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Marina Silva: cuando el verde se vende
Escrito por JEFERSON CHOMA   
Miércoles 09 de Septiembre de 2009 00:00

Es probable que además, de los ambientalistas que abrazan con sinceridad la causa ecológica, muchos sectores de la izquierda estén acogiendo con simpatía la idea de la candidatura de Marina Silva[1]. Su historia, su militancia al lado de Chico Mendes[2] y la retórica de la ex ministra indicaban una línea de resistencia a la devastación. Pero un discurso seductor no basta. La práctica de Marina Silva al frente del Ministerio del Medio Ambiente y la actuación del  propio partido que va a abrigar su candidatura, el Partido Verde (PV), evidencian una profunda contradicción entre el discurso y la acción.

 

Enemigo del medio ambiente

 

EL PV es una "leyenda de alquiler"[3], un partido que tiene cargos en diferentes gobiernos provinciales del país, sean ellos de derecha o del PT. En la región Norte, donde está la mayor parte del bosque amazónico, el partido forma parte de los gobiernos de Ana Júlia Carepa (PT- Pará), Ivo Cassol (Rondônia), Binho Marques (PT-Acre), Waldez Góes (PDT-Amapá) y José de Anchieta Júnior (PSDB-Roraima ).

 

En Pará, por ejemplo, apoyan a un gobierno campeonísimo de la deforestación en el país. Entre agosto de 2008 y junio de este año, Pará fue el estado que más taló árboles, con 47% del total registrado en el periodo en el país, según el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE).

EL PV también integra y apoya el gobierno de Mato Grosso, segundo puesto en la deforestación nacional. Blairo Maggi (PR), gobernador del estado y uno de los mayores productores de soja del país, es un conocido enemigo de la causa ambiental. Hasta fu premiado por Greenpeace con el irónico trofeo de "motosierra de oro", dedicado a los enemigos de la causa ambiental. En Maranhão, estado que registró, en 2008, un aumento de 108% de la deforestación, el PV es controlado por el hijo del corrupto presidente del senado José Sarney[4].

 

La preocupación del PV no tiene nada que ver con la bandera de la lucha ambiental. Es un partido oportunista que ocupa cargos a cambio de apoyo político a gobiernos de hacendados, empresarios del agronegocio y enemigos de la causa ambiental.

 

Un balance necesario

 

A lo largo de su gobierno, Lula defendió los intereses de los grandes enemigos de la causa ecológica: la burguesía agro-exportadora, los latifundistas y los representantes de las multinacionales. El resultado es desolador: según levantamientos del INPE, la deforestación en la región llamada "Amazonia Legal" fue de aproximadamente 80.000 km², entre 2004 y 2008. Sólo para tener una idea, el área es casi equivalente a un país como Austria (83.000 km²).

Como si esto no bastase, el gobierno concedió la licencia ambiental de la transposición del río San Francisco y de construcción de  grandes hidroeléctricas en la Amazonia. El gobierno del PT hizo también lo que Fernando Henrique Cardoso no consiguió hacer: liberar el cultivo de las semillas genéticamente modificables, conocidas como "transgénicos", tan combatidas por ambientalistas y por el Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST).

 

La implementación de todas esas medidas ocurrió exactamente cuando Marina Silva estaba al frente del Ministerio del Medio Ambiente. Eso significa que ese monstruoso avance en la destrucción ambiental en el país ocurrió bajo el mando de la ex ministra. La presencia de Marina en el gobierno, a la vez, ofrecía una garantía para intentar neutralizar las críticas al gobierno del movimiento ambientalista. Una fachada para confundir a los que defienden la causa ecológica mientras se practicaba uno de los mayores ataques al medioambiente de la historia reciente del país.

 

El discurso de la "sustentabilidad"

 

"Desarrollo sustentable", "manejo forestal" y "explotación responsable" son algunos términos que se volvieron lugar común en la boca y en los documentos del gobierno y, desgraciadamente, de muchos ambientalistas. Las propuestas del "desarrollo sustentable" intentan conciliar lo que en la verdad es absolutamente inconciliable: el crecimiento de las ganancias de los capitalistas con preservación ambiental.

 

En el sistema capitalista es necesario el aumento permanente de las ganancias. Para eso hay que aumentar cada vez más la producción y apropiarse de los recursos de la naturaleza de forma rápida. Pero los ritmos que impone la producción capitalista no ofrecen tiempo para que la naturaleza se recomponga. En el capitalismo, por lo tanto, la devastación ambiental no es algo accidental o el resultado de la acción de un "mal capitalista", es una necesidad de la producción de mercancías y la ganancia.

 

En ese sentido, cualquier propuesta de cuño reformista estará destinada al fracaso. Un buen ejemplo son los tratados ambientales, como el Protocolo de Kioto, cuyo objetivo era disminuir la emisión de gases contaminantes que causan el efecto invernadero. EE UU, el mayor contaminador mundial, ni siquiera firmó el tratado.

 

Por otro lado, la "sustentabilidad",  como todo en el capitalismo,se volvió una forma más de ganar mucho dinero.  Veamos lo que dice una de las mayores empresas del agronegocio brasileño, Aracruz Celulosa: "La sustentabilidad es un factor que facilita el acceso al capital, permite reducir costos y maximizar retornos de largo plazo de la inversión, previene y reduce riesgos (...). Estos mismos elementos contribuyen para fortalecer nuestra reputación, credibilidad e imagen, concurriendo así para mantener y aumentar el valor de la empresa para los accionistas y la sociedad por regla general".

 

El discurso de la sustentabilidad es un "marca registrada" de Marina Silva. En un intento de conciliar las ganancias de las empresas con la explotación de la naturaleza, la entonces ministro creó el anteproyecto "Gestión de Bosques Públicas para la Producción Sustentable". Aprobada en 2006, la ley es criticada por ambientalistas porque puede provocar una carrera de empresas nacionales y extranjeras por la oportunidad de explorar un territorio con generosos recursos naturales y biodiversidad.

 

Los defensores de la nueva ley dicen que será eficaz en la contención de la deforestación porque fija "áreas de manejo forestal". Pero eso significa sólo una nueva forma más "aceptable" de destrucción de los bosques.  "Parece que las empresas madereras indonesias y brasileñas no están siendo suficientemente devastadoras, puesto que el Ministerio (de la devastación) del Medio Ambiente resolvió alquilar la Amazonia para madererías 'sustentables'. Hay, es verdad, una vestimenta ecológica perfumada", escribió el profesor de la Unicamp Rogério Cezar de Cerqueira Leite.

 

Uno proyecto que pone toda nuestra biodiversidad a merced de los empresarios, inclusive los extranjeros, sería lo mismo que entregar alegremente un fabuloso tesoro para saqueadores y bandoleros. Esa es la lógica de la "sustentabilidad". Y ese es el legado de Marina Silva en el Ministerio del Medio Ambiente.  

La candidatura de la ex ministra sirve para provocar confusiones y neutralizar el surgimiento de una oposición de izquierda al gobierno Lula. Por lo tanto, los trabajadores y activistas que rompieron con Lula merecen una opción socialista y al servicio de la clase trabajadora en las elecciones de 2010. Y eso sólo será posible con un frente que reúna al PSOL, al PSTU y al PCB.



[1]Marina Silva es una conocida dirigente ambientalista y senadora nacional por el estado de Acre. Fue siempre afiliada al PT y ocupó el cargo de ministro de Medio Ambiente en el gobierno de Lula. Acaba de romper con el PT y de afiliarse al PV (Partido Verde), lanzando su candidatura presidencial para 2010.

[2] Francisco Alves Mendes Filho, activista ambiental brasileño, asesinado en 1988.

[3] Nombre que se da, en Brasil, a los partidos que "alquilan" su legalidad electoral a otros candidatos, sin importar sus posiciones políticas.

[4] José Sarney, del PMDB, es presidente del Senado y aliado de Lula, acusado de corrupción.


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