| El colapso de la educación en Brasil |
| Escrito por Vanessa Portugal y João Zafalão | |||
| Miércoles 21 de Diciembre de 2011 23:40 | |||
El sistema educacional brasilero atraviesa una crisis estructural y crónica. Paradójicamente, esa crisis ocurre en medio de un rico contexto de avances tecnológicos y nuevos descubrimientos científicos (genoma humano, nanotecnología, desarrollo de la informática, por citar algunas). Pero las políticas neoliberales aplicadas a la educación a lo largo de los años 90 por el gobierno Fernando Henrique Cardoso (PSDB) con el Plan Decenal de Educación para todos (1990) mantenida por Lula y Dilma (PT) retiraron cualquier posibilidad de que los hijos de los trabajadores se apropien de estos conocimientos.
El colapso de la educación pública básica ni siquiera permite a los alumnos desarrollar satisfactoriamente el raciocinio aritmético y matemático. La inmensa mayoría de los alumnos de la escuela pública no dominan la lectura y la escritura, y están muy lejos de los beneficios proporcionados por la informática. No es por acaso que el analfabetismo afecta a más del 30% de la población, según el PNAD en el 2009. Quiere decir que cada tres personas, una sabe leer, pero no es capaz de entender el sentido de lo que lee. Como si no fuera suficiente, nuestro país es campeón en analfabetismo en América Latina con una tasa del 9,7%. Las políticas educacionales implementadas por los gobiernos tucanos (PSDB) y por el PT fueron dictadas por los grandes órganos del capital financiero internacional, FMI y Banco Mundial. El objetivo era claro: transformar la educación en mercancía.
El primer Plan Nacional de Educación (PNE) aprobado en el 2001 por el gobierno de FHC, tenía por objetivo invertir el 7% del PIB en la educación. Pero el compromiso con el capital financiero habló más alto y la medida fue vetada por el gobierno de Fernando Henrique Cardoso (PSDB). Con Lula en el gobierno la situación no fue diferente. El veto fue mantenido y el PNE terminó en un retumbante fracaso (vea cuadro al lado).
Hoy se gasta cerca del 5% del PIB en educación, pero el gobierno de Dilma promete ir al 7% del PIB hasta el 2020. La meta, por tanto, es irrisoria frente a la montaña de dinero enviada para el pago de la deuda pública (vea al lado). Y frente al compromiso de Dilma con el capital financiero es muy difícil que esa promesa, mismo que sea irrisoria, sea cumplida.
¿Por qué llegamos a esta situación?
A lo largo de los años 1990, toda la política en relación a la educación estuvo en sintonía con la política del Estado mínimo neoliberal. O sea, estaban al servicio de desobligar al Estado en relación a la educación, tornándose cada vez más privatizada, con una política de crear las “Islas de Excelencia”. Todas ellas reforzaron el carácter excluyente, segregacionista y racista del sistema de enseñanza en Brasil. Podemos resumir sumariamente de la siguiente forma las directrices centrales de la nueva LBD (Ley de Directrices y Bases de la Educación Nacional) y de la Enmienda Constitucional n° 14:
-Prioridad en la enseñanza Fundamental como responsabilidad de los Estados y Municipios (la Educación Infantil es delegada a los municipios). Así, se aplicó la municipalización y “escolarización” de la enseñanza, con el paso del Estado frente a sus responsabilidades. Hoy los costos son pasados a las prefecturas y a las propias escuelas.
-Aceleración de la aprobación para desocupar vacantes. El “rápido y barato” es presentado como criterio de eficiencia (Lo que llaman de Progresión Continua y, la verdad, Promoción/automática).
También es notable el aumento de matrículas, utilizada por los gobiernos como juego de marketing. Mientras, apenas son hechas más inscripciones sin la creación de una nueva estructura efectiva para las nuevas vacantes. El resultado es la superpoblación de las aulas.
-Colaboración con comunidades y empresas. La sociedad civil debería adoptar a los “huérfanos” del Estado (el programa “Amigos de la Escuela, por ejemplo). Si esas personas no tuvieran acceso a la escuela la culpa es colocada en la sociedad que “no se organizó”. Así, el gobierno queda exento de su responsabilidad con la educación. En la antigua LDB la educación era tarea del “Estado y de la familia”. En la nueva, hubo un cambio de orden y la educación se volvió una tarea de la “familia y del Estado”.
-Formación menos abarcante y más profesionalizante. Así, se divide la Enseñanza Media entre la educación regular y la profesionalizante, con tendencia a priorizar lo último. O sea, el énfasis de la enseñanza está dada en la productividad y eficiencia empresarial. No interesa el conocimiento crítico, más sí la formación descalificada de “mano-de-obra”, pues lleva al empobrecimiento curricular.
-Descentralización administrativa y financiera. O sea, todo lo que se refiere a la parte financiera (como infraestructura, merienda, transporte) pasa a ser descentralizada, o sea, una iniciativa más que exenta al Estado de responsabilidades. Pero la autonomía es apenas administrativa. Todo lo que se refiere al contenido didáctico continúa dirigido y centralizado.
-Evaluación de desempeño y del rendimiento escolar. El Sistema de Evaluación de la Enseñanza Superior, Enem, Seab, “Prueba”, fueron algunos de los instrumentos creados para transformar a las escuelas en “empresas”, sobre la inspiración del programa de calidad productiva, adaptándola al mercado. Pero no hubo aumento de fondos, apenas asignación de recursos para “mejores resultados”. La Evaluación Externa en realidad, es una Inspección Escolar.
Por qué el PNE fracasó?
Vea abajo cuáles eran las principales metas del Primer Plan Nacional de Educación y los resultados obtenidos durante los gobiernos de FHC y de Lula.
Meta: erradicar el analfabetismo para el 2010
No cumplió – El programa Brasil Alfabetizado, del Gobierno Federal, atendió casi 10 millones de personas en esta década (según el PNE, el total debería haber alcanzado en el 2010). Más, entre el 2001 y el 2008, la tasa del analfabetismo cayó apenas de 13% (16 millones de personas) al 10% (14,5 millones).
Meta: universalizar la Enseñanza Fundamental
No cumplió – En el 2008, 2,4% de los brasileros de 7 a 14 años todavía estaban fuera de la escuela, una disminución del 1,1% en relación a los datos del 2001. A pesar del avance y del bajo porcentaje, los números absolutos todavía asustan: son 680 mil niños sin estudiar (450 mil de ellos negros), la mayoría viviendo en las regiones Norte y Nordeste.
Meta: asegurar a EJA (Educación de Jóvenes y Adultos) para el 50% de la población que no cursó la enseñanza regular
No cumplió – Entre el 2001 y el 2007, 10,9 millones de personas hicieron parte de los turnos de la EJA. Pero ese número representa apenas un tercio de los más de 29 millones de personas que no llegaron a la 4ª serie y fueron el público objetivo de esta faja de enseñanza. La inclusión de la EJA en el Fondo de Manutención y Desarrollo de la Educación Básica y de Valorización de los Profesionales de la Educación (Fundeb) representó una fuente de recursos para ampliar la oferta, pero no atacó el abandono, hoy en alarmante 43%.
Meta: atender 50% de los niños de hasta 3 años y 80% de los de 4 y 5 años
No cumplió – El gran problema es la ampliación de las guarderías. Hoy apenas el 17,1% de los niños son atendidas en ellos, según Unicef.
Meta: reducir en 50% la repetición y el abandono escolar
No cumplió – La repetición aumentó de 11 al 12,1% en el mismo período y el abandono escolar aumentó entre el 2006 y el 2008. El índice pasó de 10% al 13,2%.
Meta: matricular el 30% de los jóvenes entre 18 y 24 años en la universidad
No cumplió – El número de jóvenes en la enseñanza superior continua muy bajo, de 14,4% en el 2009, según el Ipea. En la última década, la enseñanza superior paga creció dos veces más que la pública.
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El sistema educacional brasilero atraviesa una crisis estructural y crónica. Paradójicamente, esa crisis ocurre en medio de un rico contexto de avances tecnológicos y nuevos descubrimientos científicos (genoma humano, nanotecnología, desarrollo de la informática, por citar algunas). 















