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GRUNGE IS DEAD
Escrito por Claudio Torres   
Viernes 14 de Mayo de 2010 01:06
Toda expresión cultural responde al momento histórico en el que se origina. Un estilo musical, su estética y la ideología que la trasciende es consecuencia del desarrollo de la relación hombre-naturaleza y de las contradicciones del modo de producción imperante, de la lucha de clases. El Grunge nace a finales de los años 80’s y su época de auge fue la primera mitad de los 90’s y para entenderlo debemos asociarlo a la situación política y económica mundial de esa década.
 
Un poco de historia.
 
La clase obrera soviética a principios del siglo pasado llevó a cabo tres revoluciones (1905 y febrero y octubre de 1917), soportaron una guerra mundial y la invasión de 16 ejércitos que querían aplastar la revolución bolchevique.
 
Toda esta vorágine agotó a las masas rusas y fue el caldo de cultivo para que se apoderara del poder una casta de burócratas que, usurpando el legado de octubre, se llenaron hasta la saciedad de privilegios. Para conservar su posición combatieron toda posibilidad de revolución, no sólo en la URSS, sino en el mundo entero. La ola revolucionaria de las masas de seguro iba a barrer con ellos. En ese orden de cosas, Stalin proclama su doctrina del “socialismo en un solo país”, lo que quiere decir que perfectamente puede un estado obrero coexistir con los estados capitalistas. Con el paso de las décadas, esta doctrina condenó a muerte a los Estados obreros, los que inmersos en un mundo capitalista, entraron en una profunda crisis económica, que trajo consigo la restauración del capitalismo en todos ellos.
 
En Europa, el 86 comienzan a llevarse a cabo los planes restauracionistas (Perestroika) y a principios de los noventa definitivamente es disuelta la URSS. Poco antes, en Alemania, es derribado por las masas el muro de Berlín, produciéndose la reunificación de ese país, lo que es un triunfo, pero sobre bases capitalistas, lo que es una derrota cualitativamente mayor.
 
Simultáneamente, se da una ofensiva del imperialismo en varios aspectos, como el ideológico, el económico, el político y el militar. Los gobiernos de Tatcher en Inglaterra y Reagan en EEUU trajeron un avance recolonizador en el mundo, con el desmantelamiento del “Estado empresario” o “Estado de Bienestar” y la propagación mundial de la pandemia neoli­beral. Francis Fukuyama publica su libro “El fin de la historia y el último hombre”, en el que declara la muerte de las contradicciones sociales: ya no hay otra alternativa al capitalismo, este imperará por el resto de los días sin mayores sobresaltos. Y para que no le quede duda a nadie, EEUU invade Iraq, y las acciones militares son televisadas en todo el mundo. De ahí en adelante, no habría espacio para cuestionar el poderío económico, político y militar del imperialismo norteamericano.
 
A lo largo de toda la historia, la juventud se ha caracterizado por su espíritu revolucionario. Durante el siglo XX estuvieron en la vanguardia del movimiento obrero, en las insurrecciones populares, en el movimiento estudiantil y en las guerrillas. Comenzando los noventa, un aluvión ideológico, le dice a esa juventud que ya no tiene opciones. Ya no existe más posibilidad alguna de acabar con el capitalismo. Esa decepción produjo una generación apática. En EEUU le llamaron la Generación X y en Chile la generación del “no estoy ni ahí”, la del Chino Ríos. Seattle es una ciudad del noroeste de EEUU y es la cuna del grunge.
 
El mismísimo Kurt Cobain dijo una vez que para los jóvenes en su pueblo, Aberdeen, había dos alternativas para después de la escuela: la industria forestal y la industria de las armas. Ahí está el origen del vestir grunge, las camisas leñadoras y los jeans obreros gastados. Y la decepción, el convencimiento de la imposibilidad de un cambio profundo en las relaciones sociales, dio a luz a un movimiento apático, desgarbado y autodestructivo. El movimiento grunge es una manifestación de la relación de fuerzas de las clases sociales de su época, particularmente, expresa la frustración de la juventud frente a la derrota del movimiento de masas en el mundo y la ofensiva imperialista.
 
Pero un cambio cualitativo devino con el nuevo siglo. El 2000 ocurrió la primera Intifada palestina contra el estado gendarme de Israel; el 2001 la invasión de Afganistán y la resistencia de las masas, que hoy tiene al imperialismo ad-portas de un nuevo Vietman; el 2001 se sucedieron tres revoluciones en Argentina; El 2002 el pueblo venezolano derrotó en las calles un golpe de estado; el 2003 hubo una revolución en Bolivia; el mismo año EEUU invadió Iraq, y se comenzó a hundir en un pantano provocado por la resistencia de los pueblos Iraquíes; el 2004 ocurrió la segunda Intifada palestina; el 2005 una revolución en Ecuador y otra en Bolivia; el 2006 Hezbollah hizo fracasar la agresión militar de Israel al Líbano; también el 2006 la juventud francesa se alzó contra la precarización de su trabajo, y la burguesía manifestó a través de su periódico ‘Le Figaro’ su terror a una revolución.
 
Como olvidar, en Chile, el mochilazo del 2001, la revolución pingüina del 2006 y las huelgas de los subcontratistas de Codelco. Y en Europa, las masas griegas acaudilladas por la juventud trabajadora, están dando lecciones a la clase obrera europea de cómo enfrentar la crisis económica y los planes de superexplotación capitalistas. Tampoco hay que dejar de mencionar el paro nacional francés contra la crisis y el NO a la Constitución europea.
 
La conclusión cae sola. Después de un periodo de desmoralización, las masas pasaron a la ofensiva. La relación de fuerzas de las clases está cambiando de signo y resurge el convencimiento de que la barbarie capitalista puede y debe ser aplastada. La situación en algunas zonas como Latinoamérica y Oriente Medio es francamente revolucionaria. Un ejemplo contundente es que justamente en Seattle nació el movimiento anti-globalización de EEUU. Seattle es también la ciudad de Cindy Sheehan, la madre de un soldado muerto en Iraq, que encabezó las protestas contra Bush y su guerra. La situación mundial que trajo a la vida el movimiento desgarbado, depresivo y autodestructivo del grunge ya no está más. Está muerta y enterrada junto al hijo de sus entrañas. Por esto, porque las masas del mundo entero se están poniendo en combate, cobra verdad afirmar GRUNGE IS DEAD (EL GRUNGE HA MUERTO).

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