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Uribe se va
Escrito por PST - Colombia   
Martes 10 de Agosto de 2010 00:36
El 20 de julio Álvaro Uribe leyó su último discurso ante el Congreso de la República. En él presentaba un balance de sus ocho años de gobierno, reivindicando todo lo hecho y lamentándose de lo que no alcanzó a hacer. 

Su objetivo era claro: cohesionar ideológicamente a la mayoría de parlamentarios que le deben lealtad personal y representan a los siniestros poderes regionales de narcotraficantes, paramilitares y saqueadores del erario, pero que ahora deben respaldar los planes de Juan Manuel Santos. Para Uribe y su camarilla es de vida o muerte consolidar su influencia en el Congreso y tratar de organizar su apoyo partidario.

Fiel a su decisión de gobernar hasta el 7 de agosto, Uribe siguió adelante con sus planes: tratar de forzar la licitación del tercer canal de televisión en beneficio del reaccionario Grupo Planeta de España —el mismo que le adjudicó el galardón de Estadista de la Década—, bloqueada por ahora por el Consejo de Estado y la Procuraduría, cerrar la negociación con la Alcaldía de Bogotá para la financiación del Metro y Transmilenio, continuar con la multimillonaria adjudicación de los contratos de infraestructura vial, enfrentar las acusaciones penales contra su propia familia, además de presentar una ley de reforma a todo el aparato de justicia, para cubrirse las espaldas. Preparar también la autodefensa de los altos mandos militares implicados en el macabro plan de los “falsos positivos”, arreciar la ofensiva contra las Farc con la pretensión de capturar a Alfonso Cano, y bloquearles la retaguardia provocando la ruptura de relaciones con Venezuela.

Santos, por su parte, decidió hacerse el desentendido. Continuó con la gira internacional en la que buscaba tender puentes con el imperialismo europeo, restañar las heridas con Ecuador y Venezuela —buscando el respaldo de otros gobiernos latinoamericanos—, y empezar a propiciar un nuevo clima para los negocios.

El nombramiento de cada ministro estuvo precedido de una intensa negociación. Sabe que la Unidad Nacional que ha prometido sólo se puede apuntalar repartiendo cuotas de poder y presupuesto. Y a pesar de la oposición manifiesta de Uribe a algunos nombramientos, pactaron la renovación de la cúpula militar y la designación del nuevo Jefe de las Fuerzas Militares. Como contrapeso le impuso al tránsfuga Rodrigo Rivera en el Ministerio de Defensa y a Germán Vargas como Ministro del Interior. Sigue pendiente el plan de controlar el nombramiento del Fiscal y un acuerdo de paz con la Corte Suprema de Justicia.

A pesar de ese tira y afloje por el control de los hilos del poder, quienes se han empeñado en buscar diferencias de fondo entre Uribe y Santos se equivocan. Aunque representan a dos alas de la gran burguesía, que por tal motivo podrán tener enfrentamientos, coinciden en un propósito común: dar continuidad al régimen autoritario y proimperialista consolidado durante la pasada década, que les ha devuelto el control sobre el aparato del Estado y el territorio, y multiplicado sideralmente sus ganancias.

Uribe se va, pero sólo ha dicho hasta luego.

...y la pobreza queda
 
Mientras los de arriba se dan el lujo de dirimir en público sus diferencias, los de abajo viven acosados por la miseria y el desempleo: 28 millones de pobres, 4 millones de desplazados, 3 millones de desempleados, son las cifras que prueban la hecatombe social agravada durante el mandato de Uribe.

Al tiempo que se posesionaba el nuevo Congreso, miles de campesinos pobres arribaron a la capital en la llamada "Marcha Patriótica" "Cabildo Abierto por la Independencia". Pero su presencia en Bogotá fue ignorada por los gobernantes y los grandes medios. Es la decisión unánime de desconocer a quienes viven marginados, en la frontera agrícola o pequeñas veredas, sin posibilidades de acceso a vivienda adecuada, servicios públicos, salud y educación, acosados por el enfrentamiento armado entre guerrilla, ejército y paramilitares y muchas veces se ven obligados a vivir de los cultivos ilegales al servicio de los narcotraficantes.

Sectores de trabajadores, mientras tanto, resisten dispersos. Los maestros provisionales del Distrito lograron sólo un acuerdo parcial para los miles de afectados por los despidos masivos. Una veintena de trabajadores del sector floricultor de la Sabana, se ven forzados a la huelga. Los empleados de Sodexo, multinacional de servicios, y los de Domesa, de mensajería especializada, siguen en la lucha por que se respete su derecho a la organización sindical y a la negociación colectiva.

Pero la alta dirigencia sindical y política de las organizaciones de trabajadores y sectores populares, aún hegemonizada por el Polo Democrático Alternativo, sigue dando la espalda a sus luchas. Al tiempo que los campesinos ocupaban la sede de la Universidad Nacional, los parlamentarios del Polo pactaban con los partidos de gobierno la elección de las directivas del Congreso, a pesar de autoproclamarse como el único partido de oposición. Y la Alcaldía de Bogotá, también en manos del Polo, se burlaba de la lucha de los provisionales.

Es la realidad del momento actual. Los de arriba logran la unidad nacional para imponer sus planes antipopulares y proimperialistas, la dirección del Polo cede a cambio de migajas y prebendas burocráticas, mientras franjas de trabajadores luchan sin coordinación para enfrentar la miseria, el desempleo y la sobrexplotación. Es la hora de la solidaridad con los que resisten, pues será a su lado que podremos construir la alternativa revolucionaria que requiere Colombia para superar su crisis. En esa tarea concentra sus fuerzas el Partido Socialista de los Trabajadores.

Fuente: El Socialista n° 650, Agosto 2010

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