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Cristina reconoce que “el mundo está difícil”
Escrito por PSTU - Argentina   
Viernes 02 de Septiembre de 2011 02:05
Antes de las elecciones primarias de agosto, Cristina afirmaba que la crisis no va a llegar porque su “modelo” blinda al país, pero terminadas las elecciones reconoció en su discurso “el mundo está difícil” y junto a la presidente de Brasil Dilma Russeff, convocaron a la cumbre de la UNASUR para afrontar la crisis mundial. Los datos de la economía indican que se está desacelerando la economía del Brasil y la crisis mundial está golpeando cada vez más fuerte.

Menos puestos de trabajo y salarios

Con el pico de crisis del 2008/09 se perdieron miles de puestos de trabajo por el cierre de fábricas como Mahle, Paraná Metal o Massuh. Las promesas del gobierno de estatización o subsidio no se cumplieron y esos puestos de trabajo no se recuperaron. A la vez nuestros salarios sufren un duro golpe por la permanente devaluación. Con el “modelo Menem”, el dólar en relación al peso estaba 1 a 1 para favorecer a las grandes empresas y multinacionales que obtuvieron enormes ganancias en dólares. Tras la crisis del 2001 Duhalde cambió el valor del dólar a 3 a 1 a pedido de esas mismas empresas, lo que devaluó nuestros salarios en términos internacionales. Pagando salarios más baratos, volvieron a crecer las ganancias de las grandes empresas gracias al “modelo Duhalde”.

El modelo kirchnerista combina ambos modelos, las privatizaciones del “modelo Menem” y la devaluación del “modelo Duhalde”, pero agravando el deterioro de nuestros salarios a partir del estallido de la crisis mundial. Desde el 2008 el dólar comenzó una escalada del 3 a 1 hasta el 4 a 1 en enero de este año. Y en lo que va del 2011, pasó de 4 a 4,20 $ con lo que en 8 meses nuestros salarios ya perdieron casi un 8 % en relación al dólar, moneda que a su vez está siendo devaluada por EE.UU.

La inflación en los precios de los productos de la canasta familiar se agudizó en todo el mundo a partir de los salvatajes, masas gigantescas de billetes que los Bancos Centrales del G7 le dieron a las multinacionales para evitar su quiebra. Lo que Cristina oculta es que cada vez que paga deuda externa, ese dinero es destinado a salvar las multinacionales y fondos buitres que los utilizan para especular con la compra y recompra de empresas de alimentos y petróleo, lo que empuja para arriba los precios de los productos alimenticios. Cada vez que visitamos el súper, la verdulería o la carnicería sufrimos el efecto de los lineamientos del G20, cuyos acuerdos que Cristina apoya, están provocando una tragedia alimentaria mundial.

Además de colaborar con la inflación mundial, los 10 mil millones de dólares de deuda externa que Cristina paga este año son una inmoralidad porque significa reconocer una estafa que nuestro país ha sufrido por parte de los gobiernos imperialistas. Y porque desvía fondos que necesitamos para jubilaciones, salud o educación. Como si esto no bastara, el aumento de precios es reforzado por el “modelo” a través del IVA, impuesto que permite recaudar millones al gobierno, pero que es brutalmente regresivo, porque lo pagamos y sufrimos injustamente los que menos tenemos, cada vez que compramos leche, pan o carne. ¿Adónde van los millones que recauda el “modelo” con el IVA y las recaudaciones récord por venta de soja?

¡Una montaña de subsidios con plata de los jubilados!

El “modelo” reparte 20 mil millones de dólares en concepto de subsidios. Pero mientras que la asignación universal por hijo, los planes sociales, las notebooks, los plasmas y “futbol para todos”, provienen de la ANSES, es decir, de la plata de los jubilados y de los trabajadores activos que aportamos mes a mes con parte de nuestros salarios. En cambio, las mayores riquezas del país se la llevan las grandes empresas y privatizadas. Mientras los subsidios a los “pobres” comprenden el 27%, el 73% restante, unos 14 mil millones de dólares, se destinan a las privatizadas y grandes empresas.

El gobierno dice que estos subsidios permite mantener “bajas las tarifas”. En realidad, pone en los bolsillos de las multinacionales millones que necesitamos para salud, educación y consolida el modelo colonial que permite que las palancas fundamentales de la economía como el gas, el petróleo, la electricidad queden en manos de las grandes empresas extranjeras. Los subsidios están basados no sólo en la recaudación sino también en el superávit comercial que proviene de la venta de la soja, carne y productos primarios, lo que desmiente que el modelo es de “industrialización”. No sólo porque las fábricas que se cerraron en el 2008/2009 nunca se reabrieron y los puestos de trabajo se perdieron, sino porque las exportaciones de soja, y recaudaciones récord que benefician a las multinacionales y pools de siembra consolidan un modelo colonial, sojero y dependiente, más parecido al de la “década infame” de los ’30, que al de Perón en los `50.

Un verdadero modelo independiente, que permita defendernos de la crisis mundial del capitalismo, es posible llevando adelante las medidas que con el Frente de Izquierda estamos proponiendo desde el PSTU (ver a continuación).  
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Hace falta una izquierda fuerte

Pasaron pocos días de las primarias. Y ya hay indicios de lo que vendrá. La presidenta, asegurado su triunfo para octubre, comenzó a hablar en otro tono, y a decir las cosas que antes callaba. Luego de su abrumador triunfo, llamó a Duhalde, Alfonsín, Binner y todos los partidos patronales rechazados por sus votantes, a la unidad para afrontar juntos los efectos de la crisis mundial cuya incidencia en nuestro país era negada por todo el oficialismo antes de las primarias. Cuando antes decía que “la crisis no vendrá a la Argentina”, ahora manifestó la verdad. Dijo: “el mundo está difícil”.

Los gobiernos de todo el UNASUR –conjunto de países de América del Sur- se reunieron para analizar el inminente impacto de la desaceleración de la economía mundial, y China en especial. Dilma, la presidenta de Brasil, anunció una serie de medidas de apoyo a las empresas, organizando un salvataje para los grandes capitalistas de Brasil. Y un brutal recorte al gasto público, un ajuste que ataca a los sectores de menores recursos. Señala así el camino que seguirán el resto de los gobiernos del área. Y Cristina ya reconoce que la crisis estaría llegando.

¿Cómo usará su poder?
 
Antes de las primarias, pidió el voto para “profundizar el modelo”, dando a entender que de esa manera estaríamos cada vez mejor. Sin embargo, unas pocas medidas y acciones posteriores a las elecciones, dan una señal de lo que viene. Dos días después de las elecciones, la Secretaría de Comercio autorizó un aumento general de precios del 9% para alimentos y artículos de consumo.

Una semana más tarde, presionó a la CGT y la CTA a bajar su reclamo de aumento del salario mínimo vital y móvil. Del pedido de 41%, bajaron a un 25%, que era lo que empresarios y gobierno pretendían. El mínimo, que influye sobre lo que cobra la mitad de los trabajadores del país, quedó en la miseria de $2.300. Para el “modelo” del gobierno, con $73 diarios alcanza para vivir. Tras el acuerdo, se abrazó con Moyano y lo felicitó al igual que a Yasky, dirigente de la CTA, porque habían sido “responsables”. Mientras tanto, en Santa Cruz y Chubut volvió a desatarse la represión a los trabajadores de parte de gobiernos provinciales afines al kirchnerismo.

A los dos compañeros presos de Las Heras, se suma la persecución y golpes a trabajadores de la provincia de donde proviene la presidenta, que cometieron el delito de reclamar elecciones libres en un sindicato intervenido. Y en Chubut, hay once “Dragones” –obreros petroleros fuera de convenio que trabajan en el yacimiento Cerro Dragón, el más grande del país- detenidos por reclamar contra seis despidos. En ambas provincias, los gobiernos utilizan el capital de sus votos y los de Cristina, para reprimir al servicio de las grandes empresas multinacionales petroleras.

En síntesis, Cristina ya está utilizando el poder que le dieron millones de trabajadores, para favorecer a los empresarios y la burocracia sindical, y perjudicar a los trabajadores, elevando la inflación, poniendo topes a los aumentos salariales y reprimiendo a los que luchan.

Necesitamos una izquierda fuerte para luchar por un “modelo” diferente
 
Debemos aprovechar el logro de haber superado las primarias y tener una alternativa de izquierda y los trabajadores. Muchos compañeros nos votaron aun sin coincidir con todas nuestras propuestas, defendiendo un derecho democrático. A todos ellos, les pedimos que nos vuelvan a apoyar. A los compañeros independientes de izquierda les pedimos que nos den una mano. Y a millones que votaron a Cristina, para que “no ganen los viejos políticos” como Duhalde y Alfonsín, les insistimos: ese riesgo no existe, no hay posibilidades de que ganen ellos.

El problema es el gobierno. Respetamos la opinión de tantos compañeros que lo apoyaron, pero lamentablemente los hechos demuestran que no gobernará para el pueblo. Cuando se trate de elegir salvar a las empresas o a los trabajadores, no dudará. Cuando venga la época de las “vacas flacas”, elegirá favorecer a los grandes empresarios, nacionales y extranjeros, aunque los trabajadores sufran. Así fue en el 2009, cuando hubo un pico de la crisis. Las fábricas cerradas como Mahle, Massuh y Paraná Metal siguen cerradas. Y los trabajadores en la calle.

Por eso, que no hay voto más “útil” y beneficioso para un trabajador y su familia que el voto al Frente de Izquierda. Porque la izquierda seguirá después de las elecciones apoyando cada reclamo de los trabajadores, por la educación, la salud, la vivienda, contra la precarización. No será el Parlamento, los diputados, senadores o gobernadores los que defenderán a los trabajadores y sus necesidades. Ellos están allí para defender las ganancias de las empresas y el saqueo de nuestras riquezas. Para eso, les pagan sus altas dietas.

Una izquierda fuerte, con presencia nacional, influencia sobre sectores amplios, incluso con diputados y concejales que puedan levantar su voz entre tantos corruptos, ponerse al servicio de la lucha y llevar a legislaturas los reclamos y necesidades populares, será una herramienta para defendernos.

Desde el PSTU, nos comprometemos a utilizar cada voto para luchar por un modelo opuesto al del gobierno: un modelo independiente que permita defendernos de los actuales ataques y de la crisis mundial. Un modelo que defienda el salario, las jubilaciones, contra la precarización laboral, por las necesidades populares, y en defensa de nuestros recursos naturales. Un modelo obrero y socialista que estatice las grandes empresas en manos de las multinacionales, en lugar de subsidiarlas, así como las grandes extensiones agrícolas y fábricas de producción alimenticia, que suspenda el pago de la deuda externa y monopolice el comercio exterior para asegurar precios accesibles a los alimentos, y la banca para terminar con la fuga de capitales. Y ponga todos esos recursos al servicio de las necesidades del pueblo trabajador.

Es decir, para luchar “por izquierda” contra todo gobierno patronal, en busca de un país mejor para todos los trabajadores y el pueblo. 

Fuente: Avanzada Socialista n. 10, septiembre 2011

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