| Escándalo de corrupción amenaza a Orlando Silva |
| Escrito por PSTU - Brasil | |||
| Martes 25 de Octubre de 2011 23:00 | |||
R$ 40 millones (US$ 22.500 millones) pueden haber sido desviados en los últimos años La línea de producción de escándalos de corrupción del gobierno de Dilma, que sólo en este año derrumbó cuatro ministros, no para de rendir. En esta ocasión es el ministro de Deportes, Orlando Silva Jr. (Partido Comunista do Brasil – PC do B), que está en el ojo de la tormenta. Orlando está siendo acusado de comandar un esquema de desvío de dinero público vía convenios del ministerio con ONGs.
Aunque el programa del ministerio “Segundo Tiempo”, dedicado a jóvenes carentes, hace algún tiempo ya estaba siendo blanco de acusaciones e investigaciones de desvío, el ministro ocupó el centro de atención después del reportaje de la revista Veja, con denuncias realizadas por el policía militar del Distrito Federal (DF), João Dias Ferreira, que señalan a Orlando como el jefe del esquema de desvío.
El policía se afilió al PC do B en el 2006 para disputar las elecciones como diputado distrital, al mismo tiempo en que dirigía dos ONGs que mantenían convenios con el ministerio, la Federación Brasileña de Kung Fu y la Asociación João Dias de Kung Fu. Los convenios habrían sido firmados por el entonces jefe de despacho, Agnelo Queiroz, cuando el político aún componía los cuadros del PC do B, entre el 2004 y el 2005, antes de cambiar al bando del PT en el 2007 y elegirse gobernador del DF.
Orlando, cuando sustituyó a Queiroz, habría dado continuidad al esquema que, según las denuncias, funcionaría de la siguiente forma: el ministerio transfiere fondos del programa a las ONGs, que embolsan el dinero y pagan el 20% al partido, además de tener que transferir parte del dinero para proveedores indicados por el partido. Al parecer, João Dias se desentendió del ministro luego que el Ministerio Público comenzara a investigar los convenios de sus ONGs Sacado de su puesto, el policía resolvió abrir la boca.
Guerra de versiones
Bajo la orden de Dilma, el ministro vino de Guadalajara, en México, donde acompañaba a los Juegos Panamericanos, a Brasilia. Orlando Silva se defiende de las denuncias acusando al policía brasileño, dueño de un perfil más que sospechoso. João Dias, con un salario mensual de oficiales de R$ 4.500,00 (US$ 2.250), es dueño de una mansión en Brasilia y tres carros importados, según reporta el periódico carioca O Globo. Según el Ministerio Público, las ONGs de Dias habrían recibido R$ 4 millones (US$ 2,2 millones) desviados de los deportes. Según el propio policía, el total de recursos desviados por el PC do B puede llegar a R$ 40 millones (US$ 22,5 millones).
En esa guerra, hay versiones para todos los gustos. El PC do B desconfiaría de su ex cuadro Agnelo Queiroz, que contrató al policía y con quien mantenía relaciones bastante próximas. El actual gobernador del DF, en viaje, ya envió el aviso: “el problema es de Orlando”. Otros desconfían del propio gobierno y de partidos de la base aliada. Ya los más oficialistas, incluso el PC do B, ponen las denuncias a cuenta de los partidos tradicionales de derecha y de los “medios golpistas”.
El actual escándalo parece formar parte de una disputa por el control del Ministerio de Deportes, que ganó mucho más poder, dinero y notoriedad luego del anuncio de la Copa y de las Olimpíadas en Brasil. Eso no excluye, por otro lado, la responsabilidad del PC do B.
Incluso garantizando al ministro Orlando Silva el beneficio de la duda, en tanto no aparecen pruebas concretas de la reciente denuncia, no es difícil percibir que el dinero de los Deportes es un desagüe de dinero público para la corrupción. Además de la investigación del Ministerio Público, según la propia Contraloría General de la Unión, nada menos que 67 convenios del ministerio son irregulares.
Tampoco es fácil afirmar la tesis de que sectores poderosos, cuyos intereses estarían supuestamente siendo contrariados, complotan contra el ministro. La gestión de Orlando Silva está marcada por la completa sumisión a la FIFA, al COI (Comité Olímpico Internacional) y a las contratistas envueltas en las obras de grandes eventos, como fue el Panamericano y está siendo en relación a la Copa del 2014.
PC do B se hunde cada vez más
Con los detalles superficiales, el escándalo se asemeja a un clásico caso de corrupción. Uno más bajo el gobierno de Dilma. Expresa también el dramático proceso de degeneración del PC do B, hoy prácticamente convertido más en una sigla fisiológica, justificando su existencia exclusivamente en la búsqueda de cargos y espacio en el poder.
Incluso aunque no hubiese corrupción, la proliferación de los convenios con las ONGs muestra cómo el PC do B actúa para profundizar la tercerización de servicios que deberían ser públicos. La derechización del partido produce, incluso, fenómenos esdrújulos, como el diputado y mayor figura pública del PC do B, Aldo Rebelo, transfigurado en defensor de la agroindustria y latifundistas en su acuerdo por la reforma del Código Forestal.
El financiamiento de las campañas del partido también prueba que hace mucho que el PC del B dejó de ser identificado como una amenaza al capitalismo. Al punto que dos de los mayores donadores en la campaña electoral del 2010 han sido íconos del capitalismo neoliberal: Coca-Cola, que dio R$ 235 mil (US$ 132 mil) al partido, y McDonald’s, que entregó R$ 40 mil (US$ 22.500) a los comunistas.
Ahora, con este escándalo en el Ministerio de Deportes, el PC do B mostró su noción bien particular de socialización de las riquezas.
Traducción: Laura Sánchez
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