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¿Disminuir o acabar con la opresión?
Escrito por Ana Rosa Minutti - Secretaria Nacional de Mujeres del PSTU   
Miércoles 03 de Marzo de 2010 00:00

A partir de los años 90, muchas mujeres que estuvieron al frente de las luchas y los movimientos de los años 60 y 70 se rindieron al discurso de que “el socialismo había muerto”.

Para esta óptica equivocada, una sociedad igualitaria debería ser construida en base a reformas del capitalismo, y las luchas deberían reivindicar bancas en los parlamentos y encuentros que recomienden a los gobiernos cómo mejorar la vida de las mujeres. Surgieron, entonces, organizaciones que proponían que las mujeres de la clase trabajadora y de la burguesía podrían convivir en armonía y, juntas, acabar con las desigualdades entre hombres y mujeres.

La mayor expresión de esa política es la Marcha Mundial de Mujeres, una organización presente en diversos países, que busca dirigir la lucha por la igualdad. Esa organización proclama que las mujeres trabajadoras y burguesas son capaces de acabar con la opresión, “construyendo un mundo en el cual reinan la igualdad, la libertad, la solidaridad, la justicia y la paz”.

Para ella, las mujeres son capaces de crear este mundo: “Constituimos más de la mitad de la humanidad. Damos la vida, trabajamos, amamos, creamos, militamos, nos divertimos. Garantizamos, actualmente, la mayor parte de las tareas esenciales para la vida y la continuidad de la humanidad” (Carta Mundial de las Mujeres para la Humanidad, 2009).

El problema es que no existe, según la Marcha, una determinada clase que vaya a realizar esta acción. Por eso, es una organización policlasista; es decir, mujeres pobres y mujeres burguesas están juntas. Es también sexista, pues defiende que las mujeres son capaces, solas, de conquistar su igualdad: los hombres son los enemigos, sean burgueses o trabajadores.

Esa organización identifica el “patriarcado como sistema de opresión de las mujeres y el capitalismo como sistema de explotación de una inmensa mayoría de mujeres y hombres por parte de una minoría”. Sin embargo, no dice qué clase de mundo hay que construir y con quien. No propone la construcción del socialismo como el único sistema capaz de acabar con la opresión a las mujeres.
Es verdad que las mujeres burguesas pueden ir a las calles para exigir del gobierno la legalización del aborto, pero también es imposible que esas mujeres estén en las calles pidiendo aumento de sueldos y mejores condiciones de trabajo o luchando por el socialismo. Estamos en lados opuestos, pues ellas también son patronas y lucran con el trabajo ajeno.

También es verdad que los hombres trabajadores oprimen a las mujeres y que el machismo las desmoraliza y debilita. Tenemos que estar radicalmente contra las menores manifestaciones de opresión, desde los chistes machistas hasta la absurda violencia doméstica o la bárbara matanza de mujeres. Pero los hombres trabajadores necesitan ser nuestros aliados. Sólo así podremos vencer y acabar con la explotación de todos los trabajadores, hombres y mujeres.

La Marcha Mundial de Mujeres y otras organizaciones feministas ilusionan a las trabajadoras al decir que la salida es que nos juntemos con las mujeres burguesas, que son nuestras patronas, para acabar con las desigualdades.
En este 8 de marzo, cuando la Marcha completa diez años, sus banderas en Brasil sólo confirman que ese tipo de organización no sirve para las mujeres trabajadoras y pobres. Por ejemplo, apoyan las políticas del gobierno Lula y crean ilusiones con el llamado “empoderamiento”, que no es otra cosa que elegir mujeres como diputadas, senadoras, gobernadoras y, en 2010, una mujer para presidente del país.

Nosotras, mujeres que vendemos nuestros brazos, nuestra sangre y nuestro conocimiento a cambio de un sueldo de hambre, y que sufrimos todo tipo de discriminación y violencia, sólo tenemos un camino: unirnos en las organizaciones de nuestra clase y, junto con las mujeres y los hombres trabajadores, luchar contra el machismo y por la destrucción el capitalismo. Sólo así conquistaremos una sociedad igualitaria.

¿Por qué el socialismo?

La sociedad capitalista dice que las mujeres son inferiores, permitiendo que los patronos arranquen más ganancia de ellas, pagando sueldos más bajos y poniéndolas en las peores funciones. Además, las mujeres realizan el trabajo doméstico gratis, librando a los gobiernos y patronos de gastos con la manutención de la vida. Por ello, defendemos una sociedad sin clases y sin explotación, donde no haya necesidad de lucrar y, por lo tanto, de oprimir a las mujeres y otros grupos, como negras, negras y homosexuales.

En el socialismo, el Estado será responsable por impedir la violencia contra la mujer, garantizar la salud y la educación (inclusive el aborto seguro), crear guarderías, restaurantes y lavanderías públicos, entre otras cosas.


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