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¿Para quién gobernarían Mockus, Fajardo, Peñalosa y Garzón? La amenaza verde
Escrito por Sebastián Marlés   
Lunes 24 de Mayo de 2010 00:18
El acelerado ascenso de Antanas Mockus en las encuestas electorales expresa el deseo de cambio de amplias franjas de potenciales votantes contra los candidatos abiertamente uribistas. Pero más allá de eso, los trabajadores y los pobres debemos preguntarnos que intereses representa el partido Verde y que diferencia hay entre la “Legalidad Democrática” de Mockus y la “Seguridad Democrática” de Uribe.
 
En medio de la crisis de los partidos tradicionales y el Polo apareció, como un rayo en cielo sereno, la “marea” verde. Primero fue la consulta interna donde barrió Mockus, frente a Peñalosa y Garzón, al tiempo que se evaporaba el Compromiso Ciudadano de Sergio Fajardo. De hecho, un sector importante del electorado empezó a buscar una alternativa a la aplanadora uribista que logró copar el Congreso. A partir de allí el ascenso verde ha sido determinado por las encuestas y los medios de comunicación. Pero es mucho más que un fenómeno mediático.
 
Un sector importante de la burguesía necesita un recambio para Uribe, que sea confiable para sus intereses inmediatos y estratégicos y le resuelva varios problemas: una relación más fluida con el ala demócrata de la burguesía yanqui, para desbloquear el Tratado de Libre Comercio condicionado por el asesinato sin tregua de sindicalistas, los falsos positivos y la corrupción de los organismos de seguridad; responder a las exigencias en derechos humanos que impone el imperialismo europeo, abriendo un canal de negociación con la insurgencia; restablecer las relaciones de vecindad, en particular con Venezuela y Ecuador, para bien del comercio fronterizo y las exportaciones colombianas, y servir de amortiguador de una crisis social cada vez más aguda. En síntesis, mejorar las condiciones para los negocios para poder neutralizar las réplicas de la crisis mundial que sacude a la economía desde 2007. Son estas las necesidades que pueden cubrir un personaje como Mockus y los otros integrantes de la cúpula del partido Verde.
 
Los equilibristas
 
Este sector de la burguesía se propone un modelo tradicional de régimen político, con el “equilibrio” de poderes que contempla la Constitución del ’91. Pero este equilibrio es imposible por la intervención del imperialismo yanqui y la influencia de la poderosa burguesía narcotraficante, los grandes terratenientes, su ejército de paramilitares y las redes de sicarios que se tomaron las comunas, al extremo de elegir a la tercera parte de los congresistas, desnudados tras el escándalo de la parapolítica.
 
Hace ocho años la burguesía se unificó tras el proyecto de Uribe, que prometía recuperar la institucionalidad desmovilizando a los paramilitares, controlando a los narcotraficantes y derrotando a la guerrilla, además de acabar con la corrupción. Como nada de eso se pudo lograr, pues las causas son estructurales, pero la camarilla del Presidente terminó copando todas las instituciones y amenazaba con polarizar la situación social hasta llevarla al borde de una explosión, era necesario retomar el control. Se quiere así aprovechar una institución presidencial aprestigiada por Uribe y un aparato militar, de seguridad y represión modernizado con la asesoría directa del Departamento de Estado yanqui. El problema es que la fractura en el fondo del pozo séptico en que se hunde el país, ha provocado un movimiento brusco en la superficie que amenaza con desbordarlo: el partido Verde.

¿Un nuevo partido burgués?

Es probable que estemos asistiendo a una reconfiguración irreversible de los partidos políticos colombianos. El monopolio que durante más de un siglo tuvieron los partidos Liberal y Conservador (representando el progresismo industrial contra el conservadurismo terrateniente, respectivamente) parece romperse definitivamente con la consolidación un agrupamiento de ideología derechista y autoritaria (el Partido de la U y sus satélites), que refleja a los sectores más retardatarios y genocidas de la burguesía y el imperialismo, frente a un movimiento de centro-derecha, que se estaría cristalizando en el Partido Verde, representando a la burguesía industrial tradicional y a la pequeña burguesía urbana. Es la razón por la que el Grupo Empresarial Antioqueño respaldaba a Sergio Fajardo en su correría nacional y ahora endosa su apoyo a Mockus. Que esta tendencia se consolide dependerá, desde luego, de la lucha de clases.
 
Por lo pronto liberales y conservadores están fuera de juego y tendrán que pactar antes o después de la primera vuelta. El espacio del Polo se ha reducido bruscamente y su dirección se desgarra entre los que quieren adherir de una vez a los verdes, los que desean firmar un acuerdo de conveniencia con Angelino Garzón —máscara humana de la bestia uribista—, o preservar su independencia votando en blanco, como es el caso del Movimiento por la Defensa de los Derechos del Pueblo, Modep. (Ver entrevista en esta edición).
 
El neoliberalismo ilustrado

Aunque el ascenso de los verdes exprese en el terreno electoral el deseo de derrotar la maquinaria uribista, no va más allá de tratar de ponerle un bozal a la bestia y un collar de ahogo para controlarla. En ese sentido Mockus ha ido modulando rápidamente su discurso para no provocar la más mínima desazón en el establecimiento burgués-imperialista. Son muchas las figuras retóricas que emplea para que los “entendidos” entiendan, y los votantes sigan en la confusión, por lo menos hasta que se definan las elecciones.
 
Primero habló de “construir sobre lo construido”, para asegurar que no piensa modificar los ejes de la política uribista: seguridad democrática, confianza inversionista y cohesión social. El cambio fundamental es que ahora se respetará la ley. Es la razón por la que, cuando duda acerca de una definición —cosa que a cada rato le sucede—, siempre cita la Constitución Nacional.
 
La Seguridad Democrática de Uribe dará paso a la “Legalidad Democrática”, en la que las instituciones represivas deberán respetar las normas establecidas. Desde luego esas normas incluyen la presencia de las tropas yanquis en el territorio nacional y su acceso irrestricto a las bases militares y al espacio aéreo pactados a la sombra del Plan Colombia. Su apoyo irrestricto a la política de guerra contrainsurgente que ha desangrado al país es tan firme que se atrevió a declarar: “si estuviera en el lugar de las Farc negociaría rapidito con Uribe, pues lo que viene será más fuerte”. El águila imperial se puede posar tranquila en el hombro derecho de Mockus, pues el izquierdo lo reserva para el cóndor carroñero que se encargará de los cadáveres.
 
La confianza inversionista está garantizada por los propios antecedentes de Mockus y su cuadrilla. Él, Peñalosa, Fajardo y Garzón, cada uno en su momento, facilitaron la privatización de las empresas de servicios públicos, abrieron espacio a las zonas francas y remodelaron el territorio en Bogotá y Medellín para que sean nodos de interconexión de los proyectos de infraestructura, instalación de maquilas o centros de negocios del gran capital. Pero lo esencial será que los verdes garantizan la continuidad de la política de precarización del trabajo, preservando la contrarreforma laboral uribista y buscando extenderla al anunciar la eliminación de los “privilegios” de algunos sectores de trabajadores (léase garantías como la estabilidad o las prestaciones sociales), o proponiendo la creación de un “salario del primer empleo” para los jóvenes, recortando el mínimo. Esta contrarreforma de tercera generación no la hubiera implementado mejor Uribe.
 
Y la cohesión social los verdes pretenden consolidarla con el tratamiento pedagógico de la lucha de clases. Al tiempo que continúan con el asistencialismo uribista (Familias en Acción, Familias Guardabosques, Sisben, comedores comunitarios, etc.), con argumentos racionales buscarán convencer a los “ciudadanos” de portarse bien, pagar los impuestos y trabajar, trabajar y trabajar. Para los que no entiendan que hay que respetar la Ley, Mockus tiene preparado el ESMAD, su instrumento pedagógico preferido. Durante su alcaldía, la “recuperación del espacio público” en la capital, contra la falta de educación de los vendedores ambulantes, se hizo a punta de bolillo, gases y balas de goma.
 
En síntesis, la diferencia entre la Seguridad Democrática de Uribe y la Legalidad Democrática de Mockus, es la misma que entre el neoliberalismo descarnado y el “neoliberalismo ilustrado” o mejor aún, el “uribismo con rostro humano”.
 
El fin de las certidumbres
 
Pero la burguesía y el imperialismo no las tienen todas consigo. Cuando se hundió la reelección de Uribe, acudieron al Plan B: una campaña electoral que se debía definir entre los agresivos uribistas rurales, encabezados por Andrés Felipe Arias, y los ladinos uribistas urbanos, representados en Juan Manuel Santos. Una combinación imprevista de circunstancias ha provocado la polarización entre este último y un advenedizo sin una poderosa maquinaria política que le sirva de correa de transmisión hacia los poderes internacionales, nacionales y locales, y de muro de contención frente a la explosividad social que generará el plan de sobrexplotación para superar la crisis económica mundial y colombiana.
 
“La historia se repite”, afirmaba el filósofo burgués alemán G.W. Friedrich Hegel; Karl Marx, el filósofo proletario, precisó: “Sí, pero unas veces como tragedia, y otras como farsa”. El rudo arriero que ha conducido al país durante ocho años a fuerza de zurriago, puede ser sustituido por un paternal y tembloroso profesor de matemáticas. Pero un amplio sector de la burguesía no quiere correr el riesgo de tener un mimo como presidente, pues no se sabe que puede ocurrir cuando el pueblo se canse de los payasos. La toga universitaria de Mockus solo le sirve a la burguesía si bajo ella porta con comodidad el traje camuflado del soldado profesional.
 
Fuente: El Socialista nº 648 – Periódico del PST de Colombia
 
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