| Alegría, racismo y explotación en el Carnaval de Salvador |
| Escrito por Raíza Roca | |||
| Sábado 20 de Febrero de 2010 19:20 | |||
|
¿Quién va atrás del camión de sonido?
El carnaval de Salvador, Bahia, atrae multitudes, grandes inversiones y récords de audiencia. La expectativa para este año es de más de 2 millones de participantes y un movimiento de más de 5000 millones de dólares.
Turistas brasileños y del mundo entero llegan a la capital baiana para divertirse y bailar detrás de los camiones de sonido, en las avenidas de la ciudad. Las grandes emisoras de televisión y radio dan visibilidad a la fiesta y decenas de empresas invierten en ella.
Creado por la población más pobre, hoy, el carnaval de calle se transformó en uno de los segmentos más rentables de la industria de entretenimiento del país. La ocupación de 100% de la red hotelera de Salvador más próxima de los circuitos del carnaval (las gigantescas tribunas y gradas que ocupan los paseos y calles de los trayectos). Los precios para poder ser parte de los llamados "bloques cerrados" [1] varían entre 80 y mil dólares diarios. Millones de dólares invertidos por las grandes empresas (bancos, marcas de cervezas y compañías de telefonías) se disputan el espacio de la avenida con la alegría y diversión del carnaval de Salvador.
Son diversos los estilos musicales presentes en el carnaval. En las avenidas, durante los seis días que dura, pasan bloques africanos, de "afoxé ", se samba, de axé, de vientos y percusión, etc. Los bloques se mezclan en las calles con los artistas baianos y las tribunas ofrecen cientos de atracciones, como Disc Jockeys, bebidas y comidas, entre el pasaje de un bloque y otro. Aparentemente, todo parece armonioso, todos se divierten y todo es "felicidad y alegría". Sin embargo, lamentablemente, esa fiesta es también marcada también por el racismo y las desigualdades sociales de la capital baiana.
A pesar de que más de 80% de la población de Salvador es negra, es una minoría blanca la que se divierte en los bloques cercados por cuerdas, o que frecuenta las tribunas lujosas esparcidas por las avenidas. Algo que puede ser visto incluso por la TV. A diferencia de la promocionada "diversidad étnica y cultural" de la fiesta que quieren mostrar los medios y los gobiernos, el espacio reservado para los negros y pobres en el carnaval es la conocida "palomita", participantes que no tienen dinero para comprar una entrada y quedan apiñados y apretados, separados de los bloques por una cuerda y mucho personal de seguridad. Y aquellos que consiguen una participación en los bloques, dividen su valor en varias veces. Para aquellos que pueden pagar, los mejores bloques y tribunas; para aquellos que no pueden pagar, sobra la "palomita" y las frecuentes agresiones de los policías. Más de 60% de los habitantes de Salvador que participan del carnaval, los anfitriones de la fiesta, deben quedarse en la "palomita".
Al contrario del mito del "baiano perezoso", el carnaval representa un periodo de trabajo para gran parte de la población de la ciudad. Se estima que sólo en trabajos informales, cerca de 200.000 personas trabajan vendiendo comida, bebida, recogiendo latas o cuidando coches, entre otras cosas. Según una investigación del ayuntamiento, por cada cinco habitantes de la ciudad que participan del carnaval, hay otro trabajando.
[1] - A diferencia de Río de Janeiro, donde la estructura principal del carnaval es el defile de las "escolas do samba" en el estadio especial (el sambodromo), en Salvador se realiza un "carnaval de calle" con múltiples "blocos de rua" que recorren calles y avenidas con un "trío eléctrico" (camión de sonido) con el grupo musical del bloco. Las personas que eligen ese bloco, van bailando y cantando detrás del camión. En los "bloques cerrados", custodiados por un cordón de seguridad, es necesario pagar una entrada para participa
|
| Más artículos: ... |
|---|
|


















