| ¿Quien le hace el juego al imperialismo y a la derecha? |
| Escrito por Joallan Cardim | |||
| Martes 18 de Mayo de 2010 18:20 | |||
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Lecciones del gobierno de la UDP y de Evo Morales
La ola de luchas obreras de los últimos días en Bolivia, protagonizada por diferentes sectores laborales, sobretodo los fabriles, en rechazo al incremento salarial de 5%, está generando profundas discusiones sobre un momento crucial en la historia del país que tiene que ver con el gobierno de la UDP (Unidad Democrática y Popular) de 1982 a 1985. La dirección de la COB, para seguir apoyando al gobierno de Evo Morales y evitar el avance y la profundización de la luchas, acusa a los trabajadores fabriles de buscar la caída del gobierno, y causar un regreso de la derecha, parecido a lo que pasó en el periodo de la UDP.
En esencia tanto el discurso de la dirección de la COB, como el del gobierno, buscan propagar la idea de que los trabajadores bolivianos fueron los responsables de derrotar al supuesto gobierno de izquierda de la UDP, y que con eso favorecieron el regreso de la derecha. Estos discursos tienen el objetivo de generar división y confusión en las filas de la clase obrera boliviana, que hoy lucha de manera radicalizada contra la propuesta de aumento salarial de 5%, decretado por el gobierno de Evo Morales.
Por esto consideremos muy importante clarificar las discusiones sobre lo que fue el gobierno de la UDP combatiendo las falsas interpretaciones de la historia, y sacando las lecciones correctas.
¿Que fue el gobierno de la UDP?
Después de 18 años de lucha continua contra dictaduras militares, la clase obrera en alianza con los campesinos y demás sectores sociales arrinconaron a los militares en las jornadas revolucionarias de septiembre de 1982. En 10 de octubre, la Unidad Democrática y Popular (UDP) asume el gobierno, con Siles Zuazo a la cabeza. Siles asumió el gobierno con el respaldo del imperialismo, la reaccionaria iglesia católica, la burguesía nacional, las Fuerzas Armadas, los partidos reformistas (PCB y MIR) y de la burocracia sindical, con Juan Lechin a la cabeza.
Nosotros en aquel momento hicimos la siguiente caracterización del gobierno de la UDP: “Por su composición, el gobierno de Siles Zuazo es un frente popular (conciliación de clase). Lo integran: dos partidos burgueses, uno nacionalista (el MNR-I de Siles), y otro de la iglesia (la Democracia Cristiana), un partido nacionalista pequeño burgués (el MIR) y un partido obrero reformista-contrarrevolucionario (el PCB)[2].
Es decir, nosotros no considerábamos que el gobierno de Siles fuera un gobierno de izquierda, tampoco obrero y menos campesino. Era un gobierno burgués, pro imperialista, que en un primer momento tuvo mucho apoyo en los sectores obreros y populares. Después de años de dictadura y represión, la población y la clase obrera tenían muchas expectativas en el régimen “democrático”. Muchos bolivianos veían en el nuevo gobierno la posibilidad de satisfacer sus necesidades económicas y tener garantía de las libertades democráticas.
Además las principales direcciones del movimiento obrero en aquel momento eran reformistas y sostenían al gobierno desde adentro y afuera, como el PCB, el MIR y Juan Lechin al frente de la COB. Estos sectores cumplían un papel lamentable al hacer creer al movimiento de masas que estábamos frente a un gobierno de los trabajadores, y que no había que luchar contra el gobierno. Esta política desde un principio desarmaba al movimiento obrero y preparaba el camino para la derrota, como aconteció algunos años después con la elección de Víctor Paz y la aplicación del neoliberalismo.
Pero la luna de miel de la población y la clase obrera con el gobierno duró muy poco. El carácter burgués de la UDP y sus medidas fueron percibidos por los sectores de vanguardia de la clase obrera, en aquel momento, los trabajadores mineros. Un mes después de asumir el poder, Siles Zuazo propuso un paquete económico antiobrero, “que significo el aumento del costo de vida en un 150%, congelamiento salarial, y autorizo el incremento en las tarifas de transporte, energía eléctrica, agua potables, teléfonos y también en los precios de muchos productos de primera necesidad… El plan económico no incluía ninguna medida que afectase los intereses de las clases dominantes[3].
La UDP aprovechó la confianza y apoyo que tenían de las masas para llevar a cabo un duro golpe a la economía popular, algo que ningún gobierno militar lo hubiera logrado, sin correr el riesgo de ser derrocado. La confianza de las masas en la UDP tenían un límite natural, el hambre, la miseria, los bajos sueldos. Los diferentes sectores empezaran a reaccionar a las medidas anti populares. Inmediatamente como lo hace el actual gobierno de Evo Morales, la UDP y el partido comunista, acusaron a los trabajadores movilizados de ser agentes provocadores del golpe y el fascismo (no muy distinto de las acusaciones que hace García Linera en contra de los fabriles).
El descontento de la población surgió de inmediato, muchos decían “nos han engañado”. Los mineros en una resolución de ampliado, afirmaban, “los gobernantes deben saber que los trabajadores no hemos luchado para que el garrote imperialista simplemente pase de manos de un verdugo a otro”.
El paquetazo de Siles fue aplaudido por el FMI y la burguesía boliviana, como hacen ahora los empresarios bolivianos con el mísero aumento salarial de 5% de Evo Morales. Pasados 15 meses de su gobierno, Siles no lograba revertir el proceso revolucionario abierto en septiembre de 1982. El ascenso del movimiento obrero y de masas seguía enfrentándose al gobierno burgués de Siles, “la burguesía pensó que Siles siendo un gobierno democráticamente elegido, con el respaldo de los partidos con influencia en las masas, como el PCB y el MIR, podría revertir o congelar la movilización. Pero no fue así”[4]
La crisis económica se profundizaba, y el gobierno no estaba dispuesto a aplicar un programa anticapitalista en favor de los trabajadores. Como cualquier gobierno a servicio de la burguesía, la UDP, buscaba descargar los efectos de la crisis en las espaldas de la clase obrera. “La paciencia llega a su limite el 21 de noviembre de 1983. El comité ejecutivo de la COB por presión de las bases y ante un cuarto paquete económico convoca el primer paro de 24 horas nacional contra la política económica del gobierno. El 13 y 14 de diciembre la COB convoca a un nuevo paro de 48 horas a nivel nacional y el 23 de enero de 1984 se inicia la huelga de hambre decretada por la COB. Son tres movilizaciones nacionales generalizadas y centralizadas en menos de tres meses”[4].
En marzo de 1985 la mayoría de los trabajadores no apoyaba, ni tenía ninguna expectativa en el gobierno de Siles. La paciencia de la clase obrera había acabado. Los trabajadores no estaban dispuestos a sacrificarse más. En este momento la COB convoca una huelga general indefinida que dura dieciséis días. Cerca de 10 mil mineros armados con dinamitas ocuparon la ciudad de La Paz. Se planteó la posibilidad de voltear a Siles y de que la COB tomara el poder.
Pero la burocracia lechinista y los partidos reformistas como el PCB y el MIR, que dirigían a los trabajadores, traicionaron la movilización. En este momento la COB era más que un sindicato, era un organismo de poder de las masas centralizado y con fuerza nacional. “La huelga general de marzo fue una lucha revolucionaria de masas contra el gobierno de Siles y el régimen burgués que cuestionó al sistema capitalista semicolonial boliviano… La Lit y el PST boliviano, por su parte venían afirmando desde hacia más de dos años que en Bolivia estaba planteado el problema del poder; la huelga general de marzo lo ponía al rojo vivo… Fue la culminación de una crisis revolucionaria prolongada, que se inició en 1982 con la caída de la dictadura de García Mesa, se atenuó con las expectativas de las masas en el flamante gobierno de Siles y resurgió tres meses después de que este se instalara en la casa de gobierno. A partir de entonces una seguidilla de paros, varias huelgas generales, manifestaciones, ocupaciones de empresas, bloqueos de caminos y mil formas de lucha de las masas cuestionaron permanentemente al gobierno y al estado burgués“[5]
Frente a esta situación la dirección de la COB, el MIR y el PCB se negaron a tomar el poder, y en interminables reuniones con el gobierno terminaron por amortiguar y desgastar la movilización, “en todo el curso de los acontecimientos un solo partido, el PST, sostenía que la huelga debía conducir al derrocamiento de Siles y la toma del poder por los obreros”.
Los trabajadores perdieron una oportunidad única de tomar el poder, una vez más a la clase obrera boliviana se le escapó una victoria que estaba al alcance de sus manos. Ya en 1984 nuestra organización, el PST, alertaba que “solo una derrota muy fuerte de la clase obrera podría modificar la situación revolucionaria. Entre tanto el gobierno sobrevive, gana tiempo y concede tiempo al conjunto de la burguesía y el imperialismo para que preparen una alternativa de recambio que revierta el proceso revolucionario”.
La huelga general no triunfó, las reivindicaciones de los trabajadores no fueron atendidas. Como consecuencia el ascenso revolucionario retrocedió. La burguesía logró a través de una trampa electoral elegir a Paz Estensoro, que implementó el neoliberalismo y duros ataques a los trabajadores como el cierre de minas y fábricas, y el despido masivo de mineros y fabriles. Esta vez los trabajadores ya no tenían la fuerza de antes, y la huelga general de septiembre contra Paz Estensoro y sus decretos fue derrotada.
A partir de este análisis, preguntamos, ¿Quienes fueron los responsables del regreso de la derecha?: ¿Los trabajadores que luchaban por sus reivindicaciones y necesidades o el gobierno de la UDP y sus lacayos como el partido comunista y Juan Lechin?
Para nosotros no hay dudas de que los trabajadores, durante el gobierno burgués de la UDP tenían todo el derecho de luchar por sus reivindicaciones, y con esto no estaban haciendo el juego al imperialismo ni a la derecha. Los únicos responsables por la vuelta de la derecha fueron el gobierno de Siles que de manera permanente llamaba a los demás partidos burgueses para que se incorporen a su gabinete ministerial, igual que a las direcciones traidoras que se negaron a romper con el gobierno burgués y preparar una lucha insurreccional por la toma del poder. Estas direcciones sustentaron al gobierno hasta el último momento, aún cuando ya estaban dadas las condiciones objetivas para que los trabajadores tomasen el poder a través de la COB.
En la lucha de clase las oportunidades perdidas o traicionadas son pagadas con años de sacrificio por parte de los trabajadores. Así fue durante los 20 años de neoliberalismo, que llevó al saqueo de nuestros recursos naturales, la privatización de las empresas estatales, los despidos masivos y el aumento de la miseria y el hambre en nuestro país.
¿De que lado está el gobierno de Evo Morales?
Sacar conclusiones y lecciones de lo que fue el gobierno de la UDP es muy importante para las actuales generaciones de luchadores. Sobretodo porque otra vez estamos frente a un gobierno de conciliación de clases, como es el de Evo Morales, que hoy se apoya en las principales direcciones del movimiento de masas boliviano como son el MAS, la COB, la CSUTCB y la FSTMB. El actual gobierno de frente popular tiene un fuerte componente étnico, por ser Evo Morales el primer presidente indígena en la historia del país, donde cerca de 60% de la población se auto identifica como parte de algún pueblo o nación indígena.
Desde un principio el objetivo del MAS y de Evo fue desviar el proceso revolucionario abierto en 2003, a través de pactos y acuerdos con la derecha y la burguesía. Para eso contó con el respaldo del imperialismo y sus instituciones como la ONU, la OEA y la UNASUL. Fue así en la negociación con las transnacionales petroleras y con la constitución aprobada en enero del 2009, donde tuvo el apoyo de diferentes sectores del imperialismo, que veían en la constitución y en los distintos procesos electorales, la posibilidad de “tranquilizar al país” y poner fin la polarización de las clases.
Hoy los empresarios, banqueros, terratenientes y las empresas trasnacionales están teniendo jugosas ganancias gracias al gobierno de Evo Morales. Sectores importantes de la burguesía y de la derecha están entrando al MAS y ahora están con el “proceso de cambio”. Evo Morales y su vicepresidente no se cansan de afirmar que la “revolución Democrática y Cultural” respeta la propiedad privada, las inversiones de las empresas transnacionales y el “Estado de derecho”.
Como no se puede gobernar para Dios y para el Diablo al mismo tiempo, la situación de los trabajadores sigue empeorando, con salarios de hambre y desempleo. Por eso están luchando los fabriles, maestros y otros sectores. El “proceso de cambio”, la “Revolución Democrática y Cultural”, y el nuevo “Estado Plurinacional” no pasan de ser discursos vacíos de los ideólogos indigenistas del MAS. La realidad de los trabajadores está muy lejos de lo que pinta el gobierno. Por eso la paciencia de los miles de obreros que movilizaron en los últimos días está acabando.
Nosotros no consideramos que la movilización de los fabriles y el llamado a la huelga general indefinida convocada por la COB tenga el objetivo de tumbar al gobierno, por dos cuestiones. Una, el hecho de que la mayoría de la población e importantes sectores de la clase obrera todavía no han roto con el gobierno, y siguen teniendo grandes expectativas en Evo Morales. La otra es que la dirección de la COB y de la FSTMB son los más importantes sostenes del gobierno en el movimiento obrero: estuvo claro en la reciente traición de estas dos organizaciones a la marcha nacional de los trabajadores por el aumento salarial. En el segundo día de la marcha, realizaron un acuerdo (cuestionado por diferentes sectores) con el gobierno y suspendieron la movilización nacional.
Todavía está presente en la conciencia de la amplia mayoría de la población el justo miedo al regreso de la derecha. Por eso no están dadas las condiciones para derrocar a este gobierno y sustituirlo por un verdadero gobierno obrero y campesino. Pero también es cierto que algunos sectores ya empiezan a comprender que el gobierno del MAS no es muy distinto a los gobiernos anteriores, y están dispuestos a ir a la movilización en defensa de sus reivindicaciones, y contra los ataques a sus derechos laborales.
Una justa política revolucionaria frente a la movilización de los trabajadores
Diferente del POR[6], que con sus consignas ultraizquiedistas exigen el derrocamiento del gobierno de Evo Morales de manera inconsecuente y sectaria, nosotros afirmamos que mientras el gobierno siga gozando de la confianza de las masas, los revolucionarios no debemos hacer agitación directa por su derrocamiento.
Hoy los trabajadores bolivianos no están luchando para derrocar al gobierno de Evo Morales. Están movilizados por el salario, el derecho a una mejor jubilación y mejores condiciones de vida. La política del POR de “Abajo el gobierno del MAS”, en el momento actual donde los trabajadores no están dispuestos a llevar adelante esta tarea solo favorece el discurso de la burocracia sindical y del gobierno.
Nuestro rol como embrión de un partido revolucionario en Bolivia es acompañar la experiencia de la clase obrera con el gobierno, sobretodo en esta lucha en rechazo al 5%, denunciando las medidas reaccionarias del gobierno, y exigiendo que cumpla con las reivindicaciones más sentidas de los trabajadores, como es el aumento digno del salario, una nueva ley de pensiones, una reforma agraria y la verdadera nacionalización de los recursos naturales. A tiempo que avanza la experiencia de los trabajadores con este gobierno debemos ir construyendo una oposición de izquierda, obrera y socialista, capaz de reunir y unificar a los diferentes sectores combativos en un nuevo instrumento político de los trabajadores.
La principal tarea que tienen los trabajadores ahora es la masificación de la lucha para derrotar el 5% e imponer un aumento salarial justo, como reivindican los fabriles. Ningún paso atrás en la movilización. Frente a la traición de la dirigencia de la COB, seguir la lucha. Confiemos solamente en nuestras fuerzas y en la unidad de la clase obrera.
Pero, de manera permanente señalamos que no confiamos ni un milímetro en el gobierno de Evo Morales y sus ministros neoliberales. Afirmamos categóricamente que este no es un verdadero gobierno de los trabajadores y el pueblo pobre. Creemos que para resolver el problema del salario, el hambre, la miseria y el desempleo es necesario una revolución socialista en Bolivia que nacionalice el gas y la minería, expropié los grandes empresarios y terratenientes del Oriente del país y rompa con el imperialismo. Para esto necesitamos un verdadero gobierno obrero, campesino y de los pueblos indígenas que implemente este programa.
[1] - Periódico La Razón de 07 de mayo
[2] - Tesis Sobre la situación Política Boliviana, Revista Estrategia socialista. Año1, Numero 4. Diciembre de 1982
[3] - Revista Estrategia socialista. Año1, numero 4. Diciembre de 1982
[4] - La COB debe ser gobierno, Ediciones Trinchera Socialista, 1985
[5] - Correo Internacional, La Revolución Traicionada. Diciembre de 1985
[6] - Partido Obrero Revolucionario que se reivindica trotskista, su principal teórico y dirigente fue Guillermo Lora. Hoy este partido no tiene casi influencia en la clase obrera boliviana. El único sindicato que dirigen es la Federación de Maestros Urbanos de La Paz.
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Joallan Cardim es militante del Grupo Lucha Socialista/Bolivia
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