesas que se dieron en Europa en 1848, donde la burguesía capituló. Analizando esas revoluciones y la rusa de 1905, Trotsky llega a la conclusión que, por temor al proletariado, la burguesía ya no está en condiciones de encabezar la lucha por sus propias reivindicaciones. Que es la clase obrera la única que podrá resolver las tareas democráticas, a partir de que tome el poder político. Y que a partir de esa toma del poder, el proletariado no se detendrá en las tareas democráticas, sino que comenzará a instrumentar las anticapitalistas, convirtiendo a la revolución en socialista.
Dice Trotsky, “la teoría de la revolución permanente venía a proclamar que, en los países atrasados, el camino de la democracia pasaba por la dictadura del proletariado (...)”.[1]
La Teoría de la Revolución Permanente responde a unos y otros
Trotsky aclara que: “con respecto a los países de desarrollo burgués retrasado, y en particular, de los semicoloniales y coloniales, la teoría de la revolución permanente significa que la resolución íntegra y efectiva de sus fines democráticos y de su emancipación nacional tan sólo puede concebirse por medio de la dictadura del proletariado, empuñando éste el poder como caudillo de la nación oprimida”.[2]
Y afirma: “De todos modos me parece claro que las tareas internas de estos países no se pueden resolver sin una lucha revolucionaria simultánea contra el imperialismo (…) En todos los países latinoamericanos los problemas de la revolución agraria están indisolublemente ligados a la lucha antiimperialista. (...)”.[3] Evidentemente, estas posiciones no tienen nada que ver con la de los trotskistas que ignoran o minimizan la lucha por la independencia nacional y el carácter antiimperialista de la revolución socialista en los países latinoamericanos.
Trotsky también se refiere a las burguesías nacionales. “La naciente burguesía nacional de muchos países latinoamericanos, buscando una parte mayor del botín e incluso tratando de conseguir un grado mayor de independencia trata de utilizar para sus fines las rivalidades y conflictos de los imperialistas extranjeros. Pero (…) no puede lanzar una lucha seria contra la dominación imperialista y por una genuina liberación nacional por temor a desatar un movimiento masivo de los trabajadores del país que podría, a su vez, amenazar su propia existencia social”[4]. Y así responde a trotskistas, como los del MST que siembran expectativas en gobiernos burgueses como los de Chávez o Evo.
Coincidimos con Trotsky y con Nahuel Moreno cuando afirma: “Todo esto no quiere decir que la burguesía nacional no tenga profundos roces con el imperialismo en determinados momentos. Pero sí quiere decir que esos roces nunca son tan serios como para llevarla a romper todos sus lazos con él o a dirigir una lucha victoriosa contra él”[5]. Y vemos que la clase obrera y las masas latinoamericanas han comenzado a tomar su tarea, ya que los procesos revolucionarios de Ecuador, Venezuela, Argentina, Bolivia, tuvieron una fuerte componente antiimperialista. La ofensiva colonizadora continúa, por lo tanto, más tarde o más temprano, nuevos enfrentamientos se darán y ellos colocarán la gran disyuntiva de nuestro continente: revolución socialista o colonia.
Notas
[1] León Trotsky, La Revolución Permanente, Introducción.
[2] León Trotsky, La revolución permanente.
[3] Entrevista con Mateo Fossa, Escritos Latinoamericanos, Ediciones CEIP León Trotsky
[4] Tesis sobre el rol mundial del imperialismo norteamericano, aprobadas por el Congreso Fundacional de la IV Internacional, 1938.
[5] Nahuel Moreno, El Partido y la Revolución.
Fuente: Lucha Socialista nº 204 – FOS
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