| Cristina ganó con el 50% - Los trabajadores no ganamos |
| Escrito por PSTU-Argentina | |||
| Lunes 22 de Agosto de 2011 21:45 | |||
Los trabajadores y sectores populares votaron masivamente por la Presidenta, con un ojo puesto en las urnas y el otro en la terrible crisis cuyo centro sigue estando en Estados Unidos y Europa. Los comentarios en las fábricas, en las oficinas, en los barrios populares, apuntan a lo mismo: hay inflación, los salarios no alcanzan, faltan viviendas, la educación y la salud pública están mal, pero con Cristina hay más trabajo que en los’90. Y un sector de la población, por su parte, puede comprar de todo en 20 cuotas.
Y, a diferencia de los que sucedía hace diez años, los estallidos de indignación popular –Londres, España, Israel, los países árabes- se dan lejos de Argentina, los miramos por TV. Acá “todavía se puede vivir”.
El triunfo de Cristina se dio, por otra parte, luego de que en 9 de 10 recientes elecciones provinciales ganaran los respectivos oficialismos. Clarín, La nación y todo el coro de la derecha, quisieron interpretar los triunfos de Macri en capital, de Binner en Santa Fe –con Miguel del Sel pisándole los talones-, de la sota en Córdoba, como preanuncios del retroceso del gobierno y avances de la oposición a nivel nacional. Pero las elecciones en esos distritos clave simplemente habían expresado esa misma sensación de que “así no estamos tan mal, en otros lados están mucho peor” y en consecuencia: “mejor no cambiar”.
Los trabajadores y el pueblo votaron mayoritariamente por Cristina
Por eso mismo, cuando se puso en juego el apoyo o no al gobierno nacional, Cristina terminó ganando en todo el país, incluidos los distritos donde su gente había perdido semanas antes.
Esa gran votación se explica, en primer lugar, porque la inmensa mayoría de la clase trabajadora y sectores populares la apoyaron. Un apoyo que, sin embargo, no provocó festejos en las fábricas y barrios obreros, lo que muestra que en los trabajadores no hay la expectativa de un profundo cambio a su favor, sino la convicción o simplemente la esperanza de que con cristina la cosa no empeore.
Lamentablemente, esa esperanza será defraudada.
La oposición patronal quedó maltrecha
En este marco, se da el desastre de la oposición patronal, cuyas dos figuras clave, Duhalde y Alfonsín, quedaron cabeza a cabeza, con el 12%, a casi cuarenta puntos de Cristina. “El Alberto” Rodríguez Saa, apenas superó el 8%. De Narváez que le había ganado a Néstor Kirchner en Buenos Aires en el 2009 con alrededor del 40%, ahora bajó a la mitad y Scioli le ganó por más de 30 puntos. Lilita Carrió se quedó en el 3,2%.
Los comentaristas intentan explicar esto por las ambiciones de los candidatos que les impiden acordar una fórmula común. Es cierto que eso los perjudicó. Pero la primera razón de su desastre electoral es que son rechazados por el pueblo trabajador, que los identifica con un pasado dramático. Y los vieron apoyando a los sectores patronales más reaccionarios, como la sociedad rural o clarín. Por eso, los repudió con su voto.
Pero hay otra razón igualmente importante: la mayoría de las grandes patronales y el imperialismo vieron que ninguno de ellos eran una opción segura para gobernar. Por el contrario, un sector mayoritario de la gran patronal, e incluso las embajadas de Estados Unidos y Europa, vieron que Cristina es hoy quien puede garantizar mejor sus intereses, porque tiene el apoyo popular y también controla a los dirigentes de la CGT y la CTA.
No se escuchó ni una palabra en contra de Cristina de parte del imperialismo y los principales patrones, que no se caracterizan por hacer silencio ante candidaturas hostiles. Las grandes multinacionales petroleras y mineras, igual. Incluso la Unión Industrial le dio apoyo explícito, y los Rocca, dueños de Techint, cerraron todos los conflictos con el gobierno antes de la elección.
Y en los distritos rurales, donde tienen sus campos los más grandes terratenientes que combatieron en el 2008 el aumento a las retenciones, ganó Cristina. Es evidente que los grandes capitalistas nacionales y extranjeros consideran más fiable la continuidad ante las tormentas que se avecinan.
Esto explica también la incapacidad de la oposición patronal para unirse alrededor de un modelo alternativo al del actual gobierno. Sencillamente no lo tienen. Por eso también la derecha sufrió semejante paliza. Todo indica que este panorama se mantendrá hacia las presidenciales de octubre.
El “progresismo estanciero” de Binner
Apoyado en su triunfo en Santa Fe, Binner logró superar el 10% de los votos a nivel nacional. Postulándose para ocupar la franja del “progresismo no peronista”, logró dividir las fuerzas de Pino Solanas (uno de los grandes derrotados de las elecciones) y arrastrar a la rama de la CTA que encabeza De Gennaro.
Pero el avance de este supuesto “progresismo” no es una buena noticia para los trabajadores. Como el mismo Binner se ha encargado de subrayar una y otra vez, él defiende los intereses de los ricos del campo que se levantaron contra la resolución 125 y las retenciones a las exportaciones en 2008. En lo esencial comparte el programa de la derecha.
En este sentido sigue la tradición del viejo Partido Socialista, que se alió con los gorilas y los yanquis contra Perón apoyando el sangriento golpe de estado de la revolución Libertadora.
¿Cómo utilizará Cristina este inmenso poder?
Salvo una catástrofe imprevista, Cristina se impondrá en la primera vuelta de octubre. El contundente triunfo del 14 de agosto además le ha permitido concentrar más poder en sus manos. La CGT y el aparato tradicional peronista de los intendentes y gobernadores –gracias a un armado de las listas que privilegia a la Cámpora de Máximo Kirchner y hombres directos de la Presidenta como el mismo amado Boudou- quedan relativamente desplazados.
Ese mayor poder le permitiría a Cristina, si quisiera, lanzar ahora una gran ofensiva para quebrar el control de los banqueros y las multinacionales sobre el país, solucionar los problemas populares más agudos como el del trabajo precario, el salario y las jubilaciones, la vivienda, la salud y la educación pública. O terminar con el saqueo de nuestros recursos por parte de las multinacionales.
Sin embargo, el primer gesto de Cristina después del triunfo no fue nada de eso: llamó a los candidatos de la derecha a la “unidad nacional”. Y les propuso como primera medida aprobar en el Congreso su Proyecto de Ley de Tierras, que limita nuevas compras por extranjeros, pero deja en sus manos las inmensas extensiones que ya controlan, incluyendo gran parte de las reservas de agua y las mejores tierras de cultivo. Esto es un indicio de que, cuando la crisis mundial se manifieste en América Latina, ella reaccionará como los gobiernos europeos y norteamericano: ayudando a los grandes empresarios y ajustando a los trabajadores y el pueblo.
Es que no hay salida capitalista a la crisis que no sea explotando aún más y saqueando las riquezas de nuestros países. El camino para defendernos de la crisis no es ese.
Prepararnos para lo que viene
La crisis mundial está empeorando. Y todo indica que tendrá repercusiones en América Latina y nuestro país. Cuando eso ocurra, por lo que ha demostrado hasta ahora no será este gobierno el que tome las medidas necesarias. Entonces, todas las ilusiones de los trabajadores y el pueblo volverán a verse defraudadas.
En ese momento, necesitaremos estar muy unidos, hayamos votado a unos u otros, para impedir que nos la hagan pagar a nosotros. Y la izquierda puede jugar un papel importante en ese sentido. Por eso, necesitamos que la izquierda se fortalezca, para que los trabajadores estén en mejores condiciones para enfrentar los ataques del gobierno, la patronal, el imperialismo y sus agentes de la burocracia sindical.
Gran votación de la izquierda
El resultado que permitió el “milagro”, no se explica por motivos religiosos. Lo que ocurrió es que una minoría importante de trabajadores y jóvenes, tomó en sus manos una tarea democrática: impedir que la izquierda sea proscripta. Incluso compañeros que tal vez no voten a nadie en octubre, u otros que tal vez simpaticen con el gobierno, resolvieron apoyarnos.
No creemos que esos votos sean “propiedad” de la izquierda. Hay un electorado tradicional de izquierda, pero esta votación lo superó. Fue un “viento” democrático, que nos ayudó.
Ubicar a último momento la pelea contra la proscripción –algo que desde el PSTU veníamos insistiendo desde el inicio de la campaña- fue la llave para lograr que el Frente fuera visto como algo superior a la simple suma de sus integrantes.
Esa fue la clave para votaciones muy altas, como el 4% en Capital, casi el 5% en Neuquén, Salta y Santa Cruz, 3,5% en Córdoba, y altos índices en barriadas obreras y populares del conurbano.
El protagonista no es solamente “el Frente” ni sus candidatos, sino los trabajadores que lo llevaron a este logro. El desafío es lograr sostener y superar esa votación, presentando al Frente como una herramienta para el conjunto de los trabajadores.
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Los trabajadores y sectores populares votaron masivamente por la Presidenta, con un ojo puesto en las urnas y el otro en la terrible crisis cuyo centro sigue estando en Estados Unidos y Europa. Los comentarios en las fábricas, en las oficinas, en los barrios populares, apuntan a lo mismo: hay inflación, los salarios no alcanzan, faltan viviendas, la educación y la salud pública están mal, pero con Cristina hay más trabajo que en los’90. Y un sector de la población, por su parte, puede comprar de todo en 20 cuotas.















