| La lucha de los trabajadores de Terrabusi |
| Escrito por FRENTE OBRERO SOCIALISTA | |||
| Lunes 26 de Octubre de 2009 00:00 | |||
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Sostener la unidad de los trabajadores y la comisión interna
La heroica lucha de los compañeros de la empresa de alimentos Terrabusi-Kraft culminó parcialmente con la firma del acta ante el Ministerio. La empresa se compromete a no producir despidos ni represalias durante dos meses, y los trabajadores a no realizar medidas (ni dentro ni fuera de la fábrica) por el mismo período. Se garantiza el ingreso de la Comisión Interna (CI) y sus funciones se prorrogan hasta las próximas elecciones (el 3 de noviembre). De los 162 compañeros despedidos más 32 suspendidos, quedan 53 afuera, y el resto aceptó la indemnización o fue reincorporado.
Hasta aquí los números fríos. Sin embargo, la lucha de Terrabusi fue mucho más que eso. Fue un intento de liquidar una organización sindical de base que no es controlada por la burocracia de Rodolfo Daer[1] ni Hugo Moyano[2], al servicio de descabezar y derrotar a la fábrica e imponerle un cambio completo de las condiciones laborales, e incluso, según denuncian, la supresión de un turno entero (alrededor de 700 compañeros despedidos).
Para lograrlo, la patronal yanqui de Kraft violó la ley y las resoluciones del Ministerio de Trabajo, utilizó la justicia corrupta a su servicio, para que ordenara el desalojo cuando le resultó necesario, utilizó a la embajada de EEUU[3] para dar órdenes a los gobiernos nacional y provincial, que no tuvieron ninguna vergüenza en obedecer a sus amos, usando a la policía y gendarmería para apalear a los obreros.
Luego de un primer momento de apoyarlos de palabra, tanto la conducción del sindicato de la Alimentación como el propio Moyano le dieron la espalda y facilitaron la represión. El Ministerio de Trabajo dejó a la empresa actuar a su antojo. Y recién después de la brutal represión, ante el repudio a la misma y la simpatía hacia los obreros por parte de todo el pueblo argentino, se vio obligado a «mediar», imponiendo el poder judicial el reingreso de la Comisión Interna y la restitución de sus funciones. Pero esto se dio una vez que las condiciones dentro de la fábrica ya eran carcelarias.
Una pulseada de todos los trabajadores
Durante 38 días, los trabajadores tuvieron paralizada la fábrica en defensa de delegados y despedidos. Y una ola de solidaridad obrera se desató en todo el país. Colectas en apoyo, pronunciamientos de diputados, políticos, sindicatos de distintos países, la CTA (Central de Trabajadores Argentinos) que marchó junto a ellos.
Era una situación insostenible para la patronal. Se jugaron con todo a la derrota completa. Luego de la represión, cuando ya no hubo más condiciones para que los compañeros que seguían en fábrica realizaran medidas, cercados por la policía y la empresa, la gran solidaridad obrera y popular mantuvo en pie el conflicto, y obligó al gobierno (repudiado por la represión) a ponerle límites a la empresa.
La gran crisis política del país, la debilidad del gobierno y el quiebre de la unidad patronal (corroída por enfrentamientos como el campo, los medios de difusión y tantas otras divisiones) permitió lograr la entrada de la CI y la reincorporación de parte de los compañeros.
Por eso, la inmensa mayoría de los trabajadores del país vieron con alegría la vuelta de la Comisión interna a la empresa. Ese es un logro clave. Sin embargo, la situación interior de la fábrica no es hoy la misma, la organización interna está debilitada, la Comisión dividida, la represión patronal es muy grande. Y hay todavía 53 compañeros (delegados de sector y los mejores activistas) despedidos.
Resultado indefinido
La lucha no terminó. Están los despedidos que resisten, esperando su reincorporación. Está la situación de represión dentro de la fábrica. Y está pendiente la resolución del tema de la CI. No pudieron dejarla afuera mediante el despido ni la represión, pero el intento de sacarla del medio se mantiene. Por eso, ahora el sindicato se apresuró a convocar elecciones, en un marco desfavorable para el activismo y los compañeros que durante años (y sobre todo con este conflicto) dieron muestras de respetar a sus dirigentes.
De la resolución de estos tres problemas dependerá el resultado general del conflicto. O la base se recupera, la unidad se reconstruye y los trabajadores logran condiciones para seguir luchando por la reincorporación del resto. O la empresa reinicia los ataques, profundiza la represión y avanza en nuevos despidos. En todo esto, es decisivo el resultado de las elecciones de Comisión Interna. El próximo round se juega allí.
Defender la unidad
La firma del Acta produjo un quiebre en la CI. La mayoría, militante de la CCC (Corriente Clasista y Combativa), firmó el acta y la considera un paso adelante. Y Bogado, máximo dirigente, que primero no la firmó, ahora se retracta y la apoya. Por su parte, otro delegado, que los diarios ubican como perteneciente al PTS, denuncia el acta como un «golpe traicionero», y señala que podía lograrse mucho más. Y que una asamblea de despedidos se había pronunciado en contra de la misma.
Este debate debe profundizarse. Para eso, el correr de los días irán dando señales claras. Pero para poder construir entre todos los trabajadores un balance, es necesario recuperar la unidad interna de la fábrica y de los despedidos con los que no lo están. Y el primer paso es mantener la unidad de la CI para las próximas elecciones, para tener mejores condiciones para impedir que gente de Daer, junto a la empresa, puedan tirar abajo esta interna, que más allá de equivocaciones o graves errores de conducción que nos parece han cometido, es aún vista como una conquista por los trabajadores de Terrabusi y entre amplios sectores obreros del país.
La unidad no garantiza el triunfo, pero seguramente la división facilitará la derrota. Y en cualquier circunstancia, de lo que se trata es de impedir una ruptura entre el activismo y la base, entre los despedidos y los que siguen adentro. La unidad obrera es la clave. Parte de ese esfuerzo unitario es la necesidad de realizar colectas entre los trabajadores, para que los despedidos «aguanten».
Algunos interrogantes
Como parte del debate, quedan muchos interrogantes. ¿Por qué razón un conflicto de esta envergadura, con la solidaridad que logró, habiendo ganado la simpatía de las masas trabajadoras, no pudo mantener la unidad de la fábrica? ¿Cómo fue que la empresa logró que parte de los compañeros de base se fueran alejando del conflicto?
¿Por qué la represión encontró tan pocos compañeros dentro de la fábrica, cuando todos eran parte de la lucha? ¿Que fue lo que produjo en algún momento un quiebre entre una vanguardia que hacía acciones cada vez más radicalizadas, y la base que estaba cada vez más pasiva?
Por último, la solidaridad en las fábricas era grande. Sin embargo, no tuvo un canal para expresarse. Los cortes de ruta no lo eran. ¿Por qué no se convocó, desde Terrabusi, a un gran Encuentro de todas las organizaciones obreras solidarias, para organizar el apoyo?
Es fundamental intentar responder a estos interrogantes, para aprender ante los futuros ataques que vendrán. Con el mayor respeto por esta lucha, nos parece que la clave de estos y otros problemas no es nada nuevo, sino algo que venimos discutiendo en otros conflictos, como Casino, Maffisa, etc.
La ayuda externa, de agrupaciones estudiantiles, de desocupados y otros sectores, es buena en tanto esté subordinada a las decisiones del conjunto de los trabajadores. Pero si sustituye las decisiones y acciones del conjunto, se vuelve en contra. Da a la base la sensación de que no hace falta su compromiso directo y activo, sino que otros actores «externos» lucharán por ella. En los cortes, en las movilizaciones, había cada vez menos obreros y cada vez más militantes.
Esto es resultado de un problema más general. ¿Quién resuelve en un conflicto así? ¿Los despedidos solos, rodeados de activistas «externos»? ¿O deben resolver todos juntos, los que están trabajando y los que no lo están? Como ejemplo ¿Qué pasó el 4 de septiembre? ¿Puede una asamblea de unas pocas decenas de compañeros despedidos resolver entrar a la fábrica, sin considerar la voluntad del conjunto? ¿No será esa una de las razones por las cuales la fábrica se fue «vaciando», y la represión se facilitó? Y si la resistencia interna se debilitaba, ¿la solución era reemplazarla desde afuera, o pegarse a la base para seguir todos juntos? ¿La medida más eficiente es la más radical, o la más masiva?
Creemos que muchos de estos problemas, que recorren a todas las luchas obreras y con los que tenemos que enfrentarnos siempre -el vanguardismo, la sustitución en las acciones de la clase, las decisiones de unos pocos que niega la verdadera democracia obrera de base- son fundamentales de cara al futuro. Y tenemos que marcarlos a fuego, sea cual sea el resultado de la actual lucha. Es así porque estos métodos, por más coraje y fuerza que demuestren los trabajadores, tarde o temprano nos llevarán a derrotas.
[1] Secretario general del Sindicato de Trabajadores de Industria de la Alimentación (STIA). [2] Secretario general de la CGT.
[3] La recientemente nombrada embajadora de EEUU en Argentina, Vilma Socorro Martínez, se reunión especialmente con la presidenta Cristina Kirchner para exigirle que reprimiera la lucha de los trabajadores de Terrabusi.
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