| Bicentenario ¿Dónde estábamos? |
| Escrito por Emilio Hidalgo - PRT Chile | |||
| Jueves 26 de Agosto de 2010 15:03 | |||
|
“¿Quienes dieron el grito de emancipación política en 1810? ¿Dónde estuvieron y quiénes fueron los personajes del pueblo trabajador que cooperaron a aquella jornada?
La historia no nos dice nada y los historiadores sólo buscaron los héroes, los personajes, entre las familias de posesión, entre la gente bien… O’Higgins, los Carrera, San Martín, Manuel Rodríguez, etc., todos esos eran gentes de la llamada alta sociedad de aquella época. Esos están inmortalizados en el bronce… Acaso los que vencieron al español en los campos de batalla ¿pensaron alguna vez en la libertad del pueblo? Los que buscaron la nacionalidad propia, los que quisieron independizarse de la monarquía buscaban para sí esa independencia, no la buscaban para el pueblo… Tan es así que los llamados padres de la patria, aquellos cuyos nombres la burguesía pretende inmortalizar, aquellos que en los campos de batalla dirigieron al pueblo-soldado para pelear y desalojar al español de esta tierra, una vez terminada la guerra y consolidada la independencia, ni siquiera pensaron en dar al proletariado la misma libertad que ese conquistaba para los burgueses reservándose para sí la misma esclavitud en que vivía”. Luis Emilio Recabarren. “Ricos y pobres a través de un siglo de vida republicana”. 1910
__________________________________
Al cumplirse 200 años de vida “independiente” del país, asistimos a un concierto único de las clases dominantes para festejar su “Bicentenario de la patria”, claro, decirnos su bicentenario porque los que trabajamos por un sueldo no tenemos porqué festejar esta gesta “heroica” de quienes nos explotan y oprimen diariamente con bajos sueldos, escasas condiciones de seguridad laboral y pocos derechos de democracia sindical. Durante los dos últimos años la televisión abierta ha enfocado todo el proceso de independencia bajo el seguimiento a sus “Héroes”, los ilustre que Recabarren nos menciona, los que “algo hicieron por la Historia de Chile”, es decir, hasta el día de hoy las clases dominantes nos quieren hacer ver que los únicos que han hecho Historia son sus propios líderes, los que han gobernado siempre, mientras que las masas populares, la clase trabajadora, ha seguido fielmente a estos próceres y no ha hecho Historia desde su propia condición de pueblo explotado y oprimido. Nuestro desafío es mostrar dónde estábamos en la Independencia, los que diariamente nos ganamos el pan.
Lo primero a señalar es que las series o documentales de la televisión nos hablan de que el “pueblo” participó en estas guerras contra el español, pero cuando hablan de ese pueblo se están refiriendo a los terratenientes y comerciantes, ya que el resto de las clases (artesanos, siervos, inquilinos y esclavos) no estaba tomando partido por un conflicto “entre patrones”, por algo señalan que habría que involucrar al “bajo pueblo”, o sea las masas populares, los labradores que trabajan la tierra y los peones que trabajan por temporada, ya sea en el campo o la ciudad. Así lo señala el historiador Salazar –Premio Nacional de Historia 2006-, “Pero más tarde se estimó que el ‘pueblo’ no podía ser más que la ‘clase trabajadora’, esto es, la que producía la riqueza de la nación. Y no pocas veces se reservó la palabra ‘pueblo’ para designar las masas indigentes del país, es decir…el “bajo pueblo””[i], por lo tanto, el concepto de “pueblo” es volátil, y cuando Recabarren habla de “su” pueblo se está refiriendo a las y los trabajadores. En cambio, cuando la “izquierda concertacionista” habla de “pueblo”, utiliza un concepto que actualmente es sociológicamente ambiguo, porque no establece la separación de las clases dominantes ni de la clase trabajadora. Entiendo que la palabra “pueblo” es usada en el siglo XIX de las guerras de Independencia para referirse a nuestros actuales explotadores, dónde estaban las masas populares en estas guerras, cuál fue nuestra participación.
Según la historiadora María Angélica Illanes, el proceso de independencia vio a los peones bajo una “rebeldía” contra el reclutamiento forzado de los patriotas hacia el Ejército Libertador, los trabajadores huían hacia los cerros cuando los oficiales llegaban a buscar a los hombres para la guerra de Independencia, según las fuentes de la época, “…los hombres se han ocultado y no hay casi ni un muchacho que entre ni leña al pueblo (…) Consecuente a la necesidad que hice ver a Su Excelencia el Director Supremo, de tomar una medida para cortar la horrorosa deserción que sufren los Cuerpos del Ejército, el Sr. Ministro de la Guerra me dice lo que sigue: ‘Desde que se formó el Ejército para sostener nuestra Independencia, ha tentado al gobierno todos los arbitrios para cortar la deserción’: el rigor y la moderación del castigo, la absolución, el premio a los aprehensores de desertores y el castigo a sus amparadores… todo había sido infructuoso”[ii].
En este sentido, los trabajadores peonales, semi-proletarios no tenían ningún arraigo a la causa de la Independencia, más bien rehuían de ella porque les significaba no trabajar y percibir un salario para sustentarse, las relaciones laborales derribado el orden colonial conllevaron un látigo y libertad bajo la república naciente, Salazar lo resume así, “Debe tenerse presente que el “bajo pueblo” vivía disperso, en valles cerros y suburbios sin formar “pueblo”, o como sirviente en casa ajena, sin calificar como ‘vecino’”[iii]. Aquí hablamos de pueblo para referirnos a que los trabajadores no teníamos condición u opinión frente a las instituciones de la clase dominante, el cabildo, pues éste era de los notables, aquellos que tenían tierras, sabían leer y escribir. Aún así, no se descarta que los labradores hayan incluido en el proceso de la Independencia, pues eran la mano de obra de los patriotas, los que los obligaron a participar de las campañas del ejército para su posterior beneficio.
“El movimiento social que esa elite logró desencadenar en las calles detrás de sus objetivos comerciales y políticos sólo pudo constituirse porque los patrones de los alrededores de la capital (que, por tratarse de ‘productores’ radicados en su propiedad, tenían comando directo sobre una masa popular subordinada a ellos por ser trabajadores ‘de’ sus fundos, a lo que se agregaba su comando eventual sobre milicias urbanas), al ser convocados como parte del “pueblo” que representaba al Cabildo, se integraron como tales a la lucha política”[iv].
Si nos fijamos, la Independencia no fue un proceso único, disciplinado donde las masas populares corrieron a luchar por los intereses de su patrones, sino que tuvieron que recurrir al látigo de la subordinación por las condiciones económicas o los valientes que desafiaron al ejército y no lucharon por una causa que no era de ellos, huyendo hacia los cerros y valles para no ingresar las filas de ese “glorioso” ejército de la clase dominante, de los patrones, “La situación de deserción permanente durante quince años o más, había encontrado buen asidero en esa mentalidad colonial marginal de libre transhumancia, que sabe de atajos en el camino, de alegría sin tiempo en las chinganas, de vida sin rumbo, recolectora de animales de potrero y de minerales sueltos; mentalidad propia del hombre sin patrón que, a pesar de los serios intentos de domesticarlo en los minerales durante los últimos tiempos de la Colonia, desató las ataduras fácilmente y se largó a los cerros”[v].
Como vemos, las masas populares no se dejaron disciplinar por la bota de las guerras de Independencia, no participaron más allá que los labradores por obligación de su patrones y los peones se resistieron y abandonaron el ejército cuando se procedió a capturarlos para obligarlos a servir a la “patria” de la clase dominante. Nuestros antepasados, nuestras masas populares prefirieron seguir con sus costumbres en común, su memoria popular y espacios de sociabilidad, las chinganas, donde se convivían el canto, el baile, el alcohol y la violencia, todo bajo el liderazgo de las mujeres populares que con su fuerza construían las chinganas, pues su maridos o parejas (los peones) las dejaban solas, con hijos, sin un mísero recuerdo de apego familiar. Sólo cuando la represión de la reconquista española se hizo masiva, las masas populares participaron en las guerras de Independencia, pero siempre en rebeldía, así lo vemos para las chinganas, “la construcción de ramadas en las festividades de Pascuas i de los patronos de los pueblos, sirven para atraer multitud de gentes de ambos sexos que se entregan a la embriaguez, al juego, i a los demás excesos consiguientes a un curso permanente a todas horas del día i de la noche. Para evitar estos males se ha decretado su prohibición por la sinodal del obispado i por bandos del Gobierno…”[vi]. Para la clase dominante, ver a las masas populares juntas era un delito pues derivaba en violencia y descontrol, por algo la represión.
Hemos querido demostrar desde otro enfoque, desde abajo, la participación o no de las masas populares en la Independencia. Esto porque la Historia oficial nos cuenta la visión desde arriba, todo una lucha de las clases dominantes por tomar el poder político, pero nunca se considera que no todos estaban participando, es más se negaron a luchar por una causa que no era suya. Hoy, a 200 años sí tenemos porque luchar, las condiciones de precariedad laboral, bajos sueldos, saqueo de nuestros recursos naturales por las empresas transnacionales-imperialistas, la tierra y autonomía para el pueblo-nación mapuche, etc., constituyen una lucha despiadada contra los patrones nacionales o imperialistas, la lucha por una Segunda Independencia, esta vez organizada y liderada por la clase trabajadora debe poner libertad y democracia a quienes vivimos del trabajo, contempla la lucha por un gobierno de los trabajadores y para los trabajadores según nuestros métodos de lucha y organización, sólo así honraremos la memoria de Recabarren, nuestro maestro que dedicó su vida por la clase trabajadora para dotarla de conciencia y práctica para derribar el poder de las clases dominantes y tomar el cielo por asalto. ¡Manos a la obra!
[i] Gabriel Salazar. Labradores, peones y proletarios. LOM Ediciones, Santiago de Chile, 2000, P. 10.
[ii] M.A. Illanes. “Azote, salario y ley. Disciplinamiento de la mano de obra en la minería de Atacama (1817-1850)”. En Proposiciones, Nª 19, SUR, Santiago de Chile, 1990, Pp.92-93.
[iii] G. Salazar. Construcción de Estado en Chile 1800-1837. Democracia de los “pueblos”, Militarismo ciudadano. Golpismo oligárquico. Editorial Sudamericana, Santiago d Chile, 2006. P. 104.
[iv] Ibíd. P. 95.
[v] M.A. Illanes. Op. Cit. P. 93.
[vi] Fernando Purcell. Diversiones y juegos populares. Formas de sociabilidad y crítica social. Colchagua, 1850-1880. DIBAM, Santiago de Chile, 2000. P. 34.
__________________________________________________ Fuente: Lucha Obrera, n° 1, Agosto 2010
|

















