Alcanzando hoy el nivel de alerta histórico de Tchernobyl, la catástrofe de Fukushima ha vuelto a poner sobre la mesa de manera cruda el debate sobre el problema nuclear. Con esta irremediable catástrofe humana y ambiental, está en juego todo el problema de la cuestión energética de nuestra sociedad.
El 5 de noviembre pasado, los ferrocarriles estuvieron en huelga general por 24 horas. La razón era principalmente el proyecto de "filialización" de B-Cargo, operador ferroviario histórico, una empresa pública, para el transporte de carga.
Carrefour, la segunda red minorista del mundo, se lamenta de que su sucursal belga está sufriendo daños, y que es necesario, por lo tanto, "reestructurarla". Sin embargo, Carrefour Bélgica extrajo de su caja, el 29 de diciembre de 2009, un billón de euros para alimentar la multinacional [1].
A raíz de la catástrofe ferroviaria de Buizingen, sostenemos en primer lugar a las familias y a los amigos de los 18 fallecidos, así como a los 171 heridos, que viven momentos difíciles. Por otra parte, estamos convencidos de que este accidente habría podido evitarse; y eso nos trae una vez más brutalmente a la dura realidad del ferrocarril actual.