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¿Es posible un nuevo Estado Plurinacional sin la destrucción del viejo Estado Burgués?
Escrito por Joallan Rocha, Grupo Lucha Socialista/Bolivia   
Martes 16 de Marzo de 2010 16:03

 

La crisis del neoliberalismo y el acenso de las luchas populares en America Latina en los últimos años plantean nuevos y difíciles retos para la izquierda revolucionaria.

 Sobretodo la caracterización de los nuevos gobiernos dichos “progresistas”. Hoy la mayoría de los países de America Latina son gobernados por presidentes vinculados a la “izquierda”. Ex guerrilleros, que hasta poco defendían la lucha armada contra el estado capitalista, hoy son presidentes, ministros, o vice presidentes. Las Centrales obreras y movimientos sociales indígenas campesinos, que estuvieron en la vanguardia de las luchas contra los gobiernos de derecha y el neoliberalismo, ahora son entidades oficialistas y paraestatales.

La posición a tomar frente a estos nuevos gobiernos es un divisor de aguas en la izquierda. El debate acerca de la caracterización y perspectivas de estos gobernantes marca una clara oposición entre reformistas y revolucionarios. Más allá de las especificidades de cada gobierno “progresista” según el país, existe más similitudes que diferencias: ninguno tiene como estrategia la destrucción del Estados burgués, la ruptura con el imperialismo y la construcción de una sociedad socialista.

En todos estos países, incluyendo a Bolivia y Venezuela, los empresarios, los terratenientes y las transnacionales siguen teniendo jugosas ganancias, y las viejas instituciones del estado burgués siguen intactas. Entonces, ¿por qué estos gobiernos, sobretodo el de Chávez, Evo Morales y Rafael Correa, mantienen en sus discursos términos como “Revolución Ciudadana”, “Socialismo del Siglo XXI”, “Estado plurinacional” y “Socialismo comunitario”? La explicación puede parecer simplista, pero no menos valida. Estos gobiernos presionados por el ascenso del movimiento obrero, indígena y campesino necesitan, seguir el giro a la izquierda de la consciencia de las masas, por lo menos en los discursos, a fin de mantenerlas ilusionadas en un proyecto reformista, burgués.

Este artículo tiene el objetivo de abrir una discusión franca con aquellos sectores de la izquierda y el conjunto del movimiento obrero, campesino e indígena boliviano que creen honestamente en el gobierno de Evo Morales y su concepción tan en voga del “Estado Plurinacional”. No se trata de una polémica académica con la corriente intelectual indigenista, es ante todo una discusión política y estratégica sobre los caminos y peligros del proceso boliviano. 

Para eso, recorremos a lo mejor de la tradición marxista para analizar y caracterizar la cuestión nacional indígena en Bolivia. Este tema, espinoso para la izquierda boliviana, no es un tema cualquiera.  A nuestro criterio, sólo la revolución socialista puede dar una solución al problema nacional indígena en Bolivia permitiendo la “unidad de los obreros de todas las nacionalidades, con la más completa igualdad de derechos de éstas y el más consecuente carácter democrático del Estado”.

Es inconcebible la elaboración y actualización del programa de la revolución boliviana sino  incorporamos las demandas étnicas y democráticas de los pueblos y naciones indígenas. “Estos sectores desposeídos y oprimidos son los aliados naturales de la clase obrera. Sin esta alianza la clase obrera no podrá llegar o, en todo caso, mantenerse en el poder. La clase obrera sólo podrá ser dirección del proceso revolucionario si incorpora las reivindicaciones de estos sectores y apoya sus luchas, manteniendo su independencia de clase (…) Asumimos las reivindicaciones centrales de los pueblos originarios tales como la defensa de la propiedad colectiva de la tierra por las comunidades indígenas y la garantía de autodeterminación sobre su territorio, lo que incluye desde la defensa del medio ambiente hasta el subsuelo. De la misma manera, defendemos su derecho a preservar y desarrollar su propia cultura e idioma, incluso en el sistema educativo.  La lucha por esos derechos es una lucha por la autodeterminación nacional de esos pueblos, que en algunos casos, como Bolivia, son la mayoría del país” [1]. Es a partir de esta perspectiva  que polemizamos con la concepción del “Estado Plurinacional”.

La noción de “Estado Plurinacional” es llevada adelante por una corriente política e intelectual, que tiene como principal interlocutor el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, y se institucionaliza con la aprobación de la nueva constitución en enero de 2009. El articulo 1 de la nueva CPE afirma, “Bolivia se constituye en un Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, libre, independiente, soberano, democrático, intercultural, descentralizado y con autonomías. Bolivia se funda en la pluralidad y el pluralismo político, económico, jurídico, cultural y lingüístico, dentro del proceso integrador del país”.

García Linera explica el significado de esta definición, “el reconocimiento de que Bolivia es una nación de naciones, donde estamos aymaras, quechuas, guaranies, mestizos, afrobolivianos etc., la nueva constitución reconoce que somos un estado plurinacional (…) El Estado, el poder político, las instituciones son ahora plurinacionales[2].

Sin duda Bolivia es un país multinacional y multiétnico, donde existen más de 36  naciones y pueblos indígenas. Los datos del Instituto Nacional de Estadisticas afirman que cerca de 70% de la población pertenece a algún de estos pueblos. También no se puede negar que los pueblos indígenas fueron a lo largo de la historia de Bolivia, marginados y discriminados por la elite local, nacional e internacional. La opresión y el racismo siempre fueron una política de estado. Cuando no conseguían exterminar a los indígenas, el Estado buscaba “castellanizarlos”.

Pero las políticas del estado burgués/colonial boliviano de homogeneización de la sociedad fracasaron. Así como la construcción de un Estado Nacional unitario.  La resistencia de siglos de los pueblos indígenas por preservar su cultura, sus costumbres, y su territorio se manifestó con mucha fuerza a partir de los años 80 y 90. La elección de Evo Morales, la expectativa en la asamblea constituyente, la aprobación de la nueva constitución y la reelección de Evo son de cierta forma una consecuencia del ascenso de las luchas indígenas de los últimos años,  y reacción del conjunto del pueblo boliviano a 20 años de neoliberalismo.

Pero la elección de Evo Morales y la aprobación de la nueva constitución no significaron un cambio en el carácter del estado Boliviano. El estado no se define por el origen social de sus miembros, por una asamblea legislativa plurinacional o la existencia de 3 ministros indígenas. “Por eso, para el marxismo, todo gobierno que administra un estado burgués es también burgués, independiente del origen de clase del presidente o sus ministros” [3]. La nueva constitución más allá de la cantidad de veces que habla de “plurinacional” o de “economía comunitaria”, respecta y garantiza la propiedad privada, y mantiene intactos los grandes latifundios y los negocios y poder de las transnacionales.

Mientras sigue el mismo modelo económico, exportador y extractivista, la ofensiva simbólica y ideológica tuvo su cúspide, cuando en el 22 de Enero de 2010, día de la posesión Evo Morales, se decretó la muerte del viejo estado “liberal”, “burgués” y “colonial” boliviano, y la inauguración del estado plurinacional. Evo Morales en su discurso “dio por enterrado el viejo estado neoliberal y discriminador” y proclamó las Fuerzas Armadas como “revolucionarias” y “anticapitalistas”.

El Estado se define por su carácter de clase, y no cambia por el simple hecho de que cambie los gobernantes. La clase que controla la economía y los medios de producción en Bolivia sigue siendo la burguesía, que no fue expropiada. Somos un país donde la economía capitalista domina y subordina las demás formas precapitalistas de producción, en completa dependencia del mercado mundial.

Un verdadero cambio en el estado presupone la completa destrucción del viejo aparato estatal y sus instituciones, “en líneas generales, los marxistas revolucionarios afirmamos que el cambio en el carácter del estado y de la sociedad, en esta época, sólo es posible por vías revolucionarias [4].

Las instituciones burguesas como el parlamento, la justicia y las fuerzas armadas bolivianas siguen intactas. Las palancas de la economía, como los hidrocarburos y la minería siguen controladas por empresa transnacionales. En los cuatro años del gobierno de Evo Morales, las entidades financieras, como los bancos y las AFPs tuvieron record de ganancias. Y para no haber dudas de su buena relación con la ONU y demás instituciones imperialistas, Evo Morales mantiene 300 soldados bolivianos en la ocupación militar de Haití. Por otro lado el desempleo, la informalidad, la sobreexplotación en el trabajo, el saqueo de los recursos naturales y las políticas macroeconómicas de ajuste fiscal,  típicas del periodo neoliberal siguen siendo implementados.

La construcción teórica e ideológica del “Estado Plurinacional” está siendo desmentida por la realidad de los cuatro años del gobierno de Evo Morales. El actual Estado Burgués es incompatible con un verdadero Estado Plurinacional. Sin la destrucción del viejo no se puede construir algo nuevo. Para ser precisos, el MAS y el gobierno de Evo Morales están tratando de reconstruir el viejo estado y sus instituciones desgastadas con las movilizaciones de octubre 2003 y mayo-junio de 2005.

Es imposible que las instituciones de un Estado burgués colonial, que durante 200 años estuvieron a servicio de la clase dominante, pasen de manera “pacifica” y “voluntaria” al lado de los trabajadores y pueblos oprimidos, y expropien la burguesía y el imperialismo.

La experiencia histórica de las revoluciones rusa, cubana y china demostró que solo con la destrucción del “estado capitalista en el terreno político y a la burguesía en el terreno económico, expropiándola y eliminándola como clase social, se puede avanzar en la construcción de una sociedad socialista”.

Nosotros del grupo Lucha Socialista, sección boliviana de la Liga Internacional de los trabajadores creemos que el cambio que necesitan la clase obrera, y los pueblos indígenas no va llegar de manera pacifica, con acuerdos con la burguesía y sus lacayos, y mucho menos a través de las elecciones.

Solo una revolución socialista puede construir en Bolivia un Estado de nuevo tipo, a través de la expropiación de la burguesía racista del oriente boliviano, de una verdadera nacionalización de los recursos naturales, la expropiación de los terratenientes y repartición de sus tierras entre los campesinos y pueblos indígenas. La alianza de los obreros, campesinos y de los pueblos originarios, no solo es posible como necesaria para la construcción de un Estado Obrero, plurinacional y multiétnico, que integre y respecte al conjunto de los pueblos originarios y su derecho a la autodeterminación.

¡Por un verdadero Gobierno obrero, campesino, indígena y popular contra el imperialismo y la burguesía!

¡Basta de opresión a los pueblos originarios! ¡Por su derecho a la autodeterminación: Tierra, Territorio, justicia, idioma, cultura y organización propios!


[1] IX Congreso de la Liga Internacional de los Trabajadores. Documento Latinoamericano.

[2] Álvaro García Linera. Los Pilares de la nueva constitución política del estado: Estado Plurinacional, Economía estatal y Estado autonómico.

[3] Alejandro Iturbe. ¿Es posible que Chávez encabece la Revolución Socialista? Marxismo Vivo nº 15.

[4] Nahuel Moreno. La revoluciones del siglo XX. 


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