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¿Por qué estamos en un frente con el PSOL y el PCdoB en Belém?
Escrito por Dirección Nacional del PSTU   
Martes 31 de Julio de 2012 20:06
Convención del PSOL define a Edmilson candidato a la prefectura de Belém

El último 29 de junio se anunció, en las redes sociales y en toda la prensa la concreción, en Belém (capital de Pará, en el norte de Brasil), de una coalición electoral, compuesta por el PSTU, el PSOL y el PCdoB. El frente llevará a Edmilson Rodrigues (PSOL) como candidato a prefecto y a Jorge Panzera (PCdoB) como vice. En las eleciones para concejal, cerraron el acuerdo sólo el PSTU y el PSOL, llevando a Cleber Rabelo (PSTU) y a Marinor Brito (ex senadora por el PSOL) como candidatos principales.

La candidatura de Edmilson Rodrigues canaliza hoy un sentimiento de oposición de izquierda al gobierno federal y, también, de experiencia con la prefectura del PTB, que llevó a la ciudad al borde de la destrucción. Edmilson, quien ya fue prefecto de Belém por dos mandatos, está hoy en primer lugar en las encuestas y cuenta, incluso, con una amplia ventaja en relación al segundo lugar. Algunas encuestas le otorgan el 37%. En la clase obrera, que tiene gran simpatía por Edmilson, ese porcentaje es aún mayor. Apoyados en esa coalición y en la proyección que tiene Edmilson, queremos potencializar aún más la agitación de un programa revolucionario en la ciudad, lo que se expresa hoy en nuestro slogan “Belém para los Trabajadores”. La coalición también aumenta las chances de elegir a un obrero socialista y revolucionario para la Cámara de Concejales: Cleber Rabelo, trabajador de la construcción civil y dirigente del PSTU en el Estado. Queremos aprovechar la campaña, además, para fortalecer a nuestro partido, afiliando a muchos nuevos obreros y trayéndolos a militar con nosotros. O sea, nuestros objetivos, en esa coalición, son los objetivos tradicionales de los revolucionarios, cuando éstos participan en un proceso electoral. Los obreros de construcción civil, colegas de Cleber, entendieron el mensaje y ya están organizándose para hacer una fuerte campaña.

Aún así, después que la coalición fue anunciada, comenzaron a surgir innumerables comentarios en las redes sociales sobre tal alianza. Desconfiados del vale todo electoral que se ve por ahí, activistas honestos y militantes de varias organizaciones se sorprendieron con el hecho que el PSTU compuso una alianza, precisamente con el PCdoB, un partido de la base de apoyo del gobierno de Dilma, y que administra ciudades, incluso capitales como Aracaju, y que ayudó a aprobar el infame Código Forestal. También es el partido que controla con mano de hierro la UNE, entidad ex estudiantil, hoy gobiernista, que nada hace para apoyar la increíble huelga de profesores y estudiantes de las universidades federales que está desarrollándose en el país.

La pregunta tiene que ser ubicada de manera categórica y sin rodeos: ¿ha el PSTU entrado en la misma lógica de los partidos que tanto critica? ¿Sería esa una alianza sin principios, como tantas que existen por ahí? Trataremos de esclarecer esas cuestiones.

Los hechos: ¿cómo surgió la alianza en Belém?

Como es público y notorio, el PSTU viene defendiendo, desde finales del año pasado, un Frente de Izquierda restringido sólo a los partidos que son oposición de izquierda al gobierno de Dilma. Esa era, en nuestra opinión, la política más correcta, la que mejor expresaba el carácter de oposición de izquierda al gobierno, que queríamos dar a la coalición. En ningún momento el PSTU defendió o construyó algún frente electoral que saliese de esos marcos. Nuestra propuesta de Frente de Izquierda era clara: PSTU, PSOL y PCB.

Pero, ese era, precisamente, un punto de polémica con el PSOL de Belém. Queriendo construir una “amplia gama de alianzas”, que agradase a grecos y troyanos, el PSOL pasó a articular un frente no sólo entre el PSOL y el PSTU, sino que incluía también al PCdoB, al PV, al PTdoB, al TN y al PSC. O sea, 1 partido de base gobiernista y 4 partidos burgueses.

Desde el primer minuto que conocimos esa posibilidad, luchamos contra ella con todas nuestras fuerzas. Para nosotros, el frente debería tener un perfil claro: ¡de la clase trabajadora y contra el gobierno! Por lo tanto, ni los partidos burgueses, ni el PCdoB debería participar de él. Veamos qué decía el PSTU de Pará en un Manifiesto Público, ampliamente divulgado en mayo de este año:

“También no podemos engañarnos a nosotros mismos con los partidos que pretenden ser de izquierda, como el PT y los demás partidos de su base de sustentación, como el PCdoB que, cuando llegan al poder, implementan políticas de ataques a los trabajadores y al medioambiente y, también, practican la misma corrupción. Ejemplos recientes son los casos da aprobación de la ley general de la Copa, que es un ataque a nuestra soberanía; el establecimiento de pensión complementaria para los servidores federales y el nuevo código forestal, que amnistía a las madereras y legaliza la ocupación ilegal de tierras. Por eso, construir una alternativa de izquierda y socialista para las elecciones municipales que unifique de forma democrática al PSOL, al PSTU, al PCB, a los movimientos sociales, intelectuales, sindicatos, asociaciones, entidades estudiantiles y centros comunitarios, con Edmilson Rodrigues a la cabeza de la lista mayoritaria, sin partidos burgueses, sin corruptos, sin financiamiento patronal de campaña, con la construcción de un programa de forma democrática con todos los que estuvieran en ese frente, así como la construcción democrática de una lista fuerte para la cámara de concejales, es la mejor alternativa para los trabajadores”.

Esa fue nuestra política. No sólo decíamos abiertamente que no queríamos tener ninguna relación con el PCdoB, sino que citamos los motivos: Ley de la Copa y Código Forestal, dos de los mayores ataques prestados contra el pueblo trabajador por un partido que se dice de izquierda.

Sin embargo, más recientemente, todos los partidos directamente burgueses con los cuales el PSOL quería hacer alianza desistieron de la coalición uno tras otro. Sólo sobraba el PCdoB, que no es un partido burgués, pero es un partido de la base de sustentación del gobierno de Dilma, que gobierna para la burguesía... A partir de ahí, ante el hecho consumado de que el PSOL acordaría con el PCdoB, deberíamos definir si permaneceríamos en el frente o si nos retiraríamos de él debido a la presencia del PCdoB. Definimos que era correcto permanecer y así lo hicimos. Pero, ¿por qué definimos así?

Los acuerdos y compromisos en la tradición revolucionaria:

La flexibilidad de la táctica

La pregunta que todos debemos responder es: ¿será admisible para un partido revolucionario apoyar o participar de frentes electorales donde estén también partidos burgueses o gobiernistas? En la famosa fórmula de Lenin “máxima flexibilidad en la táctica, absolucha rigidez en los principios”, ¿hasta dónde, exactamente, va esa flexibilidad? ¿Y cuáles son exactamente los principios que exigen rigidez?

En primer lugar, es necesario decir que los acuerdos, compromisos y concesiones siempre formaron parte de la tradición revolucionaria. Ese es un hecho que no se puede negar. Uno de los acuerdos más famosos, hecho por los revolucionarios a lo largo de la historia, es el episodio en que Lenin, para llegar a Rusia en marzo de 1917, después de la Revolución de Febrero, hizo un acuerdo con el Imperio Alemán de atravesar Alemania en un tren sellado sin ser parado por ninguna autoridad alemana. Lenin quería llegar a Rusia. Alemania también quería que Lenin llegase, pues creía que la agitación bolchevique contra la guerra ayudaría al Ejército alemán. Hicieron um acuerdo, y Lenin atravesó el territorio alemán escoltado por las tropas del Káiser.

También, en vísperas de la revolución de 1917, el mismo Lenin propuso un cambio nada menos que en el programa del Partido Bolchevique, para atraer a los campesinos para la lucha revolucionaria. Los bolcheviques abandonaron la consigna de “nacionalización de las tierras”, tradicional para el marxismo de la época, y adoptaron la consigna de “división de las tierras a  los campesinos individuales”. Con esta concesión, los bolcheviques provocaron una ruptura en el partido campesino, los Socialistas Revolucionarios, que se juntaron a los bolcheviques en la lucha por el poder de los soviets.

Podríamos citar incluso decenas de acuerdos hechos por distintos partidos revolucionarios en distintas ocasiones. Los acuerdos son un hecho de la tradición revolucionaria. No hay como negarlos. Para los marxistas, los acuerdos en sí no son ni buenos, ni malos. Depende de la situación concreta que se presenta en cada caso y, más que todo, de la política adoptada y de los objetivos que el partido revolucionario persigue al concretar esos acuerdos. Concluimos, por lo tanto, que la táctica revolucionaria no es solamente flexible: es extremamente flexible. Admite una infinidad de combinaciones, acuerdos, compromisos, concesiones, desviaciones, retrocesos, maniobras, etc. Toda la historia lo ha probado.

La rigidez de los principios

¿Eso significa, entonces, que todos los acuerdos son permitidos? ¿Que “los fines justifican los medios”, como dice el sentido común? No, no significa. Decimos eso en la condición de aquellos que, remando contra la corriente, lucharon contra el gobierno de Lula durante los dos mandatos, cuando la mayoría absoluta de la izquierda capitulaba a su gobierno y evitaba al máximo hacerle cualquier tipo de crítica u oposición.

Entonces ¿cuál es el límite de la flexibilidad? ¿Cómo saber si un determinado acuerdo es admisible o no? ¿Cuáles son los principios que precisan ser observados?

Recurrimos, nuevamente, a Lenin. En un texto llamado “Sobre los compromisos”, de 1920, el máximo dirigente de la Revolución Rusa decía: “No se puede renunciar a la idea de los compromisos. La  cuestión está en saber conservar, fortalecer, forjar y desarrollar la táctica y la organización revolucionaria, la conciencia revolucionaria, la decisión y la preparación de la clase obrera y de su vanguardia organizada, el partido comunista”.

Trotsky, más tarde, en un texto de polémica contra la falta de principios de los stalinistas al hacer acuerdos, establecía los criterios a ser observados en caso de compromisos con fuerzas políticas extrañas u hostiles: “La regla más importante, mejor establecida y más inalterable a ser aplicada, en cualquier maniobra, dice: usted nunca debe atreverse a fundir, mixturar o combinar su propia organización partidaria con una extraña, aunque ésta parezca muy 'simpática' hoy. No asumir tales pasos que lleven directa o indirectamente, abierta o enmascaradamente, a su partido a la subordinación a otros partidos u organizaciones de otras clases, o que restrinjan su libertad de acción, o que la torne responsable, aunque en parte, por la línea política de otros partidos. Usted nunca debe mixturar las banderas, no debe arrodillarse ante otra bandera”.

O sea, para Trotsky y para Lenin lo decisivo no es si el partido hace o no hace acuerdos, y con quien son esos acuerdos, sino si el partido mantiene o no su independencia política, su libertad de acción, si muestra su propio programa o no, si levanta sus propias consignas o no, si tiene sus propios materiales o no. Respetándose esos criterios, se pueden hacer acuerdos con el diablo y su abuela. Trotsky es enfático: “Ninguna plataforma común con la socialdemocracia o con los jefes de los sindicatos alemanes, ninguna edición, ninguna bandera, ningún cartel común: marchar separadamente, luchar juntos. Acuerdo sólo en esto: como combatir, a quién combatir y cuándo combatir. En esto se puede entrar en acuerdo con el propio diablo y su abuela. (...) Con una condición: conservar las manos libres”.

¿Por qué realizamos, entonces, un acuerdo que incluyó al PCdoB en Belém? Por una razón muy simple: porque este acuerdo no amarra en nada nuestras manos, no disminuye en nada la crítica que haremos al gobierno de Dilma, no nos obliga a bajar ni un poco el tono crítico al propio PSOL o a Edmilson, siempre que consideremos que su política está errada. Esto para nosotros es lo decisivo. Luchamos desde el inicio contra la presencia del PCdoB en el frente, exigimos todo el tiempo, de Edmilson y del PSOL, una postura clara en relación al financiamiento de la campaña y -lo más importante- en relación a la pregunta clave: ¿para quién Edmilson quiere gobernar?  ¿Para “todos” o para los trabajadores? Y seguiremos con la misma postura. Haremos una campaña incansable por una Belém para los trabajadores. Agitaremos en las obras, en los cuales Edmilson tiene mucha simpatía y apoyo, que su plan de gobernar para todos es inviable -o sí gobierna para los trabajadores, o sí gobierna para la burguesía.

Libertad de agitación, acción y organización: tal es la “rigidez en los principios” que corresponde verdaderamente a la tradición revolucionaria.

Los acuerdos revolucionarios en los procesos electorales

Pero, hasta ahora, justificamos teórica e históricamente sólo los acuerdos en general, pero no los acuerdos electorales. Así, cualquier persona podría cuestionar: “Pero los acuerdos electorales son diferentes. No son para defender a los trabajadores de ataques de la burguesía o para hacer una revolución. Son para elegir. El PSTU podría haber salido solo y pronto”. Veamos:

Los activistas más nuevos no saben y algunos más antiguos ya olvidaron, pero no es la primera vez que participamos o apoyamos a un frente electoral con el cual no tenemos ningún acuerdo. En 1989, aún éramos parte del PT. Lula fue candidato a presidente, teniendo como vice... a José Paulo Bisol, del PSB, un partido burgués. ¿Cuál fue la actitud de la antigua Convergencia Socialista, antecesora del PSTU, ante ese hecho?

Combatió con todas las fuerzas, hasta el fin de la campaña, esa alianza, denunciándola fuertemente junto a los trabajadores. Quien se de el trabajo de investigar nuestros periódicos de la época, verá titulares como “¡Lula: con Bisol no!” y cosas de ese tipo. Era eso lo que agitábamos en las fábricas. Pero, nosotros no rompimos con el PT en 1989. Eso sólo sucedió en 1991. ¿Por qué? Porque en 1989 tuvimos completa libertad de agitar lo que queríamos agitar, de hacer nuestra política, no la política que la dirección del PT quería imponernos. Usamos el 37% de apoyo a Lula como una forma de llegar hasta los trabajadores, de hacer que los trabajadores nos escuchasen.

En 1994 Lula fue nuevamente candidato. Bisol, otra vez fue cooptado para ser vice pero, sospechoso de irregularidades, fue sustituido a última hora por Aloizio Mercadante (PT). ¿Y cuál fue la posición del recién fundado PSTU? Alianza con el PT, exactamente con el mismo criterio que utilizamos cinco años antes, en 1989. Fue la primera aparición pública electoral del PSTU y que nos dio enorme proyección, con un perfil radical, de oposición intransigente al Plan Real (que el PT no tenía el coraje de criticar). Fue una campaña principista, radical, que generó grandes enfrentamientos con la dirección del PT de la época, que quería disciplinarnos.

En el 2002 tuvimos candidatura propia a la presidencia, en la primera vuelta, pero en la segunda vuelta, ante la polarización política en toda la sociedad, acompañamos la experiencia de los trabajadores con Lula y llamamos a votar por él en la segunda vuelta, siendo que su vice era José Alencar, empresario y líder del PL, Partido Liberal, cuyo nombre ya dice todo.

Obviamente, ese tipo de alianza con el PT se convirtió en práctica imposible desde que Lula venció en las elecciones del 2002. El PT se convirtió en el mayor partido del país, y pasó a dirigir el Estado burgués en Brasil. Por eso, no hay una única frase o palabra que ellos digan hoy en la que podamos concordar. No es ese, ni de lejos, el caso del PCdoB en Belém, que cumple un papel secundario en la alianza y se adaptó al programa común del Frente para poder participar de ella.

El hecho, por lo tanto, es que muchas veces acabamos componiendo alianzas contra las cuales habíamos luchado antes. En otros casos, al contrario, rompimos las alianzas y salimos solos. ¿Cómo saber entonces cuál es la política correcta? ¿Que está dentro de los principios y qué fuera de los principios?

Aquí, recurrimos a Nahuel Moreno, trotskista argentino y fundador de nuestra corriente internacional, la Liga Internacional de los Trabajadores. En su libro El Partido y la Revolución, Moreno establece lo que es de principio y lo que es táctico en los procesos electorales en que está colocada la posibilidad de una alianza o apoyo a partidos gobiernistas o frentepopulistas. Dice: “Lo que sí es una traición es apoyar electoralmente a un frente popular o a un movimiento nacionalista burgués sin denunciar que su existencia es una traición al movimiento obrero. O sea, el voto en sí es, para nosotros, un problema táctico y no principista; lo que es principista es la política, y ésta debe ser de denuncia implacable de cualquier frente popular o nacionalista donde la clase obrera esté, como una traición de los partidos obreros reformistas que la promueven”.

O sea, ¿consideramos la política implementada por el PSOL un error completo? Sí, consideramos. ¿Por qué? Porque los sentimientos de los trabajadores que creen en Edmilson serán frustrados si Edmilson trata de gobernar para todos. ¿Debemos entonces combatir esa política? Sí, debemos. ¿Cómo? En nuestra opinión, exactamente como estamos haciendo: alertando a los trabajadores desde ya; combatiendo la idea de un gobierno “para todos”. La mejor localización para hacer ese combate hoy, en las condiciones concretas de una ciudad concreta llamada Belém, es dentro del Frente de Izquierda, porque desde esa ubicación nuestra audiencia, junto a los trabajadores, se multiplica. Puede no ser así en otras ciudades. Pero es así en Belém.

¿Participar o no participar? ¡Esa no es la cuestión!

Como decimos al inicio, muchos activistas honestos, preocupados con el vale todo electorero, nos criticaron por componer un frente con un partido de la base del gobierno. Respetamos ese sentimiento, pero no concordamos. No construimos ese frente. Apenas participamos de él en la forma en que fue construida por el PSOL. Desde el punto de vista del programa, se trata de un frente identificado claramente con las luchas contra la superexplotación y la corrupción de las obras de la Copa y de Belo Monte, en defensa del medioambiente y contra el Código Forestal, un frente que recibió el apoyo del Movimiento Xingu Vivo, etc.

Por eso decimos: participar o no de ese tipo de frente u organismo es táctico. Lo decisivo es la política que se lleva allá dentro. ¿O los revolucionarios no participan de los parlamentos burgueses? Sí, participan. ¿Y qué son esos parlamentos, sino una cueva de bandidos y ladrones? Entonces, ¿qué hacen los revolucionarios allá cuando salen electos? Luchan contra los bandidos y ladrones, y transforman la vida de ellos en un infierno. ¿O los sindicalistas revolucionarios no sientan a la mesa con la patronal para negociar la PLR y el salario? Y, ¿cuál es el objetivo de la patronal en una negociación salarial, si no engañar a los trabajadores? ¿Debemos entonces abandonar el mecanismo da negociación salarial? Parece obvio que no.

O sea, los revolucionarios no siempre escogen el campo de batalla, y mucho menos las condiciones de la lucha. Entablan la lucha tal como ella se presenta, en el momento en que se presenta, con las armas disponibles en el momento.

Por otro lado, la no participación en frentes electorales tampoco es garantía de una política revolucionaria. Supongamos que en São Paulo, un partido revolucionario sale sólo a las elecciones. Eso parece muy “principista”. Sin embargo, si este partido sólo denuncia al prefecto Gilberto Kassab (opocición de derecha), y “olvida” de combatir a Fernando Haddad (PT, apoyado por la presidenta Dilma y Lula) y su proyecto, estará capitulando. No estará aplicando una política revolucionaria. Estará cumpliendo el papel de una candidatura auxiliar de Fernando Haddad.

Así, volvamos al inicio, sobre todo a lo que dice Moreno: votar o no, participar o no de un frente que combatimos – eso es táctico. El principio es la política, la denuncia, la verdad dicha en voz alta y con buen sonido. Es ahí que ronda el peligro, pero también el mérito y la corrección de la táctica revolucionaria. Decir toda la verdad a los trabajadores en voz alta y con buen sonido, convocándolos a la lucha, inspirarles confianza en sus propias fuerzas, diseminar entre ellos el odio de clase: es eso lo que siempre hicimos y continuaremos haciendo, en esta ocasión en Belém con mucha más fuerza.

Dirección Nacional del PSTU
Sao Paulo, 2 de julio del 2012

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