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Elecciones parlamentarias y presidenciales: cambiar algo… para que todo siga igual
Escrito por Sebastián Marlés - PST Colombia   
Lunes 12 de Abril de 2010 22:34

Se desbordó la alcantarilla

La campaña en curso ha hecho emerger buena parte de la podredumbre del sistema electoral colombiano: compraventa de votos en todo el territorio nacional, desborde de los topes en la financiación de las campañas, intervención descarada de los funcionarios públicos —empezando por el propio Presidente de la República— a favor de los candidatos de una u otra facción, amenazas y chantaje contra los opositores, denuncias de fraude abierto.
 Pero lo más grave es que todos los sectores políticos, desde la ultraderecha rabiosa hasta la melindrosa “izquierda”, están de acuerdo en aceptar la corrupción electoral con tal de mantener la estabilidad del régimen y sus cargos parlamentarios. Por esa vía la burguesía está sorteando la encrucijada en que la había puesto Uribe al aspirar al tercer mandato, conjurada con la decisión política de la Corte Constitucional de bloquear el referendo reeleccionista.
 
Con la caída del referendo se ha pretendido demostrar que se respeta la división de poderes en la que formalmente se sustenta el régimen político colombiano. Como declaró Uribe, el Ejecutivo se “inclinó” ante el Poder Judicial. En realidad no se inclinó, se agazapó para saltar de nuevo sobre el Legislativo; asalto del que resultó victorioso. Controlado el Congreso, el uribismo se prepara para conservar la presidencia.
 
Cachiporros y godos, ladrones todos
 
Al tiempo que le apostaba al control del partido Conservador con su precandidato Andrés Felipe Arias, Uribe respaldó la candidatura de Juan Manuel Santos, quien se ha lanzado a promover el transfuguismo sin ninguna vergüenza, anotándose un gol con la adhesión del purasangre pastranista Carlos Rodado y la campaña contra la “disciplina de perros” que intenta imponer el directorio conservador.
 
La masiva votación lograda por Arias en la consulta interna azul, incluso en los bastiones del voto de opinión de ciudades como Bogotá, le ha permitido, a pesar de su apretada derrota, tener como rehén a Nohemí Sanín, que se ha visto a gatas para negociar con el responsable del robo de Agro Ingreso Seguro. Los conservadores quienes, después de ocho años compartiendo la torta estatal, aspiran a independizarse, están a punto de ser descuartizados desde afuera y desde adentro, si no se someten al poder en la sombra.
 
Liberales y conservadores, monopolizadores durante más de un siglo del poder del Estado, se enfrentan por la repartija del botín y siguen confirmando el adagio popular: “cachiporros y godos, ladrones todos”.
 
Peor es posible
 
Germán Vargas, el otro uribista, cree que en juego largo hay desquite, el problema es que a medida que avanza la campaña amenaza con quedar fuera del tablero. Se ha postulado como el sucesor de Uribe, doctrinario y tecnocrático, con su lema “mejor es posible”. Pero sabe que sólo está valorizando su nombre y su bancada parlamentaria, para respaldar al mejor posicionado en la segunda vuelta, a cambio de negociar su cuota burocrática. El problema es que el juego de minorías se parece al de la silla vacía, en el que el último en dar la vuelta se da contra el piso. Y se le apareció un enano verde en la primera vuelta.
 
Los Verdes maduran
 
Hastiados de la politiquería, los electores de clase media le han apostado en diferentes ocasiones a las que aparecen como candidaturas independientes. En años recientes los beneficiarios fueron los indígenas a quienes atribuían la virtudes del “buen salvaje”, sano por naturaleza. Muy rápido se desengañaron al ver que se corrompen con la misma facilidad de los demás caciques clientelistas. Después han sido los candidatos “cívicos” o “ciudadanos” como Mockus en Bogotá y Fajardo en Medellín. Aprovechando que el embrujo persiste decidieron postularse para el premio mayor y se han convertido en el fenómeno electoral del momento (ver recuadro). El anunciado acuerdo Mockus-Fajardo podría provocar su ascenso en las encuestas y la adhesión de sectores de la pequeña burguesía de las grandes ciudades que han apoyado a Nohemí o al Polo. Como buena parte de esos votos son producto de la volátil opinión, saben que se pueden evaporar a medida que se polarice la campaña entre los uribistas de Santos y los uribistas de Nohemí, con el “Uribito” Arias de árbitro. Menudo problema.
 
El problema de los verdes es que están madurando como las papayas, "a punta de periódico" y otros medios; su suerte dependerá de las alianzas entre liberales y conservadores con las franjas uribistas.
 
Rojo pardo
 
El partido Liberal lleva doce años fuera del poder y trata de aparecer a la cabeza de la oposición sin lograrlo; nadie olvida que la mayor parte del actual uribismo se desprendió de sus filas. La dispersión de los votantes en múltiples candidaturas lo ha colocado en una difícil situación pues no tiene garantizado el pase a la segunda vuelta. Tiene que concretar una alianza a toda costa. A esta situación se le ha sumado la falta absoluta de carisma de su candidato Rodrigo Pardo. Por eso alberga la esperanza de servir de bisagra entre el uribismo de Germán Vargas y el uribismo de Gustavo Petro, reivindicando una supuesta postura de centro. No hay garantía de que logre concretar este acuerdo y la espuma verde lo atemoriza, pues la campaña se ha vuelto resbaladiza.
 
Petrificados
 
La llamada izquierda, agrupada en el Polo Democrático Alternativo, se encuentra petrificada. Al retroceso en las elecciones parlamentarias donde, a pesar de conservar la votación, perdió tres curules, se ha sumado el desgano con que la militancia más disciplinada impulsa la candidatura de Gustavo Petro. No es para menos, Petro se ha empeñado desde hace tiempo en arrastrar al Polo hacia la derecha, buscando congraciarse con los sectores más retardatarios del establecimiento burgués e imperialista. Se quiere presentar como una figura similar a las que a nombre de la izquierda están gobernando algunos países de América Latina. Pero si ayer su modelo era Chávez ahora no se sabe cuál es, y fue un mal síntoma para las bases del Polo el que hubiera ofrecido la candidatura a la vicepresidencia a Gina Parody, la excongresista uribista. O que en sus intervenciones públicas insista en que “no le quitará ni un solo soldado a la Seguridad Democrática”, a pesar de que hoy las Fuerzas Armadas de Colombia superan en número de efectivos a las de todos los países vecinos juntos, convirtiéndose en un peligro para la paz regional.
 
Es probable que Petro se vea obligado a pactar antes de la primera vuelta ante la hecatombe electoral que espera al Polo, cuando hace cuatro años Carlos Gaviria obtuvo casi dos millones setecientos mil votos. El problema es que un acuerdo con Pardo sería a costa de entregar parte del electorado del Polo a los verdes, a la abstención y al voto en blanco. En síntesis Petro pierde con cara y con sello.
 
La única alternativa: el voto en blanco
 
Ante este oscuro panorama electoral, en el que todos los candidatos se presentan con variaciones del mismo programa —dar continuidad al régimen y a las políticas antisociales del uribismo—, los trabajadores y los pobres sólo tenemos como alternativa la movilización de masas para enfrentar los planes del actual gobierno y sus sucesores. Pero en el terreno electoral también podemos expresar nuestra protesta votando en blanco. En las parlamentarias esta opción ya se hizo sentir: puso en crisis las elecciones al parlamento andino y anuló las elecciones de la circunscripción indígena inhabilitando a todos los politiqueros que se presentaron. Es un buen antecedente.
 
Fuente: El Socialista n° 647, Abril 2010
 
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