| El Conclat, la organización de la nueva Central y los próximos pasos |
| Escrito por Atenágoras Lopes, Ana Pagamunici, Camila Lisboa, Cacao y Paulo Barela | |||
| Martes 03 de Agosto de 2010 01:46 | |||
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La ruptura del bloque minoritario conformado por la Intersindical/Unidos/MAS, aún después de que reconozcan el
resultado de la votación del nombre, representó un duro golpe en lo que era, hasta el momento, un congreso victorioso.
Las primeras declaraciones de ese bloque apuntaban hacia un balance que responsabiliza a la mayoría de la Conlutas por la ruptura, por haber impuesto un nombre con el cual no tenían acuerdo.
De nuestra parte, apuntábamos que la ruptura se expresó en ese punto, pero implicaba algo más profundo: no hay acuerdo por parte de los compañeros en construir, por lo menos por ahora, junto con los sectores que vienen de la Conlutas, con el MTL, MTST y otras entidades una organización nacional de frente único, donde las votaciones de las instancias de la entidad estén por encima de la voluntad de los sectores políticos que la componen.
La última nota suscrita por el sector disidente, inmediatamente después de una reunión nacional, no deja dudas en cuanto al contenido de la discusión.
Los compañeros afirman textualmente que el Conclat no fue un congreso democrático y se tradujo “en la victoria burocrática de una mayoría puntual sobre una minoría eventual, particularmente durante la fundación de un nuevo instrumento”.
Colocan como tema central de la dificultad “las diferencias en la concepción de central y, principalmente, diferencias en la concepción de democracia obrera, de las cuáles la polémica sobre el nombre sólo fue la expresión formal”.
Y, expresan cual sería su concepción o la forma de funcionamiento de la entidad que se proponen construir: de un lado, salen del Congreso sin aceptar el conteo de los votos en la votación que consideraban crucial. Ahora, declaran representar un 40% de los delegados y proponen que la entidad dé poder de veto a esa minoría en su funcionamiento regular.
Para resolver lo que llaman “dificultad” los compañeros proponen que el “funcionamiento (de la Central sea) con base en decisiones consensuales”. Que las “cuestiones de principios y de concepción no van a voto” y que, “en última instancia, agotado el debate y verificada la imposibilidad de consenso, (débase) garantizar quórum calificado de 2/3 para decisiones políticas”.
O sea, en su día a día, la Central funcionaría por el consenso que fuera posible entre las corrientes políticas que la componen, con poder de veto a las corrientes minoritarias frente a las decisiones políticas que no concordasen.
Esa concepción o forma como los compañeros conciben una organización de frente único está lejos de representar algo que sirva para organizar la lucha y la resistencia de los trabajadores frente a los ataques de los gobiernos y patrones.
Si tiene un mérito, es el de colocar el debate en su debido lugar, con toda la claridad posible, expresando como esos sectores entienden el funcionamiento de una organización de frente único.
Esas posiciones retroceden al periodo anterior al Seminario Nacional de Reorganización realizado en noviembre de 2009, en Sao Paulo.
La convocatoria del Congreso sólo fue posible, frente a las diferencias que permanecían en cuanto al carácter y composición de la entidad, porque fue votado, por unanimidad, en este Seminario, que el Conclat decidiría por el voto de los delegados las cuestiones que permanecieran pendientes de acuerdo.
Otras propuestas fueron evaluadas, como la realización de un encuentro nacional en 2010 para construir un plan de luchas y la convocatoria del Congreso para el 2011.
Pero, expresando la voluntad de un amplio sector de la base de la Intersindical presente en el Seminario, los compañeros insistieron en la convocatoria inmediata del Congreso, quedando la plenaria del Foro Social Mundial de Salvador encargada de aprobar el Regimiento y criterios del Conclat.
De nuestra parte, en un gesto político, o para usar la expresión “de moda” después de la ruptura del Conclat, tuvimos la “sensibilidad” de aceptar que, en el Congreso, no tendrían derecho a voto los representantes de las organizaciones del movimiento estudiantil y de lucha contra las opresiones, aunque el Congreso decidiera, como de hecho decidió, la incorporación de esos sectores a la Central.
Presentamos aún la propuesta (después de consultar a los representantes de los GTs de la Conlutas y de la ANEL) de que la representación de esos sectores se limitaría a un 5% en la nueva organización, lo que mantuvimos en el Congreso, aún con la salida de los disidentes. Acuerdos importantes fueron construidos, con bastante flexibilidad frente a las posiciones ya consolidadas en el interior de la Conlutas (de entre ellos la elección de la Secretaría Ejecutiva en este Congreso, participación de los estudiantes y movimientos contra la opresión sin derecho a voz, en la condición de observadores y una serie de concesiones para viabilizar la realización del Conclat).
Después del Seminario de noviembre, la Coordinación Pro-Central mantuvo su funcionamiento por acuerdos y durante sus seis meses de funcionamiento, en ningún momento, cualquiera de los representantes de la Intersindical/Unidos/MAS cuestionó si el Congreso sería el foro de decisión, por votación soberana de los delegados, de las polémicas que permanecieran.
Trabajamos con una expectativa errada
Lamentablemente cometimos un error importante: a partir de la declaración de los compañeros de la Intersindical de que acatarían lo que un congreso de base votara, toda la preparación del Conclat y del II Congreso de la Conlutas fueron hechos a partir de esta premisa.
Sin embargo, esa no es la tradición de funcionamiento de los compañeros, por lo menos desde la “CUT Pela Base”#. La propia Intersindical se dividió cuanto fue necesario conjugar una mayoría en un encuentro nacional.
Nos quedamos todos felices con el resultado del Seminario de noviembre y confiados de que la unificación estaba sellada, finalmente, todos los sectores afirmaron, por escrito inclusive, que el Congreso tendría el poder de resolver, por el voto de sus delegados, las polémicas que aún persistieran.
La ruptura del Conclat reveló, con todas las tintas, que no había esta comprensión por parte de todos los sectores.
Aunque no tuviéramos una bola de cristal que pudiera prever lo que ocurrió en el Conclat, tenemos la experiencia necesaria de intervención común con los compañeros, de muchos años, para saber que ellos acumularon otra forma y otras experiencias de funcionamiento en el movimiento sindical.
Deberíamos, por lo tanto, haber tenido más cautela en la preparación del Congreso, haber sabido trabajar los ritmos necesarios para la construcción de la unidad y que los pasos deberían ser más lentos y mucho más pensados.
Por la responsabilidad que tenía la Conlutas para viabilizar la unificación, debíamos haber evaluado con más cuidado la preparación del Congreso o aún exigido un compromiso público de respeto a las decisiones por todos los sectores.
¿Organización de frente único para la lucha o fórum de consenso de las corrientes de izquierda?
Es esa disyuntiva que la nota de los sectores disidentes nos coloca. ¿Cual es la organización y para que sirve esa organización que pretendemos construir?
Tenemos bastante acuerdo con los debates hechos en el interior de la Secretaría Ejecutiva Nacional Provisional y con la declaración emitida por ella.
El Congreso se realizó y, aunque su resultado, en lo que concierne a la unificación de todos los sectores en una misma entidad nacional, no haya sido alcanzado, una nueva Central, de carácter sindical y popular, con la participación de los movimientos estudiantiles y de lucha contra las opresiones, fue fundada. Una Secretaría provisional fue electa y viene reuniéndose regularmente, emitiendo comunicados y orientaciones, publicando periódicos y panfletos.
La lucha de clases nos exige dar respuestas a la ofensiva de los gobiernos, de la patronal, del Poder Judicial y otros órganos que criminalizan las luchas sindicales y populares y la Secretaría viene buscando orientar la intervención de las entidades y movimientos.
No tenemos duda de la legitimidad del Congreso. Las decisiones tomadas en el Conclat son soberanas. Ningún acuerdo político entre corrientes que participan de la Central o las que se retiraron del Congreso tiene legitimidad frente a las decisiones tomadas por los delegados.
La consolidación de la Central fundada en el Conclat es, por lo tanto, una necesidad importante del esfuerzo por retomar el diálogo con los sectores disidentes. No podemos perder lo que acumulamos en la construcción de la unidad y de nuestra actuación conjunta en los movimientos sociales.
Esa Central, conforme discutimos y deliberamos en el Conclat, se construye y se organiza a partir de sus entidades afiliadas. Su dirección se da a partir de una Coordinación Nacional en la cual todas esas entidades tienen el derecho de participar y enviar sus representantes, orientados de acuerdo a la realidad política y al debate interno de cada entidad o movimiento.
Su funcionamiento debe darse a partir del respeto a las posiciones (mayoritarias y minoritarias) que existieran en su interior, de un amplio debate democrático y, a partir de este debate, de la toma de decisiones que serán encaminadas por todos que se proponen construirla.
Si algo marcó indeleblemente el Conclat fueron la obstrucción y el abucheo a la intervención del compañero Zé María por parte de la bancada de la Intersindical/Unidos/MAS. Nos llama la atención que los compañeros hablen tanto de respeto, sensibilidad, etc. y no hayan emitido una opinión pública sobre ese episodio lamentable, por lo menos hasta este momento.
Somos plenamente favorables a la construcción de acuerdos, a la búsqueda de consensos y a la superación de las divergencias por el diálogo y convencimiento mutuos. Sin embargo, eso no puede confundirse con el derecho de una organización política de vetar aquello que las bases de la Central y que su Coordinación voten soberanamente, después de un amplio debate.
Tampoco creemos que cualquier votación deba darse por mayoría simple. Los Estatutos de la Conlutas y de la Central fundada en el Conclat prevén mayoría calificada para modificaciones estatutarias, para la separación de miembros de la Secretaría Ejecutiva y para la disolución de la entidad. Para el funcionamiento cotidiano, sin embargo, esa es una excepción, bajo pena de paralizar la entidad y sus respuestas cotidianas.
El funcionamiento por acuerdo entre las corrientes políticas, si fuera adoptado ahora, entorpecería, en primer lugar, las decisiones tomadas en el Conclat y, apuntaría para que la Central fuera gestionada por un acuerdo por encima de las bases representadas por las entidades afiliadas. Ese funcionamiento acabaría con la autonomía de la entidad frente a los Partidos, traduciéndose en el opuesto de la democracia obrera.
Eso no significa que desvaloricemos la presencia y la intervención organizada de las corrientes políticas en el interior de la Central. Al contrario, creemos que eso es importante y puede ayudar en la elaboración e implementación de las políticas votadas. Nuestra diferencia es que entendemos que el poder de decisión reposa en las instancias de la entidad, en particular con la incorporación de representantes de las entidades de base afiliadas, y no en la dirección de las corrientes y partidos políticos que de ella participan.
Una organización sindical y popular de frente único tiene naturaleza distinta de un frente de partidos y esa confusión no puede predominar sobre el proyecto que necesitamos construir.
La unidad en la acción cotidiana es otro elemento importante para que retomemos el diálogo con los compañeros disidentes y debe ser hecho (el llamado a la unidad) ampliamente. El plan de luchas votado en el Conclat es la base para esa unidad en la lucha.
Debemos estar juntos en las campañas salariales, en las movilizaciones y ocupaciones de los movimientos populares urbanos y rurales, en la lucha contra el veto de Lula al fin del Factor de jubilación, en las campañas salariales del segundo semestre y demas luchas de nuestra clase, articulándonos de la forma que fuera posible para esas batallas.
Y, aún más, debemos buscar construir una intervención común en los procesos sindicales (elecciones y congresos) como otro elemento importante para la reanudación del diálogo. Más de una vez, nos preocupa el hecho de que, en algunas oposiciones sindicales, sectores del bloque disidente hayan amenazado romper la unidad conquistada en frentes comunes de oposición y lanzar listas que, al dividir al frente clasista de oposición, recoloca la posibilidad de victoria de los sectores gobernantes y patronales en esos sindicatos.
Emprender todos los esfuerzos por la reconstrucción de la unidad
De nuestra parte, entendemos que debemos hacer todos los esfuerzos, en todos los terrenos, por la unidad de los sectores clasistas y anti-gobiernistas, no limitándolos al cambio de notas y conversaciones entre los dirigentes, sino haciendo un esfuerzo sincero, real, de construcción de la unidad en las bases de las entidades, en las luchas, en los congresos y elecciones sindicales.
Esos esfuerzos tiene como objetivo avanzar para que nuestra unidad, en una misma organización nacional, democrática, de lucha y que organice a todos los sectores y segmentos de nuestra clase, se recoloque en el tiempo lo más rápido posible.
Si este esfuerzo avanza, creemos que otros temas serán resueltos de manera menos complicada.
Uno de ellos, sin duda, es el nombre de la entidad. Es como mínimo descabellada, para no decir, irrespetuosa, la condición colocada en la nota de los compañeros de que modifiquemos la votación del Congreso sobre el nombre de la entidad.
Una vez mas la nota de los sectores disidentes es cristalina al debatir ese asunto. Para los compañeros, el nuevo nombre y la marca de la Central deben botar en el tacho de basura la acumulación y las experiencias del actual periodo de reorganización. Que los compañeros no reivindiquen la herencia de la Intersindical hasta podemos comprender, pero no tienen el derecho de exigir lo mismo de la militancia de la Conlutas, en particular después del debate hecho en el Conclat, que dio amplia mayoría al nombre votado.
Sin embargo consideramos que aún ese tema puede ser bien solucionado.
La Secretaría Ejecutiva, correctamente, no utilizó el nombre votado en el Conclat, debido al veto de la Intersindical a que se exprese su nombre en la nueva entidad. La reunión de la Coordinación debe retomar el tema, partiendo de la resolución de nombre votado en el Congreso (Conlutas-Intersindical/Central Sindical y Popular) y aún considerar ajustes en la forma del nombre que no contraríen el contenido de la resolución del Congreso.
Seguimos insistiendo en la necesidad de que reconstruyamos la unidad entre las organizaciones que estuvieron en el Conclat, aún entendiendo que las razones de esta ruptura son más profundas que simplemente el nombre votado.
Lo que no podemos, ahora, es repetir los errores del pasado y tratar de manera superficial algo tan importante como la concepción, la naturaleza, tareas y la forma de funcionamiento de la organización que necesitamos construir para nuestra clase, en nuestro país.
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